Matrimonio Con El Lobo de Hierro - Capítulo 31
- Inicio
- Todas las novelas
- Matrimonio Con El Lobo de Hierro
- Capítulo 31 - 31 Capítulo 31
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
31: Capítulo 31 31: Capítulo 31 Cassian La mañana en la mansión Drako no trajo la calma, sino el frío metálico de una inminente cacería.
Mientras Evelina aún dormía con Valerian acurrucado a su lado —una imagen que me hacía querer detener el tiempo y, a la vez, armar a todo el imperio para protegerla—, yo ya estaba en el gran salón de banquetes.
El lugar apestaba al perfume empalagoso de Julian de Solaria y al rastro de su insolencia.
—General —Miller apareció por el pasillo lateral, sosteniendo una caja de plomo entre sus manos enguantadas—.
El equipo de rastreadores ha encontrado lo que el joven Valerian describió.
Miller dejó la caja sobre la mesa de mármol.
Dentro, envuelta en una tela de terciopelo azul, había una pequeña estatuilla de plata en forma de serpiente enroscada sobre sí misma.
A simple vista, parecía una baratija de lujo, pero al mirarla de cerca, las escamas de la serpiente vibraban con una frecuencia antinatural.
—Un “Oído de Vidrio” —gruñí, reconociendo la tecnología de espionaje de los alquimistas del sur—.
No solo estaba escuchando nuestras conversaciones, Miller.
Estas cosas actúan como anclas para proyectar visiones.
Por eso Valerian la llamó “serpiente de humo”.
La estatuilla proyecta una sombra que solo aquellos con sensibilidad mística pueden ver.
Apreté el puño sobre la mesa.
Julian no solo había venido a intentar seducir a mi esposa; había dejado un parásito en el corazón de mi hogar para vigilar a mi heredero.
—Prepara el Invictus —ordené, refiriéndome a mi yate acorazado de propulsión a vapor—.
Partimos hacia Solaria al mediodía.
—¿Señor?
—Miller me miró sorprendido—.
Entrar en las aguas de Solaria con un acorazado es un acto de guerra.
—No voy como General del Imperio —respondí, ajustándome el cinturón de cuero de mi sable—.
Voy como un esposo ofendido que devuelve un regalo extraviado.
Y Miller…
prepara la suite principal.
Evelina viene conmigo.
—¿Está seguro?
Es el territorio de Julian.
—Es exactamente por eso que viene conmigo.
No voy a dejar que se quede aquí mientras ese espía proyecta sus sombras sobre ella.
En Solaria, bajo el sol de la costa, Julian descubrirá que no hay lugar donde esconderse cuando el Lobo decide que ha tenido suficiente de juegos diplomáticos.
Evelina Desperté con el sonido de las maletas siendo cargadas y el rugido de las calderas del Invictus en el puerto privado de la mansión.
Cassian no me preguntó si quería ir; simplemente entró en la habitación con un vestido de viaje de lino crema y un sombrero de ala ancha, y me besó con tal intensidad que supe que el “modo guerra” estaba activado al cien por cien.
—Nos vamos a Solaria, nena —dijo, mientras ayudaba a Valerian a ponerse su pequeño abrigo de lana—.
Vamos a devolverle al Archiduque su juguete.
—¿Solaria?
Cassian, eso es meterse en la boca del león —respondí, aunque mi mente ya estaba trazando rutas comerciales y alianzas políticas—.
Julian es poderoso en su territorio.
Tiene a la armada del sur a sus pies.
—Y yo te tengo a ti —respondió él, tomándome por la cintura y acercándome a él—.
Tú serás mi arma secreta, Evelina.
Mientras yo mantengo a sus generales ocupados con demostraciones de fuerza, tú vas a desmantelar su red de suministros desde dentro.
Vamos a arruinarlo, no solo militarmente, sino financieramente.
Nadie amenaza a mi familia y conserva sus riquezas.
El viaje en el Invictus duró tres días.
Tres días de una tensión erótica y estratégica que me recordaban a nuestros primeros meses en la frontera.
Cassian estaba inquieto, posesivo, marcando su territorio en cada rincón del barco.
Pasábamos las noches en la cubierta, bajo las estrellas, mientras él me explicaba los puntos débiles de las fortalezas costeras de Solaria y yo le mostraba los vacíos legales en los tratados de los Laurent que podíamos usar para confiscar los bienes de Julian.
—Mira —dijo Cassian una tarde, señalando el horizonte.
Las torres blancas de Solaria empezaban a emerger del mar turquesa como dientes de marfil.
Era una ciudad hermosa, llena de canales y palacios de mármol, el polo opuesto a la sobriedad de Veridia.
Pero bajo esa belleza, yo sabía que se escondía la misma podredumbre que en el palacio de Valerius.
—Recuerda el plan —susurré, mientras el acorazado entraba en el puerto principal, haciendo que los pequeños barcos pesqueros se apartaran con miedo—.
Tú eres el General furioso.
Yo soy la esposa que busca “mediar” por la paz.
—Intentaré no matarlo en los primeros cinco minutos —gruñó Cassian, ajustándose su uniforme blanco de almirante—.
Pero si vuelve a tocarte la mano, no prometo nada.
El desembarco fue un espectáculo de poder.
Cassian bajó la rampa del barco seguido por dos filas de Húsares Negros con sus uniformes de gala.
Julian de Solaria nos esperaba en el muelle, rodeado de su propia guardia, luciendo una sonrisa que se volvió rígida al ver los cañones del Invictus apuntando directamente a su palacio.
—¡General Drako!
¡Regente Evelina!
—exclamó Julian, aunque sus ojos buscaban nerviosamente una salida—.
No esperaba una visita tan…
ruidosa.
Cassian caminó hacia él con la pesadez de una tormenta.
No saludó.
Sacó la serpiente de plata de su bolsillo y se la arrojó a Julian.
El objeto golpeó el pecho del Archiduque antes de caer al suelo.
—Se te olvidó esto en mi salón, Julian —dijo Cassian, su voz resonando en todo el puerto—.
He venido a devolvértelo y a asegurarme de que comprendas que Veridia no acepta regalos que tengan oídos.
—Es solo un amuleto de buena suerte…
—intentó decir Julian.
—La suerte es algo que vas a necesitar mucho a partir de ahora —intervine yo, dando un paso adelante con una elegancia gélida—.
He revisado los contratos de arrendamiento de los muelles de Solaria que pertenecen a la herencia Laurent.
Debido a este “incidente de espionaje”, he decidido revocar todas las licencias de exportación de Solaria hacia el norte.
A menos, claro, que lleguemos a un nuevo acuerdo.
Julian nos miró, pasando del miedo a la comprensión.
Se dio cuenta de que no estaba frente a un General bruto y su esposa decorativa.
Estaba frente a dos mentes que habían decidido coordinar su furia y su intelecto para asfixiarlo.
—Pasen al palacio —dijo Julian, haciendo una reverencia forzada—.
Parece que tenemos mucho de qué hablar.
Cassian me tomó del brazo, pegándome a su costado mientras caminábamos hacia el palacio de Solaria.
Valerian, en brazos de Miller, nos seguía con esa mirada gris que parecía ver las sombras antes que nosotros.
—Lo tenemos donde queremos —susurré a Cassian.
—Todavía no —respondió él, su mano apretando la mía—.
Hasta que no vea su imperio desmoronarse y a ti a salvo en casa, no descansaré.
El Lobo ha entrado en la ciudad blanca, Evelina.
Y esta vez, no va a dejar piedra sobre piedra.
La infiltración había comenzado.
Estábamos en el corazón del territorio enemigo, rodeados de lujo y traición, pero mientras miraba a Cassian, supe que Julian de Solaria no tenía ninguna oportunidad.
El matrimonio por contrato que una vez nos separó ahora era el nudo que iba a estrangular a cualquiera que se atreviera a interponerse en nuestro camino.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com