Matrimonio Relámpago: La Esposa Dominante - Capítulo 80
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- Capítulo 80 - 80 Píldora de la felicidad
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80: Píldora de la felicidad 80: Píldora de la felicidad Liam llevó a Ying Sheng a una heladería.
Sin embargo, ella tenía que admitir que estaba bastante sorprendida; no esperaba que la llevara a una heladería.
Ver todos aquellos helados de colores le levantó el ánimo.
Se emocionó y de repente le entraron ganas de comer.
Liam se apresuró a la cola para adelantarse a los niños y ponerse en la fila antes que ellos.
Ying Sheng se rio entre dientes al ver la escena y lo siguió.
—¿Qué le sirvo, señor?
—preguntó el joven del otro lado del mostrador con una sonrisa amable.
Liam se giró para mirar a Ying Sheng—.
¿Qué te gustaría?
Ying Sheng se mordió los labios.
Le costaba elegir solo uno, ya que todos parecían deliciosos.
Un brillo especial apareció en sus ojos.
—¿Por qué no me sorprendes?
—dijo, lanzándole a Liam un guiño sutil.
Liam sonrió de oreja a oreja y se giró para mirar al chico del mostrador—.
Ponme un helado de fresa, barquillo de vainilla y sirope de caramelo.
—Aquí tiene, señor, para su novia.
—A Liam se le dibujó una enorme sonrisa en el rostro al oír al chico.
«Novia».
¡Qué bien estaría!
Su corazón revoloteó, así que no se molestó en corregir al chico.
Ying Sheng estaba tan ocupada admirando la tarrina que él acababa de darle, que no prestó atención a lo que dijo el chico.
Levantó la cabeza y vio a Liam sosteniendo una tarrina más grande que la suya.
«Dios, es tan adorable».
Sobre todo por cómo le brillaban los ojos al mirar su helado, igual que un niño.
—¿Qué?
—preguntó Liam al darse cuenta de que lo estaba mirando fijamente.
—¡Eres adorable!
—dijo ella con una suave risa.
Liam negó con la cabeza, resignado, e intentó que no le afectara lo que ella había dicho.
Suspiró y buscó una mesa libre para sentarse.
Se sentaron en una mesa libre en una esquina.
Aunque Ying Sheng estaba disfrutando del helado, no podía evitar mirar a la familia sentada frente a ellos.
Eran una familia de tres, con una niña adorable y una mujer y un hombre que supuso que eran sus padres.
Vio cómo la niña intentaba coger una cucharada de helado de vainilla, pero era demasiado para ella y acabó pringándose toda la boca.
Una sonrisa triste asomó a sus labios mientras veía a la mujer limpiar el helado de la boca de la niña.
Recordó que sus padres solían llevarla a una heladería todos los fines de semana cuando era niña.
Su padre siempre le daba de comer en la boca y la llamaba su princesita, mientras le revolvía el pelo con una sonrisa en el rostro.
Pero, de repente, sus padres llegaron a estar tan ocupados que ya no tenían tiempo para ella, hasta el punto de no volver a casa ni para cenar.
Pasaba la mayor parte del tiempo con su tía, Lei Xiao Tong.
—¿Qué estás mirando?
—preguntó él, girando la cabeza por encima del hombro para mirar qué había detrás.
—Nada.
Solo pienso que la niña es adorable —murmuró, sonriendo en dirección a ellos.
—Sí, pero creo que nues…
tu hijo sería mucho más adorable —declaró él, con un destello de seriedad en la mirada.
Ella echó la cabeza hacia atrás y se rio, esta vez con ganas, de forma natural.
Liam se quedó mirándola reír y sintió una calidez que se instalaba en su corazón.
—¿Qué?
—preguntó Ying Sheng.
—Eh, ¿qué?
—respondió él, fingiendo inocencia.
Los labios de Ying Sheng se curvaron en una sonrisa.
Estaba disfrutando de verlo en apuros.
Liam gimió para sus adentros por su propia estupidez.
No debería habérsela quedado mirando de forma tan descarada.
—Bueno, ya puedes dejar de mirar —dijo ella con una sonrisa en el rostro.
Liam sabía que se estaba sonrojando y, para ocultar su vergüenza, replicó rápidamente.
—¡No lo estoy haciendo!
Ying Sheng puso los ojos en blanco de forma juguetona.
—Entonces…
¿te gusta el helado?
—preguntó de repente mientras la miraba con adoración.
Ying Sheng asintió.
—¡Es, de lejos, el mejor helado que he probado nunca!
—respondió con sinceridad.
—Me alegro.
—Liam sonrió ampliamente, con aspecto satisfecho.
Se le veía feliz; Ying Sheng se dio cuenta de que, desde que lo había conocido, no había parado de sonreír.
Él era como su píldora de la felicidad.
—Háblame de ti, Ying Sheng —pidió Liam, dando un bocado a su helado.
Ying Sheng se quedó helada por un momento.
La última vez que alguien le había hecho esa pregunta fue cuando fue a ver al psicólogo que le había recomendado Lei Zhao.
Respiró hondo y preguntó: —¿Qué quieres saber?
—Para empezar, ¿cuántos años tienes?
—preguntó Liam.
—Veintiuno.
Liam enarcó las cejas y asintió—.
¿Entonces estás en la universidad?
Ying Sheng asintió.
—Sí, lo estoy.
Una sonrisa se extendió por el rostro de Liam.
—¿Qué estudias?
Ying Sheng tomó una cucharada de su helado antes de responder con voz monocorde.
—Medicina.
Liam se atragantó con el helado que tenía en la boca y abrió los ojos de par en par.
—¿Me-dicina?
Ying Sheng resopló.
—¿Sí, por qué?
¿Crees que eres el único listillo por aquí?
Liam negó con la cabeza.
—No, no, es solo que…
—Su voz se fue apagando.
Se preguntó si debía decirle que no se esperaba que alguien como ella estudiara Medicina.
Pero eso sería demasiado duro.
—¿Que no te esperabas que una chica loca como yo estudiara Medicina?
—terminó la frase Ying Sheng por él.
Liam se rascó la nuca, avergonzado—.
La verdad es que sí.
Ying Sheng se encogió de hombros.
—No pasa nada.
Ni yo misma sé qué estoy haciendo ahí.
Para serte sincera, odio esa carrera.
Liam frunció el ceño.
—¿Entonces por qué lo haces?
Deberías estudiar algo que te interese.
Ying Sheng se rio con amargura.
—Díselo a mi madre.
Liam abrió la boca para decir algo, pero la cerró.
Sabía que ella tenía sus propios problemas y no quería presionar hasta que estuviera lista para compartirlos con él.
—Entonces…
¿qué te gustaría estudiar en realidad?
Una sonrisa triste asomó a sus labios.
—N-no lo sé.
Con veintiún años y sin saber ni qué quiero estudiar…
probablemente sea la mayor fracasada del planeta —dijo Ying Sheng con sarcasmo.
Liam le tomó la mano, que estaba apoyada en la mesa.
—Está perfectamente bien no saber lo que quieres.
La vida no es una carrera, solo tienes que establecer tu propio ritmo.
El ritmo de tus amigos no es el tuyo, simplemente avanza al tuyo, con paso firme.
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