Matrimonio oculto con mi CEO imperfecto - Capítulo 181
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181: Las quejas 181: Las quejas —Fue solo una pesadilla.
No te preocupes —dijo Aiden, dándole suaves palmaditas en la espalda a Anya, tratando de calmarla.
Anya negó con la cabeza y dijo con un sollozo: —He tenido el mismo sueño de antes.
Tienes que tener cuidado y cuidarte.
—Los sueños siempre son lo contrario a la realidad —dijo Aiden, acariciándole la espalda como si calmara a una niña triste.
—Aiden, de verdad tengo miedo.
Por favor, no vuelvas a dejarme sola.
—Anya abrazó a Aiden con fuerza, temerosa de perder a su marido, de perder a la persona que le había dado calidez a su fría vida.
—Nunca te dejaré —susurró Aiden, abrazando el cuerpo de Anya.
Intentó cambiar de tema para que Anya no siguiera asustada—.
¿Ya está listo el perfume?
Anya, que todavía sollozaba, asintió.
—Mmm… Tienes que ayudarme a elegir un buen frasco de perfume.
Tengo muchos, pero no sé cuál le gustará a tu cuñada.
—Sácale una foto y dásela a Nico.
Deja que él te ayude a elegirlo.
Cuando me he despertado, ya no veía nada —dijo Aiden en voz baja.
—¿Qué?
—Anya se quedó de piedra y se espabiló de inmediato.
Sentía un zumbido en la cabeza.
—No pasa nada.
Es normal —le sonrió Aiden.
Anya vio la impotencia y la tristeza en la sonrisa de Aiden.
Aunque él dijera que no pasaba nada, Anya sabía que estaba muy triste.
¿Qué se sentiría cuando la luz que iluminaba tu mundo te era arrebatada de repente?
¿Quién querría vivir en la oscuridad?
¿Dependiendo solo de las sensaciones y los recuerdos, sin poder ver la belleza del mundo?
Si no pudieras ver para siempre, quizá aprenderías a aceptar una vida sin luz.
Pero Dios parecía estar jugando con él.
Dios le permitió a Aiden saborear la belleza del mundo y luego le quitó esa luz como si solo se estuviera burlando de él.
Le dio esperanza a Aiden cuando estaba desesperado, para luego arrebatársela sin motivo y sin previo aviso.
Anya intentó no llorar porque temía que Aiden se pusiera más triste.
No debería ser Anya la que estuviera triste, sino Aiden.
Lo que ese hombre sentía en ese momento era mucho más doloroso que lo que sentía ella.
—No llores.
Estoy bien.
Me conformo con poder ver de vez en cuando.
—Aiden extendió la mano y le secó las lágrimas de los párpados.
—Eres tan bueno… Pero ¿por qué Dios te ha tratado con tanta crueldad?
—Anya no pudo contener las lágrimas.
—Quizá Dios está celoso porque he conseguido a una mujer tan hermosa como tú.
Así que me ha quitado la luz de los ojos a propósito para que no pueda verte —dijo Aiden.
Anya abrazó a Aiden y lloró sobre él.
Sus sollozos le partieron el corazón a Aiden.
No quería ponerla tan triste, así que decidió decirle la verdad: —Anya, en realidad yo…
—¿No dijiste que podía ayudarte a ver de nuevo?
Yo…, yo te ayudaré —dijo Anya, nerviosa.
Aiden se sintió muy feliz al oír eso, pero su rostro permaneció tranquilo.
No podía revelar la verdad después de saber que su esposa estaba dispuesta a ser su sanadora.
Su tímida esposa por fin se abría a él, aunque Aiden usara sus ojos como excusa.
Aiden se levantó de la cama y colocó a Anya debajo de su cuerpo.
—¿Anya, lo dices en serio?
—¿Puedes hacerlo con más delicadeza?
Me da miedo que duela… —dijo Anya en voz baja.
Su voz temblaba un poco por el nerviosismo.
Anya pensó en que más tarde tendrían que ir a la casa de la Familia Atmajaya.
Hoy era el día en que Aiden volvería a casa.
Sería una pena que no pudiera ver.
Además, era la primera vez que iba a casa de la familia de Aiden.
Quería la protección de su marido, para poder seguir sus pasos y hacer lo que él dijera.
Necesitaba que su marido la apoyara cuando conociera a la nueva familia.
Sobre todo después de ver la actitud del padre de Aiden, a quien no le caía bien…
—Tendré cuidado.
—Aiden tomó a Anya en brazos y la llevó al cuarto de baño.
Entró en la ducha y, lentamente, le quitó la ropa a Anya prenda por prenda.
Tras quitarse su propia ropa, abrió el grifo del agua caliente.
El agua tibia empapó sus cuerpos y los hizo sentir más tranquilos.
Aiden abrazó con fuerza el cuerpo de Anya y la besó con ternura bajo el chorro de agua.
Entre el vapor del agua caliente, la habitación se caldeó aún más con sus acciones.
A veces se oían suspiros femeninos, seguidos de un gruñido grave.
Esta vez, Anya no se desmayó como antes.
No sentía ningún dolor.
Su cuerpo había aceptado por completo a Aiden y se había hecho uno con su marido.
Solo sintió un placer extraordinario, que la hizo sentirse completamente mujer.
…
Anya se apoyó en la pared del baño con la mirada soñadora.
El placer que sentía parecía llevarla volando al séptimo cielo.
Aiden cogió una toalla grande y envolvió el cuerpo de su esposa, luego la llevó de vuelta a su dormitorio.
Dejó a Anya en la cama con delicadeza.
—¿Te he hecho daño?
—le preguntó.
Anya bajó la cabeza avergonzada y no se atrevió a mirarlo.
—No.
No siento ningún dolor —susurró.
Los ojos de Aiden se llenaron de amor por su esposa.
Le besó la frente con ternura.
—Gracias, Sra.
Atmajaya.
Ahora, el Sr.
Atmajaya puede ver el hermosísimo rostro de su esposa.
—¿De verdad?
—preguntó Anya, sorprendida.
—Mmm… Solo tú puedes hacerme sentir así.
Solo tú eres la persona más importante de mi vida —dijo Aiden, besando los labios de Anya.
—Entonces deberías ser bueno conmigo.
¡No seas cruel, no te enfades conmigo y no tengas celos ciegos!
¡Controla tus emociones!
—se quejó Anya de inmediato, expresando toda su molestia de golpe.
Aiden se limitó a reír.
—De acuerdo.
—¿Tan feliz estás?
—Anya no podía dar crédito a sus oídos.
Por lo general, Aiden era muy callado.
Rara vez hablaba, y mucho menos se reía así por la mañana.
—Si mi esposa lo pide, por supuesto que, como marido, cumpliré —dijo Aiden.
—Aiden, después de ir a casa de tu familia, tengamos una cita.
Te enseñaré un lugar agradable —dijo Anya, emocionada.
—Dejaré toda mi agenda de hoy en manos de la Sra.
Atmajaya —dijo Aiden, besando a Anya en la mejilla.
Anya se levantó de la cama de inmediato, queriendo cambiarse de ropa en seguida.
Pero parecía que había confiado demasiado en sus fuerzas.
En cuanto sus pies tocaron el suelo, sintió como si hubiera perdido toda la fuerza y se desplomó.
Aiden la levantó de inmediato y la miró con ansiedad.
—¿Qué pasa?
¿Qué te duele?
¿Te encuentras mal?
—¡Todo es culpa tuya!
Siento las piernas débiles —masculló Anya, irritada.
Aiden se rio alegremente al oír esto, lo que molestó aún más a Anya.
—Y todavía te ríes —dijo ella, frunciendo el ceño.
Aiden volvió a llevar a Anya a la cama y le masajeó las piernas.
—Estás demasiado débil.
Tienes que ponerte más fuerte.
—¿Cómo voy a ir a casa de tu familia en este estado?
—dijo Anya, ansiosa.
—Te llevaré en brazos —bromeó Aiden.
—¡No!
¿Cómo voy a dejar que tu padre y tu cuñada me vean así?
—Anya golpeó el hombro de Aiden con cierta fuerza.
Sin embargo, el golpe solo le hizo cosquillas y le provocó la risa.
La ayudó a elegir la ropa y a prepararse.
De repente, oyeron que llamaban a la puerta.
—Señor, el desayuno está listo.
—Bajamos enseguida, Sra.
Hana —dijo Anya.
Tras oír que los pasos de Hana se alejaban, Anya se giró para mirar a Aiden.
Abrió los brazos y le dijo con mimosa coquetería: —¡Llévame en brazos!
Aiden se rio de la actitud mimosa de su esposa.
Sin protestar, la tomó en brazos de inmediato y bajó las escaleras para desayunar.
Nico estaba a punto de sentarse tras apartar una silla en el comedor.
Al ver a Aiden con Anya en brazos, frunció el ceño.
—Tía, ayer me pareció que la herida era en la cabeza, no en la pierna.
—¡Estoy mareada, no puedo caminar sola!
—replicó Anya, fulminándolo con la mirada.
—¿Es verdad?
—La mirada de Nico se posó en el cuello de Anya, viendo las marcas que eran el resultado del amor de Aiden y Anya—.
¿Estás segura de que puedes ir hoy a la casa de la Familia Atmajaya?
Las mejillas de Anya se sonrojaron.
Hundió la cara en el pecho de Aiden y protestó: —¡Aiden, Nico se está burlando de mí!
—¡Sra.
Hana, dígale a Nico que se vaya!
—dijo Aiden de inmediato con voz fría.
El rostro de Nico se volvió lastimero y suplicó de inmediato: —¿Puedo desayunar primero?
—No —dijeron Aiden y Anya al mismo tiempo.
Nico se quedó mirando el desayuno que ya estaba servido en la mesa, conteniendo la saliva.
—¡Quiero comer lo que ha cocinado la Sra.
Hana!
Si no me lo dais, le diré al abuelo que os habéis puesto de acuerdo para meteros conmigo.
¡Si el abuelo se entera, os regañará, Tío y Tía!
—dijo como un niño que se queja a sus padres.
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