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Matrimonio Con El Lobo de Hierro - Capítulo 23

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23: Capítulo 23 23: Capítulo 23 Cassian Si alguien me hubiera dicho hace un año que yo, el General Cassian Drako, pasaría la mañana discutiendo con el jefe de cocina sobre la temperatura exacta de un caldo de ave, lo habría ejecutado por insolencia.

Pero aquí estaba, en la cocina de la mansión, revisando que las sábanas de seda de nuestra habitación hubieran sido cambiadas por hilos de algodón egipcio, “porque la seda podría ser demasiado resbaladiza y causar una caída”.

La noticia del heredero me había transformado.

Si antes era un lobo, ahora era una bestia paranoica.

—Miller —ladré, mientras caminaba por el pasillo principal hacia nuestra suite—.

He ordenado que se retiren todas las alfombras del ala este.

Evelina podría tropezar con un borde deshilachado.

—Señor —Miller suspiró, manteniendo el paso con dificultad—, las alfombras son nuevas y están clavadas al suelo.

La Señora Regente ha expresado que prefiere el calor de la lana al frío del mármol.

—No me importa lo que prefiera en este momento, Miller.

Quiero seguridad absoluta.

Y coloca a dos guardias adicionales en la puerta del jardín.

No, mejor cuatro.

Y que no lleven sables largos, no quiero que el ruido del metal la despierte de su siesta.

Entré en nuestra habitación con la delicadeza de quien entra en un santuario.

Evelina estaba sentada cerca de la ventana, con un libro en el regazo.

La luz del sol bañaba su perfil, y por un momento, la pura belleza de la escena me detuvo el corazón.

Me acerqué y, sin decir palabra, le quité el libro de las manos.

—Es demasiado pesado para tus muñecas, nena —dije, dejando el tomo de historia en la mesa—.

Deberías estar descansando.

El médico dijo que el primer trimestre es crucial.

Evelina puso los ojos en blanco, una expresión que empezaba a ser habitual en ella desde que se enteró de su estado.

—Cassian, es un libro de doscientas páginas, no un cañón de artillería —respondió, aunque su voz tenía ese tono dulce que siempre me desarmaba—.

Me estás tratando como si fuera de cristal soplado.

Anoche me prohibiste subir las escaleras y tuviste que cargarme.

Miller me mira con lástima.

—Cargarte es mi privilegio —respondí, sentándome a sus pies y apoyando mi cabeza en sus rodillas.

Cerré los ojos, disfrutando del roce de sus dedos en mi cabello—.

El mundo es un lugar peligroso, Evelina.

Especialmente ahora.

No puedo permitir que nada, ni siquiera un escalón mal puesto, te toque.

—Sé que tienes miedo —susurró ella, y sentí su mano bajar por mi mejilla—.

Pero no puedes gobernar un imperio y ser mi niñera al mismo tiempo.

—Puedo y lo haré —sentencié.

Sin embargo, mientras la abrazaba, mi mente volvía a la seguridad del perímetro.

Había algo en el aire que no me gustaba.

El informe de la patrulla matutina mencionaba movimientos extraños en los muelles.

La sombra de Valerius era una mancha que no lograba borrar de mis mapas, y el hecho de que Evelina hubiera visto esa rosa negra en la coronación me mantenía en un estado de alerta roja permanente.

Ella no lo sabía, pero ya había firmado las órdenes de ejecución para tres espías sospechosos de Oskura esa mañana.

No iba a correr riesgos.

Si tenía que convertir a Veridia en una fortaleza inexpugnable para que ella pudiera dormir tranquila, lo haría.

Parte 2: Secretos bajo la almohada (Narrado por Evelina Drako) Cassian se había vuelto completamente loco.

Una locura adorable, sexy y exasperante.

Ver al hombre que hizo temblar al Rey de Oskura preocupado por si el té estaba demasiado caliente para mi garganta era una imagen que nunca me cansaría de ver, pero también era una distracción peligrosa.

Él necesitaba ser el General ahora más que nunca, y su obsesión por mi bienestar lo estaba cegando ante los detalles sutiles que yo, desde mi silla “protegida”, podía ver con más claridad.

—Duerme un poco, nena —me dijo, besando mi frente antes de retirarse al búnker de comunicaciones de la mansión—.

Volveré en una hora para asegurarme de que has comido tus frutas.

En cuanto la puerta se cerró y escuché sus pasos alejarse, me incorporé.

El letargo del embarazo desapareció en un segundo.

Metí la mano bajo el cojín de mi sillón y saqué el pequeño objeto que Miller me había entregado en secreto esa mañana, bajo mis órdenes estrictas de no decírselo a Cassian.

Era la rosa de obsidiana.

La que el hombre de la capa gris había dejado caer.

Al tacto, la piedra estaba helada, pero lo que me interesaba no era la joya, sino la base.

Usando el alfiler de mi diadema, presioné un pequeño resorte oculto en el tallo de la rosa.

Mi padre me había enseñado que los artesanos de Oskura amaban los compartimentos secretos.

Un pequeño pedazo de pergamino, fino como ala de mariposa, se deslizó hacia fuera.

“La sangre antigua no se borra con un anillo de hierro, Evelina.

El niño que llevas no es un Drako, es la llave.

Si el Lobo intenta guardarla, el Lobo morirá desde adentro.

Te espero donde el río se vuelve negro.” Sentí un escalofrío que no tenía nada que ver con el clima.

Valerius no solo sabía que estaba embarazada; creía que mi hijo pertenecía a su profecía demente sobre la “Reina de las Sombras”.

La amenaza era clara: si no iba a él, atacaría a Cassian desde adentro, probablemente mediante una traición en el servicio doméstico o un sabotaje que el General no vería venir por estar demasiado ocupado contando mis calorías.

Escondí el papel en el interior de mi libro de botánica.

No podía decírselo a Cassian.

No todavía.

Si se lo decía, entraría en tal estado de furia que lanzaría una invasión suicida contra Oskura, dejando la capital desprotegida.

O peor, me encerraría en una habitación sin ventanas “por mi seguridad”.

Tenía que actuar como la estratega que él necesitaba, no solo como la esposa que él quería proteger.

—Miller —llamé en voz baja.

El mayordomo apareció casi instantáneamente.

Sus ojos buscaron la rosa, que ya estaba oculta.

—Dígame, Señora Regente.

—Necesito que busques en los archivos de la biblioteca Laurent sobre “El Río Negro”.

Y Miller…

si el General pregunta por qué estás en la biblioteca, dile que estás buscando libros sobre cuidados infantiles para él.

Se lo creerá sin dudarlo.

Miller asintió con una mezcla de respeto y complicidad.

—Entendido, señora.

Pero tenga cuidado.

El General está…

muy sensible.

—Lo sé, Miller.

Por eso tengo que salvarlo de sí mismo.

Me recosté de nuevo, justo a tiempo para escuchar las botas pesadas de Cassian regresando por el pasillo.

Abrí el libro de botánica en una página cualquiera y fingí leer.

Cuando él entró, traía una bandeja con fresas y crema, y su rostro se iluminó con esa sonrisa que solo me dedicaba a mí.

—¿Todo bien, mi reina?

—preguntó, sentándose a mi lado y ofreciéndome una fresa.

—Todo perfecto, mi comandante —respondí, aceptando la fruta.

Él me besó, un beso que sabía a protección y a un futuro que él estaba dispuesto a defender con sangre.

Mientras su mano descansaba con posesividad sobre mi vientre, juré que no permitiría que las sombras de Valerius tocaran a este hombre ni al hijo que esperábamos.

La guerra ya no estaba en las fronteras.

Estaba en los rincones de nuestra propia casa, oculta en rosas de piedra y susurros de traición.

Cassian pondría el acero, pero yo pondría la mente.

El Lobo de Hierro y su Loba estaban a punto de enfrentar su batalla más difícil: proteger su amor de una profecía que quería convertirlos en cenizas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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