Matrimonio Relámpago: La Esposa Dominante - Capítulo 167
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167: Triste Ángel Roto 167: Triste Ángel Roto **FLASHBACK**
Feng Mei había salido de la escuela y estaba esperando a que Wang Lu la recogiera cuando una camioneta SUV negra se detuvo frente a ella.
Ni siquiera tuvo la oportunidad de gritar cuando la metieron a empujones en el vehículo.
Todo sucedió tan rápido que la gente que estaba cerca no pudo hacer nada.
La camioneta la transportó a un lugar que solo Dios sabe.
Cuando llegaron, la encerraron en una celda oscura y con olor a humedad sin decirle nada.
Feng Mei se sentó en el suelo, abrazando sus rodillas contra el pecho.
Se sentía asustada, pequeña y vulnerable.
Diferentes pensamientos daban vueltas en su cabeza.
Las lágrimas caían por sus mejillas mientras sus ojos recorrían la habitación en la que estaba.
Estaba oscura y olía fatal.
—¡Ayuda!
¡Que alguien me ayude!
—vociferó, pero nadie le hizo caso.
Feng Mei no tenía idea de cuánto tiempo llevaba sentada allí, ni de las horas que había pasado pidiendo ayuda.
Tenía la garganta seca y se sentía fatal.
De repente, oyó unos pasos que se acercaban y la puerta de la celda se abrió.
Feng Mei levantó la vista y tragó saliva con nerviosismo.
Decir que el hombre era guapo era quedarse corto.
Si Feng Mei pensaba que Wang Lu era guapo, este hombre era simplemente hermoso.
El hombre trascendía la belleza.
Era como si Dios se hubiera tomado horas extra para esculpirlo con esmero.
Feng Mei se arrastró para alejarse de él cuando empezó a caminar hacia ella.
El hombre rezumaba peligro y el aura a su alrededor gritaba «muerte», con una sonrisa maliciosa en su rostro.
La forma en que la miraba le provocó escalofríos por la espalda.
Jamás en su vida había conocido a nadie así.
Aunque Wang Lu era frío e irradiaba dominación, este hombre…, este hombre era completamente diferente.
La mirada de psicópata que le dirigía la ponía aún más nerviosa.
Se puso en cuclillas frente a ella y le agarró la barbilla con su gran mano, estirándole el cuello hasta hacerla gemir de dolor.
—¿Así que eres su zorra, eh?
—Su agarre se hizo más fuerte, y a ella se le escapó un aliento entrecortado mientras intentaba respirar.
De repente, la soltó y se puso de pie.
Feng Mei cayó al suelo y retrocedió a toda prisa, alejándose de él.
Las lágrimas le ardían en los ojos y apretó los dientes con fuerza mientras un sollozo escapaba de su boca.
Al ver su reacción, una risa carente de humor retumbó en el pecho de él.
Sus ojos de cazador traspasaron los de ella, llenos de lágrimas.
—¡Levántate!
—Su voz, grave y autoritaria, resonó, provocando escalofríos en la espalda de Feng Mei.
—¿Q-quién…
es…
usted…?
El hombre se frotó las sienes mientras un destello de irritación aparecía en su rostro.
—Soy tu peor pesadilla, pequeña gatita.
Ahora, no dejes que me repita.
¡Levántate!
Con las piernas temblorosas, Feng Mei se levantó del suelo sin mirar al hombre.
La maldad en sus ojos le heló el cuerpo por completo.
¿Cómo podía algo tener un aspecto tan hermoso y a la vez ser tan malvado?
—¿P-por qué estoy aquí?
—preguntó Feng Mei con vacilación.
Estaba tan asustada que sentía ganas de llorar.
Se encontraba en medio de la nada con un hombre al que ni siquiera conocía.
El hombre se lamió los labios y esbozó una sonrisa maliciosa.
—Porque te enamoraste de alguien de quien no debías.
Feng Mei frunció el ceño.
—¿Wang Lu?
¿Qué tiene que ver que me haya enamorado de él con esto?
—preguntó Feng Mei en voz baja.
Había leído muchos libros y sabía que no debía provocar a gente como él.
—Oh, pequeña gatita, todo.
Él es la razón por la que estás aquí.
¿Ves esas películas en las que el villano secuestra a la novia del bueno y la tortura?
¿O, peor, la mata para vengarse?
Dijo el hombre mientras caminaba lentamente hacia ella.
Unos temblores recorrieron a Feng Mei cuando vio el brillo sádico en los ojos del hombre.
Intentó inspirar y espirar para calmar su corazón desbocado.
El hombre le sujetó la barbilla, obligándola a mirarlo a los ojos.
Ver la pureza y la inocencia en su mirada lo impacientó.
Oh, sí que se iba a divertir.
No podía esperar a quebrarla.
Le encantaba el miedo que veía en sus ojos; la bestia en su interior se regocijaba al ver la súplica en su mirada.
La hizo girar, le rodeó la cintura con los brazos por la espalda y bajó la cabeza hasta el hueco de su cuello.
—Recuerda, pequeña gatita, voy a disfrutar viéndote quebrarte.
Cuando cierres los ojos por la noche, durmiendo a su lado, solo pensarás en mí.
Feng Mei se estremeció al sentir su aliento caliente sobre la piel.
—¿Q-qué quieres?
¿P-por qué haces esto?
—Feng Mei cerró los ojos, abandonándose al miedo.
—¿Acaso no eres su ángel?
Entonces voy a convertirte en un ángel triste y roto.
Él empezó a mordisquearle la piel y Feng Mei sintió como si su alma abandonara su cuerpo.
—Por…
favor…, no me…
viole —suplicó Feng Mei, reuniendo el poco valor que le quedaba.
El hombre se apartó de ella y soltó una risa carente de humor.
—Soy un psicópata, pequeña gatita, no un violador —dijo, arrugando la cara con asco.
—Solo los hombres débiles violan a las mujeres.
Mi madre me educó mejor.
Además, no quiero nada que Wang Lu haya tocado.
Feng Mei por fin se relajó.
Había oído historias y no quería pasar por aquello.
—G-grac…
Él le rodeó el cuello con la mano, interrumpiéndola bruscamente.
—Oh, no me des las gracias, porque voy a joderte bien.
Violarte sería mucho más piadoso.
—Apretó la mano, haciéndola gritar.
Cuando ella pensó que iba a morir, por fin la soltó.
Feng Mei cayó al suelo y empezó a hiperventilar y a toser.
Se puso en cuclillas frente a ella con una sonrisa malvada en el rostro.
—Recuerda, de ahora en adelante voy a ser tu mayor pesadilla.
Tsk, tsk, vete acostumbrando a mí, pequeña gatita.
Dijo el hombre, y se echó a reír mientras salía de la celda, dejándola completamente sola en la oscuridad.
Nada había preparado a Feng Mei para lo que estaba por venir.
Por primera vez, entendió la definición de la palabra «psicópata».
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**PRESENTE**
Yan Mei estaba de pie bajo la ducha e intentaba impedir que los recuerdos asaltaran su mente.
No quería volver a revivir aquellos momentos nunca más.
Cerró el grifo de la ducha, se secó con la toalla y salió del cuarto de baño.
Lei Zhao le sonrió cuando la vio y le hizo un gesto para que se acercara a la cama.
—Ven y siéntate.
Te ayudaré a secarte el pelo.
Yan Mei asintió y se dirigió a la cama.
Ninguno de los dos dijo nada; solo se oía el sonido del secador en la silenciosa habitación.
—¿Cómo te sientes ahora?
—preguntó Lei Zhao en voz baja, rompiendo el silencio.
—Mmm.
Estoy bien.
—Lei Zhao dejó escapar un suspiro.
—Pues…
estaba pensando en buscarte un terapeuta.
Yan Mei se puso rígida al oír a Lei Zhao.
—¿P-por qué?
¿Crees que estoy loca?
—preguntó ella, mirándose los dedos.
—No, no.
Claro que no, aparte de estar locamente enamorada de mí.
No creo que estés loca —dijo Lei Zhao en voz baja, revolviéndole el pelo.
—Entonces, ¿por qué?
—Esposa…, no importa lo fuerte que seas, si eres débil mentalmente, el enemigo siempre ganará.
Tienes tantas cicatrices emocionales enterradas en tu interior que me temo que un día te consumirán.
Así que, por favor…
—De acuerdo, iré a ver a uno.
No quiero seguir anclada en el pasado, Lei Zhao.
Quiero ser feliz contigo y haré lo que sea.
Dijo Yan Mei mientras se giraba para quedar frente a Lei Zhao.
Lei Zhao le dedicó una sonrisa y estampó sus labios contra los de ella.
—Bien, sin duda superaremos esto, Esposa.
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