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Matrimonio Con El Lobo de Hierro - Capítulo 40

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40: Capítulo 40 40: Capítulo 40 Cassian El cielo sobre el Invictus se había vuelto de un color ceniza que no pertenecía a este mundo.

Los siete pilares de obsidiana rodeaban nuestro barco como los barrotes de una jaula divina.

Sentía el frío de las sombras calándome los huesos, pero el calor que emanaba de Evelina, a mi lado, era lo único que me impedía caer de rodillas.

—¡FUEGO!

—rugí hacia las baterías de cañones.

El estallido de la artillería sacudió la cubierta, pero las balas de acero simplemente se desintegraban antes de tocar las figuras encapuchadas.

No era una guerra de hombres.

Era una ejecución mística.

—General Drako —la voz del Concilio resonó, una marea de sonidos que hacía que mis oídos sangraran—.

El tiempo se ha agotado.

Entregad al niño o ved cómo el mar devora vuestro imperio de carne.

Las sombras empezaron a reptar por el casco del barco, congelando el metal, deteniendo los motores.

El Invictus empezó a hundirse lentamente.

Miré a Valerian, que estaba aferrado a la pierna de su madre, su pequeña luz púrpura parpadeando débilmente ante la presión del vacío.

—Cassian —la voz de Evelina sonó tranquila.

Demasiado tranquila—.

No hay forma de ganar esta batalla con acero.

—Siempre hay una forma, Evelina.

No voy a entregarlo.

No voy a dejar que nos lleven —la tomé del brazo, mis ojos suplicándole que no hiciera lo que yo sabía que estaba pensando.

—Ellos quieren la fuente de poder —dijo ella, soltándose de mi agarre y caminando hacia el centro de la cubierta.

Su amuleto Laurent brillaba con una intensidad cegadora—.

Y yo soy la única que sabe cómo cerrar la puerta.

—¡Evelina, no!

¡Dijiste que ese ritual exigía el alma!

—corrí hacia ella, pero un muro de luz dorada surgió de sus pies, lanzándome hacia atrás—.

¡EVELINA, DETENTE!

¡ES UNA ORDEN!

Ella se giró por un segundo.

El viento azotaba su cabello y sus ojos ya no eran castaños; eran dos pozos de oro puro.

Me dedicó una sonrisa, la sonrisa más triste y hermosa que jamás me había dado.

—Esta vez, mi amor, el General no tiene el mando —susurró ella.

Evelina empezó a recitar el “Canto del Vacío”.

Su cuerpo empezó a elevarse sobre la cubierta.

La luz que emanaba de ella se volvió tan potente que las sombras de los pilares empezaron a retroceder, gritando de dolor.

Era un espectáculo de poder terrorífico.

El amuleto en su pecho se agrietó, liberando una energía que empezó a consumir sus propias manos, volviéndolas translúcidas.

—¡MAMÁ!

—gritó Valerian, intentando correr hacia ella, pero Miller lo sujetó con lágrimas en los ojos.

—¡NO!

¡LLÉVAME A MÍ!

—grité yo, golpeando el muro de energía con mis puños ensangrentados—.

¡VALERIUS, MALDITO BASTARDO, TÓMAME A MÍ!

¡DEJA A MI MUJER!

Evelina extendió sus brazos hacia el cielo.

Una cúpula de energía blanca explotó desde su pecho, expandiéndose por todo el océano.

Los pilares de obsidiana estallaron en mil pedazos.

Las figuras del Concilio se desintegraron como humo bajo un sol de mediodía.

El mar volvió a ser agua y el cielo recuperó su color oscuro natural.

La presión desapareció.

El muro de luz se desvaneció.

Vi cómo el cuerpo de Evelina caía desde el aire con la fragilidad de una hoja marchita.

Salté y la atrapé antes de que golpeara la madera de la cubierta.

—¿Evelina?

—susurré, acunando su cabeza en mi regazo.

Su piel estaba fría.

Demasiado fría.

No había heridas, no había sangre.

Pero sus ojos estaban cerrados y su respiración era tan tenue que apenas empañaba el espejo de mi propia angustia.

Su luz se había apagado por completo.

—¡MÉDICO!

—mi rugido desgarró la noche—.

¡MILLER, TRAE AL MÉDICO AHORA!

Tomé su mano, esa mano que siempre encontraba la mía en la oscuridad, y la llevé a mis labios.

Estaba inerte.

—Despierta, nena —rogué, las lágrimas cayendo sin control sobre su rostro pálido—.

Por favor, no me hagas esto.

Dijiste que éramos un equipo.

Dijiste que no me dejarías solo.

Valerian se acercó, sollozando, y puso su pequeña mano sobre el hombro de su madre.

La luz púrpura del niño intentó entrar en el cuerpo de Evelina, pero rebotó, como si ella ya no estuviera allí, como si su espíritu estuviera atrapado en una dimensión donde nosotros no podíamos llegar.

El médico del barco llegó corriendo, le tomó el pulso y miró sus pupilas.

Su rostro se volvió de piedra.

—General…

ella no está muerta —dijo con voz temblorosa—.

Pero su esencia…

su alma ha sido drenada para sellar la grieta.

Está en un estado de letargo profundo.

No sé si despertará algún día.

Me quedé en silencio.

El mundo a mi alrededor desapareció.

Ya no había barcos, ni imperios, ni enemigos.

Solo estaba yo, el Protector Supremo, el hombre más poderoso de Veridia, sosteniendo el cuerpo vacío de la única razón por la que valía la pena vivir.

Me levanté con ella en mis brazos.

No dejé que nadie la tocara.

Caminé hacia el camarote principal, con Valerian aferrado a mi capa.

Dejé a Evelina en la cama y me senté a su lado, tomando su mano.

—No voy a dejarte —dije, mi voz ahora fría, desprovista de toda emoción, la voz del monstruo que el Concilio acababa de crear—.

Voy a encontrar la forma de traerte de vuelta.

Y mientras tanto…

voy a convertir este mundo en un cementerio para cualquiera que haya tenido algo que ver con esto.

Miré a mi hijo.

El pequeño Valerian tenía los ojos secos ahora, reemplazando el llanto por una mirada de odio gélido que era el espejo de la mía.

—Papá —dijo el niño—.

Mamá está en la puerta oscura.

Yo puedo verla.

—Entonces, hijo mío —respondí, acariciando su cabeza mientras mi otra mano apretaba la de Evelina—, tú y yo vamos a aprender cómo derribar esa puerta.

El Imperio de los Drako no ha caído.

Solo acaba de perder su compasión.

Esa noche, el Invictus dio media vuelta hacia Veridia.

El Lobo de Hierro regresaba a su trono, pero esta vez, no venía a proteger.

Venía a juzgar.

Y mientras Evelina dormía su sueño místico, el Protector Supremo comenzó a planear una venganza que haría que el sol mismo se ocultara de terror.

La verdadera oscuridad no era el Concilio.

La verdadera oscuridad era un hombre que amaba demasiado y que acababa de perder su luz.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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