Matrimonio oculto con mi CEO imperfecto - Capítulo 309
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Capítulo 309: Ya está muerto
—¿En qué piensas? ¿Por qué sueñas despierta? —preguntó Aiden en voz baja.
—Siento que Dios es muy justo. Después de sufrir tanto tiempo, por fin he conseguido el mejor premio del mundo, y eres tú —dijo Anya con una sonrisa.
—Mmm… Yo también he pensado lo mismo —bromeó Aiden con una risita.
Anya también se rio al oírlo.
Algunos decían que el amor perfecto era cuando dos personas podían sentirse bien juntas, sin tener que pensar en nada y disfrutando de la vida en el momento.
Anya esperaba que ella y Aiden pudieran ser así para siempre y vivir felices.
Anya salió del despacho de Aiden de buen humor. Se marchó al hospital, escoltada por uno de los guardaespaldas de Aiden.
Sin embargo, Anya no esperaba ver a su padre en la habitación de su madre.
—Diana, la casa en la que vivo es la que compramos con nuestro dinero. Para demostrarte que de verdad era sincero contigo, solo puse tu nombre en la escritura. Pero no pensé que Anya me echaría de casa —dijo Deny, mirando el rostro de Diana.
Gracias a la medicina que le había dado Aiden, las heridas del rostro de Diana habían empezado a atenuarse.
—¿Alguna vez me quisiste, aunque fuera un poco? Crees que te traicioné, pero ni siquiera quisiste darme un hijo. No tengo hijos que continúen con todos mis negocios y hereden todo lo que tengo.
Deny no sabía que Anya estaba al otro lado de la puerta. Tomó la mano de Diana y continuó: —Sé que te gusta Galih. ¿Por qué no te casaste con él después de divorciarte de mí?
—Acepté divorciarme de ti. Pensé que vivirías feliz y te casarías con el hombre que amabas. Pero ¿por qué estás así? —continuó Deny—. ¿Te arrepientes de lo que hiciste? ¿O crees que soy el mejor hombre que puede acompañarte?
—¿Acaso no la traicionaste tú? ¿No tuviste una aventura con la Sra. Mona después de divorciarte de mi madre? No seas hipócrita. Natali es solo unos meses menor que yo. Le fuiste infiel desde que mi madre estaba embarazada de mí —Anya no pudo soportar más las divagaciones de su padre.
—Anya, ¿de verdad crees que Diana te quiere? Si te quisiera de verdad, no habría seguido trabajando, ya que el médico se lo advirtió cuando estaba embarazada. Tú también entiendes de la industria del perfume; deberías saber que el alcohol y otros productos químicos pueden provocar un aborto espontáneo —dijo Deny con frialdad.
Anya se quedó boquiabierta al oírlo, pero intentó calmarse. —Aunque mi madre insistiera en trabajar durante el embarazo, eso no te daba ninguna razón para engañarla.
—El corazón de Diana no es para mí. Ni siquiera quiere hablar conmigo. Está ocupada en su propio mundo. Si yo no hubiera insistido en tenerte, podría haberte abortado. Anya, fui yo quien te salvó. ¿Así es como me lo pagas? ¿Echando a tu padre de su propia casa? ¿No le temes al karma? —gritó Deny.
—Yo todavía tengo sentido común y conciencia. El que debería temer al karma eres tú. Dices que mamá no te quiere. ¿Y qué hay de ti? ¿Tú la quieres a ella? Resultó herida en la explosión. Todas las notas con la receta del perfume se quemaron y tú le vendiste la única que quedaba a Imel. ¿No sabes que mi madre está así por culpa de Imel? —Anya miró a su padre con amargura—. Lo haces a propósito para vengarte de mi madre, ¿verdad?
Deny se quedó en silencio un momento al oírlo. —¿Has dicho que la receta del perfume se le vendió a Imel?
—No digas que no fuiste tú. Imel va a lanzar pronto un nuevo perfume usando la receta de mi madre —dijo Anya con frialdad.
—¿Es por eso que nos echaste a todos de casa? —preguntó Deny.
—Sí —dijo Anya, confesando la amarga verdad—. Durante todo este tiempo, aunque nunca te has preocupado por mí, siempre te he considerado mi padre. Por muy cruel que fueras, nunca te culpé. Aunque Natali me hizo daño y Aiden le dio su merecido, aun así le rogué que no te hiciera nada. Estaba muy agradecida de que me devolvieras la receta del perfume. Pero no imaginé que también se la hubieras vendido a Imel.
—Yo no lo hice. No lo sé. Yo… —Deny se interrumpió de repente; ya podía adivinar quién había hecho todo aquello.
—No me importa quién lo hiciera. Ahora mismo, la salud de mi madre no es buena. Por favor, no la molestes más —dijo Anya, con los ojos llenos de decepción.
—Yo tampoco me encuentro bien. Cuando me di cuenta de que mi salud empeoraba, tenía muchas ganas de verla. Puedo sentir el dolor. Diana ha sufrido todos estos años y no ha sido fácil para ella soportarlo. Quizá tengas razón. Te he ignorado. Te he hecho sufrir —dijo Deny con una sonrisa amarga—. Antes querías pedirle dinero prestado a papá. ¿Qué querías hacer con él?
—Ya pasó. No me lo diste entonces, y ahora ya no lo necesito —dijo Anya con calma.
Si Deny le hubiera prestado algo de dinero en aquel momento, ella y Aiden podrían haberse divorciado.
Era el destino.
—No sé qué querías hacer con el dinero, pero ahora tengo mucho. Puedo darte tres mil millones, ¿le donarías tu riñón a papá? —preguntó Deny.
Anya se echó a reír. Su risa sonaba muy amarga y llena de pena. Aunque sus labios sonreían, las lágrimas le corrían por las mejillas.
Pensó que su padre se había dado cuenta de su error y se arrepentía de haberle preguntado por el dinero.
Pero resultó que solo se preocupaba por sí mismo.
Antes, Anya ni siquiera había pretendido pedir tanto dinero, pero Deny no quiso dárselo.
Ahora, Deny estaba dispuesto a gastar tanto dinero porque quería salvar su propia vida.
—Ahora no necesito dinero. Aunque me dieras treinta mil millones, jamás te donaría mis riñones. ¿No quieres mucho a Natali? Pídele el riñón a ella —se burló Anya.
—Natali aún no está casada y más adelante deberá tener hijos. Su salud no es buena…
—Natali quiere casarse y tener hijos, ¿acaso yo no quiero lo mismo? Si quieres cuidarla a ella, ¿por qué no haces lo mismo conmigo? —lo interrumpió Anya.
—Aiden nunca se casará contigo y jamás te permitirá tener un hijo suyo. No necesitas casarte ni tener hijos durante al menos cinco años. Pero Natali es diferente. Después de comprometerse con Raka, se casará y tendrá hijos de inmediato. Así que…
Anya sintió como si le apuñalaran el corazón una y otra vez. El pecho se le oprimió.
Apretó los dientes y dijo: —Así que quieres que te done mi riñón. Pero, ¿cómo sabes que mis riñones son compatibles con los tuyos? —se burló Anya.
—Las dos sois mis hijas. Si los riñones de Natali son compatibles, los tuyos también deben serlo —dijo Deny.
Anya se limitó a sonreír con frialdad. —No me haré la prueba. Dejaré que te mueras.
Al ver la fría actitud de Anya, Deny le rogó: —Anya, si estás dispuesta a salvarme, te daré cualquier cosa.
—¿Darme cualquier cosa? La Anya de ocho años quería que su padre la acompañara en su cumpleaños. La Anya de nueve años quería que su padre fuera a ver su actuación en el colegio. La Anya de diez años quería que su padre le diera un trozo de pan cuando tenía hambre. La Anya de diez años quería que su padre la ayudara cuando su madrastra le daba una paliza —replicó Anya—. ¿Alguna vez has pensado que la persona que la mató fuiste tú? Tu hija, Anya, murió hace diez años; murió en tus propias manos.
—Ahora, la Anya de veinte años solo espera que su madre despierte. Ya no tiene ninguna esperanza puesta en su padre. Por mucho que te empeñes en rogarme, jamás te donaré mis riñones. Vete —dijo Anya inexpresivamente.
Su corazón se había insensibilizado. Un dolor así no era nada comparado con todo lo que había sufrido hasta entonces.
Así es, Anya había muerto…
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