Matrimonio Relámpago: La Esposa Dominante - Capítulo 72
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72: Pelea de amantes 72: Pelea de amantes Cuando Lei Zhao y Yan Mei volvieron de la vieja casa de Lei, él se dio cuenta de que su esposa había estado bastante distante.
Era como si quisiera decirle algo, pero no supiera cómo.
Lei Zhao frunció el ceño.
Odiaba de verdad el ambiente ambiguo que se había creado entre ellos.
Suspirando, puso la mesa y fue a llamar a Yan Mei, que estaba en una reunión en el estudio.
Al llegar al estudio, se apoyó en la puerta y la contempló; parecía concentrada, por lo que no se percató de su presencia.
Tenía el ceño fruncido mientras escuchaba lo que decía la persona en el ordenador.
Se veía seductora al tiempo que exudaba un aura dominante.
Podía apostar que los ejecutivos estaban temblando, a pesar de que la comunicación era por ordenador.
Al sentir su mirada, Yan Mei levantó la cabeza y por un instante se quedaron mirándose.
Ella le dedicó una sonrisa radiante.
—¿Llevas mucho tiempo esperando?
—preguntó ella en voz baja.
Lei Zhao sonrió y negó con la cabeza.
Yan Mei asintió y se giró para mirar el ordenador.
—La reunión ha terminado —dijo mientras apagaba el ordenador.
Los ejecutivos al otro lado no podían creer que acababan de ver sonreír a su jefa, fría y distante.
Se veía tan hermosa que sintieron que el corazón se les aceleraba en el pecho.
Pero la gran pregunta era: ¿quién era la persona con la que hablaba con tanta dulzura?
¿Acaso su dama de hierro estaba por fin enamorada?
Los ejecutivos tenían muchas preguntas, pero, por desgracia, no había nadie disponible para respondérselas.
Yan Mei, que no tenía ni idea del caos que había provocado con su sonrisa, se levantó y siguió a Lei Zhao hasta el comedor.
Lei Zhao le retiró la silla y Yan Mei esbozó una leve sonrisa mientras se sentaba.
Lei Zhao le quitó las espinas al pescado antes de servírselo.
Yan Mei miró la comida y sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
«¿Me dejará cuando sepa la verdad?», pensó Yan Mei mientras miraba a Lei Zhao, que estaba afanosamente quitando las espinas del pescado.
De repente, Yan Mei se levantó de la silla, lo que hizo que Lei Zhao alzara la vista.
—Esposa, ¿qué ocurre?
—preguntó Lei Zhao con un tono de preocupación en la voz.
Yan Mei evitó su mirada; una sombra de culpa oscureció sus ojos.
—He-he-he perdido el apetito.
Quiero…
ir…
al baño.
—Debido a la culpa, sus palabras sonaron incoherentes y las palmas de sus manos estaban sudorosas.
Lei Zhao entrecerró los ojos, pero antes de que pudiera responder, Yan Mei salió corriendo del comedor.
Yan Mei sabía que lo que había hecho le preocuparía, pero necesitaba espacio para pensar.
Fue hasta el baño y se paró frente al espejo del lavabo.
Quizá estaba siendo avariciosa y egoísta al ocultarle la verdad.
Estaba privando a un hombre estupendo de la posibilidad de ser padre.
Se pasó una mano por el pelo con frustración.
Con un suspiro, se echó agua en la cara.
—Oye —dijo Lei Zhao suavemente, haciendo que ella diera un respingo.
Yan Mei se giró; su corazón latía con fuerza mientras los ojos de Lei Zhao se clavaban en los suyos, creando una atmósfera incómoda.
—Me has asustado —murmuró Yan Mei, desviando la mirada.
—¿Qué me estás ocultando?
—La voz de Lei Zhao sonó quebrada, baja pero suave.
Yan Mei sabía que él se daría cuenta de que algo pasaba, pero de verdad que no podía decírselo.
—No sé de qué estás hablando —dijo Yan Mei con tensión.
Lei Zhao dejó escapar un largo suspiro.
—Esposa, necesito que me lo digas.
Por favor, solo quiero saber que estás bien.
—¡Estoy bien!
Ya te lo he dicho —dijo Yan Mei entre dientes, con la visión nublada por las lágrimas.
Podía sentir cómo se acercaba a ella, pero no era capaz de mirarlo a los ojos.
Vio lo feliz que estaba cuando le dijo a su abuelo que le daría un nieto para finales de año.
Simplemente no sabía cómo decirle que la posibilidad de que fuera padre con ella era escasa.
Yan Mei no sabía qué decir ni cómo inventar una mentira para salir de esa conversación.
¿Qué haría él si se enteraba?
No sabía por qué, pero tenía miedo; miedo de que la abandonara.
—Por favor, Esposa, dímelo.
Puedes contarme lo que sea —dijo Lei Zhao, sujetándola suavemente por los hombros, pero ella lo apartó y se giró para marcharse.
Sin embargo, Lei Zhao la agarró de la mano e intentó detenerla.
—Solo déjame en paz —Yan Mei empezó a alejarse, pero la voz atronadora de él la detuvo.
—¡Lo único que quiero saber es qué le pasa a mi esposa!
¿Es eso un pecado?
—Lei Zhao estaba frustrado y necesitaba que todo volviera a la normalidad.
Hacía solo unas horas estaban bien, ¿¡qué había pasado!?
—Y-yo…
¿podemos simplemente no hablar de ello?
—Yan Mei le dio la espalda y empezó a caminar hacia el dormitorio.
—Esposa…
—Déjame en paz —dijo mientras seguía caminando hacia el dormitorio.
Lei Zhao se quedó paralizado y soltó un suspiro de frustración.
Se pasó los dedos por el pelo, caminando de un lado a otro.
Lei Zhao se odiaba a sí mismo por haberla presionado para que se abriera, pero solo quería que volvieran a ser la pareja cariñosa que eran hacía unas horas.
****
Yan Mei esperó a Lei Zhao durante unas horas, pero él nunca fue a acostarse; deseó habérselo contado.
Cuando volviera, le diría que si quería irse…, y suspiró.
Finalmente, se quedó dormida unas horas más tarde, pero el ruido de la cocina la despertó.
Frunció el ceño y bajó.
Se encontró a un Lei Zhao borracho sentado en el suelo.
—Esposa…, ¿eres tú?
Yan Mei suspiró.
Nunca antes había visto a Lei Zhao borracho.
Jamás pensó que sus actos pudieran hacerle tanto daño.
—Vamos a la cama —susurró Yan Mei suavemente.
—No, no, no —negó Lei Zhao con la cabeza.
—Quiero hablar contigo —dijo, haciéndole un gesto para que se acercara y dando unas palmaditas en el suelo a su lado.
Yan Mei entrecerró los ojos y se sentó a su lado.
—Siento lo de antes —murmuró él.
—No, lo siento yo.
No debería haberte ocultado nada.
Lei Zhao bostezó.
—No, no debería haberte presionado para que me lo contaras.
Solo…
estaba preocupado por ti, Esposa.
Yan Mei sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas cuando él apoyó la cabeza en su hombro.
Lo miró y pensó que podría estar durmiendo, pero de repente él habló.
—Odio de verdad discutir contigo.
Me hace sentir fatal —dijo él, con el ceño fruncido.
Yan Mei rio por lo bajo.
—A mí también —susurró Yan Mei de vuelta.
—Odio verte llorar, y odio que pueda ser por mi culpa.
¿Puedes prometerme que me dirás cuándo te haga algo malo para poder disculparme?
Yan Mei sintió una punzada en el corazón.
¿Cómo podía alguien preocuparse tanto por ella?
Se sintió una completa estúpida por dudar de él y pensar que la abandonaría.
—Lo haré —murmuró ella.
Lei Zhao asintió.
—Bien.
Lo eres todo para mí, Esposa.
Y vamos a envejecer juntos.
Sus palabras la derritieron por dentro y se acurrucó más contra él en el suelo.
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