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Matrimonio Primero, Pareja Después - Capítulo 7

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  4. Capítulo 7 - 7 Capítulo 7 Sin convicción
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7: Capítulo 7 : Sin convicción 7: Capítulo 7 : Sin convicción El sonido del despertador me saca bruscamente del sueño.

Gruño, buscando a tientas en la mesita de noche.

Excepto que esta no es mi mesita, y lo que suena no es el despertador.

Me doy cuenta entonces de dónde estoy y qué pasó ayer.

Debería estar en mi luna de miel, pero estoy en la habitación del Alfa de la manada enemiga, Levi Grant, con quien me he casado.

Los recuerdos de anoche comienzan a arremolinarse en mi cabeza.

Recuerdos de las manos de Levi recorriendo mi cuerpo, mientras sus labios y los míos se unían.

De mí, manipulando su hombría y llegando al orgasmo justo cuando él lo hacía…

—Mierda, Amber —susurro—.

Esta vez sí que la has liado.

Me levanto mientras agarro el teléfono y corro al balcón.

—¿Hola?

—contesto en un susurro.

—¡Oh!

Amber.

Cariño, estaba tan preocupada por ti.

—Hola, mamá —respondo.

—¿Amber?

—dice Papá al otro lado de la línea.

La llamada se convierte en una videollamada.

Sonrío a mis padres, que me miran con preocupación en sus rostros.

—Hija, todo esto ha sido una locura —dice mi madre, Elsa.

—¿Puedo preguntar qué tenías en mente cuando decidiste casarte con Levi Grant?

—pregunta mi padre, Magnus.

—Pensábamos que amabas a Sebastián.

Es tan bueno y te quiere tanto.

Se veía devastado anoche cuando llegó a la recepción de la boda y te vio bailando con Levi —dice mi madre.

Intuyo por su tono que ella me culpa por lo sucedido.

—Sebastián no se sintió mal al verme allí.

Solo tenía el ego herido —les digo con expresión decidida.

—¿Qué quieres decir?

—pregunta mi padre con expresión seria.

—Que él nunca me amó —afirmo.

Mis padres quieren mucho a Sebastián.

Pero ese es precisamente el problema, que ante los ojos de ambos él siempre ha logrado retratarse como el bueno, y a mí como la mala.

Y sin duda volverán a darle la razón, a menos que yo saque a relucir una verdad que no puedan debatir.

—Levi es mi pareja —digo entonces.

Ambos se quedan en silencio.

Me miran perplejos con asombro.

Antes de que puedan objetar o decir algo más comienzo a planear la mentira.

Uso la historia que le hemos contado a la madre de Levi con lo que acabo de decir.

—Lo conocí hace un año.

En cuanto lo vi, supe que era mi compañero.

Pero no quise decir nada.

Estaba demasiado abrumada por todo lo que sentía y, además, ya estaba saliendo con Sebastián, y sabía lo mucho que ustedes lo querían.

Pero Sebastián nunca fue lo que pensábamos.

—¿Qué quieres decir con eso?

—pregunta mi madre, alarmada.

—Quiero decir que nunca me amó —les digo con ojos llorosos—.

Intenté mantener la relación incluso después de un año, sabiendo que ustedes amaban a Sebastián y que probablemente sería lo mejor para la manada.

Pero él no me quería.

Fue Sebastián quien me dejó, antes de que comenzara la boda.

No yo.

—¿Pero lo hizo porque estaba preocupado por Rose, no?

—dice mi madre, demostrando que evidentemente ha estado hablando con él.

Claro, lo llamaron a él antes que a mí para obtener su versión de la historia.

Bueno, ahora yo voltearé las cartas a mi favor por una vez.

—No, mamá.

El incidente de Rose fue solo una excusa.

Sebastián usó esa mentira para dejarme en el altar.

Lo que realmente quería era humillarme frente a todos.

Dijo que nunca me amó.

Me llamó ‘la hija mimada del Alfa’, y muchas cosas terribles más.

En este momento no tengo que fingir las lágrimas.

Me vienen solas, de rabia y despecho.

—No puede ser —mi madre se lleva una mano a los labios.

Está completamente conmocionada.

—Si lo que dices es cierto, lo hemos tenido en un concepto equivocado todo este tiempo —dice mi padre, y entonces asiento.

—En ese momento Levi vino a mi rescate.

Me pidió que me casara con él.

Yo sabía que él era mi compañero, pero además, significaría el cese de la guerra para las manadas.

Y decidimos estar juntos.

Fue lo mejor para nosotros y para todos —añado.

Papá asiente.

No está convencido, pero considera mis palabras seriamente.

Lo veo en su rostro.

—¿Qué vamos a hacer ahora?

—pregunta mamá preocupada—.

Sebastián va a contar a todos que fuiste tú quien lo dejó y que lo engañaste.

Será una calamidad si cuenta esas mentiras en el baile de este viernes.

—¿Qué baile?

—pregunto.

—La reunión ceremonial de los Alfas.

Es este viernes —me recuerda mamá.

Es cierto.

No lo había considerado debido a mi agenda.

Pensé que a estas alturas estaría ya en mi luna de miel.

Cada año, los Alfas y los miembros más importantes de las manadas realizan un baile al que solo asiste la crema y nata de la sociedad.

Y seguro, Sebastián usará ese momento para dejarme en ridículo frente a todos.

—No te preocupes, mamá.

Pensaré en algo para evitar que quedemos mal delante de todos —afirmo.

Ella asiente, pero veo que no está convencida.

—Por ahora, tengo que irme, pero hablaremos pronto, ¿de acuerdo?

—prometo.

Se despiden con cariño.

Entonces entro en la habitación, pensando en lo que he dicho y lo que ha ocurrido.

Estoy tan absorta que por un momento no me doy cuenta de que Levi está en el baño.

Lleva solo unos bóxers negros y se está cepillando los dientes.

Tiene el pelo revuelto y una expresión seria en el rostro.

—Buenos días —me saluda después de escupir y enjuagarse la boca.

Por un momento mis ojos lo recorren.

Inmediatamente, el recuerdo de la noche anterior vuelve a mí.

Besos, caricias y placer se esparcen con su imagen en la luz de la mañana.

Las emociones son tan abrumadoras que inmediatamente tengo que apartar la mirada.

—Buenos días —susurro.

Vuelvo a la habitación y él me sigue de cerca.

Sus manos me atrapan a mitad de camino y me jalan contra su cuerpo.

Inmediatamente, me siento tensarme.

—¿Qué crees que estás haciendo?

—le suelto.

—Shhh…

Espera —me dice—.

Presta atención.

Afino entonces el oído y escucho pasos en el pasillo.

—Es la criada —me dice Levi entonces—.

Viene a limpiar la habitación y traernos café.

—¿Y eso qué?

—le digo con el pulso acelerado.

Sus manos se deslizan bajo mi bata y palpan la superficie de mi abdomen.

—Piensa un poco —me susurra al oído—.

Los sirvientes son siempre la voz y el oído de una casa.

Siempre son los primeros transmisores de noticias.

Sus manos suben, acariciando el borde de mis pechos y luego, hasta mi pezón.

Mi piel se eriza y un jadeo sale de mis labios.

Clavo mis uñas en sus brazos para pedirle que se detenga, pero él me dice en cambio.

—Debemos parecer que hemos tenido una noche ardiente —dice.

—La hemos tenido —murmuro.

Él suelta una risita.

—Más que eso.

Debería haberte marcado anoche.

Lo sabes.

Su boca empieza a bajar por mi cuello.

Su lengua recorre mi piel y me hace gemir.

—Si no te marqué anoche…

Y si no hicimos el amor, ¿qué crees que pasará?

¿Qué les dirá esa joven criada al resto si piensan que no nos deseamos?

Inmediatamente mis ojos se abren de par en par.

Comprendo demasiado bien a lo que se refiere Levi.

Desafortunadamente, los chismes y rumores son la base de toda relación dentro de una manada.

—¿Qué planeas hacer?

—le pregunto.

Él sonríe contra mi piel.

—Sígueme la corriente —ordena.

Levi me jala contra la cama.

Antes de que pueda ser consciente de lo que está haciendo abre mi bata y se sube encima de mí.

Mi corazón da un vuelco dentro de mi pecho, pero lo ignoro en cuanto siento su cuerpo firme y musculoso contra el mío.

Agarra mis muslos y me hace abrazarle con ellos, de modo que mis tobillos se enredan en su espalda baja.

Su sexo se pega al mío, y sobre mi ropa interior lo siento, excitante y listo para mí.

Inmediatamente suelto un gemido y, a cambio, Levi muerde mi cuello mientras nuestras manos se unen y se elevan por encima de nuestras cabezas.

Para cuando la criada llega, la escena no parece en absoluto fingida.

Levi tiene sus dientes clavados en mi cuello y yo gimo de placer mientras mi espalda se curva involuntariamente.

—¡Yo…

lo siento!

—susurra la chica asustada.

Levi alza la mirada y la mira con fiereza.

—¡Fuera!

—ordena.

La joven empieza a balbucear e inmediatamente abandona la habitación, cerrando la puerta.

—Muy bien —me felicita Levi, pero no se aparta de mi lado.

Pensé que todo esto era una farsa, pero no me suelta, en cambio, empieza a bajar.

Sus labios recorren mi clavícula, buscando llegar a mis pechos.

—Mmm…

Espera —susurro con los labios entreabiertos, sintiendo que me falla la respiración.

Él aprieta mis manos con más fuerza.

Empieza a lamer mis pezones por encima de la lencería.

—Para…

—le suplico, pero en mi voz, no hay rastro de que quiera que pare.

La atracción que siento por él es casi imposible.

Me ciega por momentos.

Pero me recuerdo a mí misma que no puedo dejar que vuelva a ocurrir lo de anoche.

—¡Espera, detente!

—insisto.

Entonces pongo mi mano en su pecho y hago que me mire.

—Pensé que teníamos un acuerdo —dice con una ceja levantada.

—Lo tenemos —respondo con la garganta seca.

En ese momento una idea se enciende dentro de mí—.

Pero ahora mismo, necesito que hagamos otro.

Me mira, intrigado.

—¿Qué quieres?

—pregunta con voz seria.

Sonrío.

—Quiero que me lleves a un baile.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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