Matrimonio Primero, Pareja Después - Capítulo 21
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21: Capítulo 21 : A tu lado 21: Capítulo 21 : A tu lado El PDV de Levi
—Alpha Levi —dice Elliot, entrando a mi estudio—.
Esto llegó para ti.
Me entrega un sobre sellado.
Lo abro de inmediato, tratando de descifrar el aroma que emana del sobre.
«Conozco este olor», pienso, pero ahora mismo no puedo recordar de dónde.
Elliot se sienta frente a mí mientras abro el sobre.
Levanta la mirada de su teléfono móvil por un momento y nota mi expresión seria y curiosa.
—¿Todo bien?
—pregunta con una ceja alzada.
Asiento.
Dentro del sobre hay una serie de fotografías.
Son imágenes de cartas con fechas que van desde el día de hoy hasta casi dos meses atrás.
Aproximadamente cuando Amber y yo nos casamos.
De hecho, las cartas parecen ser de ella.
Al menos, parece ser su letra.
En todas las notas, algunas largas y otras más cortas, Amber le explica en detalle a Sebastián cuánto lo extraña.
Los mensajes son claros.
Amber se queja de nuestro matrimonio.
Explica cómo cedió a su lujuria por puro despecho, pero ahora siente que está atrapada conmigo.
«No puedo soportar un día más a tu lado» dice una de las notas.
Al parecer ha estado llorando mientras escribía dicha carta, pues la tinta está corrida.
«Lo hice todo porque quería olvidarte.
Pero no puedo hacerlo.
No puedo dejarte ir.
Extraño tus fuertes brazos alrededor de mi cuerpo, tu voz.
La forma en que me sentía contigo».
«Debo confesar —afirma en otra de las cartas— que estar con él no es lo mismo que estar contigo.
No puedo dejar de pensar en ti cada vez que él me toca.
Cuando hago el amor con él, tú eres lo único que cruza mi mente.
Si no pienso en ti, no puedo encontrar mi final en medio de sus caricias».
Mi ceño se frunce mientras leo esas palabras.
Elliot nota mi seriedad y me mira con curiosidad, sabiendo bien que algo me está preocupando.
—¿Están listos los preparativos para el viaje?
—pregunto sin apartar la mirada de las fotografías.
—Casi todos —afirma Elliot—.
El jet está a tu disposición cuando desees partir.
Solo estamos esperando la confirmación de Andrew antes de irnos —dice.
Asiento lentamente.
Andrew es mi Omega.
Él está a cargo de la seguridad para cualquier evento al que asistamos.
Elliot es mi programador y se encarga de hacer que todos los detalles técnicos funcionen juntos.
Ambos son buenos en sus trabajos.
Y me conocen mejor que nadie.
Son de las pocas personas en las que realmente confío.
—Te preguntaré algo —le digo a Elliot.
Me mira con curiosidad—.
¿Cómo sabes que tienes el corazón de una mujer?
Los labios de Elliot dibujan una lenta sonrisa.
Nos conocemos desde niños, y quizás podría referirme a él más como un hermano que como un amigo.
Normalmente puede leer entre líneas cuando planteo cualquier tipo de situación.
—Carajo.
Has lanzado una bala difícil de esquivar.
—Su mirada se dirige entonces a las fotografías.
No extiende la mano para tomar ninguna, pero no lo necesita.
Puede leer rápidamente el contenido de ellas—.
¿Estás preocupado de que el corazón de Amber esté en la balanza?
—pregunta seriamente.
—Responde a mi pregunta —pido con calma.
Chasquea la lengua.
—Hay señales, por supuesto.
Las miradas, la forma en que su corazón se acelera cuando está contigo.
Sus sonrisas…
La manera inconsciente en que su cuerpo te busca.
Su…
Mmm…
La forma en que reacciona cuando…
Intiman —responde un poco incómodo.
Asiento, animándolo a continuar.
Suspira.
—El lenguaje corporal nunca miente.
Pero realmente creo que nunca podemos estar completamente seguros.
Creo que la única manera de tener garantizado el corazón de la mujer que amas es esforzarte cada día para que ella sepa que realmente te importa.
—Comprendo —respondo lentamente.
Mi mirada baja hacia las tarjetas.
Las miro una por una.
—Dile a Andrew que nos vamos en media hora.
Asegúrate de que todo esté listo para entonces.
Elliot asiente, dándose cuenta de que hemos terminado con la conversación.
Se pone de pie y sale de la oficina sin decir otra palabra o mirar hacia atrás.
Una por una miro las cartas.
Finalmente las vuelvo a meter dentro del sobre y a su vez, pongo el sobre dentro de mi maletín.
Lo cierto es que sé que estas no son cartas escritas por Amber.
Fueron cuidadosamente elaboradas, eso es obvio, pero no le pertenecen.
No soy tan engreído como para creer que su corazón no podría pertenecer a alguien más sin que yo lo notara, pero a estas alturas creo que la conozco bastante bien.
Me he familiarizado con sus expresiones, con su alegría, y también con su enfado.
Especialmente con su deseo.
Conozco la manera en que me busca en sus sueños, cómo su cuerpo se envuelve alrededor del mío en la oscuridad; conozco la mirada de su enfado, y la lujuria en sus ojos cuando nuestros cuerpos se encuentran después de una larga ausencia.
La felicidad en sus labios cuando los rozo con los míos…
No.
Estas cartas no son suyas, me digo a mí mismo.
No huelen a ella y aunque están meticulosamente preparadas, no son reales.
Para empezar, porque Amber no sería tan tonta como para manifestar su intimidad a través de algo tan delicado como unas cartas, que realmente pueden terminar en manos de cualquiera.
Y más al punto, porque sé que ya no ama a Sebastián.
Por supuesto, hay otras cosas que me hacen dudar.
Las cartas no explican el motivo de su disconformidad, ni cuentan detalles de nuestra intimidad que podrían referirse a una ansiedad real.
Son vagas en detalles y obviamente están destinadas a intentar que yo pique el anzuelo.
Lo cierto es que…
Evidentemente, la existencia de estas cartas me dice algo.
Alguien está haciendo un gran esfuerzo para alejarnos.
El escritor ha puesto suficiente energía para hacerme llegar algo que parece ser real.
Y esa persona conoce bien a Amber.
Sabe cómo imitar su letra y tiene conocimiento de su vocabulario.
Él…
o quizás ella ha puesto, por así decirlo, las palabras correctas en el lugar correcto.
Así que es alguien cercano a ella.
Evidentemente, alguien que quiere verla herida.
Pero ¿quién?
—¿Levi?
—dice Amber después de entrar al estudio, viniendo directamente hacia mí.
Lleva una camisa transparente que insinúa la forma de sus pechos a través de un corsé, y usa pantalones sueltos y oscuros.
Su cabello está recogido y lleva pendientes de diamantes que le regalé recientemente.
Sus labios están pintados de rojo.
La miro y sé con más certeza que estas cartas no son de ella.
Se ve preciosa.
Tan pronto como la veo, el deseo surge a través de mi cuerpo.
Deseo de tocarla, de poseerla.
De hacerla mía nuevamente.
—¿Está todo listo para tu viaje?
—me pregunta.
—Sí, nos iremos pronto —afirmo, poniéndome la chaqueta.
Asiente y viene hacia mí.
Sus manos se detienen en mi chaqueta y la ajustan, borrando cualquier imperfección con sus dedos.
La miro con cuidado.
Ella levanta la mirada, sus ojos verdes se encuentran con los míos.
Sonríe.
—¿Ocurre algo?
—me pregunta.
Llevo una de mis manos a su rostro, levantando su barbilla para poder besarla.
Sus labios se abren antes de que siquiera los roce.
Ella se pone de puntillas, lleva sus manos a la parte trasera de mi cuello y me atrae contra su cuerpo.
La sujeto por la cintura y dejo que mi lengua se hunda en su boca, sintiendo el suspiro que escapa de sus labios tan pronto como nos separamos.
—Te voy a extrañar —susurro.
La declaración parece asombrarla.
Sus ojos se abren como platos tan pronto como pronuncio mis palabras.
—En ese caso…
intenta volver pronto a casa —responde mi esposa con una dulce sonrisa.
La beso nuevamente, más lentamente esta vez, luego lentamente también la suelto y me dirijo hacia la puerta.
Ella me acompaña.
Cuando llego a la entrada de la casa me despido de ella y de mi madre.
Elliot y Andrew me están esperando frente a la camioneta negra.
—Que tengas un buen viaje —se despide mamá.
Mi mirada va de ella a Amber.
Ella levanta una mano y agita suavemente los dedos, a modo de despedida.
—¿Listo?
—pregunta Elliot.
Asiento y me subo al coche.
—Necesito que hagas una investigación para mí —le digo.
Elliot me mira inmediatamente, obviamente interesado.
Le entrego el sobre con las fotografías.
—Quiero saber quién es el destinatario y autor de esto.
Elliot abre el sobre.
Ve de qué tratan las cartas.
—¿Tienes alguna sospecha al respecto?
—me pregunta.
—Tal vez —respondo en un susurro—.
Necesito que me lo confirmes.
—Por supuesto —dice Elliot con calma.
Sé que encontrará al autor de las cartas, en cuyo caso tendré unas palabras con el responsable.
Estoy muy interesado en saber quién podría haber orquestado todo esto y cuáles son sus intereses respecto a mi relación con Amber.
Por ahora, es hora de partir.
Elliot, Andrew y yo nos iremos a una temporada en California, donde los Alfas de todas las manadas del país se reunirán para que podamos abordar algunos asuntos importantes que se avecinan para nuestras finanzas, leyes y territorios.
Tenemos esta reunión cada año y suele durar al menos un mes.
Es difícil estar lejos de casa, pero es más complejo ahora que estoy dejando una parte de mí atrás.
Mis pensamientos, después de todo, se quedan con ella, atrapados entre los bosques y las paredes; en la superficie del lago y en la lluvia que comienza a caer al caer la tarde.
Sé que Amber me esperará, pero parte de mí se pregunta si seré capaz de aguantar sin ella.
…
Mis dedos marcan su número sin pensar.
He estado cuestionando esto durante la última semana, pero finalmente no he podido resistir la tentación.
—¿Cómo va tu viaje?
—pregunta Amber, al otro lado de la línea.
Suena ocupada, ligeramente distraída.
Sé que ella y Sophie tenían una presentación de diseño esta semana y han estado trabajando como locas.
—Va bien —respondo con calma, observando el sol hundirse sobre las olas del océano—.
El clima es diferente por aquí.
Ella se echa a reír.
—Me vendría bien un poco de sol.
Para variar —digo—.
No ha dejado de llover esta semana.
Siento que me he congelado hasta los huesos.
—Ven conmigo entonces —digo inmediatamente.
—¿A California?
—se detiene.
Hasta hace un momento sus tacones repiqueteaban en el suelo, señal de que corría de un lado para otro.
—Te necesito —digo de inmediato—.
Necesito contar contigo para algunos asuntos de la manada.
—¿No son las reuniones dirigidas por Alfas?
—pregunta Amber con curiosidad.
Puedo imaginar perfectamente la expresión en su rostro ahora mismo.
—Hay Lunas aquí.
Se necesitan dos para liderar una manada —le recuerdo.
Ella guarda silencio.
—Levi, sabes que no soy…
—comienza a decir, pero la interrumpo.
—Eres mi esposa.
Como tal, hay asuntos que te conciernen solo a ti.
Me gustaría que vinieras aquí por un tiempo.
Suspira y luego dice:
—Yo…
lo pensaré —susurra.
—¿Qué tienes que pensar?
—pregunto—.
Solo ven aquí.
La playa te está esperando.
«Te esperaré», pienso.
—De acuerdo —responde.
Noto su sonrisa al otro lado de la línea—.
Haré los preparativos para partir.
—Elliot ya se ha encargado de eso —le aseguro—.
Ten todo listo.
Te veré mañana —afirmo.
—Hasta mañana entonces —responde.
Sonrío mientras bloqueo el teléfono, sabiendo que el calor que recorre mi cuerpo no tiene nada que ver con el atardecer, sino con ella.
Pronto, estará a mi lado.
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