Me convertí en el Dios hentai. ¿Y que? - Capítulo 12
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- Capítulo 12 - 12 Regreso de las seguidoras
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12: Regreso de las seguidoras 12: Regreso de las seguidoras Desde las sombras del mundo terrenal… tu mirada ha despertado algo.
¿Te atreves a seguir leyendo las escrituras de esta novela prohibida?
Entonces escucha bien, alma curiosa.
He abierto un templo digital en Ko-fi.
Con una simple ofrenda de $1 dólar, me ayudarás a invocar ilustraciones sagradas: retratos auténticos de los seres que habitan esta historia.
Pero todo pacto merece recompensa: Los fieles recibirán imágenes personalizadas, únicas… y tal vez, un secreto reservado solo para los elegidos.
[Haz tu ofrenda aquí] ———– Yami Zhoray que apenas podía expresarse, observó a un risueño Javier que apenas le llegaba a la barbilla.
—…—.
—Ya te dije que no puedes hablar al no saber pronunciar, espera un poco y te enseñaré—.
Le dijo Javier que alzó la mano para secarle el cabello mojado, pero que fue repelido por una bofetada.
—Ahora tienes un cuerpo y te puedes enfermar, si dejas así tu cabello… siéntate aquí—.
Sentándola, Javier rápidamente comenzó a secar el cabello lacio de oro de Yami.
—Mm♫, hm♫, nana♫, an♫, jejeje♫—.
Tarareando y sin detenerse solo en la cabellera dorada, sus manos recorrieron la suave piel de bebe de Yami a la vez que ponía énfasis y lentitud en los grandes pechos de Yami.
—Nada mal copa H 104 cm, esta suavidad, peso y densidad, no se puede comparar con nada de este mundo—.
—Grrrrrrrr—.
—… Bien, sigamos secando tu cuerpo♫—.
Finalizando el secado, el cuerpo de Yami comenzó a brillar muy leve.
—¡!—.
—Todavía hay que darte un buen baño más tarde, pero con esta magia de limpieza que hace que la suciedad de tu cuerpo desaparezca no hay que preocuparse por los olores—.
Orgulloso de haberse aprovechado de la inocencia de Yami, comienza a sacar ropa.
—Pon primero, esta pierna por aquí… a subir, levántate un poco….
Ahora el brasier, pongámosle un poco de magia de adaptación para que se ajusten a tus pechos—.
Sin pudor o vergüenza al vestir y tocar a una mujer, lo primero que hizo Javier fue ponerle la ropa interior blanca, seguido por medias negras que llegaban hasta los muslos, falda por encima de la rodilla, blusa de manga corta, un delantal en la cintura y una diadema en la cabeza.
—¡Hmph!, nada mal, te ves hermosísima, Yami—.
Yami que vio venir a Javier a punto de abrazarla, retrocede sentándose en la silla.
—… uno de mis sueños se ha cumplido.
Vestir de Maids a una chica—.
Derramando lágrimas de felicidad, Javier se olvidó de Yami que giraba en el asiento, golpeando en repetidas ocasiones con su pie el pedestal donde se encontraba el slime moviendo algunas configuraciones en Rinka y Sayaka.
—¡!, ¡¿por qué se abrió el cilindro de Rinka?!—.
Dejando el pensamiento al fondo de la memoria, toma entre sus brazos a una Rinka que comenzaba a despertar.
—¿Estás bien?.
¿Sabes quién soy?.
¿Recuerdas quién eres?—.
—wue….
Javier Onii-chan, ¿dónde estamos?… Recuerdo que estábamos en el parque y… Eh, ¡¡¡Yaaaaaaaaaaaaaaa!!!… ¡Du-duele!—.
Cayendo de bruces al empujar a Javier, intentó levantarse, pero sus músculos, aún atrofiados por nunca haberlo usado, no pudo levantarse.
—Toma—.
Brindándole una toalla seca, mientras utilizaba otra para cubrir el cuerpo femenino en toda su expresión, muslos tonificados y al subir la vista se podían apreciar unos lindos bollos de leche a la vez que podía ver con claridad sus partes íntimas.
—… dis-disfrutas de la vista—.
—¿De qué hablas?—.
Sonrojada de vergüenza al saber que Javier la vio en su traje de cumpleaños, cubrió con prisa su cuerpo con la toalla, revelando una silueta mucho más sensual que simplemente verla desnuda.
Acentuando la toalla entre esos diminutos pechos que comenzaban a crecer.
Bajando la mirada a una estrecha cintura y más, unos muslos sanos que, gracias a la tela, se creaban un abismo de oscuridad llamando más la atención.
—Puedes dejar de ver tanto—.
Murmuró Rinka, pero Javier ni siquiera le hizo caso y se acercó un poco más quitándole la toalla de las manos para secarle el cabello.
—¿Así está bien?—.
—Sí… ¿Dónde estamos?
¿Por qué estoy desnuda?—.
—No te dije que iríamos a un mundo diferente, este es el sótano de mi casa, y la razón por la que estás desnuda, la puedes ver a tu lado—.
—¡!
¡¿Por qué hay una mujer en ese tubo con líquido amarillento?!—.
—Para poder venir conmigo, tu antiguo cuerpo fue descartado…—.
—Eh, ah, mm, veo…—.
Terminando la charla abruptamente, solo se escuchó el sonido de la tela contra el cabello de Rinka para que un nuevo sonido se escuchara y el cilindro de cristal absorbiera el líquido amarillento y el cuerpo de Sayaka cayera y fuera tomada en un abrazo de princesa.
—Mm-mmm….
¡Aaaaaaaah!, ¡¡¡due-duele!!—.
—¡Deja de dar tantas vueltas, Yami!—.
Regañando a Yami que se detuvo de dar vueltas, volvió su mirada a Sayaka que había quedado boca abajo al caerse, pudiendo ver la espalda desnuda.
—Mm… ¿Dónde estoy?, ¿Por porque estoy desnuda y mojada?—.
—Toma esto y deja de moverte si no quieres caerte de nuevo—.
—… Tú-tú—.
—¿A quién más esperabas?—.
Riendo, Javier envolvió el cuerpo de Sayaka en una pequeña toalla haciendo que la carne suave como la del pescado al vapor no pudiera ser cubierta derramándose, en especial los pechos exuberantes del tamaño de una sandía, seguido por una cadera anchas junto a un trasero travieso y unas largas piernas donde los muslos regordetes no podían caber dejando al descubierto el estómago y el vientre plano.
—Cumplí mi promesa, tu cuerpo está sano como cualquier jovencita de tu edad sin vida sexual—.
—… gracias—.
Dijo agachando la cabeza, dejando caer una lágrima que llevaba todas sus penumbras.
—Oye, Javier Onii-chan—.
—Dime—.
—¿Quiénes son estas dos Onee-san?—.
—La que está distraída y sigue dando vueltas es Yami Zhoray.
Ahora preséntate como es debido—.
—… tengo que hacerlo—.
—Es tu decisión, pero quién sabe qué pasaría sí—.
—¡Lo entiendo!… no eres diferente a ellos… Me llamó Akimiya Sayaka, tengo 16 años… fui, salvada por Javier de convertirse en una bolsa de semen… de toda la escuela—.
Mordiéndose los labios por la vergüenza que estaba pasando ante dos desconocidas, le lanzó una mirada de resentimiento y de venganza, pero Javier solo subió los hombros.
—Ooooh, me toca♫.
Rinka Okino tengo… 11 años, en múltiples ocasiones los viejos quisieron violarme, pero Javier Onii-chan me salvó de ser convertida en el masturbador de ancianos—.
—¡!—.
—Me consta, ahora me toca—.
Levantándose, puso las manos en la cintura para presentarse de forma heroica.
—Me llamo Javier Valderrama, tengo 30 años, pero ahora mi apariencia es de un chico de 17.
Soy el Dios hentai, ¡adoradme masturbarse ante mí!—.
Aplauso —Jejeje♫, qué divertido es Javier Onii-chan♫—.
—No puedo creer que haya sido arrastrada por ese pervertido—.
—Gracias por los elogios, Saya♫♫—.
—¡Waaa!, ¿dónde estás tocando?, ¡degenerado!—.
Aprovechando cuando estaba indefensa, Javier la abrazó por la espalda, agarrando desde la base de las tetas, levantándolas.
—Guau, son más pesadas de lo que aparentan♫♫.
Pero esta suavidad es como la cera caliente—.
—Ah♡, es-espera♡, qué pasa con esas manos♡♡, detente♡—.
—¿Quién piensas que soy?—.
—Un pervertido, lujurioso, degenerado uuuu♡♡—.
Estremeciéndose al momento en que puso más fuerza en el agarre, algo que haría que una mujer gimiera, pero de dolor y no de placer, como lo estaba sintiendo Sayaka.
—Gracias por los cumplidos, ‘lamer’—.
—Iuuu♡—.
—Jejeje, qué lindo sonido dejaste escapar, así que tu nuca es sensible♫—.
“To-tonto♡… abusador♡—.
Rinka que veía de primera mano como Javier, hacía estremecer de lujuria a Sayaka, al burlarse de los grandes pechos sin tocar los pezones erectos de color salmón.
Tocándose los diminutos pechos que aún no han crecido, Rinka sonríe con embriaguez perversa.
—Nee, Javier Onii-chan porque solo atacas a la Onee-chan, Rinka se siente sola—.
—Ah♡, aha♡, mmm♡, ¿qué haces mmm♡♡?—.
—¡!
♫♫—.
Sayaka quedando en un estado de placer al solo ser molesta por debajo de su pecho como le daba la gana a Javier, sus regordetes muslos se restregaban, sintiendo cómo le comenzaba a picar el coño.
Rinka que con la poca movilidad que tenía, se desajustó la toalla revelando su delicado cuerpo y sus diminutos pechos mientras tapaba su entrepierna, dándole una vista lasciva.
—nimimsiumiumd—.
—¡!—.
—ue♡…—.
—Oh, la otra Onee-chan—.
Solo percatándose de Yami cuando gruñó, Akimiya sintiendo que el agarre en sus tetas se afloja y con la poca fuerza de su cuerpo, se echó a correr en cuatro a lado de Rinka.
Javier tenía mucho que decir al ver moverse el trasero de un lado a otro como si lo estuviera invitado, que la molestara tosió para traer la serenidad al lugar.
—Cof, dejemos esto para otro momento.
Es hora de explicar algunas cosas que necesitan saber—.
Dijo mientras miraba cómo se acomodan las toallas alrededor de sus cuerpos.
—Este mundo no es muy diferente al Japón como conocen.
Pero hay ciertas divergencias en algunos puntos en la historia que no representan ningún problema.
La tecnología está un poco más avanzada que en su mundo, pero nada fuera de este mundo, al igual que algunos nuevos recursos energéticos.
Otro punto, en especial, el nuestro, es que somos familia—.
—¡Ah!—.
—¿A qué te refieres con la familia Javier Onii-chan?—.
—Ya esperaba su reacción, así que vean esto—.
Apareció una pantalla que dividió a Javier, por un lado, y por el otro Rinka y Sayaka.
Mostrando rastros en un accidente de avión, la lista de nombres que fallecieron y documentos que validan que eran familia.
—Estás diciendo que tú eres nuestro primo.
Pero como hiciste para poner semejante historia, ¡no me digas que tú!—.
—¡No!, puedo ser un pervertido, pero hasta ahí llegó.
Nunca mataría a gente inocente para cubrir nuestra procedencia, ¿quién piensa que soy?—.
—Un degenerado lujurioso—.
—Un maleante pervertido Onii-chan—.
—Ugh, saben que sus elogios no las llevarán a ningún lado, jejeje♫♫—.
Siendo la primera vez que no sabían cómo sobrellevar a una persona, dejaron atrás esos pensamientos al ver a Javier ponerse serio.
—Este fue un accidente de hace un año, solo puse algo por allí, otra por allá y aquí estamos.
Mi madre es una japonesa Kyoko Valderrama y mi padre es un británico Arvel Valderrama.
Mi padre tiene una agencia de modelos, mi madre es cosmetóloga.
Mi tía Masako Okino y su esposo Koji Okino, viajaron ese día como una segunda luna de miel—.
—Ya-ya veo….
Desde ahora soy la hermana mayor de Rinka-chan—.
—Ehehehe, un gusto, Sayaka Nee-chan—.
Asintiendo al ver que se lo habían tomado bien Sayaka y Rinka por su nueva familia, siguió explicando.
—Al perder a mis padres, decidí emanciparme y vender las acciones de la agencia de modelos, decidiendo vivir en Japón junto con mis primas.
Esa es la historia oficial, pero ustedes ya saben la verdad y espero que eso solo quede en nosotros tres—.
—No hay que preocuparse, Javier Onii-chan, Rinka sabe guardar secretos—.
Dijo Rinka sacando el pecho.
—Uuuh, por mi parte no se lo diré a nadie—.
—Bien—.
—Por cierto, ¿por qué te haces pasar por un adolescente?—.
—Quiero disfrutar de la escuela una vez más, no es obvio—.
—Mmmm, ehehe, seguro lo que Javier Onii-chan busca es a las chicas inocentes para hacerles caer en sus garras, ‘gruñido’♡ Onii-chan malo♫♫—.
—Ehehe—.
Riendo que no puedo negar un hecho innegable, Sayaka dejó escapar un profundo suspiro ante el comportamiento juguetón.
—Hay muchas cosas que quiero decir, pero las dejaré para otro momento.
¿Para qué nos necesitas, en primer lugar, ¿no eres un ser altruista?
Si dices ser el Dios hentai, puedes agarrar a cualquier mujer que te encuentres en la calle, ¿así que por qué tomarte la molestia con nosotras?—.
—Fue un capricho, salvarse de ser una esclava de las pollas y drogas es un simple capricho que quise tomarme, ya que tienes un cuerpazo y una actitud excelente en todos los sentidos.
Lo mismo iba a hacer para Rinka, pero mientras más interactuaba con ella, me hizo darme cuenta de una hermana pequeña que nunca pude ver crecer al morir y convertirse en el Dios hentai… Contenta con la respuesta—.
—Más o menos.
¿Y qué dices de ella?—.
—… Ammm, mmmm, se puede decir que es el propietario original del terreno que compré—.
—¡Ah!, podrías hablar claro—.
—No es como dije, antes ella era una entidad oscura que maldecía para llevarte a la muerte a todo el que tuviera sus tierras, pero la domestiqué, y construir su cuerpo con el ideal de mujer que quiero, ¡no creen que es perfecta!—.
—¡!—.
Recibiendo una patada en el cuello que lo mandó al suelo, Javier rápidamente retrocede hasta Sayaka escondiéndose en su espalda y decir.
—Bueno, hay que enseñarle lo básico de la vida y modales, ahora es salvaje.
Se los dejo a ustedes—.
—Aaah—.
—¡No quiero!, esa onee-chan da miedo, yo no quiero hacerlo, Javier Onii-chan, sus ojos parecen huecos y eso me da escalofríos—.
—Ehhh, no digas eso, ambas son chicas, las chicas no están para apoyarse—.
—¡No digas tonterías solo porque no puedes controlarlas!.
Una persona normal moriría por el cuello roto por esa patada—.
—Eso, eso, díselo Onee-chan—.
—… Fight—.
—¡Qué fight!, tu Dios zopenco—.
—Uhg, niu yas gigas (no las mejillas)—.
—Aaaaah, además porque ella tiene ropa de sirvienta y nosotras unas toallas—.
—Bueno, jejeje♡♡—.
—Buuuuu, la cabeza de Javier Onii-chan, solo tiene pensamientos cochinos.
Aaaah, no se puede evitar, sí, si Javier Onii-chan no puede contenerse, Rinka sacrificará su cuerpo—.
—Ya deja de jugar, ahora danos ropa para vestirnos o piensas mantenernos desnudas—.
—Hmph, aunque lo decía en serio—.
Pasando desapercibido el murmullo de Rinka, Javier que estaba siendo presionada por una abogada Sayaka, entre sus ojos serios y molestos o una profunda grieta al abismo que no era capaz de contener la toalla.
—Deja de ver mis pechos—.
—Duele, duele, no gales mi oreja….
Mmmm, toma—.
—Solo esto—.
—Ja, pensaba darte ropa interior, pero cambié de idea.
Ahora si deseas más ropa, puedes arrodillarte y suplicar por ella—.
—…—.
Teniendo uso de razón en lo que implicaba que se rebajara ante Javier, que ordenaba con prepotencia, se dio la vuelta y se puso la camisa que le quedaba un poco grande, pero no lo suficiente para que le cubriera quedando como una minifalda.
Sayaka al instante quiso envolver la toalla en su cintura, pero desapareció y se volvió a ver a Javier que se hacía el loco.
—¿Qué?—.
—Eres un…—.
—Si no hay pruebas, no puedes culparme♫.
Mira a Rinka no parece afectar—.
—…
a ella le queda como bata, claro que no se quejaría—.
—Entonces culpa a tu cuerpo—.
—¡!—.
Llegando a un límite que no pensaba que tenía, también la mano Sayaka intentando cachetear a Javier, pero Rinka le tomó la mano.
—No te enojes, Sasa Nee-chan caerás en su juego si lo haces—.
—… wuuuuu, tienes razón.
¿Qué es eso de Sasa?—.
—Bueno, ya que seremos hermanas, pensé en llamarte sasa Nee-chan a partir de ahora, ¿te gusta?♫—.
—Me gusta, ¿puedo llamarte Rin Rin-chan?—.
—Rin Rin♫♫, me gusta cómo suena—.
—Necesitas algo—.
Seca, al dirigirse a Javier, que parecía esperar algo que finalmente era entendible, Rinka le respondió con una sonrisa.
—Jejeje, qué cosas esperas, Javier Onii-chan.
Si Javier Onii-chan es simplemente Javier Onii-chan, no hay más que eso, que travieso en esperar algo de nosotras—.
Divirtiéndose, pero al mismo tiempo no quedó con la boca abierta Javier al ver que todo no salió como se esperaba.
—Cof, bueno, ya terminamos aquí.
Es momento de salir del sótano y mostrarle dónde vivirán de ahora en adelante—.
—Espera un momento, ¿cómo piensas que lo haremos si aún no podemos movernos muy bien?—.
—Tiene razón, Sasa onee-chan, de la cintura para abajo, la ciento toda entumecida, al igual que todo un día de pasión con la recompensa de un cálido, lechoso y espeso♡♡, nya—.
—Ugh, Rin Rin-chan, podrías dejar de hablar así, eres una niña, recuerdas—.
—Siii, Sasa onee-chan—.
—Si quieres hablar con doble sentido, solo cuando con alguien de confianza o en familia, en eso tiene razón Saya-chan—.
—¿Por qué me pones diminutivos como una niña pequeña?—.
—…
Bien, vámonos, Saya-chan, Rinka-chan—.
—¡No trates de evitar el tema!—.
Queriéndose salir con las suyas, Javier toca la cabeza de ambas chicas y su cuerpo comienza a brillar levemente.
—¿Se siente tan fresco?—.
—¿Qué fue lo que hiciste, Javier Onii-chan?—.
—Es un simple hechizo de limpieza, con eso los olores y suicidarse se eliminarán, pero no puede eliminar la sensación al bañarse—.
Brillándole los ojos a ambas, al encontrar algo tan maravilloso como quitar los olores y suciedad, algo que muchas mujeres, desde que tienen la percepción de su propio cuerpo, matarían por tener.
—¡Vamos, Yami!—.
Yami que fue llamada, se levantó del asiento, caminando de forma rígida y torpe ante Javier y detrás de él Rinka y Sayaka que se ayudaban a levantarse mutuamente al sentir el entumecimiento en sus cuerpos.
Liderando el camino, Javier, este por conciencia, movió el espacio para acercarse a unos pocos metros de la puerta, ya que no podía hacer que caminaran varios kilómetros.
—¿Están ustedes dos bien?, ya se están recuperando—.
—Estamos bien, todavía es un poco difícil—.
—No tenemos problemas—.
Sonriendo un poco, evitando que preguntara más y una respuesta contundente de Sayaka, Javier les dio la espalda a ambas chicas que comenzaron a charlar.
—… ¿Qué piensas hacer de ahora en adelante?—.
—Mmm, no hay por qué preguntar, me quedaré al lado de Javier Onii-chan—.
—Sabes que es peligroso eso—.
—Tú pareces no entenderlo, Sasa Nee-chan, no te encierres en el prejuicio de los hombres que nos atacaron, Javier Onii-chan puede ser un sinvergüenza mujeriego, pero es buena persona y te ayudará—.
—Sabes que eso no me deja nada segura, lo que me provoca que quiera irme de aquí—.
—Jejeje, puede ser que para niñas como nosotras, lo más peligroso estar cerca de ese tipo de persona, pero si lo miras del lado opuesto, no hay nada que temer si ya sabemos cómo es.
Muy diferente a la gente de la calle que nunca hemos conocido—.
—Ugh, me pregunto quién es la mayor y quién la menor—.
—Ehehehe, piensas mucho Sasa Nee-chan—.
—Puede ser—.
—Disculpen por interrumpir su plática, pero podemos retomar lo que dejamos antes—.
—¿A qué te refieres?—.
En guardia contra Javier, Rinka deja caer sus hombros y negó con desgana al ver el comportamiento arisco de Sayaka aunque sea una persona gentil.
—A Yami, quiero que ustedes dos les enseñen los modales y cosas de mujeres.
Ya saben—.
—Por ¡!…—.
—¡!—.
—¡!…
¡Yami deja de golpear la puerta que no tuvo la culpa!—.
Grito Javier acercándose a una Yami enfurecida, dándole patadas a la puerta en múltiples ocasiones, pero que no dejaba ningún rasguño en ella.
—Quieta, déjame verte… Es un rasguño.
Sana, sana, culito de rana, si no sanas hoy, el dios hentai lo lamerá—.
—Momoanmomvom—.
No haciendo caso al gruñido de Yami, Javier limpió la sangre con su pañuelo de la frente y nariz de Yami.
Curándose el rasguño en la piel clara como la nieve virgen, sin dejar rastro del daño.
Javier se volteó para decirle algo a Sayaka y Rinka, se agacha y, como si una viga de hierro se hubiera soltado de un péndulo, lo esquiva y agarra la pierna de Yami que intentaba darle una patada ascendente a la cabeza.
—Tuuuuu, deja de enojarte por cosas que no tengo la culpa.
En primer lugar, eso de cruzar paredes, ya no puedes hacerlo, ya que no era una entidad; en segunda, no tengo por qué soportar, que quieras resolver todo lo que no te gusta con violencia….
Ahora sé una buena chica y espera… ¿Quieren?…—.
—…—.
—…—.
Ambas negándose moviendo la cabeza varias veces, Javier sintiendo un dolor de cabeza al comportamiento impredecible de Yami, dejando el tema.
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