Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Matrimonio Primero, Pareja Después - Capítulo 35

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Matrimonio Primero, Pareja Después
  4. Capítulo 35 - 35 Capítulo 35 Tercera ronda
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

35: Capítulo 35 : Tercera ronda 35: Capítulo 35 : Tercera ronda Respiro lentamente, tratando de mantener la calma.

Sé que alterarme no demostrará mi punto.

—Sebastián ha estado detrás de mí durante casi una semana.

Me llama todos los días —le confieso a Levi.

Él levanta una ceja y me mira con expresión fría.

La calma en su semblante me pone nerviosa.

—¿Y no me contaste sobre esto porque…?

—Porque sé que lo matarías si te enteraras —confieso, acercándome a él.

—No dudes que lo haré —murmura.

Levi extiende su mano y yo suspiro.

A regañadientes le entrego mi teléfono.

Revisa la lista de llamadas sin responder de la semana, que suman más de cien.

—Pensé que se rendiría si veía que no estaba interesada.

Evidentemente me equivoqué, así que le pedí que me dejara en paz.

Suspiro.

Me siento frente a él y lo miro.

Su expresión no ha cambiado.

Por lo bien que lo conozco, sé que está muy molesto, aunque no puedo descifrar si es conmigo.

—Lo que escuchaste fue nuestra conversación, pero no toda.

Sebastián la editó para que pareciera que estaba aceptando sus acercamientos.

Levi me mira sin decir nada.

Mis labios se curvan en una mueca.

—Sophie puede confirmar todo.

Estaba conmigo cuando él llamó.

—Sophie es tu amiga.

Te apoyará sin importar lo que pase.

—¿Estás diciendo que le crees a Sebastián?

—No —Levi suspiró—.

Solo estoy señalando lo obvio.

Empezó a jugar con mi teléfono.

Lo veo desbloquear el número de Sebastián y marcarlo.

Inmediatamente me pongo de pie y voy tras él.

—¿Qué crees que estás haciendo?

—grito.

Como respuesta, Levi pone un dedo en sus labios, pidiéndome que guarde silencio.

Sebastián contesta al primer tono.

—¿Nos darás una segunda oportunidad?

—dice Sebastián al instante.

—No.

Esto se acabó.

Hiciste tu movimiento.

Ahora es mi turno.

Al otro lado de la línea, Sebastián guarda silencio.

Supongo que por miedo y shock.

Levi no espera mucho.

Corta la llamada casi al instante.

—¿Por qué hiciste eso?

—pregunto.

—Porque nadie se mete con lo que es mío —dice con voz dura.

Se acerca a mí y me hace levantar, agarrándome por la muñeca.

—Tienes que creerme —le pido con voz sumisa, mirándolo a los ojos—.

No siento nada por Sebastián.

Lo que escuchaste fue una manipulación de su parte.

—Lo sé —afirma Levi con voz dura, haciendo que mi corazón palpite de alivio.

Levanta mi barbilla y busca mis labios.

Su lengua me alcanza casi al instante, abriendo mi boca para él.

Gimo contra sus labios, cerrando mis manos en puños contra su pecho mientras me aprieta contra su cuerpo.

Una de sus manos agarra mi cintura.

La otra, abajo, recorre mis nalgas y tira hacia arriba del ajustado vestido de un tirón.

Un gemido de sorpresa sale de mis labios.

Levi entonces se aparta de mi boca y se sienta.

—Aprenderás a no ocultarme nada —dice.

Sin esperar, me acuesta sobre sus piernas.

Quedo boca abajo en su regazo, con las piernas en el aire.

—¿Qué estás haciendo?

—pregunto, intentando girarme.

Sujeta mis manos con una de las suyas.

La otra vaga sobre mi trasero.

Baja mi lencería y masajea una de mis nalgas.

Separa su palma, y entonces lo siento.

Levi me da una nalgada.

La sorpresa hace que un gemido salga de mis labios.

—¡Levi!

—reclamo.

Pero él no me escucha.

Me da otra nalgada en el mismo lugar con la misma fuerza.

Inmediatamente, mi piel comienza a arder.

La impresión me hace quedarme quieta por un momento.

Pero pronto me doy cuenta de que, en realidad, Levi nunca me haría daño.

Lo que está haciendo es desahogar la frustración de la situación con sexo.

Sexo duro.

Sus nalgadas no son dolorosas.

O al menos, no mucho.

Golpea firme y preciso, sin usar toda la fuerza, haciendo que la piel se enrojezca y escueza.

—Dime qué hiciste mal —pregunta con voz autoritaria.

Me da otra nalgada.

Gimo.

—Debí haberte contado lo que estaba pasando.

—¿Por qué deberías contarme?

—pregunta.

Otra nalgada.

—Porque eres mi esposo —respondo entre gemidos—.

Y no tenemos secretos.

—Bien —dice.

Solo entonces deja de azotarme.

Su mano se desliza entre mis nalgas.

Sus dedos se deslizan entre mis piernas y pronto descubren mi humedad.

Debo admitir que incluso yo estoy impresionada por lo mucho que este pequeño juego me ha excitado.

—De ahora en adelante, no más secretos entre nosotros —declara.

Su dedo se desliza lentamente dentro de mí.

Gimo, sintiendo la presión de su tacto.

Saca su dedo y luego introduce dos.

Va despacio, acelerando mis sentidos y haciéndome desear más.

—¿Entiendes?

—pregunta Levi.

—S…

Sí —respondo con los labios abiertos por el deseo.

Nos mantiene en la misma posición, masturbándome lentamente, hasta que siento que me vuelvo loca.

—Espera —le pido entre jadeos.

Me muevo para levantarme y él me deja.

Me mira con curiosidad.

Me arrodillo entre sus piernas y lo miro mordiéndome el labio.

—Déjame disculparme por lo sucedido —susurro.

Mis manos recorren sus muslos arriba y abajo.

Se mueven hasta encontrar el borde de su pantalón.

Lo desabrocho y bajo la cremallera, exponiendo su evidente erección.

Levi me mira con una ceja levantada.

Está muy callado, esperándome.

Sin dudar tomo su miembro entre mis dedos y comienzo a moverme arriba y abajo.

Al instante, un gemido ronco, como un ronroneo, sale de sus labios.

Sonrío.

Él cierra los ojos y echa la cabeza hacia atrás.

Al mismo tiempo, me acerco a su erección y comienzo a lamer la punta, saboreando su excitación.

Levi lleva una mano a mi cabello.

Lo aparta de mi cara y enreda sus dedos en mi melena.

Mis labios se abren entonces y comienzo a saborear su erección, introduciéndola en mi boca y chupando, al ritmo de subir y bajar.

Suelta otro jadeo.

La mano enredada en mi cabello marca el ritmo para mí, haciéndome deslizar sobre su dureza.

Contra la humedad de mi boca lo saboreo mientras noto cómo me hace ir cada vez más y más rápido.

Pero justo cuando creo que está a punto de venirse, Levi me hace apartarme.

Sin esperar me levanta entonces, agarrándome por la cintura y acostándome sobre el escritorio.

Su boca busca la mía.

No tengo tiempo de procesar lo que está ocurriendo hasta que me separa las piernas y me penetra.

Mis labios se abren entonces y dejo escapar un gemido.

Levi me toma de las manos y me atrapa, sin dejarme moverme.

Mis ojos se cierran y mi espalda se curva mientras él muerde mi cuello.

Su gesto es feroz.

Sus movimientos son precisos.

En ellos puedo sentir toda la ira, pero también, todo el alivio que posee.

Su mano libre deja mi cintura, sube y desgarra el vestido, la lencería y todo.

Su boca busca mis senos y atrapa uno de mis pezones, haciéndome gritar su nombre mientras muerde mis pechos, segundos antes de alcanzar el orgasmo.

Justo cuando lo siento acelerar el ritmo para venirse me presiono contra él.

Mis caderas embisten tan fuerte como puedo contra su miembro y gimo con desesperación, sintiendo finalmente cómo me invade el orgasmo.

Pero Levi no se detiene.

Aunque se ha corrido.

Me agarra por la cintura y sin salir de mi interior, se sienta en una de las sillas, haciéndome quedar encima de él.

Lo miro sorprendida y un poco mareada, pero inmediatamente, comienza a moverse dentro de mí, y siento su erección de nuevo, casi al instante.

Sus ojos me hablan de promesas veladas.

Son ardientes y me prometen el cielo si estoy dispuesta a alcanzarlo.

Y vaya si estoy dispuesta.

Mis manos vuelan, arrancan su ropa.

Dejo su pecho al descubierto y clavo mis uñas en él.

Levi deja escapar un jadeo, atrapa mis manos y muerde mi labio con fiereza, luego pasa a mi cuello.

Mis uñas se clavan en sus hombros.

Gimo su nombre.

Deja sus manos en mis nalgas y acelera el ritmo, presionándose cada vez con más fuerza contra mí.

A cambio, mis gemidos se elevan.

El choque de mis pezones contra su torso desnudo, caliente por el ejercicio, me está volviendo loca.

A medida que mi rostro se eleva y mis ojos se cierran por mi segundo orgasmo, Levi acelera y encuentra también su final.

Caigo entonces contra sus hombros, completamente agotada y sintiendo que no puedo respirar.

Él se recupera un poco mejor que yo.

Pasa los dedos por su cabello húmedo para peinarlo hacia atrás y me mira.

Parte de la ira ha desaparecido de sus ojos, pero no así el deseo.

Sé que esto no ha hecho más que empezar.

—Espero que puedas perdonarme —le susurro.

Levi me toma por la barbilla y me hace besarlo.

Es un beso largo, profundo, lleno de pasión que hace que su erección comience a levantarme.

Me sorprendo de su virilidad y resistencia.

Pero sé que es el Alfa.

No podía ser de otra manera.

—No hay nada que perdonar —responde.

—Dime la verdad —le pido entonces y paso mis dedos por su cabello.

Él besa mis senos lentamente.

Reprimo un gemido y le digo.

—¿Realmente creíste que esa conversación era real?

—No —responde inmediatamente.

—¿Por qué te enfadaste conmigo entonces?

—le pregunto.

—Porque me mentiste.

—No te mentí —digo frunciendo el ceño.

—La omisión es un tipo de mentira —enfatiza.

Oh.

—Oh, es cierto.

Lo siento.

—No me ocultes nada por miedo a cómo pueda reaccionar —me pide, haciéndome mirarlo.

Asiento.

—No volveré a hacerlo —prometo, y luego me muerdo el labio.

—¿Qué?

—pregunta Levi.

—Es solo que…

El sexo ha sido bueno.

—Él levanta una ceja.

—¿No lo es siempre?

—pregunta.

—Sí —respondo inmediatamente—.

Pero…

Tienes algo especial cuando te enojas.

Nota el rubor en mis mejillas.

Sus labios dibujan una lenta sonrisa.

—Te gusta el sexo duro —afirma.

No digo nada, pero él puede ver la respuesta en mi rostro.

—Es algo que podemos arreglar —dice contra mi boca—.

No tengo que estar enojado para hacerte el amor apasionadamente.

—La sinceridad tiene sus ventajas —afirmo, sonriendo contra su boca, mientras envuelvo mis manos alrededor de su cuello y me preparo para la tercera ronda.

Será una larga noche.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo