Matrimonio Relámpago: La Esposa Dominante - Capítulo 191
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191: Cicatrices 191: Cicatrices Ying Sheng se sintió rodeada por una oscuridad total.
¿Estaba muerta?
¿Pero no se suponía que la muerte te dejaba insensible?
¿Por qué sentía como si alguien le estuviera golpeando la cabeza con un martillo?
Ying Sheng gimió y abrió los ojos.
Suspiró con decepción al darse cuenta de que estaba viva.
Vio el techo blanco y el monitor cardíaco cuando miró a su derecha.
El pitido hizo que todo le pareciera real.
No había muerto.
Alguien la había salvado, ¿pero quién?
Ying Sheng se sintió insensible mientras se miraba las manos envueltas en vendas.
No sentía absolutamente nada.
Como un cascarón vacío, no sentía ningún dolor físico por el corte.
Solo le palpitaba la cabeza.
Sintió una mirada sobre ella.
Al mirar hacia la entrada, vio a alguien que la observaba fijamente con una emoción desconocida en los ojos.
A Ying Sheng se le cortó la respiración y se le formó un nudo en la garganta.
Lei Zhao.
¿Estaba decepcionado de ella?
¿Pensaría que era débil?
La miró inexpresivamente, sin ninguna emoción en el rostro.
No dijo nada, solo la observaba como si intentara ver a través de ella.
Después de lo que pareció una eternidad, Lei Zhao finalmente habló.
—¿Cómo estás?
—preguntó él mientras le sonreía con dulzura.
Ying Sheng evitó la mirada de Lei Zhao e ignoró
su pregunta.
—¿Quién me salvó?
—le preguntó Ying Sheng a Lei Zhao.
—Liam —respondió Lei Zhao en voz baja.
—Oh… —murmuró Ying Sheng.
¿Por qué la había salvado?
Debería haberla dejado morir.
Por qué…, por qué… Estaba tan cerca de abandonar por fin este mundo cruel.
¡¿Por qué coño la había salvado?!
—Ying Sheng… ¿en qué estás pensando?
—preguntó Lei Zhao con preocupación en su tono.
—Por qué… no me dejó morir.
Ying Sheng exhaló.
Lei Zhao suspiró profundamente y caminó hacia ella.
Le tomó la mano y la acarició con suavidad.
—Oye, no digas eso.
Liam pasó por mucho para traerte aquí.
Deberías haber visto al pobrecillo.
Lo afectado que estaba.
Ying Sheng miró a Lei Zhao.
—¿Q-qué?
¿Está bien?
Lei Zhao negó con la cabeza.
—No lo sé… No se ha separado de tu lado desde que entraste en coma.
Acabo de enviarlo a que se aseara un poco.
Ying Sheng miró al techo.
—¿Crees que estaría decepcionado de mí?
¿Pensaría que soy débil?
Lei Zhao sonrió y negó con la cabeza.
—No, nadie pensaría que eres débil.
Especialmente Liam.
Puedo ver cuánto cree en ti.
Tienes suerte de tenerlo como amigo.
Ying Sheng asintió.
—Sí, la tengo.
Es un amigo de verdad.
Lei Zhao finalmente concluyó que Ying Sheng no era consciente de los sentimientos del joven.
Parecía que Liam sufría de amor no correspondido.
Esperaba que algún día a Ying Sheng le gustara el chico; si alguien se merecía a su prima, ese era Liam.
Pero era demasiado pronto para eso.
Primero, tenían que ayudar a Ying Sheng.
—¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?
—preguntó Ying Sheng.
—Tres días —respondió Lei Zhao.
En ese momento, la puerta se abrió y entró Yan Mei, que sostenía una cesta de frutas.
—Hola, ¿cómo estás?
—dijo Yan Mei mientras le dedicaba una sonrisa a Ying Sheng.
Ying Sheng evitó la mirada de Yan Mei mientras la vergüenza la invadía.
Siempre había admirado a Yan Mei, pero sentía que había decepcionado a mucha gente.
Incluida la persona a la que admiraba.
—H-hola —dijo tímidamente mientras se movía inquieta en la cama.
Yan Mei se sentó al lado de Ying Sheng en la cama.
—¿Qué pasó con llamarme hermana Mei?
Pensé que me considerabas tu amiga.
Yan Mei hizo un puchero y se quejó.
—Esposo, mira… ya no le gusto.
Ying Sheng abrió los ojos de par en par y negó con la cabeza.
—No, no… Te aprecio, hermana Mei.
S-solo estoy avergonzada.
Ying Sheng se mordió los labios y bajó la cabeza.
—¿Por qué estás avergonzada?
—preguntó Yan Mei, con el ceño fruncido en señal de confusión.
—P-porque… no fui lo bastante fuerte.
Los he decepcionado a todos.
Lo siento.
Ying Sheng parpadeó para contener las lágrimas que amenazaban con brotar de sus ojos.
Yan Mei suspiró y le sujetó el hombro a Ying Sheng.
—No te culpes.
Todo el mundo tiene sus propios problemas y pasa por sus cosas.
¿Sabes que yo también he intentado suicidarme en numerosas ocasiones?
Si no fuera por tu primo, ya me habría quitado la vida.
Ying Sheng abrió los ojos de par en par, conmocionada.
No se lo creía.
Yan Mei parecía tan fuerte, segura de sí misma y hermosa.
¿Por qué querría quitarse la vida?
—Pero ¿por qué?… Lo tienes todo.
Yan Mei se rio entre dientes como si hubiera oído algo gracioso.
—¿Que lo tengo todo?
—Yan Mei negó con la cabeza y cogió una manzana de la cesta.
Cogió el cuchillo que había traído y empezó a pelar la manzana.
—Como te decía, cada uno tiene sus propias batallas que librar a diario.
El hecho de que me veas fuerte y dominante no significa que todo vaya bien.
Puede que sea fuerte por fuera, pero por dentro también estoy librando una dura batalla.
Ying Sheng no podía creerlo.
Sentía que Yan Mei decía eso para que no se sintiera mal.
Yan Mei terminó de pelar la manzana y se la dio a Ying Sheng.
Al ver las dudas en el rostro de Ying Sheng, Yan Mei sonrió.
Se quitó el reloj que llevaba y le tendió la mano a Ying Sheng.
—Mira.
Mis cicatrices.
—Ying Sheng abrió la boca al ver las cicatrices en la muñeca de Yan Mei.
Conocía esas cicatrices, pues ella también las tenía.
Así que… la mujer fuerte a la que admiraba también tenía sus problemas.
No era la única que libraba una dura batalla.
—¿Ves?
No mentí.
No te culpes, Ying Sheng.
Aún eres joven y tienes toda la vida por delante.
Déjanos ayudarte.
Permítenos entrar.
Ying Sheng no dijo nada mientras escuchaba a Yan Mei.
«¿Podría confiar en ellos?»
«¿Podría salvarse?»
«¿Podría ser feliz?»
«¿Alguien la querrá alguna vez?»
—Ya no estás sola, Ying Sheng.
Nos tienes a todos y estamos aquí para ti.
Siempre.
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