Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Matrimonio Con El Lobo de Hierro - Capítulo 20

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Matrimonio Con El Lobo de Hierro
  4. Capítulo 20 - 20 Capítulo 20
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

20: Capítulo 20 20: Capítulo 20 Evelina El Palacio de Cristal de Oskura no era un hogar, era un mausoleo de lujo.

Me encontraba frente al espejo del gran salón de banquetes, observando a la extraña que me devolvía la mirada.

Valerius me había obligado a usar un vestido de seda negra y plata, tan ceñido que apenas podía respirar, y sobre mi cabeza descansaba una diadema de zafiros que pesaba como una condena.

Pero lo que Valerius no sabía era que, mientras sus “Sombras” me preparaban, yo no había perdido el tiempo.

Durante las horas de mi encierro, había observado los mecanismos de relojería que hacían que este palacio de cuarzo “respirara”.

El sistema de calefacción y luz dependía de conductos de gas etéreo, una tecnología volátil que mi padre me había enseñado a comprender en sus esquemas prohibidos.

—Estás radiante, mi Reina —la voz de Valerius llegó desde la entrada del salón.

Se acercó a mí, luciendo una túnica de terciopelo azul medianoche.

Me tomó de la mano y me obligó a caminar hacia la mesa de banquete, una superficie de cristal donde se servían manjares que olían a especias exóticas y a veneno sutil.

—Esta noche, el Imperio de Veridia entenderá que su sol se ha apagado —dijo él, levantando una copa de cristal—.

Tu esposo está ahora mismo muriendo en el Túnel de los Lamentos.

Mis trampas son infalibles, Evelina.

Para cuando termine la cena, solo recibirás sus insignias manchadas de sangre.

—Conoces poco a Cassian si crees que unos cables y gas pueden detenerlo —respondí, manteniendo mi voz firme mientras mis dedos jugaban con el pequeño alfiler de plata que había robado de mi tocador—.

Él no es solo un general, Valerius.

Él es el hombre que me prometió que quemaría el mundo por mí, y creo que ya puedes oler el humo.

Valerius entrecerró los ojos.

Justo en ese momento, una vibración sutil recorrió el suelo de mármol.

No era un terremoto.

Era el impacto de artillería pesada golpeando los cimientos de la montaña.

Cassian estaba cerca.

—Es persistente, lo admito —gruñó Valerius, haciendo una señal a sus guardias para que se acercaran—.

Pero nadie entra en mi salón sin mi permiso.

—Yo ya les he dado permiso para entrar —susurré.

Con un movimiento rápido y preciso, clavé el alfiler de plata en la válvula de presión del candelabro de gas que estaba integrado en la mesa.

Sabía que la presión estaba al límite debido al frío exterior.

El gas empezó a silbar, un sonido sibilante que Valerius ignoró debido al estruendo de una explosión exterior que hizo añicos los ventanales más altos.

—¿Qué has hecho?

—rugió él, levantándose.

—He sobrecargado el sistema, Valerius.

Tu palacio de cristal está a punto de convertirse en una linterna que guiará a mi esposo a casa.

En ese instante, la luz de los candelabros pasó de ser blanca a un naranja violento.

Las tuberías de cuarzo empezaron a brillar con una intensidad cegadora.

Las Sombras de Oskura entraron en pánico, soltando sus armas mientras el gas empezaba a nublar la estancia.

Y entonces, ocurrió.

Las grandes puertas dobles de cristal, aquellas que Valerius presumía de impenetrables, no se abrieron; estallaron.

Una lluvia de fragmentos afilados voló por el aire como metralla.

A través de la nube de gas y escombros, surgió una figura que parecía haber sido vomitada por el mismo infierno.

Era Cassian.

Su uniforme estaba en jirones, su rostro era una máscara de sangre y hollín, y sus ojos brillaban con una luz asesina que hizo que incluso Valerius retrocediera.

Llevaba su sable en la mano derecha y una pistola pesada en la izquierda.

No gritó mi nombre; no necesitaba hacerlo.

Su sola presencia era un grito de guerra que silenciaba todo lo demás.

—¡MÁTENLO!

—gritó Valerius, escondiéndose detrás de su trono de obsidiana.

Las Sombras se lanzaron hacia Cassian, pero él no se detuvo.

Disparó su arma contra los conductos de gas que yo había debilitado, provocando pequeñas explosiones que crearon un muro de fuego entre él y los guardias.

Se movía como un demonio, esquivando hojas de acero con una gracia brutal, decapitando y atravesando a cualquiera que se interpusiera entre él y yo.

—¡Evelina!

—su voz rompió el caos, ronca y cargada de una desesperación que me hizo llorar de alivio.

Corrí hacia él, esquivando a un guardia que intentó sujetarme.

Cassian soltó su pistola, me tomó por la cintura y me atrajo contra su pecho con una fuerza que me dejó sin aliento.

Por un segundo, en medio del banquete de cenizas, el tiempo se detuvo.

El olor a sangre de su ropa se mezcló con mi perfume, y supe que estábamos a salvo.

—Te tengo —susurró, besando mi frente con una urgencia febril—.

Te tengo, nena.

—¡Basta de sentimentalismos!

—Valerius surgió de detrás del trono, sosteniendo una daga de obsidiana—.

Si no puedo tener a la Reina de las Sombras, nadie la tendrá.

Valerius se lanzó hacia nosotros con una velocidad antinatural.

Cassian me empujó detrás de él y bloqueó el ataque con su sable.

El sonido del acero contra la obsidiana fue un chillido insoportable.

—Has tocado lo único que no debías, Valerius —dijo Cassian.

Su voz era tan baja que parecía venir del subsuelo—.

Has asustado a mi mujer.

Has intentado romperla.

Ahora, voy a enseñarte lo que sucede cuando un hombre pierde la paciencia.

Cassian desarmó al Rey con un movimiento seco, rompiéndole la muñeca en el proceso.

Valerius cayó de rodillas, sollozando, su belleza pálida ahora manchada por el miedo y el dolor.

Cassian levantó su sable para el golpe final, pero el palacio volvió a temblar.

El sabotaje que yo había iniciado estaba llegando a su punto crítico.

El techo de cuarzo empezó a agrietarse.

—¡Cassian, se va a derrumbar!

—grité, tirando de su brazo.

Él miró a Valerius con un desprecio infinito.

No lo mató; lo dejó allí, rodeado de su lujo quebrado y sus mentiras de cristal.

—Vivirás para ver cómo tu reino se convierte en una nota a pie de página en la historia de Veridia —dijo Cassian.

Me tomó en sus brazos y corrimos a través del salón en llamas.

Miller y los Húsares Negros habían abierto una brecha en la muralla exterior.

Saltamos a través de la abertura justo cuando el gran salón de banquetes colapsaba sobre sí mismo en un estruendo de cristal y fuego.

Caímos sobre la nieve gris de Oskura.

El frío me pareció la caricia más dulce del mundo.

Cassian me rodeó con su capa destrozada, protegiéndome del viento mientras observábamos cómo el Palacio de Cristal se convertía en una pira funeraria en la cima de la montaña.

—¿Estás bien?

—preguntó él, revisando mis manos y mi rostro con una ternura que me desarmaba—.

¿Te hizo algo?

Si te puso una mano encima, vuelvo allí ahora mismo para…

—Estoy bien, Cassian —lo interrumpí, tomando su rostro entre mis manos—.

Estoy bien porque viniste.

Siempre vienes.

Él me besó, un beso que sabía a cenizas, a nieve y a una victoria amarga pero necesaria.

A nuestro alrededor, los pocos soldados de Oskura que quedaban bajaron sus armas, viendo cómo su rey desaparecía bajo los escombros de su propia obsesión.

La guerra con Oskura no había terminado oficialmente, pero la batalla por nuestra alma se había ganado.

El Lobo de Hierro y su Dama estaban de pie sobre las ruinas de sus enemigos, y el mundo entero finalmente comprendió la lección: no hay búnker de acero ni palacio de cristal que pueda contener a dos personas que han decidido que el amor es el arma más letal de todas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo