Matrimonio Primero, Pareja Después - Capítulo 46
- Inicio
- Todas las novelas
- Matrimonio Primero, Pareja Después
- Capítulo 46 - 46 Capítulo 46 La peor pesadilla
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
46: Capítulo 46: La peor pesadilla 46: Capítulo 46: La peor pesadilla —Tengan cuidado al salir del coche —dicen Elliot y Sophie al mismo tiempo.
No puedo evitar empezar a reírme.
—¿Se dan cuenta de que estoy embarazada, no lisiada, verdad?
—bromeo.
Me miran con una expresión insegura en sus rostros.
—Si algo te sucede, Levi nos matará —dice Sophie.
Mi mejor amiga toma mi mano y me ayuda a salir del coche.
No han pasado muchas semanas desde el baby shower; solo dos, así que el embarazo no es particularmente notorio.
Mi vientre estaba un poco más hinchado, pero mi ropa seguía quedándome igual.
Honestamente, se siente como si hubiera comido mucho, y no tanto como si estuviera llevando un bebé en mi vientre.
—Iré a aparcar el coche.
Regresaré enseguida —nos informa Elliot.
Dobla la esquina y desaparece de vista.
Sophie me acompaña hasta la consulta.
Camino lentamente, midiendo el espacio entre mis pasos y cada grieta en el suelo, por si pudiera tropezar.
Su comportamiento sigue haciéndome reír, pero en parte los entiendo.
Levi está tan comprometido con sus intentos de cuidarme en todos los aspectos durante mi embarazo que transmite esa ansiedad a todos.
—Honestamente, es agradable sentirme tan cuidada y amada, pero necesito que me den mi espacio —le pido a mi mejor amiga, dándole palmaditas en la mano y soltándola.
Sophie me mira con las mejillas rojas.
—Lo siento, Amber.
Solo no quiero que te pase nada malo.
—Nada malo me pasará —le prometo.
Suspira.
Su teléfono suena y responde de inmediato.
—Es Elliot —me informa—.
Dice que Levi ha salido temprano de la reunión y pidió que lo recojan.
—Genial.
Estarán de vuelta en diez minutos.
Levi no se perdía, en la medida de lo posible, ninguna cita médica, incluso cuando se trataba de situaciones rutinarias.
Estaba fascinado de estar conmigo durante las ecografías.
De poder ver el progreso del bebé y el tiempo gestacional.
Sophie entró conmigo al centro médico privado.
Una vez confirmada la cita, nos sentamos y esperamos unos minutos.
En menos de cinco minutos, la enfermera sale a buscarme.
—El doctor la verá ahora —anuncia amablemente.
—Buena suerte —dice mi amiga, sonriendo.
Entro en la consulta y me siento en la camilla, lista para desvestirme para que me examinaran.
Estoy a punto de quitarme los zapatos cuando un hombre completamente desconocido con bata de médico entra en la sala.
—¿Quién es usted?
—pregunto con una ceja levantada, pensando que el hombre debe haberse equivocado de consulta.
El doctor me da una amplia sonrisa.
—Me temo que su doctor habitual no podrá atenderla esta vez, Sra.
Grant.
Sin darme tiempo a preguntar, el doctor se abalanza sobre mí.
Antes de que pudiera gritar pidiendo ayuda, coloca un paño empapado con un líquido de olor fuerte contra mi boca y nariz.
Empiezo a luchar, pero inmediatamente siento el mareo.
Caigo en los brazos del hombre, sintiendo que mi cuerpo se queda sin fuerzas.
—Dulces sueños —me desea el falso doctor.
Tan pronto como me carga, sé que tengo que luchar, pero no puedo.
Mis ojos se abren y se cierran, combatiendo el entumecimiento.
Se abrieron en el momento en que salgo por una salida de emergencia, ubicada en un pasillo secundario, y luego, cuando el hombre me mete en un coche, no lo sé.
El tipo se quita la bata de médico, me acuesta en el asiento trasero del coche y le dice al conductor:
—¡Vamos, vámonos!
Inmediatamente el coche comienza a moverse.
Siento las vueltas y la velocidad zumbando a mi alrededor, pero es imposible descifrar lo que está pasando, o adónde me llevan.
Mis ojos se cierran de nuevo, cansados.
Desearía poder despertar y encontrarme en casa.
Pero algo me dice que esto es una pesadilla.
…
—¡Vamos, chica, despierta!
—dice una voz agria junto a mí.
La mujer arroja agua fría sobre mi cara.
Gimo con un jadeo y mis ojos se abren.
Cuando miro hacia arriba encuentro a una criada que no conozco.
Me está mirando con odio.
—Levántate.
A la Señora no le gusta que la hagan esperar —me insta.
Antes de que pueda reaccionar, dos hombres entran en la habitación, me ponen de pie, cada uno sosteniéndome por un brazo, y me arrastran por el pasillo.
Me sientan en una silla recta e incómoda.
Mis ojos se cierran por un momento.
Me duele horriblemente la cabeza y siento que quiero vomitar.
—Bien.
Ya era hora.
Has tenido un buen sueño —dice una voz áspera frente a mí.
Una voz que conozco de antes.
Mis ojos se abren.
Frente a mí está la mujer que una vez vi en la sala de estar de Levi.
Está vestida elegantemente, en blanco y negro, con una flor amarilla decorando la chaqueta de su conjunto.
Cabello blanco recogido y pendientes de diamantes sobre sus orejas.
No puedo evitar pensar de nuevo que Dora debe haber sido bastante hermosa cuando era joven, pero de alguna manera la amargura en su rostro le ha robado parte de ese encanto.
Me mira como si fuera un insecto en la pared.
Sus sirvientes entran entonces en la habitación y colocan un servicio completo de té frente a ella.
En ese momento me doy cuenta de que me estoy muriendo de sed.
Tengo la garganta seca, pero no tengo intención de pedirle nada a esa vieja loca y resentida.
—¿Por qué me trajiste aquí?
—pregunto.
Me miró con una ceja levantada.
—¿No te enseñaron modales, niñita?
No hablas a menos que tus mayores te hablen a ti.
Inmediatamente, sentí una fuerte bofetada en mi cara.
El dolor fue tan notorio que casi pensé que podía saborear la sangre en mi boca.
Levanto la mirada para encontrar a la criada de Dora de pie frente a mí.
Claramente está disfrutando el momento.
Sonríe y se coloca detrás de mí.
Dora espera escuchar otra palabra mía.
Como no digo nada, asiente y toma un sorbo de su té.
—Así está mucho mejor.
Los de tu clase no tienen mucho respeto por las reglas.
Pero eso es algo que cambiaremos.
Decido no preguntar.
No quiero saber a qué se refiere con «los de mi clase».
Solo deseo poder salir de aquí.
Empiezo a contar mis respiraciones para calmarme.
Sé que Levi descubrirá dónde estoy y entonces vendrá a buscarme.
—Bueno, ya es hora de que tú y yo tengamos unas palabras, niña —me mira con interés—.
Evidentemente, sabes quién soy —dice.
Siento que su frase es un preludio para invitarme a hablar.
—Eres la abuela de Levi —digo.
—Soy más que eso —responde Dora petulantemante, hinchándose como un globo—.
También soy la anterior Luna de esta manada y parte de su consejo.
Tengo una posición muy prestigiosa entre mi gente.
Casi, por encima del Alfa —aclara.
No sonrío.
Sé que eso solo me ganaría otra bofetada.
En su lugar decido esperar.
No importa cuántas mentiras cuente esta mujer, no puedo pasar por encima de Levi cuando decida vengarse por lo que ella nos ha hecho al secuestrarme.
—Y eso significa que mi opinión importa en todo lo que concierne a esta manada —Dora toma otro sorbo de té—.
Entenderás por qué te traje aquí.
Esta vez decido no hablar.
Siento que estoy cayendo en una trampa.
Dora me mira con ojos fríos.
—No apruebo tu matrimonio con Levi —aclara.
«Lo sé.
Y no me importa» quiero decir, pero me contengo.
En su lugar, ella sigue hablando.
—No debería haberse casado contigo.
Fue una gran ofensa hacerlo sin mi permiso.
Claramente, no eres buena para la manada.
—Levi es el Alfa —digo sin alterarme—.
No tiene que responderte a ti.
La mano de la criada me encuentra de nuevo.
Esta vez no me abofetea, sino que me pellizca con tanta fuerza que todo mi brazo comienza a doler.
Hago una mueca de dolor.
Dora me mira sin ninguna emoción en sus ojos.
—Aprenderás a comportarte en mi presencia —ordena.
—No lo haré —digo cansada de todo este juego—.
Soy la Luna de esta manada.
La esposa de Levi.
Y si piensas que puedes tratarme como quieras, estás muy equivocada.
Me levanto en el acto.
La criada viene hacia mí, pero antes de que pueda tocarme, la advierto con mis ojos y mis palabras.
—Si crees que mi marido es el único con mal genio, estás equivocada.
Me tocas otra vez y te mostraré lo que es el dolor.
La mujer me mira con asombro.
Es mayor y probablemente nadie se había revelado ante ella cuando Dora estaba presente.
Pero tengo que pensar en mi hijo.
Tengo que salir de aquí.
—Eres valiente —concede Dora—.
Y bonita.
Entiendo por qué mi nieto estaba tan empeñado contigo —suspira—.
Pero la belleza se evapora.
Te pasará lo mismo que a tu abuela.
—¿Qué tiene que ver mi abuela en todo esto?
—le digo a Dora, mirándola firmemente.
—Ella era igual de bella.
Atraía a los hombres como la miel a las abejas.
Igual de caprichosa.
Al final, todo eso le pasó factura.
Me mira con altanería, como si conociera bien a mi familia.
Sin duda, mucho mejor que yo.
No lo creo ni por un segundo, pero algo en sus ojos me habla de un viejo rencor.
Su odio por mi familia es mucho más antiguo que yo.
—Eso es todo lo que quieres, ¿verdad?
La posición de Luna.
Tu abuela también era ambiciosa.
Pero perdió ante mí.
Los labios de Dora dibujan una sonrisa.
Algo en medio de sus palabras encaja dentro de mí, pero justo ahora no entiendo completamente la historia.
—Siéntate —me ordena la mujer.
En ese momento, los mayordomos atienden.
Colocan sus gruesas manos sobre mis hombros y me obligan a sentarme.
—No toleraré impertinencias dentro de mi casa, jovencita.
He sido amable contigo, pero si me faltas al respeto nuevamente, serás tú quien comprenderá lo que es el dolor.
Trago lentamente.
No les tenía miedo.
Lucharía con uñas y dientes si fuera necesario para salir de aquí, pero tengo a mi hijo en mi vientre.
No podía arriesgarme a que lo lastimaran.
—¿Qué quieres de mí?
—susurro.
—No eres digna de ser Luna de esta manada —aclara Dora, como si fuera una cuestión de hecho—.
Por eso te traje aquí.
Le dirás a Levi que ya no puedes estar con él y nos dejarás en paz, de una vez por todas.
—No voy a hacer eso —respondo inmediatamente—.
Amo a Levi.
—No eres su pareja —afirma Dora.
—Eso no importa.
Nos amamos y estaré con él mientras él quiera estar conmigo.
—El amor es una ilusión estúpida.
No existe tal cosa —escupe con orgullo y odio.
—Eres una mujer muy triste si piensas así —le respondo—.
Te compadezco.
Dora se levanta en la silla.
Camina lentamente hacia mí y me toma por la barbilla.
Sus sirvientes todavía tienen sus manos sobre mis hombros.
Hacen imposible que me mueva.
—Eres tú a quien compadezco, niñita.
Sentada ahí, con tu cara orgullosa, pensando que tienes elección.
Me mira de arriba a abajo.
—Espero que hayas disfrutado tu tiempo con mi nieto.
Será la última vez que lo veas.
—Sus ojos bajan, fijos en mi vientre—.
Y en cuanto a esa…
cosa.
Bueno.
Nos encargaremos de eliminarla.
Inmediatamente, mi pulso se acelera.
—Si le haces algo a mi bebé…
—comienzo a decir con voz feroz.
Dora me interrumpe.
—Tu bebé no debería haber existido.
Es hora de que entiendas que en este mundo, no gana la más bonita, querida, sino la que tiene más poder.
Y créeme: Nadie es más poderosa que yo.
Ni el Alfa, ni su falsa Luna.
Trato de gritar, de decirle que no me toque, que me deje ir.
Pero entonces, los mayordomos ponen un paño sobre mis labios nuevamente.
El fuerte aroma a formaldehído llena mis sentidos, y aunque trato de resistir, siento que lentamente me deslizo hacia la inconsciencia.
—Tú y tu hijo pronto se reunirán en un lugar donde nunca volverán a molestar a mi familia —promete Dora antes de que todo se borre para mí.
El eco de su risa me persigue a través del matorral, haciendo dulces hasta las peores pesadillas.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com