Matrimonio Relámpago: La Esposa Dominante - Capítulo 153
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153: La vida es dura 153: La vida es dura Anoche, después de volver tarde del trabajo, Liam se despertó muerto de hambre.
El olor a huevos y café que flotaba en el aire hizo que le rugieran las tripas.
Liam frunció el ceño, confundido.
Él no sabía cocinar y no tenía ninguna asistenta en casa que le preparara el desayuno, así que ¿quién estaba en la cocina en ese momento?
Tal vez era su madre, ya que era la única que tenía una copia de la llave de su apartamento.
Soltando un quejido, se levantó de la cama y se cepilló los dientes.
Después de asearse, se puso una camiseta de tirantes y unos pantalones de chándal antes de bajar.
Liam se detuvo en el umbral de la puerta al darse cuenta de que la persona que cocinaba era Ying Sheng.
Ying Sheng estaba junto a los fogones, preparando unos huevos.
Llevaba el pelo rojizo recogido en un moño despeinado y vestía una camiseta ancha que le llegaba a medio muslo, con unos pantalones cortos debajo que dejaban al descubierto sus preciosas y largas piernas.
Una imagen de Ying Sheng enroscando las piernas alrededor de su torso mientras fundían sus labios en un beso ardiente cruzó por la mente de Liam.
De repente, su miembro se contrajo y Liam sacudió la cabeza para borrar la imagen.
Era evidente que tenía hambre y no estaba pensando con claridad.p>Cada vez que veía a Ying Sheng, sus pensamientos se volvían más lascivos.
Era como si ella fuera su kryptonita, debilitando la pureza de su mente.
—Hola —saludó Ying Sheng en voz baja con una pequeña sonrisa al girarse para mirarlo.
—Beicon, huevos y tostadas.
¿Te parece bien?
—inquirió Ying Sheng.
Nervioso, Liam se rascó la nariz y asintió.
—Estaría genial, gracias.
Ying Sheng asintió y volvió a la mezcla de huevo que estaba preparando.
—Siéntate, la comida estará lista en unos minutos.
Liam se sentó en la barra y la observó en silencio mientras ella vertía la mezcla de huevo en la sartén.
Una suave sonrisa se dibujó en sus labios al ver lo feliz que parecía.
Daba la impresión de que ya estaba mucho mejor.
—¡La comida está listaaaaaa!
—anunció Ying Sheng con entusiasmo unos minutos después, mientras colocaba sobre la barra los platos con huevos y beicon.
Como si fuera una señal, a Liam le rugió el estómago al ver la comida y sintió cómo el rubor le cubría el rostro.
Ying Sheng soltó una risita, lo que hizo que él se sonrojara todavía más.
—Parece que alguien tiene hambre —comentó Ying Sheng mientras les servía una taza de café a cada uno.
Liam sonrió, avergonzado, sin decir nada.
Le dio un sorbo al café a modo de prueba y abrió los ojos de par en par.
Estaba sorprendentemente bueno.
—¿Tienes mucho trabajo?
Anoche no llegaste pronto a casa —preguntó Ying Sheng mientras le llenaba el plato de beicon, tostadas y huevos antes de servirse a sí misma.
Una cálida corriente recorrió a Liam.
La escena parecía la de un matrimonio.
Su esposa preguntándole qué tal el trabajo mientras le servía el desayuno.
Hizo todo lo posible por mantener firme la taza de café para no derramárselo todo encima por la emoción.
Liam esbozó una suave sonrisa y asintió.
—Mmm, estaba trabajando en un proyecto, pero ayer por fin lo terminé todo.
—dijo Liam, metiéndose un trozo de beicon en la boca.
Gimió de puro placer.
—No sabía que supieras cocinar.
¡Esto está buenísimo!
Ying Sheng esbozó una sonrisa ladina.
—Me alegro de que te guste.
Liam sonrió y bebió un sorbo de café.
—¿Dónde aprendiste a cocinar?
—preguntó, observándola por encima del borde de la taza.
—La niñera que me crio.
Ella me enseñó a cocinar.
Dijo que, si un día ella ya no estaba, esperaba que yo pudiera cuidar de mí misma.
Ying Sheng respondió con sinceridad mientras un atisbo de tristeza brillaba en sus ojos.
Por desgracia, la niñera murió antes de que ella regresara de los Estados Unidos.
—¿Ah, sí?
Entonces debe de estar orgullosa de ti.
Porque esto está buenísimo —comentó Liam.
Ying Sheng soltó una risita al recordar los momentos que pasaron juntas.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—preguntó Ying Sheng, poniendo los ojos en blanco—.
Esto no es para tanto.
Espera a que te prepare comida de verdad o a que pruebes mis recetas especiales de repostería.
—dijo Ying Sheng con jactancia mientras removía distraídamente la superficie de su café con la yema del índice antes de llevárselo a la boca y succionarlo con un pequeño y húmedo chasquido.
Liam enarcó una ceja a la perfección, con los ojos brillantes de picardía.
—Entonces, estoy deseando probar más platos tuyos.
Ying Sheng se lamió los labios y asintió.
La mirada de Liam se posó en sus labios y un rubor le trepó por el cuello.
Ying Sheng soltó una risita.
—¿Por qué te sonrojas?
No me digas que estás teniendo fantasías obscenas tan temprano por la mañana, Guapo.
Ying Sheng lo chinchorreó, haciendo que Liam se sonrojara todavía más.
Ying Sheng negó con la cabeza y suspiró profundamente.
Comieron en silencio y las pocas veces que Ying Sheng sorprendió a Liam mirándola de reojo, él se ponía rojo como un tomate y apartaba la vista.
Ying Sheng le devolvió una sonrisa ladina.
Si no supiera que a Liam ya le gustaba otra chica, habría pensado que ella le gustaba a él.
Pero al recordar lo mal que se le veía después de ver a aquella mujer en brazos de otro hombre, Ying Sheng supo que a Liam de verdad debía de gustarle.
«Zorra con suerte», pensó Ying Sheng.
Liam era el hombre más atento que había conocido jamás.
No pudo evitar sentir un poco de envidia de aquella mujer.
Había encontrado a un hombre bueno como Liam, que a todas luces la quería.
No como ella, Ying Sheng, a quien el chico que le gustaba ni siquiera le prestaba atención.
Al pensar en Han Xi, el humor de Ying Sheng decayó inevitablemente.
Después de su último episodio, la había llamado todos los días para saber cómo estaba, pero de repente, había dejado de hacerlo.
Quizá volvía a estar ocupado con la novia esa que tenía.
La vida es muy dura.
Aquellos a los que quieres ni siquiera te corresponden.
Ying Sheng se mordió el labio e hizo un puchero.
Como si percibiera su estado de ánimo, Liam levantó la vista hacia ella.
—¿Estás bien?
—le preguntó en voz baja, sacándola de sus pensamientos.
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