Matrimonio Primero, Pareja Después - Capítulo 32
- Inicio
- Todas las novelas
- Matrimonio Primero, Pareja Después
- Capítulo 32 - 32 Capítulo 32 El rechazo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
32: Capítulo 32 : El rechazo 32: Capítulo 32 : El rechazo Los labios de Levi descansan sobre los míos suavemente.
Son dulces mientras se deslizan sobre mí, pero también están cargados de deseo.
¿Acaba de admitir que encontró a su pareja?
¿Quién es su pareja?
—¿Vas a decirme quién es tu pareja?
—pregunto nerviosa.
—Tengo un asunto que resolver antes de irnos, luego te lo contaré todo —responde.
Hago un puchero.
—¿Negocios, aquí?
Él asiente.
—La hermana menor de Andrew vino al baile hoy.
Está emparejada con el Alfa de una manada respetada.
—¡Oh, eso es maravilloso!
—digo sinceramente, mientras bailamos con el resto de la gente.
La hermana de Andrew es una chica muy dulce.
No la he conocido muchas veces, pero sé que es amable y muy dulce.
Merece lo mejor.
—Lo es, pero debo aprovechar para hablar con ese Alfa.
Es una oportunidad importante para la manada.
Asiento.
Nos movemos lentamente hacia el borde de la pista de baile, luego descansamos en un balcón.
—Entiendo.
Te esperaré aquí.
—¿Estás segura?
—Levi mira hacia el balcón donde estamos acurrucados.
Estamos solos y el resplandor de la luna se enfoca en nosotros por encima de las ramas más altas de los árboles.
Es el lugar perfecto para hablar a solas.
—Absolutamente.
¡Ve!
Seguiré aquí cuando regreses.
Él asiente después de un minuto de reflexión y besa mis labios.
—No tardaré —promete.
Lo veo marcharse mientras siento mi corazón acelerado.
Levi tiene razón, aunque sus palabras sean en juegos.
Poco a poco mi esencia ha cambiado.
Hay algo nuevo en mí, algo que enciende mi alma de manera diferente.
Los brazos de Levi, sus besos y su cuerpo encontrándose con el mío.
He descubierto que prefiero su compañía, nuestra intimidad por encima de todas las cosas.
Deseo más que nada ir a casa y dejar que me desvista.
Que me haga suya.
Sentir sus labios en mi cuerpo, entre gemidos e incluso orgasmos.
—Te ves hermosa hoy —dice una voz detrás de mí, sacándome de mi ensueño.
Al girarme veo a Sebastián, luciendo muy apuesto en su traje negro.
Por un momento mi corazón da un vuelco, por la impresión de encontrarme con él tan repentinamente.
Pero pronto la emoción pasa y percibo que él ya no causa nada en mí.
Ni miedo, ni alegría.
Ni siquiera enojo por el pasado.
Siento hacia él nada más que el reconocimiento de una persona que creí conocer.
Alguien cercano que en verdad solo era la máscara de un rostro bonito.
—¿Qué haces aquí?
—le pregunto.
—Vine a verte, Amber.
Pensé que tenía que hablar contigo.
Mi ceja se levanta con curiosidad.
—Te equivocaste.
No creo que tengamos nada de qué hablar —digo simplemente.
Sebastián pone una expresión agria en su rostro.
Se acerca a mí y me mira, tratando de que su mirada cautive la mía.
—Sé que debes odiarme por lo que hice.
Y tienes razón.
He pensado mucho sobre lo que pasó y creo que no pude haber cometido un peor error en mi vida que perderte.
Su confesión me toma por sorpresa.
En los últimos meses Sebastián ha sido muchas cosas para mí, pero no amable.
—No.
Hiciste bien en dejarme.
No éramos el uno para el otro —afirmo.
—Por supuesto que lo éramos.
Todavía podemos serlo —dice, dando otro paso en mi dirección—.
Cometí un error al dejarte ir, Amber.
Ahora lo veo.
Siempre te he amado y siempre he luchado por ti, pero cuando llegué a la meta tuve miedo de no ser suficiente para ti.
—Eras suficiente, Sebastián, pero ese no es el punto.
Tú y yo no nos pertenecemos.
Tú lo descubriste antes que yo —Una sonrisa se forma en mis labios, mientras me doy cuenta de algo vital—.
Todo este tiempo, estuviste enamorado de Rose, ¿verdad?
Sus labios dibujan una mueca.
—Ella no es para mí.
Ama a alguien más —me asegura.
—Quizás ella lo cree así.
Pero podrías intentarlo.
Podrías hablar con ella.
Ver cómo se siente realmente por mí.
La mirada de Sebastián es de asombro.
—¿No sientes celos; no te molesta que me gustara alguien más?
Niego con la cabeza.
—Creo que nos hiciste un favor a ambos al terminar.
Tal vez no fue de la mejor manera, pero ahora lo veo.
Tú y yo no estábamos destinados a estar juntos.
—Y tú crees que tú y Levi lo están —pregunta con sarcasmo.
—Sé que tenemos un fuerte vínculo.
Algo que nos une el uno al otro.
—Lo amas —dice Sebastián con amargura, entendiendo el trasfondo de mis palabras.
—Sí —confieso.
Él niega con la cabeza.
Chasqueando la lengua.
—Rose le ha dicho a todos que hay algo entre ellos.
Que esta noche, al mirarla, Levi descubrirá que ella es su pareja destinada.
—Será una lástima cuando tenga que retractarse de sus palabras —digo con valentía.
—No puedes creer seriamente que tú y Levi Grant son una buena pareja —dice entonces, dando otro paso más cerca de mí.
Ahora está demasiado cerca.
No me siento cómoda con él a mi lado.
—De hecho, lo creo.
Y agradecería que te alejaras de mí —digo con calma pero con confianza.
—No.
No lo haré.
No hasta que admitas que tú y él son un error —dice Sebastián.
Su mano se eleva hacia mi cuerpo, pero cuando lo hace, Levi lo detiene.
—¡No te atrevas a tocar a mi Luna!
—exige con un gruñido.
Sebastián lo mira sorprendido.
Ninguno de nosotros lo escuchó venir.
—Ella no es tu Luna.
Ustedes dos no están emparejados.
Los ojos de Levi arden de ira.
—Aléjate de Amber, ¡ahora!
—ordena.
La ira en su rostro es evidente.
Sebastián obedece por inercia.
En cuanto lo hace, Levi me toma en sus brazos.
—¿Estás bien?
—susurra, besando mi mejilla.
—Lo estoy —respondo, sintiéndome temblar entre sus brazos.
Por un momento la calma dibuja los rasgos de su rostro, pero pronto se transforma.
—Ya he tenido suficiente de ti —gruñe Levi—.
Suficiente de tu actitud y tus intentos de acercarte a mi esposa.
—Ella debería haber sido mi esposa —dice Sebastián, a la defensiva.
—No debería y nunca lo será.
Quiero que te alejes de ella.
No toleraré más acoso de tu parte otra vez.
Sebastián lo mira, indignado.
—Ya basta, Levi —dice una nueva voz, entrando en escena.
Me giro para ver a Rose, que se acerca a nosotros.
—Sebastián solo está tratando de defender a Amber porque la ama con todo su corazón.
Ellos merecen estar juntos.
Igual que tú y yo.
El cielo es atravesado por una nube.
Las sombras cruzan la escena, impidiéndonos ver nuestros rostros.
—Niña, no sé qué idea tonta se te ha metido en la cabeza.
Pero te aconsejo que no me hables con tanta confianza —dice Levi con voz peligrosa.
—Sé que tú y yo estamos destinados —dice Rose—.
Lo siento dentro de mí.
Cometiste un error al casarte con Amber.
Pero podemos arreglarlo.
Tú y yo pertenecemos el uno al otro.
—Rose, ¡detén esto!
—le pido, cansada de la historia.
—¡No!
Tú deja de intentar separarnos.
¿Por qué eres tan cruel, no ves cuánto me lastimas con tus acciones?
—dice Rose llorando.
—No le levantes la voz a mi Luna —Levi amenaza a Rose.
—¡Ella no es tu Luna!
—grita Rose—.
Lo verás tan pronto como la luna se descubra en el cielo.
Cuando tus ojos y los míos se encuentren, verás que pertenecemos juntos.
—Tal vez eso sea cierto —dice Sebastián entonces—.
Si es así, ¿lo mejor para ti sería obtener un divorcio?
—¡No!
—digo inmediatamente, mi mano presionando con fuerza la de Levi.
—Lo averiguaremos pronto —dice Rose con orgullo.
En lo alto, las nubes comienzan a moverse perezosamente.
El resplandor de la luna entra a la vista, iluminando nuestros rostros y permitiendo que los ojos de Levi y Rose se encuentren.
Ella sonríe radiante, como si viera la luz del sol por primera vez y Levi suelta mi mano, moviéndose hacia ella.
«No», pienso.
«No.
No puede ser…»
Rose extiende sus brazos, emocionada.
Su rostro está radiante.
Mi corazón detiene el latido dentro de mi pecho mientras Levi toma la barbilla de Rose y la levanta, para que pueda mirarlo directamente a los ojos.
Los labios de Rose se abren, esperando un beso.
Su mirada es de completa dicha…
—No eres nada para mí —afirma Levi, mirándola a los ojos—, y nunca lo serás.
No eres mi Luna.
Solo entonces mi corazón vuelve a latir.
Levi regresa a mi lado y la mirada de Rose cae, desconsolada.
Pero entonces, sus ojos se encuentran con los de Sebastián.
Y algo sucede entre ellos.
Ambos inhalan bruscamente al mismo tiempo.
Rose se lleva una mano al cuello y jadea, como si se sintiera asfixiada.
—¡No!
—exclama.
Sebastián levanta una mano hacia su pecho.
Es obvio lo que está pasando.
—Ustedes son…
—susurro.
—Vínculo de pareja —dice Levi, tomando mi mano entre las suyas.
El rostro de Rose refleja sorpresa.
Sus ojos comienzan a derramar todas las lágrimas que ha guardado en silencio hasta ahora.
A cambio, los ojos de Sebastián no se apartan de ella.
Es como si la estuviera viendo por primera vez.
Ahora entiendo que tiene sentido.
Una parte de mí siempre lo supo.
La forma en que él la trataba, la forma en que la buscaba entre la multitud, o lo bien que hablaba de ella.
Mejor que de nadie más…
—Felicidades, Sebastián —digo sonriendo, sabiendo que es lo correcto que estén juntos.
Levi envuelve sus brazos a mi alrededor protectoramente.
No me arrepiento de lo que ha sucedido.
Yo también he encontrado mi lugar en el mundo, junto al hombre que amo.
Pero Rose no parece estar feliz por el descubrimiento.
—¡No!
—grita horrorizada, con los ojos llorosos—.
¡Tú no serás mi pareja!
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com