Matrimonio Relámpago: La Esposa Dominante - Capítulo 313
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Capítulo 313: Noche solitaria
Liam llegó al apartamento del trabajo con un suspiro de cansancio, llevándose una mano a los ojos mientras cerraba la puerta a su espalda. Había sido un día largo, con reuniones y debates sobre los próximos proyectos, pero estaba feliz de estar por fin en casa. Podía relajarse y hablar con Ying Sheng, que era lo que más le apetecía.
Últimamente, las cosas entre ellos iban de maravilla. La química era espectacular, e incluso había empezado a atreverse a devolverle los coqueteos. Presentía que lo suyo pronto iría a más, y no podía estar más contento por cómo iban las cosas hasta el momento.
—¡Ying Sheng! ¿Tienes hambre? Podríamos pedir una pizza —la llamó Liam mientras entraba en la cocina, que estaba conectada con el vestíbulo y el salón. Mientras se servía un vaso de agua de la jarra con filtro de la nevera, aguzó el oído en busca de una respuesta, y una expresión de confusión fue dibujándose en su rostro al ver que no respondía.
Liam había visto su coche fuera, así que sabía que ya había vuelto de la universidad. Se bebió el agua fría de un trago, dejó el vaso en el fregadero y se dirigió a su habitación. Caminó de puntillas al acercarse a la puerta, preguntándose si estaría dormida o no. Solo eran las siete, así que era poco probable. Lo más temprano que la había visto acostarse eran las nueve, y fue solo porque tenía que madrugar muchísimo al día siguiente para una conferencia de negocios de una de sus clases.
—Ying Sheng, ¿estás despierta? —preguntó mientras daba unos golpecitos en la puerta cerrada. Hubo una breve pausa antes de oír su voz.
—Puedes entrar.
A Liam le sorprendió oír eso. Últimamente, ella no solía invitarlo a entrar en su habitación, aunque a él no le importaba. Estaba seguro de que tenía cosas o productos de chicas que no quería que viera.
—¿Estás segura? —le preguntó, para cerciorarse de que era lo que ella quería. No quería cruzar ninguna línea, sobre todo ahora que sonaba tan apagada. Solo podía sospechar que algo andaba mal, y eso le preocupaba. ¿Qué estaba pasando?
—Sí.
Liam abrió la puerta y se encontró con una habitación a oscuras. Entró y, gracias a la luz del pasillo, apenas pudo distinguir algunos detalles. Vio la mochila de ella en el suelo, varios envoltorios de barritas de cereales en su mesita de noche, algo de ropa tirada y a Ying Sheng, arrebujada en una manta sobre la cama. Él frunció el ceño, pues ya sentía su tristeza desde el otro lado de la estancia.
—Oye, ¿estás bien? —murmuró Liam en voz baja mientras cruzaba la habitación hasta llegar al lado de la cama.
Ying Sheng se giró de lado para mirarlo, y la manta se le arrugó hasta la barbilla mientras lo observaba. Se la veía contrariada.
—La verdad es que no —admitió ella.
Liam se sentó en el borde de la cama junto a ella y extendió la mano para posarla con suavidad sobre su brazo, por encima de la manta granate. Ella solo se mostraba tan abiertamente decaída en raras ocasiones, y la causa solía ser siempre la misma.
—¿Ha pasado algo con tus padres? —le preguntó Liam. Él sabía de su pelea y de lo mucho que le había dolido discutir con ellos. Como no hablaba mucho del tema, supuso que el recuerdo de la disputa la asaltaba cuando menos se lo esperaba.
—Nada. Ese es el problema. Que nunca pasa nada. No me llaman. No me preguntan cómo estoy. No les importo —susurró Ying Sheng en la oscuridad, con la voz cargada de dolor.
Liam asintió en silencio mientras la escuchaba. Se sentía agradecido por su familia y porque siempre se preocupaban lo suficiente como para saber de él. Solo deseaba que Ying Sheng tuviera la misma experiencia con la suya. Se lo merecía. Sus padres deberían estar elogiando a su hija por lo inteligente y creativa que era, en lugar de no dirigirle la palabra.
—Lo siento, Ying Sheng. Seguro que se han acordado de ti. Quizá es que no saben qué decir —murmuró Liam, intentando pensar en algo para que se sintiera un poco mejor con la situación de sus padres. Era un tema muy complicado por todas partes, por lo que era difícil encontrar consuelo.
Ying Sheng alzó la vista hacia él.
—Ojalá tuviera una relación normal con ellos, como la que todo el mundo tiene con sus padres. De verdad, me gustaría que se preocuparan por mis notas y me regañaran si me relajo. Quiero que se aseguren de que estoy bien y de que tengo suficiente dinero para apañármelas. ¿No es eso lo que se supone que tienen que hacer? —preguntó Ying Sheng, negando con la cabeza.
—Lo es. Solo quiero que sepas que ellos te han fallado a ti, no al revés —le dijo Liam, que no quería que se echara la culpa. Notaba que se estaba machacando por alguna razón, cuando no tenía por qué. Sus padres habían decidido arruinar la relación. Dependía de ellos arreglarla.
Ying Sheng asimiló sus palabras y, al cabo de un momento, asintió.
—Me pregunto si se les habrá pasado por la cabeza pedirme perdón por lo que me dijeron. Básicamente, me dijeron que, para ellos, soy una fracasada… que no sacaré nada de todo este trabajo duro que estoy haciendo —suspiró Ying Sheng mientras alargaba la mano para coger el móvil.
Comprobó sus mensajes y vio que no tenía ninguno nuevo de sus padres, ni tampoco llamadas nuevas o perdidas. A continuación, abrió Facebook y empezó a revisar el perfil de su padre. De repente, se incorporó de un salto en la cama, casi derribando a Liam con su brusco movimiento.
—¿Qué pasa? —le preguntó Liam, preguntándose qué habría visto para que su actitud cambiara tan de repente.
Ying Sheng pulsó la pantalla antes de hablar, y la luz del móvil iluminó su rostro con un suave resplandor.
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