Matrimonio oculto con mi CEO imperfecto - Capítulo 234
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- Capítulo 234 - 234 Ingredientes peligrosos
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234: Ingredientes peligrosos 234: Ingredientes peligrosos —Aiden, prométemelo.
No dejes que te abandone —murmuró Anya.
—Nunca dejaré que me abandones —respondió Aiden.
Aiden disfrutaba mucho el tiempo que pasaban juntos.
Bajo el sol poniente, llevaba a cuestas a la mujer que amaba.
Anya se apoyó en su hombro mientras tarareaba en voz baja.
Una hermosa música adornaba sus tardes.
Cada día con Anya estaba lleno de sorpresas y problemas.
Pero todo eso también traía alegría.
La relación entre ellos se fortalecía día a día.
—Hagamos una promesa.
Pase lo que pase, nada podrá separarnos —dijo Anya, llena de alegría.
—Mmm…
—murmuró Aiden.
Después de eso, Anya le dio una enérgica palmada en el hombro a Aiden.
—¡Vamos!
¡Al coche!
—Y, dicho y hecho, Aiden corrió llevándola a cuestas.
Cuando llegaron al estacionamiento, ya eran las seis en punto.
Anya llamó a Hana.
—¿Sra.
Hana, ha vuelto Nico a casa?
—El Sr.
Nico fue al cumpleaños de un amigo —respondió Hana.
—De acuerdo.
Estamos de camino a casa y llegaremos en cuarenta minutos.
—Cuando terminó de hablar con Hana, Anya se reclinó con pereza en su asiento y cerró los ojos.
—¿Cuál es el título de la otra canción que tarareabas antes?
—preguntó Aiden.
—I’ll stand by you —respondió Anya, abriendo un poco los ojos.
—Duérmete.
Te despertaré cuando lleguemos a casa.
—Aiden puso la música en el coche e inmediatamente eligió la canción que Anya mencionó.
Bajó el volumen para que no estuviera demasiado alto.
Al oír la melodía que le resultaba familiar, Anya sonrió.
—¿No quieres cantar?
—No sé cantar —respondió Aiden.
No había respondido a la pregunta anterior de Anya, pero una respuesta le vino a la mente.
Si no la hubiera conocido, se habría casado con una mujer a la que no amaba.
Habría vivido su vida sin llegar a saber qué sabor tan agridulce tenía el amor.
—Me gusta esta canción.
Parece que te simboliza.
Nunca dejarás que me pase nada malo, no permitirás que nadie me haga daño.
Aunque tengamos que pasar por momentos difíciles, siempre estarás a mi lado —dijo Anya, abriendo los ojos para mirar a Aiden—.
¿Tienes superpoderes?
Puedes saber lo que estoy pensando sin que tenga que decírtelo.
—Mi poder solo funciona contigo —respondió Aiden.
Anya sonrió al oírlo.
Sabía que Aiden no tenía superpoderes; su marido simplemente era muy comprensivo con ella.
Anya no sabía qué acto de bondad había hecho para tener la suerte de casarse con un hombre tan bueno como Aiden.
Pero, desde luego, nunca lo decepcionaría en su vida matrimonial.
Aiden había dicho que no tenía confianza para empezar una relación.
Pero desde que conoció a Anya, no había dudado en vivir su matrimonio al máximo y se esforzaba por ser un buen esposo para ella.
Anya sintió que Dios le había regalado a Aiden a cambio de las penurias que había soportado a lo largo de su vida.
Su vida había sido tan dura que Dios se lo había enviado.
Por lo tanto, ¡debía valorarlo!
Mientras pensaba en ello, la sonrisa en los labios de Anya se hizo más radiante.
Y entonces, poco a poco, se quedó dormida.
Aiden vio a su esposa profundamente dormida con una sonrisa en el rostro.
Sintió una gran calidez en su corazón.
«Madre, ¿lo ves?
Me he casado con una mujer sencilla y amable.
Siempre es optimista y positiva al afrontar las dificultades de la vida.
Se esfuerza por salir adelante y nunca toma nada que no sea suyo».
«Fue ella quien me dio calidez cuando mi padre me descuidaba».
«También me hizo descubrir lo que se siente al amar y ser amado».
«Me dio un hogar, una pequeña familia que es solo de nosotros dos».
«¡No te preocupes, Mamá!
¡Ahora estoy bien!».
Quizá, por su naturaleza reservada, Aiden no podía decirlo directamente frente a la tumba de su madre.
Pero se lo comunicaba en su corazón.
Le decía cuánto amaba a su esposa.
Anya seguía dormida cuando el coche se detuvo frente a la casa.
Los ojos de Aiden se posaron en el rostro de Anya, que dormía profundamente, y no se atrevió a despertarla.
Justo en ese momento, Anya se despertó y se desperezó.
Al abrir los ojos, vio que Aiden la miraba fijamente.
—¿Por qué me miras?
—preguntó Anya.
De inmediato miró a su alrededor y se dio cuenta de que Abdi, Hana y los demás sirvientes los estaban esperando fuera.
—Quiero comerte —dijo Aiden, quitándole el cinturón de seguridad a Anya.
Anya solo soltó una risita.
—Cenemos primero.
No hagamos que la Sra.
Hana espere mucho tiempo.
Aiden sabía que su esposa intentaba huir de él, pero la dejó.
El hombre soltó una risita cuando Anya abrió la puerta del coche y se alejó corriendo de su marido.
Aiden oyó a Hana hablar del cumpleaños del amigo de Nico y vio que Anya no reaccionaba.
En realidad, hoy era el cumpleaños de Raka.
Parecía que Anya lo había olvidado.
Después de cenar, Anya fue a la habitación a poner a cargar su teléfono.
Luego, se dirigió a su cuarto de perfumes para estudiar la receta de su madre.
El perfume de Imel se lanzaría pronto al mercado.
Si su madre no se despertaba pronto, Anya no sabría cómo corregir la receta.
¿Qué debía hacer?
Anya esperaba poder encontrar rápidamente el problema de la fórmula y corregirlo lo antes posible.
Aiden salió del baño y vio el teléfono de Anya en la mesita de noche.
A escondidas, lo puso en modo silencioso.
Mientras tanto, Anya seguía en el cuarto de perfumes.
Estuvo ocupada hasta las doce y media de la noche.
Aun así, no conseguía encontrar la causa del asma en el perfume de su madre, porque no había ningún problema con los ingredientes de la fórmula.
Tenía que preparar algunas muestras de perfume y llevárselas a Iris mañana para que Esther pudiera ayudarla.
Quizá Esther supiera qué fallaba en la receta.
Anya estiró los brazos y se levantó de la silla.
Tras rotar su torso dolorido, sacudió su cuello entumecido.
Anya salió de su cuarto de perfumes y pasó por delante del estudio de Aiden.
La luz del estudio seguía encendida.
Cuando se asomó para mirar, vio a Aiden ocupado en su escritorio.
—Aiden, ¿has terminado?
—preguntó Anya asomándose con picardía por la puerta, mostrando solo la mitad de su rostro, como un gato escondido.
Aiden levantó la cabeza.
Las comisuras de sus labios se curvaron al ver a su esposa en la puerta.
—Entra.
Anya se acercó al escritorio de Aiden.
—Estoy preparando una muestra de perfume para llevársela mañana a la Sra.
Esther.
A lo mejor la Sra.
Esther sabe qué falla en la receta de mi madre.
—Ninguna de las sustancias que provocan asma está en la fórmula del perfume de tu madre.
La verdadera causa es el DEHP —dijo Aiden.
—¿DEHP?
¿Te refieres a un plastificante?
¿No es una sustancia peligrosa?
¿Por qué está en el perfume?
—preguntó Anya sorprendida.
—Esta sustancia se puede usar para que el perfume dure más en el cuerpo y el aroma se fije por más tiempo.
Cuanto más tiempo permanece la fragancia en el cuerpo, mayor es el contenido de DEHP —dijo Aiden con calma.
Los ojos de Anya se iluminaron al oírlo.
—Ahora lo entiendo.
No podía encontrar ningún problema en esta receta porque no lo había.
Sin embargo, estos ingredientes se añaden durante el proceso de producción para que el aroma del perfume dure más.
—Sí, todos sabemos que el olor de un perfume puede ser muy fuerte debido al formaldehído.
Por otro lado, la tasa de evaporación del perfume es muy alta debido al DEHP.
Es muy peligroso, volátil, puede interferir con las hormonas y causar enfermedades respiratorias.
Quizá esa sea la causa del asma que tu madre mencionó —explicó Aiden.
Al darse cuenta de ello, Anya preguntó sorprendida: —¿Esa sustancia es muy peligrosa.
¿Es que en Imel no saben nada al respecto?
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