Matrimonio oculto con mi CEO imperfecto - Capítulo 12
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12: Estoy dispuesto 12: Estoy dispuesto «¿Tengo que casarme con este hombre?»
Este era el segundo encuentro entre Anya y Aiden.
No se conocían y nunca se habían visto.
Se podría decir que eran dos desconocidos.
Anya no sabía nada de Aiden.
No conocía sus antecedentes, su familia, y mucho menos al hombre en sí.
No sabía qué clase de persona era.
Tampoco sabía cuál era la verdadera naturaleza de Aiden.
¿Y si no era un buen tipo?
—Pero no nos conocemos.
¿Por qué quieres casarte conmigo?
—preguntó Anya en voz baja, sin atreverse a expresarle su opinión a Aiden.
Aiden intentó contener el resentimiento en su corazón.
No le gustó oír que la mujer que tenía delante no lo recordaba.
—Tú necesitas mi ayuda y yo también tengo mis propios planes.
¿Es esa razón suficiente para ti?
—respondió Aiden con calma.
«¿Un plan?
¿A qué plan se refería Aiden?»
—¿Qué plan?
—replicó Anya.
Aiden miró directamente a Anya, pero de sus labios no salió ni una sola palabra.
Mantuvo la boca cerrada con fuerza, como si no quisiera decirle a Anya lo que estaba pensando.
¿Acaso Aiden quería vengarse de Natali porque su prometida lo había traicionado?
¿Era por eso que quería utilizarla como arma para que Natali sintiera lo mismo que él?
En realidad, Anya se sentía reacia a hacer todo aquello.
No quería casarse con un hombre al que no amaba.
¿Pero tenía otra opción?
Era la única manera de que Anya salvara a su madre.
No tenía otra alternativa.
Solo Aiden era la respuesta a todos sus problemas actuales.
Solo pudo bajar la cabeza bajo la mirada de Aiden, sin atreverse a mirarlo directamente.
Sus manos se movían con inquietud.
No sabía qué decir.
El pánico se reflejaba en sus ojos y su rostro estaba un poco pálido.
—Está bien, me casaré contigo —decidió Anya al final.
Sintió como si tuviera un nudo en la garganta al pronunciar esas palabras.
Le había entregado su libertad a un hombre que no conocía.
Por otro lado, se sintió aliviada, como si le hubieran quitado un gran peso de encima.
Al menos, ya no tendría que pensar en las facturas del hospital de su madre, que no dejaban de subir.
Con esto, la medicación y los cuidados de su madre estarían garantizados.
Aiden se sintió muy feliz al oír la respuesta de Anya, pero no quiso mostrar sus sentimientos abiertamente.
Se limitó a sonreír levemente y a asentir.
Apretó con fuerza los puños a sus costados, no porque estuviera enfadado o molesto.
Contuvo el impulso de su corazón para no abrazar a la mujer que tenía delante.
No quería asustar a Anya aún más y que ella mantuviera la distancia con él.
Aiden se levantó de inmediato y tomó su teléfono móvil de la gran mesa.
Dejó a Anya confundida y sola mientras hacía varias llamadas.
Sin embargo, su mirada nunca se apartó de la figura de la mujer sentada en el sofá de su despacho.
Al terminar, se acercó de nuevo a Anya y dijo: —Iremos a la oficina del registro civil ahora para conseguir los papeles del matrimonio.
«¿Eh?
¿Ahora?».
Anya sintió un mareo.
No esperaba que todo sucediera tan rápido, «¿no es esto demasiado repentino?».
—¿Ahora mismo?
—preguntó, sorprendida.
—Mmm…, ahora —respondió Aiden escuetamente.
Acto seguido, salió de su despacho sin esperar una respuesta de Anya.
Anya se apresuró a seguirlo.
Sus piernas no eran lo bastante largas para mantener el ritmo de las amplias zancadas de Aiden, así que tuvo que dar una carrerita para alcanzarlo.
Al salir del despacho, Anya vio a Elise levantarse de inmediato de su asiento.
La mujer sonrió al ver salir a Aiden, pero a él no le importó su seductora sonrisa.
Cuando se dio cuenta de que su jefe la ignoraba, su mirada se desvió hacia Anya, que ya había alcanzado a Aiden.
Su rostro mostró un poco de asco al mirar a Anya, como si esta no mereciera estar allí en absoluto.
Anya sabía lo que esa mujer estaba pensando.
La estaba evaluando, sintiendo que era muy superior a ella en todo.
Mucho más guapa, con más estilo y más digna de estar al lado de Aiden.
La mirada de la mujer molestó a Anya.
No tenía intención de competir con Elise.
¡Ni siquiera amaba a Aiden!
—Elise, cancela todas las reuniones y compromisos de hoy —dijo Aiden.
Las palabras de Aiden hicieron que Elise se quedara boquiabierta y mirara a su jefe con asombro.
Durante todo el tiempo que llevaba trabajando en la empresa, su jefe nunca se había ido a casa antes del fin de la jornada laboral.
Aiden siempre trabajaba hasta altas horas de la noche y era conocido por ser un adicto al trabajo.
Ella, como su asistente y secretaria, por supuesto se ofrecía voluntaria para acompañarlo hasta tarde, con la esperanza de que un día su jefe se diera cuenta de su existencia y empezara a enamorarse de ella.
Además, a Aiden nunca se le había visto con mujeres.
Tampoco tenía pareja.
Esto le daba a Elise aún más esperanzas, porque su posición era la más ventajosa.
Todos los días se veían e interactuaban en la oficina.
Era la mujer más cercana a Aiden.
La propia Elise era una mujer atractiva.
Tenía un rostro bello e inteligente.
Muchos hombres caían rendidos a sus pies.
Sin embargo, eso no ocurría con Aiden.
Su jefe permanecía completamente impasible, incluso cuando ella vestía ropa sexi.
Hasta llegó a pensar que a Aiden quizá no le gustaban las mujeres.
Sin embargo, ¡de repente apareció una mujer en su despacho privado!
¡Una mujer que no era guapa, ni atractiva, de aspecto vulgar y que parecía pobre!
¡Y ahora Aiden no solo se iba pronto, sino que cancelaba todas las reuniones y compromisos!
¡Y todo por culpa de esa mujer insignificante!
—¡Eh!
Pero, señor, hoy… —Elise intentó impedir que su jefe se marchara.
No solo porque no quería que saliera con otra mujer, sino porque la siguiente reunión era muy importante.
Los pasos de Aiden se detuvieron en seco.
Giró ligeramente la cabeza y miró a Elise con frialdad.
Ni siquiera dijo nada, pero Elise pudo sentir el aura aterradora de su jefe.
Anya también sintió esa aura sombría.
Sin darse cuenta, sintió un escalofrío y el vello de la nuca se le erizó.
¡Qué hombre tan espeluznante!
Elise bajó la cabeza y cerró la boca.
Su cuerpo parecía temblar ligeramente de miedo.
Mientras tanto, Aiden reanudó la marcha hacia su ascensor privado.
Detrás de él, Anya no pudo más que mirar a Elise con compasión.
¡Qué pena, la mujer parecía realmente asustada!
Al darse cuenta de que Anya la miraba, Elise le devolvió una mirada fulminante.
Estaba llena de ira, como si culpara a Anya del trato que le había dado Aiden.
Si las miradas matasen, ¡quizá Anya ya estaría muerta!
Una mujer celosa era algo terrible.
Anya decidió ignorarla y siguió a Aiden hasta el ascensor.
Sin embargo, aún podía sentir cómo Elise la fulminaba con la mirada, como si sus ojos le perforaran la espalda.
Incluso cuando las puertas del ascensor estaban a punto de cerrarse, Elise seguía mirándola con una expresión cargada de odio.
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