Me Casé con el Inútil Tío Multimillonario de Mi Ex-Prometido Por Venganza - Capítulo 222
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Capítulo 222: Tía orgullosa
HARPER
—Está buenísimo, Harper —chilló Clara, mientras espiaba a Julian desde el pasillo, con solo la cabeza asomando por la esquina.
—¿Ah, sí? —pregunté con una sonrisa cómplice, agarrándola de la mano y apartándola de un tirón de su escondite justo cuando Julian miró en nuestra dirección.
Clara se resistió, pero aun así conseguí apartarla.
—Te quedas con los mejores hombres, en serio —se quejó mientras abría la puerta de su habitación—. Te tengo muchísima envidia.
¿Envidia? Ni yo misma me tenía envidia. Tener a alguien como Dominic de ex ya era un problema suficiente. No importaba lo atractivo que fuera un hombre. Si no era capaz de pillar la indirecta de que lo nuestro había terminado, rápidamente se convertía en un problema.
Clara encendió la luz, aunque la habitación ya estaba iluminada porque las cortinas estaban descorridas.
Sonreí mientras observaba el lugar.
Era otro apartamento. Más grande. Mejor. Y, sin embargo, seguía transmitiendo la misma sensación acogedora. Seguía oliendo a hogar. A Clara.
Un suave azul pastel adornaba las paredes del dormitorio. Una estantería flotante se encontraba sobre el cabecero de la cama de matrimonio. A mi izquierda había un tocador. Cerca de la ventana, un escritorio con un portátil abierto y varios archivos esparcidos. Más allá se extendía un pasillo estrecho que, muy probablemente, llevaba al cuarto de baño.
La habitación era lo bastante grande como para que cupiera otra persona. Alguien como…
—¿Dónde está William? —pregunté, volviéndome para mirarla.
Aunque seguíamos en contacto, lo que compartíamos eran, sobre todo, fotos y novedades sobre nuestras vidas.
Clara seguía estando espectacular. Ahora llevaba el pelo castaño muy corto, un cambio drástico con respecto a antes, aunque yo no llegaba a entender por qué había decidido cambiar de estilo.
Pero eso no la hacía menos encantadora. Como ya he dicho, todo había cambiado mucho. Excepto, bueno, yo.
Esperé a que Clara respondiera, pero en lugar de eso, sus labios esbozaron una sonrisa triste. Al principio, pensé que lo había imaginado, hasta que volví a mirarla.
—¿Qué ha pasado, Clara? —pregunté con suavidad.
Mi mirada recorrió la habitación mientras resurgían los recuerdos de todo lo que me había contado sobre William. Hacían buena pareja. Muy buena. Ella se había mostrado esperanzada, ilusionada por el rumbo que tomaban las cosas. Y luego, nada.
Yo había supuesto que se estaba guardando las buenas noticias. Que esperaba para contármelas en persona. Me había prometido que vendría de visita.
Así que no había insistido.
Pero ahora, al mirar la habitación, me di cuenta de que algo no encajaba. Todo lo que había allí pertenecía a Clara. No había nada que sugiriera que vivía con otra persona.
Y la expresión de su rostro lo confirmó.
Algo había pasado.
Clara se dejó caer en la cama y levantó la cabeza para mirarme con una sonrisa radiante. Una que no le llegaba a los ojos.
—Lo dejamos —dijo, encogiéndose de hombros ligeramente como si no importara.
Se me abrieron los ojos de par en par. —¿Qué? ¡¿Por qué?!
Sinceramente, creía que ella y William tenían más posibilidades de durar que Dominic y yo.
—Las cosas no siempre salen bien, Harper —dijo en voz baja.
—¿Que las cosas no salen bien? —resoplé—. ¿Fue él quien rompió? Te juro que cuando vea a William le voy a cantar las cuarenta.
Hice un gesto brusco, y la ira se encendió en mí.
—No, por favor, no lo hagas —murmuró, negando con la cabeza.
—¿Por qué no? —la fulminé con la mirada—. Eres la persona más dulce del mundo. Si algo salió mal entre vosotros dos, entonces el problema es él. Sobre todo, teniendo en cuenta la clase de amigo que tiene.
La amargura se filtró en mi voz. Ya me imaginaba a William y a Dominic sentados juntos, conspirando para hacerme pagar por haberme divorciado de él. No me extrañaría que William hubiera dejado a Clara por lealtad o por venganza, simplemente porque Dominic era su mejor amigo.
—En realidad —dijo Clara, captando de nuevo mi atención—, fui yo quien terminó con todo. No fue culpa suya. Fue mía.
La miré con incredulidad. Clara amaba a William. Lo sabía. Incluso cuando intentaba restarle importancia o minimizar sus sentimientos, era evidente. Ella lo quería. Entonces, ¿cómo podía ser ella quien lo dejara cuando todo parecía ir tan bien?
Negué con la cabeza. No la creía. Lo estaba protegiendo. Poniendo excusas.
Clara se echó hacia atrás en la cama, sujetándose la cabeza con las manos y con los ojos fijos en el techo. Dejó escapar un suave suspiro. —Me pidió matrimonio. Y le dije que no.
—¡Clara! —exclamé.
Giró la cabeza para mirarme, aún tumbada, con una débil sonrisa en los labios. —Sentí que era una carga para él.
—¿Él dijo eso? —espeté.
—¡No! —Clara negó rápidamente con la cabeza y se incorporó. Se pasó los dedos por el pelo corto, echándoselo hacia atrás con agitación—. No lo hizo. Es un encanto, Harper. Te lo prometo. Es un verdadero caballero.
—Entonces, ¿qué fue lo que salió mal? —insistí, sintiendo cómo la frustración me oprimía el pecho—. Si es tan maravilloso.
Quizá yo no era quién para cuestionar sus decisiones. Pero no podía evitarlo.
Quería que fuera feliz. Solo por una vez, quería que se pusiera a sí misma en primer lugar en vez de pensar siempre en todos los demás.
—Entré en pánico, ¿vale? —dijo, mirándome con los ojos vidriosos—. No estaba preparada. Simplemente le dije que no. Se enfadó y se fue. Hace más de tres años que no lo veo, y de verdad que no me importa.
Frunció los labios como para sellar su declaración.
—¿Que no te importa? —repetí.
—No me importa, Harper —dijo con firmeza—. Ahora soy feliz. Solo quiero estar sola, sin atarme a ningún hombre.
Intenté ver las cosas desde su punto de vista. De verdad que sí. Seguía sin encontrarle el sentido, pero si aquello le daba paz, quizá fuera verdad. No insistí más.
El silencio se instaló entre nosotras.
Mi mirada se desvió hacia la ventana, donde una fotografía enmarcada descansaba sobre una mesita. Fruncí el ceño y me acerqué, entrecerrando los ojos para observarla.
Eran Clara y William. Sonriendo. Abrazados.
Volví a mirarla. Tenía la vista perdida en la nada, con una expresión distante e indescifrable.
Negué con la cabeza.
Lo amaba. Simplemente, no quería estar con él.
¿Cómo era eso posible?
—Deberíamos estar hablando de tu nuevo ligue en lugar de mi relación fallida y los niños —dijo Clara de repente, y sus ojos se iluminaron al cambiar de tema con una alegría forzada. Se señaló a sí misma—. Por cierto, me siento sumamente honrada de que tu única hija lleve mi nombre como segundo nombre. Soy una tía y madrina muy orgullosa.
—Por supuesto que deberías. Era literalmente mi hermana. De sangre o no, no importaba.
A estas alturas, era mejor que cualquier pariente de sangre que yo tuviera.
—Ahora cuéntamelo todo —dijo con entusiasmo—. Cómo lo conociste. Tu primera cita. El compromiso. Lo quiero todo.
Sonreí de oreja a oreja y asentí. Al fin y al cabo, para eso estaba aquí, para ponernos al día.
Y ayudó que no hubiera mencionado a Dominic. Ni una sola vez. Sabía que lo hacía a propósito, y se lo agradecía más de lo que podía expresar con palabras.
Por eso era mi mejor amiga.
Ella me entendía.
A veces, incluso mejor de lo que me entendía yo misma.
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