Matrimonio oculto con mi CEO imperfecto - Capítulo 108
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
108: Cargos 108: Cargos —¿Por qué quieres ver a esta mujer, tía?
Es una mentirosa.
El tratamiento en este lugar es carísimo, pero ni siquiera puede curar mi enfermedad —acusó Nico a Tara con rabia—.
Usa su apellido solo para atraer pacientes.
¡Esto equivale a un fraude!
Anya miró a Nico con sorpresa.
¿Por qué Nico actuaba así de repente?
—Señor Nico, su periodontitis ha empeorado de repente.
¿Bebió ayer?
—preguntó Tara con el rostro impasible.
—¡Todo es por tu incompetencia!
¡No vuelvas a abrir tu clínica!
—Tras decir eso, Nico se volvió hacia Anya—.
Tía, vámonos a casa.
No tiene sentido ver a esta doctora.
Anya dio un paso al frente, sonriendo.
—Nico, ahora te deben de doler los dientes.
Deja que la doctora Tara te calme el dolor primero.
—¡No hace falta!
¡Solo he venido a por ella!
—dijo Nico furioso.
—Tara, parece que Nico estuvo bebiendo anoche mientras acompañaba a un cliente.
Por lo visto, el dolor le hizo perder el control y romper el cristal de tu clínica.
Por favor, encárgate de él.
Nico te reparará todos los cristales.
No te preocupes, mi sobrino tiene mucho dinero —dijo Anya, sonriendo y mediando para que hicieran las paces.
—Tía, no es necesario hablar con ella.
No ha podido curarme —dijo Nico con una mueca de desdén.
Tara dio un paso al frente con calma.
Estaba acostumbrada a lidiar con los variopintos comportamientos de los ricos, incluido este tipo de Joven Maestro consentido.
—Señor Nico, todo el mundo comete errores.
Por favor, deme la oportunidad de corregir los míos.
Si esta vez no consigo curarlo, puede destruir mi clínica —dijo la dentista.
—¡Hmpf!
Está bien.
¡Pero que sepas que solo hago esto por mi tía!
Te daré una oportunidad más —dijo Nico, resoplando como un niño.
Una de las enfermeras le trajo inmediatamente una muda de ropa y lo acompañó a la sala de tratamiento VIP.
Anya se vio obligada a cancelar su cita con Tara porque Nico había irrumpido así en la clínica.
Tara se sintió un poco culpable, pues había despejado toda su agenda para poder atender a Anya.
—¿Qué te parece si te llamo cuando termine?
Puedes esperarme y cenar algo mientras tanto —dijo Tara, algo apesadumbrada.
—No te preocupes.
Voy a visitar a mi madre.
—Anya salió de la clínica de Tara y se apresuró hacia el hospital.
Por orden de Aiden, habían trasladado a Diana a una sala de tratamiento especial del hospital, pero ella no mostraba la más mínima señal de despertar.
—Madre… Encontré la fórmula del perfume que creaste antes de tu accidente.
No te preocupes.
La recuperaré por ti —susurró Anya, sosteniendo la mano de Diana.
Su madre permaneció acostada, sin reaccionar en absoluto.
—Madre… Pronto será la temporada de la vainilla.
No duermas tanto.
Tienes que ayudarme con la cosecha.
Anya se sentó junto a la cama de Diana durante más de cuarenta minutos.
Le habló de muchas cosas, con la esperanza de que su madre despertara, pero la mujer seguía durmiendo plácidamente.
Finalmente, Abdi la llamó para decirle que si no salían ya, se quedarían atascados en el tráfico.
Si eso ocurría, Anya podría llegar tarde.
—Madre… Tengo que hacer horas extras durante los próximos días.
No podré venir a visitarte.
No me eches de menos.
—Anya se levantó de la silla y salió de la habitación de su madre con el corazón apesadumbrado.
En el coche, Abdi le dio a Anya una fiambrera: —Señora, aquí tiene su cena de parte de Hana.
Anya la aceptó asintiendo.
Lejos de alegrarla, la fiambrera le oprimió aún más el corazón.
Ella podía comer y dormir en paz, pero su madre seguía en el mismo estado.
En realidad, no tenía nada de apetito.
Solo comió unas pocas cucharadas de arroz antes de volver a cerrar la fiambrera con una mirada sombría.
Anya llegó a Rose Scent justo a tiempo.
Sin embargo, una sorpresa la aguardaba frente a la tienda.
Deny Tedjasukmana…
—¿Padre?
¿Qué haces aquí?
—preguntó Anya, sorprendida.
Ben también se sorprendió al oír que Anya llamaba «padre» a Deny Tedjasukmana.
¿Acaso Anya no era una chica pobre?
Se rumoreaba que Anya era una chica pobre que vivía solo con su madre.
Entonces, ¿cómo podía llamar padre a Deny Tedjasukmana?
¿Era la amante de Deny?
—La Sra.
Irena vino a hablar conmigo sobre Raisa.
¿De verdad tienes que ser tan arrogante?
—dijo Deny con el rostro tenso.
—Si hubieran tratado así a Natali, ¿le dirías que se callara y se aguantara?
—Anya no respondió a la pregunta de Deny, sino que contraatacó con otra.
—¡Natali no es como tú!
—exclamó Deny.
—Sí, Natali es diferente a mí.
Ella recibió el amor de sus padres, pero yo no.
Por eso, solo puedo tragarme mi propia amargura.
Estás acostumbrado a que te obedezca, a que no me atreva a negarme ni a protestar —dijo Anya con una sonrisa amarga.
—Solo tienes miedo de que Aiden te malinterprete, ¿verdad?
La Sra.
Irena ha prometido ayudarte a aclarar este asunto.
Deja en paz a Raisa —la instó Deny.
Anya miró hacia el exterior y vio que el cielo se estaba oscureciendo.
Irena debía de estar tan preocupada por Raisa como para haber acudido a la familia Tedjasukmana.
Su mirada se desvió lentamente hacia el hombre que tenía delante.
¿Era este hombre realmente su padre?
—Raisa ha arruinado mi reputación.
Lo justo es que se disculpe conmigo.
¡Es inútil que me supliques!
—replicó Anya con indiferencia.
No pensaba cambiar de opinión.
—Si no recibiste dinero de la familia Mahendra, ¿de dónde sacaste el dinero para la operación de tu madre hace tres años?
—preguntó Deny con voz sarcástica.
Todavía no era de noche y el evento del centro comercial aún no había comenzado, por lo que no pasaba mucha gente.
Sin embargo, todos los que estaban cerca se detuvieron a observar la discusión.
Deny se había creído los rumores de que Anya había recibido dinero de la familia Mahendra.
Por fin, Anya comprendió por qué Aiden le había aconsejado que no perdonara a Raisa tan fácilmente y que le exigiera una disculpa pública.
Si hasta su propio padre se creía los rumores, qué no haría la gente que no la conocía.
Todos habían creído las palabras de Raisa.
Anya se había estado conteniendo todo el día.
Aunque se sentía mal, se mantuvo firme, siguiendo el consejo de Aiden.
Pensaba que Raisa se arrepentiría de sus actos y se disculparía, pero no fue así.
Irena había acudido a pedirle ayuda, pero lo hizo con arrogancia.
No creía que Raisa fuera culpable, sino que, por el contrario, amenazó a Anya.
Y ahora, le tocaba el turno a Deny.
¡Su propio padre no le creía!
—Hace tres años, cuando mi madre sufrió un ataque al corazón repentino, mi abuela estaba muy enferma.
La abuela dijo que nunca se recuperaría, así que decidió vender todos sus órganos para salvar a mi madre.
Anya echaba de menos a su abuela.
Se sentía muy culpable por el hecho de que su abuela hubiera tenido que pasar por todo eso hasta en su último momento.
—¡¿Qué?!
—Deny se quedó paralizado.
No podía moverse al descubrir que así habían sido las cosas.
Hace tres años, Anya no recibió dinero de la familia Mahendra.
Tuvo que sacrificar incluso a su abuela para salvar a su madre.
¿Eran falsas todas esas acusaciones?
Entonces, ¿por qué Raisa había dicho aquello?
—Tengo que trabajar.
Ya te lo he contado todo.
Si no vas a comprar nada en esta tienda, por favor, vete.
—Anya se dio la vuelta y se dirigió a la trastienda.
—Anya, si de verdad eres inocente, tu padre exigirá justicia para ti —dijo Deny en voz alta.
Aprovechó la oportunidad para que todos supieran que él era el padre de Anya.
Intentaba decirle a la gente que la pareja de Aiden Atmajaya era su hija mayor, Anya Tedjasukmana…
Anya se detuvo.
Se giró y miró a Deny con sarcasmo.
—Ya todo ha pasado.
Ya no te necesito como te necesité hace tres años.
Si de verdad te sientes culpable, devuelve lo que por derecho le pertenece a mi madre.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com