Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Matrimonio Con El Lobo de Hierro - Capítulo 19

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Matrimonio Con El Lobo de Hierro
  4. Capítulo 19 - 19 Capítulo 19
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

19: Capítulo 19 19: Capítulo 19 Cassian El aire en la frontera de Oskura no olía a invierno; olía a muerte vieja y a magia podrida.

Pero mi nariz ya no registraba esos detalles.

Lo único que mis sentidos captaban era el rastro de Evelina, un rastro invisible que me quemaba los pulmones y me empujaba a través de la ventisca como un proyectil disparado desde el corazón del infierno.

Llevaba tres días sin dormir.

Mis ojos, inyectados en sangre y rodeados de sombras oscuras, no se habían cerrado ni un segundo.

No podía permitirme el sueño cuando sabía que cada minuto que pasaba, ese bastardo pálido que se hacía llamar Rey ponía sus manos sobre lo que era mío.

—¡General, las defensas de la Puerta de Hierro están a la vista!

—gritó Miller a mi lado.

Él y cincuenta de mis mejores Húsares Negros me seguían.

No éramos un ejército; éramos una jauría de lobos sedientos de sangre.

Habíamos dejado atrás el equipo pesado, los suministros y la burocracia.

Solo llevábamos nuestros sables, nuestros rifles de repetición y un odio que enfriaba el acero.

Frente a nosotros, la Puerta de Hierro, el acceso principal a los dominios de Valerius, se alzaba como un muro de pesadilla.

Estaba custodiada por las “Sombras”, guerreros de Oskura que, según los mitos, habían renunciado a su humanidad a cambio de fuerza.

—No quiero prisioneros —dije.

Mi voz ya no era humana; era un susurro gutural que salía desde el fondo de mi pecho—.

No quiero interrogatorios.

Quiero que el camino hacia el palacio de cristal sea una alfombra de cadáveres de Oskura.

Que Valerius huela su derrota antes de que yo cruce su puerta.

—¡POR LA SEÑORA!

—rugieron mis hombres.

Espoleé a mi semental negro.

El animal, contagiado por mi furia, se lanzó al galope contra la línea defensiva enemiga.

Las Sombras de Oskura levantaron sus escudos negros y dispararon sus ballestas pesadas, pero yo no me cubrí.

El dolor físico era un concepto lejano, una molestia que mi mente ignoraba.

El primer choque fue una carnicería.

Mi sable, forjado en el mejor acero de Veridia, cortó la armadura de la primera Sombra como si fuera pergamino húmedo.

Sentí la resistencia de los huesos rompiéndose bajo mi filo, el calor de la sangre salpicando mi rostro, y lo único que sentí fue una satisfacción oscura.

Cada vida que tomaba era una ofrenda para recuperar a Evelina.

—¡ADENTRO!

—rují, saltando de mi caballo cuando este cayó herido por una lanza.

Caí de pie, rodando sobre la nieve gris, y en un segundo ya estaba decapitando al soldado que había herido a mi montura.

Me movía con una velocidad que asustaba a mis propios hombres.

No era técnica militar; era una danza de carnicero.

Mis movimientos eran erráticos, violentos y letales.

Un oficial de Oskura, un hombre alto envuelto en pieles oscuras, intentó bloquear mi paso con una maza de picos.

Le paré el golpe con el antebrazo, sintiendo cómo el metal me desgarraba la carne del brazo izquierdo, pero no retrocedí ni un milímetro.

Usé esa distracción para hundir mi daga de combate en su garganta, girándola para asegurar que no volviera a respirar.

—¿Dónde está ella?

—le pregunté al cadáver mientras caía.

No obtuve respuesta, así que seguí avanzando.

Entramos en el desfiladero de las Lágrimas, el camino ascendente que llevaba directamente al Palacio de Cristal.

El terreno era traicionero, con precipicios a ambos lados y francotiradores ocultos en las rocas.

—¡Cúbranse!

—gritó Miller mientras las balas empezaban a rebotar en las piedras.

—¡Sigan avanzando!

—ordené, corriendo a través del fuego cruzado.

Las balas silbaban cerca de mis oídos, una incluso rozó mi hombro, desgarrando la charretera de mi uniforme, pero yo no era un hombre al que se pudiera detener con plomo.

Llegamos a un puente colgante que conectaba dos picos.

En el centro, un grupo de diez Sombras nos esperaba con hachas pesadas.

Iban a cortar las cuerdas para lanzarnos al abismo.

—¡Dispiren a las cuerdas del otro lado!

—mandé a mis tiradores.

Mientras ellos mantenían a raya a los enemigos, yo corrí por el puente que oscilaba violentamente sobre un vacío de mil metros.

Las tablas crujían bajo mis botas.

Uno de los enemigos se lanzó hacia mí; lo tomé por el cuello y, sin dejar de correr, lo arrojé por la borda, escuchando su grito perderse en la profundidad del barranco.

Cuando llegué al otro lado, estaba solo frente a cinco de ellos.

Miller y los demás todavía cruzaban.

—Valerius os ha enviado a morir por un capricho —les dije, limpiando la sangre de mi sable con la manga de mi uniforme destrozado—.

Abridme paso y quizás os deje vivir lo suficiente para ver cómo vuestro rey se desangra.

Se lanzaron todos a la vez.

Fue un error.

En la furia de mi desesperación, mi fuerza parecía haberse triplicado.

Esquivé el primer hachazo, rompí el cuello del segundo con la empuñadura de mi sable y atravesé el corazón del tercero antes de que pudiera parpadear.

Los dos últimos retrocedieron, el miedo finalmente venciendo a su adoctrinamiento.

Los liquidé sin piedad.

Un guerrero que tiene miedo no merece la muerte de un soldado, merece la de una rata.

Me detuve un segundo al final del puente para recuperar el aliento.

El aire frío me quemaba los pulmones, pero lo que más me dolía era el vacío en mi costado.

Me faltaba ella.

Me faltaba su voz inteligente, su mirada desafiante y el calor de su cuerpo contra el mío.

Miré hacia arriba.

El Palacio de Cristal de Valerius brillaba en la cima de la montaña, una joya obscena de cuarzo y sombras que se burlaba de mi dolor.

—Evelina —susurré, y mi voz se quebró por un instante antes de volver a endurecerse—.

Sé que me escuchas.

Sé que ese bastardo te tiene ahí arriba.

Escucha los gritos de sus hombres.

Escucha el sonido del acero.

Ese es mi mensaje para ti.

Estoy llegando.

Miller llegó a mi lado, jadeando, con el uniforme cubierto de nieve y sangre.

—General, hemos tomado el control del puente.

Pero el camino que sigue es el túnel de los Lamentos.

Está lleno de trampas de gas y mecanismos de relojería.

—Entonces caminaremos sobre las trampas —respondí, envainando mi sable y sacando mis dos pistolas pesadas—.

Miller, si muero antes de llegar a esa puerta, quiero que sigas adelante.

No te detengas por mi cuerpo.

Tu única misión es sacarla de allí.

¿Entendido?

—General…

usted no va a morir.

El diablo tiene miedo de que usted le quite el puesto esta noche.

Solté una risa seca, un sonido desprovisto de toda humanidad.

Tenía razón.

Ni el cielo ni el infierno me querían hoy.

Ambos sabían que yo solo tenía un destino, y ese destino estaba encerrado en una torre de cristal.

Reanudamos la marcha.

Cada paso que daba, cada hombre que mataba, me acercaba más a ella.

Mi uniforme de General de Veridia estaba en jirones, mis medallas se habían perdido en la nieve y mi cuerpo estaba cubierto de cortes y hematomas.

Ya no parecía un oficial.

Parecía una bestia mítica surgida de las pesadillas de Oskura.

—Valerius —gruñí mientras entrábamos en el túnel, mis ojos brillando en la oscuridad con una luz asesina—.

Prepárate.

El Lobo de Hierro no ha venido a parlamentar.

He venido a reclamar lo que es mío, y voy a usar tu corona para recoger tus restos.

La masacre continuó en la oscuridad del túnel.

Ya no contaba los muertos.

Solo contaba los metros.

Y con cada metro, mi alma se volvía más negra, preparándose para el enfrentamiento final.

Si Valerius quería a la Reina de las Sombras, iba a tener que pasar primero por el Rey de la Carnicería.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo