Matrimonio Relámpago: La Esposa Dominante - Capítulo 206
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206: Drama 206: Drama Yan Mei tenía la mirada concentrada mientras examinaba los documentos preparados para el próximo lanzamiento de la nueva colección de su empresa.
Tenía el ceño ligeramente fruncido mientras leía con atención su contenido, asegurándose de que todo estuviera en orden para no cometer ningún error durante el lanzamiento.
—Vale, listo —murmuró mientras dejaba los documentos a un lado, estirando los brazos para relajar los músculos al tiempo que soltaba un suspiro de alivio.
En ese mismo instante, oyó que llamaban a la puerta.
—Pasa —indicó, y Su Bei entró con una sonrisa de oreja a oreja.
—¿Has terminado?
¿Qué tal va todo?
Su Bei cerró la puerta y se colocó junto a Yan Mei, lo que hizo que esta levantara la vista para encontrarse con la mirada de su secretaria.
—Bien —respondió Yan Mei, enarcando una ceja ligeramente al ver la sonrisa en el rostro de Su Bei.
—¡Mírate!
Pareces feliz —comentó, y sus labios se curvaron en una sonrisa pícara—.
¿Estás emocionada por tu cita con Leng Shao de esta noche?
¿Esperas dejar de estar soltera muy pronto?
—Ay, para ya, anda… —Su Bei se sonrojó y puso los ojos en blanco, lo que hizo que Yan Mei soltara una risita.
—Ya que los documentos están preparados, ¿por qué no nos tomamos un descanso y vamos a comprar algo de ropa?
¿Para la cita?
—sugirió Yan Mei mientras tamborileaba juguetonamente con los dedos sobre la mesa.
—Claro, ¿por qué no?
—asintió Su Bei, radiante.
Yan Mei se levantó en un instante, sin dudarlo.
—De todas formas, lo único que tenemos que hacer es esperar al lanzamiento.
Vamos al centro comercial.
Las dos decidieron ir al centro comercial durante su descanso.
Informaron a los demás empleados de las otras cosas que había que hacer antes de dejar las tareas restantes a su cargo.
Como el centro comercial estaba cerca de la empresa, decidieron ir andando.
En el momento en que Yan Mei y Su Bei entraron en el centro comercial, sus sentidos se vieron abrumados.
Había muchísima ropa de diseño en el centro comercial; los mensajes, cuidadosamente estilizados en imágenes para seducir a los consumidores mientras sus ojos divagaban.
Incluso la gente que solo estaba mirando escaparates se sentiría atraída a comprar en un instante.
¡Incluso los compradores que iban con una idea clara se convertían en compradores impulsivos si se quedaban mirando demasiado tiempo, lo que demostraba la eficacia de la publicidad!
—¿Qué tienda te gustaría visitar?
¿Chanel?
¿Louis Vuitton?
—le preguntó Yan Mei a Su Bei.
Su Bei miró a su alrededor, un poco avergonzada.
Nunca antes había puesto un pie en un centro comercial tan grande.
Su Bei siempre había mirado a través de los escaparates con la expresión soñadora de quien anhela poseer una de esas marcas de lujo.
Como si percibiera la incomodidad de su amiga, Yan Mei tomó la mano de Su Bei y la guio hacia la tienda de Chanel.
No muy lejos de allí, una mujer con su largo pelo negro como el jade recogido en una cola de caballo, que vestía un sencillo vestido de día que acentuaba su aura de loto blanco y puro, estaba mirando el escaparate de Chanel.
Mientras Su Bei y Yan Mei caminaban y esta última le preguntaba qué tiendas visitar, las dos se detuvieron en seco cuando Yan Mei reconoció una figura familiar.
«¿No es…?
Es Tang Wei», pensó Yan Mei al recordar lo problemática que era.
Todavía podía recordar sus palabras en la gala de hacía unos meses.
«¿Crees que te quiere?
Espera a que vuelva su ex».
Las palabras de Tang Wei resonaron en la cabeza de Yan Mei.
Aunque en aquel momento había actuado con indiferencia, Yan Mei tuvo que admitir que se sintió herida y asustada.
Nunca llegó a preguntarle a Lei Zhao por esa famosa ex suya.
—¿Qué pasa?
—preguntó Su Bei, al ver que a Yan Mei le temblaba ligeramente una ceja mientras soltaba un pequeño suspiro.
—Nada.
Sigamos recto y vayamos a Louis Vuitton.
No estoy de humor para ningún drama —dijo Yan Mei, y Su Bei parpadeó sin entender por qué, pero aun así asintió.
—Vale, pues.
Mientras las dos seguían caminando recto, dio la casualidad de que Tang Wei se giró para caminar en la dirección opuesta.
En el momento en que lo hizo, su mirada se cruzó con la de Yan Mei, lo que hizo que el semblante tranquilo de Tang Wei cambiara a algo diferente de su habitual aura pura.
Malicia.
—Vaya… si es la señorita Yan.
—Es señora Lei… ¿y tú quién eres?
—Los labios de Yan Mei se curvaron en una sonrisa sardónica mientras le preguntaba a Tang Wei con calma, a pesar del tono frío de esta.
Yan Mei mantuvo la compostura, sin dejarse afectar por ella, porque si lo hiciera, demostraría lo inmadura que era al perder el tiempo con una mujer que no merecía su atención.
—Señorita Yan… ¿ya me ha olvidado?
¿Es porque ahora estoy más guapa?
Su Bei resopló con desdén al oír a Tang Wei.
Esa mujer era una auténtica descarada.
—Mmm… sí, muy guapa —dijo Yan Mei asintiendo.
Tang Wei enderezó los hombros y una sonrisa de suficiencia apareció en sus labios.
Por supuesto que estaba guapa.
Se había tomado el tiempo de mejorar su aspecto desde su encuentro con Yan Mei en la gala.
Incluso había hecho un viaje al extranjero para ver a un dermatólogo.
¿Acaso a Lei Zhao no le gustaba Yan Mei porque era guapa?
Pues entonces, ella invertiría en su piel para estar más guapa que Yan Mei.
Quizá así Lei Zhao por fin se fijaría en ella.
—Solo que… tu falta de cerebro eclipsa tu belleza.
Qué lástima —dijo Yan Mei con un suspiro.
Tang Wei se puso rígida al oír a Yan Mei.
—Tú… —La ira recorrió a Tang Wei al oír a Yan Mei.
¿¡Acababa de llamarla estúpida!?
—Con permiso —añadió entonces Yan Mei, que no quería perder más tiempo porque sabía que Tang Wei, impulsivamente, causaría problemas—.
Mi amiga y yo tenemos algunos recados que atender.
Con el repiqueteo de sus tacones contra el precioso suelo de baldosas del centro comercial, Tang Wei se giró para mirar la figura de Yan Mei mientras se alejaba.
Sintió que la sangre le hervía en las venas, furiosa al pensar que ella era la esposa de Lei Zhao, cuando Tang Wei se había esforzado tanto por llamar su atención, aunque hubiera fracasado innumerables veces en conseguir que él volviera su mirada hacia ella.
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