Matrimonio oculto con mi CEO imperfecto - Capítulo 121
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121: Sobrecalentamiento 121: Sobrecalentamiento —¿Lo que sea?
—preguntó Anya mientras miraba a Aiden.
Temía pedírselo, pero de verdad lo necesitaba.
—¡Lo que sea!
—replicó Aiden con calma, en contraste con sus verdaderos sentimientos.
—¿Puedes cooperar con mi padre?
Posee tierras, pero no tiene el capital para desarrollarlas —dijo Anya.
Aiden se sintió agradecido de que Anya no le pidiera el divorcio, pero eso no quería decir que le gustara la petición que le hacía.
Su esposa le pedía algo por el bien de su padre.
—¿Te ha dicho Deny que me lo pidas?
—dijo con frialdad.
Anya pudo sentir la molestia de Aiden.
—Ah, si no puedes cumplirlo, puedo cambiar mi petición —dijo en voz baja.
Su voz tembló ligeramente al decirlo.
Aiden no tenía intención de asustar a Anya.
Respiró hondo y dijo: —No hace falta.
—Sigue siendo mi padre.
—La voz de Anya se fue apagando.
Después de eso, no dijo nada más.
No podía decirle a Aiden que no hacía todo esto por Deny.
Todo era por la receta del perfume de su madre, que estaba en manos de Deny.
Tenía que conseguir la receta del perfume como fuera.
—De acuerdo.
Te lo he prometido, así que no romperé mi promesa.
Le daré una oportunidad a tu padre —dijo Aiden un poco a regañadientes.
Sin embargo, lo prometido era deuda.
No rompería su promesa, y menos a Anya—.
¿Puedes traerme un antifaz para los ojos?
También quiero probar las técnicas de masaje que aprendiste de la Doctora Tara.
—Aiden cambió de tema porque no quería seguir hablando de Deny.
—Espera un momento.
—Anya asintió y fue a por el antifaz de inmediato.
Lo calentó mientras le preparaba a Aiden una taza de té de osmanto.
Después, llevó la taza de vuelta a la habitación.
Cuando entró en la habitación y dejó la taza que traía, no vio a Aiden por ninguna parte.
Entonces, oyó el sonido de la puerta del baño al abrirse.
Anya se dio la vuelta y vio a Aiden, que solo llevaba una toalla de baño enrollada en la cintura.
Aún se veían volutas de vapor alrededor de su cuerpo.
La gran toalla en su cintura no podía ocultar el escultural cuerpo de Aiden.
Por suerte, Anya ya había dejado sobre la mesa la taza que traía.
De no ser así, probablemente la habría tirado del asombro al mirar a Aiden.
—¡Ven aquí!
—dijo Aiden con su voz grave.
Los ojos de Anya seguían clavados en los músculos de Aiden, como si tuvieran imanes, incapaz de apartar la mirada.
¡El cuerpo de Aiden era tan perfecto que podría provocarle una hemorragia nasal a cualquier mujer!
Justo cuando ese pensamiento cruzó su mente, Anya sintió un picor en la nariz y se la frotó de inmediato con la mano.
Cuando se miró las manos y encontró manchas de sangre, ¡se dio cuenta de que de verdad le estaba sangrando la nariz!
¡Dios mío, qué vergüenza!
¡Quizás era la primera mujer en la historia a la que le sangraba la nariz por ver el cuerpo de su marido!
Anya se tapó la nariz de inmediato y corrió hacia el baño.
Cuando pasó al lado de Aiden, el hombre la agarró de la mano.
—¿Qué ocurre?
—le preguntó.
Aiden ya sabía lo que pasaba, but trató de ocultar su sonrisa y le preguntó a Anya a propósito.
Quería tomarle el pelo deliberadamente a su esposa, que era como una conejita.
—¿Eh?
No, ¿nada?
Quiero ir al baño —dijo Anya mientras se soltaba de Aiden y se metía a toda prisa en el baño.
Aiden rio por lo bajo al ver la reacción de Anya.
Su esposa era realmente adorable.
Anya se lavó la cara inmediatamente con agua fría.
Luego, se dio unas palmaditas en la frente y el cuello con agua fría, intentando calmarse.
La hemorragia nasal tardó un poco en parar.
Cuando Anya salió del baño, su ropa estaba medio mojada por las salpicaduras de agua.
—Huelo a sangre.
¿Estás herida?
—preguntó Aiden de repente.
Parecía que no quería perder la oportunidad de seguir tomándole el pelo a Anya.
Anya miró a Aiden mientras murmuraba por lo bajo.
¿Cómo podía ser tan extraordinario el olfato de Aiden?
¡Parecía que tenía el olfato de un lobo!
—No.
Me ha sangrado la nariz.
Quizá sea solo que tengo calor.
—Anya rio nerviosamente, tratando de ocultar su vergüenza.
Caminó hasta el armario y sacó una camisa.
Anya quería cambiarse la ropa mojada, pero, de repente, una gran sombra negra la cubrió.
—¿Quieres que te ayude a que no vuelvas a acalorarte tanto?
—Aiden parpadeó, lanzándole una mirada ambigua.
—¡No, no!
—dijo Anya, agitando la mano.
Aiden sonrió al verla.
Inclinó la cabeza y besó con suavidad la frente de Anya.
—Yo también tengo calor.
¿No quieres ayudarme a refrescarme?
—Te he preparado té de osmanto.
A lo mejor te ayuda —intentó evadirlo Anya.
—Ah…
—Aiden sonrió mientras seguía tomándole el pelo a Anya—.
Pero yo te quiero a ti.
—Y-… yo… —Anya parecía aterrada y confusa.
No sabía qué hacer.
Como una conejita temblando ante la mirada de un gran lobo.
Aiden sujetó con delicadeza la barbilla de Anya y le dio un beso fugaz en los labios.
Parecía que debía dejar de tomarle el pelo a su esposa.
De lo contrario, esta conejita no tardaría en salir huyendo.
—Anda, dame el masaje —dijo, cambiando de tema.
Los grandes ojos de Anya parpadearon varias veces cuando Aiden la soltó.
Una vez, Aiden le dijo que no la obligaría a hacer nada, y siempre cumplía su palabra.
Su marido no solo era guapo y rico, sino también muy amable con ella, como un auténtico caballero.
Anya sonrió al pensar en ello.
Se acercó a donde estaba Aiden y empezó a darle el masaje, tal como le había enseñado Tara.
Aiden se sintió muy feliz.
Cualquier cosa que Anya hiciera por él, por pequeña que fuera, le reconfortaba el corazón.
Sus labios esbozaron una leve sonrisa mientras cerraba los ojos.
—¿Te gusta?
—preguntó Anya.
—Mmm…
me gusta —dijo Aiden, todavía con los ojos cerrados.
—¿Puedo recibir una recompensa por ser una esposa tan buena?
—volvió a preguntar Anya.
—¿Qué recompensa quieres?
—Era raro que Anya le pidiera cosas así.
Normalmente, siempre le daba miedo expresar sus opiniones y deseos a Aiden.
—Si no tienes intención de divorciarte de mí por ahora, ¿podrías darme un espacio para trabajar?
¿Una sala de perfumes?
—preguntó Anya en voz baja.
El corazón de Aiden pareció dejar de latir por un segundo.
¿Por qué pensaba su esposa que iba a divorciarse de ella?
—Hay una habitación vacía en el ala izquierda del segundo piso que puedes usar —dijo Aiden con calma—.
Y ahora, ¿cómo vas a agradecérmelo?
Anya no se lo pensó dos veces.
De inmediato, sujetó el rostro de Aiden y le dio un beso fugaz en los labios.
Aquel beso rápido fue suficiente para agitar el apacible corazón de Aiden.
Su corazón empezó a latir de inmediato al doble de velocidad.
—¿Es suficiente con esto?
—preguntó Anya, avergonzada y sonrojada.
—No es suficiente.
Otra vez —la provocó Aiden a propósito.
—Mmm…
Te daré uno más profundo cuando la sala de perfumes esté lista —le prometió Anya con ojos chispeantes.
—¿De verdad?
¿Cómo de profundo va a ser?
—rio Aiden por lo bajo mientras le revolvía el pelo a Anya.
—Un beso muy profundo y dulce.
Estaré muy feliz cuando la sala de perfumes esté lista y estoy segura de que… —Anya no tuvo tiempo de terminar la frase cuando oyó sonar el móvil de Aiden.
Aiden alargó la mano y cogió el móvil que estaba en la mesilla de noche.
Descolgó de inmediato.
—¿Qué pasa?
—Señor, ¿está la Señora con usted?
—preguntó Harris.
Al oír la pregunta de Harris, supo que no era un asunto trivial, por lo que no quiso involucrar a Anya.
—Anya, ayuda a Hana a preparar el almuerzo.
Quiero comer algo que hayas cocinado tú.
—¿Eh?
¿Ahora?
—preguntó Anya, sorprendida.
Sin embargo, después asintió y bajó.
Sabía que Harris había llamado a Aiden, así que supuso que iban a hablar del asunto de Rose Scent.
Pero parecía que Aiden y Harris querían tratar secretos de la empresa.
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