Matrimonio Relámpago: La Esposa Dominante - Capítulo 149
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149: Vicepresidente 149: Vicepresidente El ascensor sonó al llegar al vigésimo piso.
Yan Mei salió, recorrió los pasillos y se dirigió a su oficina.
Yan Mei podía contar con los dedos de la mano las veces que había tomado la entrada principal a su oficina y eran solo tres.
Siempre usaba su ascensor privado, pero por alguna razón, hoy decidió usar el principal.
—Buenos días, Presidenta Yan —la saludaron los empleados, deteniéndose al verla llegar.
—Buenos días —les respondió Yan Mei.
Los empleados se pusieron rígidos y luego sonrieron cuando Yan Mei respondió a su saludo.
Cuchichearon entre ellos mientras miraban la espalda de Yan Mei.
—¡¿De verdad respondió a nuestro saludo?!
—Sí, es la primera vez que la presidenta nos responde.
—¿Verdad que hoy no parece tan fría?
¿Será por el hombre misterioso de los rumores?
—¡¿Nuestra presidenta está enamorada de verdad?!
Yan Mei no tenía ni idea del caos que había provocado solo por responder a sus empleados.
—Buenos…
días…, Presidenta Yan —la saludó una voz tímida cuando pasaba por el último pasillo que conducía a su oficina.
Yan Mei se detuvo en seco.
Se giró hacia la persona que la había saludado y caminó lentamente hacia ella.
Olfateó el aire alrededor de la mujer y frunció el ceño.
—¿Qué es ese olor?
—preguntó Yan Mei, cruzándose de brazos.
—Presi…
denta Yan…, debe…
de ser mi…
perfume —tartamudeó la mujer, nerviosa.
La palma de su mano empezó a sudar.
—Mmm.
¿Cuál es la decimoquinta regla del manual del empleado?
—preguntó Yan Mei con frialdad, escudriñando a la empleada.
La mujer rompió a llorar al oír a Yan Mei.
Sabía que la habían pillado.
—Lo…
lo siento, Presidenta Yan…
No era mi intención fumar en horas de trabajo.
Yo…
—Pero lo hiciste y además mentiste —afirmó Yan Mei.
Las lágrimas corrían por las mejillas de la mujer mientras sorbía por la nariz.
—Lo siento…, Presidenta Yan…
Mi hermana fue ingresada…
en el…
hospital y…
necesito dinero para la operación…
Los sollozos sacudían a la mujer, haciendo que le costara hablar.
—Ella es todo lo que tengo y no tengo el dinero para la operación.
Me…
me siento como un fracaso.
Como hermana mayor, ni siquiera puedo cuidarla.
Por eso…
fumé.
Necesito calmar mi estrés.
Por favor, no…
no me despida.
Este trabajo es todo lo que tengo.
La mujer suplicó, mirando a Yan Mei con ojos llenos de dolor.
—¿Cuál es la tercera regla del manual del empleado?
—preguntó Yan Mei con cara de póquer.
—No…
mezclar los asuntos personales con el trabajo.
Yan Mei asintió.
—Bien.
Dicho esto, Yan Mei pasó de largo a la mujer…
A los tres pasos, se detuvo.
—¿Cómo se llama tu hermana y en qué hospital está?
—preguntó Yan Mei sin mirar a la mujer.
—Kim Chiu, Hospital Paraíso —respondió la mujer, sorbiendo por la nariz.
—Mmm.
Sécate las lágrimas, te ves horrible.
Dicho eso, Yan Mei se alejó.
La mujer miró la espalda de Yan Mei con el ceño fruncido por la confusión.
«¿Estoy despedida?»
Ignoró las miradas curiosas que la gente le lanzaba y corrió hacia el baño.
La mujer se miró en el espejo y una sonrisa triste se dibujó en sus labios.
Tenía el rímel corrido por las mejillas y de verdad se veía horrible, tal como había dicho Yan Mei.
Rompió a reír histéricamente, y luego a llorar.
«No llores.
Tienes que ser fuerte por tu hermana», se animó a sí misma y se lavó la cara.
Después de convencerse mentalmente de que debía ser fuerte, salió del baño.
En el momento en que salió del baño, sonó su teléfono.
Entró en pánico cuando vio que era del hospital.
—Hola, ¿le ha pasado algo a mi hermana?
—preguntó en el momento en que se conectó la llamada.
—No, señorita Kim.
Las facturas del hospital y la operación de su hermana han sido pagadas.
La operaremos mañana.
La mujer rompió a llorar al oír a la enfermera.
Nadie les había echado una mano mientras crecía.
Trabajó duro para pagarse los estudios mientras cuidaba de su hermana.
Por suerte, cuando terminó de estudiar, consiguió un trabajo aquí.
Nadie conocía su desesperación cuando descubrió que su hermana estaba enferma y necesitaba una operación.
No era cercana a sus compañeros de trabajo porque no se podía dar el lujo de socializar.
La mujer había oído los rumores sobre lo despiadada que era su jefa, pero ni en sus sueños más locos pensó que sería ella quien le echaría una mano cuando más lo necesitaba.
No sabía cómo ni cuándo, pero se prometió a sí misma que trabajaría duro para devolverle el favor a Yan Mei algún día.
*******
El regreso de Yan Mei a la empresa puso a todos en tensión.
Los empleados se habían relajado cuando Yan Mei no estaba, pero ahora que había vuelto, todo el mundo estaba en modo serio.
Su Bei puso al día a Yan Mei sobre su agenda y los nuevos proyectos que estaban en marcha.
Yan Mei se sumergió en montones de trabajo mientras Su Bei atendía las llamadas.
—¿Cansada?
—preguntó Su Bei, dejando una taza de café en la mesa de Yan Mei.
Yan Mei gimió y se frotó la nuca.
—Mmm.
De la lista que me diste para el puesto de vicepresidente, nadie encaja —suspiró Yan Mei.
—¿Qué tal un ascenso?
—le preguntó Yan Mei a su amiga mientras cogía el café.
—¿Un ascenso?
—preguntó Su Bei, enarcando una ceja.
Yan Mei asintió.
—¿Te graduaste como la primera de tu clase, verdad?
—¿Ah?
Sí —respondió Su Bei con torpeza.
Tenía la sensación de que estaba a punto de llevarse la sorpresa de su vida.
—Has trabajado a mi lado durante años, lo sabes todo sobre gestión empresarial.
¿Por qué solicitaste un puesto de asistente?
Su Bei se encogió de hombros.
—Estaba disponible en ese momento y necesitaba un trabajo.
Yan Mei asintió, tomando un sorbo de su café.
—¿Estás interesada en el puesto de Vicepresidenta?
Su Bei abrió los ojos como platos.
—¿Yo?
¿Vicepresidenta?
¿Estás segura?
—Sí —respondió Yan Mei, sonriéndole suavemente a Su Bei.
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