Me convertí en el Dios hentai. ¿Y que? - Capítulo 30
- Inicio
- Todas las novelas
- Me convertí en el Dios hentai. ¿Y que?
- Capítulo 30 - Capítulo 30: Sabado 20 Abril (Isla Extrellada + Maldicion del pasado)
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 30: Sabado 20 Abril (Isla Extrellada + Maldicion del pasado)
Desde las sombras del mundo terrenal… tu mirada ha despertado algo.
¿Te atreves a seguir leyendo las escrituras de esta novela prohibida?
Entonces escucha bien, alma curiosa.
He abierto un templo digital en Ko-fi.
Con una simple ofrenda de $1 dólar, me ayudarás a invocar ilustraciones sagradas:
retratos auténticos de los seres que habitan esta historia.
Pero todo pacto merece recompensa:
Los fieles recibirán imágenes personalizadas, únicas… y tal vez, un secreto reservado solo para los elegidos.
[Haz tu ofrenda aquí]
—————
[Sábado 20 Abril 2028]{3:56 AM}[Mansión Valderrama]
Apagando el motor, Javier miró a su linda copiloto dormida.
—Mm—.
Gimiendo en un tono bajo al no ser una cama cómoda, Javier, a punto de despertarla, desapareció no sorprendiéndole. Revisó la mansión donde todos estaban durmiendo y a una Yami dormida, ya en su cómoda cama.
—Hmph, no creo poder dormir cuando tenga todas estas ideas en la cabeza—.
Dijo rascándose la cabeza, mientras sonreía de la emoción que recorría su cuerpo, igual que un huracán.
Desapareciendo frente de la mansión, Javier aparece al lado de la fuente y una sonrisa de oreja a oreja que no podía ser ocultada aún por la oscuridad, murmuró.
—Mi propia fuente de cristal, uuuuu, ¡es hora de sacarle provecho!—.
Plop, Plop.
Metiéndose en la fuente que podría matar al mago más poderoso de la era moderna, por su concentración de maná. Javier, sin zapatos y arremangándose el pantalón, caminaba alrededor de la fuente mientras pensaba en algo.
Encendido un pequeño fuego en la punta del dedo, lo mueve de una forma lenta. Con su llama rosa clara, runas del tamaño de un frijol comenzaron a crearse. Serio que no mostraba fácilmente a los demás, cinco runas habían sido creadas por Javier, no eran sencillas, como a simple vista parecían.
Cada una contenía una torre hecha de mármol rosa claro; en la primera habitación, había miles de runas del tamaño de un grano de arena con el poder de un volcán.
En el segundo piso, las runas crecieron unos pocos milímetros. La única diferencia del primero del segundo fue su único tipo de runa. Si la primera habitación tenía poder de una supernova, la segunda era una red sin poder que al formarse llegaba hasta la cuarta habitación de la torre.
La tercera habitación, a su vez diferente de la primera a la segunda, no contenía alguna runa, estaba vacía, pero a los ojos de un Dios esta habitación era el núcleo y pilar de la misma runa.
En la última habitación de la torre, había una sola runa gris que crecía a la misma proporción de la recámara y se volvía tan pequeña como una molécula, a su vez creaba una resonancia que las cinco runas, compartían.
—Fuu, sude un poco, ¿mm?. Puedo decir que con mi nivel de entendimiento de runas, es perfecto, pero todavía me falta, pero no sé qué es. Bueno, no puedo hacer mucho, cuando no sé, es que no sé, y no creo que algún Dios de mi círculo me ayude—.
Después de dar un vistazo y secar el sudor de la frente, Javier chasqueó sus dedos. Volviendo a concentrarse, esta vez dejando ver una seriedad más profunda, extiende sus dos manos encima y debajo de las cinco runas secundarias que las controlaba por cada dedo, mientras la otra mano la envolvió en llamas rosas.
¡Crack!
Sonando la fractura del espacio, una delgada línea, como la de un gusano, desapareció como volvió a aparecer encima del fuego rosa, y pronto una sola runa del tamaño de un puño de un adulto apareció.
Apagando el fuego que había dado creación a la runa principal, Javier mira detenidamente la capa de la runa dentro de la runa principal. Se conformaban cuatrocientas runas del tamaño de un meñique y dentro de ellas, seiscientas runas más pequeñas conformaban estas runas.
Para un mago rúnico, las runas que había hecho Javier, eran prehistóricas; inhóspitas, poderosas y peligrosas. Pero para los que buscan conocimientos, la sola idea de entender un tercio de estas runas, era más apetecible que su propia vida.
—El último toque y mi primera creación estará más que lista—.
Murmuró en un tono grave-feliz.
La primera creación. El peso de esas palabras eran pesadas, igual el firmamento de mundos, no se podía comparar. Javier entendió eso instintivamente. Mientras miraba frente de él a la runa principal con las cinco secundarias flotando alrededor, extendió su mano, y como si fuera mantequilla, la dimensión fue traspasada.
Desapareciendo su antebrazo por encima del codo, al sentir que había tomado lo que quería, devolvió su brazo de la dimensión y en su mano, un puñado de tierra.
—Es suficiente, es hora de comenzar—.
Se lo dijo a él mismo, antes de poner el puñado de arena, encima de la matriz y tirarla. Pronto, como la formación de runa sintió la arena, comenzó a succionar activamente. Minutos, segundos y la tierra aún caía como cascada. Pronto pasó media hora y la cascada de tierra cesó de la mano de Javier.
—Je… jejeje, jajajajajajaja, ¡lo hice!, ¡Lo logré!, Jajajajajaja, ¡¡Sí!!—.
Gritando por su logro, primer logro, saltó, río como un loco, nadie podía detener su alegría ni nadie podía entenderla. Frente a Javier había una isla flotante con una dimensión de 120×120.
En medio de la pequeña isla una montaña, elevaciones y llanuras, a los bordes de la isla escarpados, haciendo que caiga rocas, pero antes que tocara la brumosa niebla proveniente de la fuente de maná que los aplastaría hasta los átomos, la piedra flotó alrededor de la isla, teniendo su propio campo gravitatorio.
[Isla del cielo estrellado]
—Cof, cof, e-esto es un resultado esperado, después de todo soy un Dios. A diferencia de los mendigos de baja clase, mi poder y conocimiento, esto no es nada—.
Lleno de sí mismo, con una pose de sabio, rascándose una barba imaginaria y la otra mano detrás de la espalda. Javier, no pudiendo ocultar la sonrisa en sus labios, los primeros rayos del sol iluminaron el cielo, teniendo que cubrirse un momento los ojos.
—¿Ya es de mañana?. Tan rápido pasó el tiempo, tendré que arreglarme para ir más tarde a la cita de estudio con Sekai y Setsuna.
Teniendo una agenda en su memoria de lo que haría hoy, Javier no pudo apartar su mirada a la isla que creó, mientras miraba cómo la matriz de runas hacían su trabajo automático, absorbiendo toda la niebla insustancial, que gracias a la formación que había puesto. La energía se había concentrado sin derramarse. Pequeñas gotas de la fuente comenzaron a subir lentamente, si una persona normal simple diría que estaba lloviendo sobre el estanque.
Al instante, una pequeña luz de color del cielo, al amanecer, parpadeó en las faldas de la montaña, y de pronto otra pequeña luz parpadeó de un color zafiro azulado, en las zonas montañosas que tan pronto toda la isla parpadea igual que el cielo estrellado.
—Bonito—.
—¡Shio!, eh, Asahi, también Sasa-chan y Rinka-chan, ¿qué hacen aquí afuera?—.
Sorprendido por las llegadas de las chicas y Asahi, Javier apenas se dio cuenta de que toda su atención estaba en la isla, habiendo pasado por alto todo lo demás.
—Dices eso ahora, ya hemos terminado de correr—.
—Javier Onii-chan, ¿cómo hiciste eso?. ¿Es una isla flotante?—.
—¡Brilla, brilla!, muy bonito… ¡guay!—.
—Quieta ahí, es peligroso acercarse mucho a la fuente, aunque se vea bonito—.
Tomando a Shio por las axilas, mientras la deja aún un lado de Asahi, no respondió a las preguntas de Rinka ni al comentario de Sayaka. Si no que, cerró herméticamente la fuente y puso una nueva formación de espejismo, haciendo que la isla desapareciera y pareciera una fuente normal.
—¿Qué hora serán?—.
Murmuró para tener una respuesta inmediata de Sayaka con su reloj de mano.
—6: 32 Am, y por lo que veo sigues con la misma ropa, ¿no fuiste a dormir?—.
—No, ayer fui a un sitio con Yami…—.
—¡Y no me llevaste!, eres un mal Onii-chan—.
Haciendo pucheros Rinka que la hacían ver más linda mientras expresaba enojo, Javier le sobó un poco el cabello.
—No puedo hacer nada, ninguna de ustedes puede ingresar hasta que comiencen su formación para ser magas—.
—¿Mm?, mago, te refieres como esa chica—.
—Más o menos, comenzaría esta misma mañana, pero tengo una cita de estudio con los miembros de mi club de astronomía, y ustedes tienen que ir de compras—.
—Tienes toda la razón, Javier Onii-chan, hoy vamos a ir a las tiendas de ropa para Shio-chan, Yuuna-san y Asahi-kun—.
—A todo esto, Asahi no estás muy silencioso hoy, pasa algo—.
—Nada… solo que ahora si parecías un Dios de verdad—.
—Jejejeje, claro que soy un Dios de verdad—.
—Un dios pervertido—.
—… dejando aún lado esas pequeñeces Sasa-chan… ¿Pasa algo, Shio?—.
—Ne, ne, Oyi-nii-san, ¿por qué Shio no puede acercarse a la fuente?—.
Curiosa como cualquier niño de la edad de Shio, y aún más siendo las primeras cosas que experimenta haciendo que los claros ojos azules, brillen con la misma intensidad que las estrellas.
—…—.
Actuando serio, Javier se inclina y susurra al oído de Shio, haciendo que las demás se acercan curiosas.
—La fuente es muy bonita, no—.
—Sí, brilla muchísimo—.
—Pero la fuente también es peligrosa—.
—¿Por qué?—.
Javier, observando a las dos metiches, se separó un poco de Shio y habló normalmente.
—El contenido de esta fuente es, ¡muy peligroso!, pero, para que no haya accidentes, puse una gran barrera alrededor de la fuente—.
Señaló la fuente, mientras agarraba con la otra mano una piedra y la lanza sin mucha fuerza, esta solo rebotó y cayó.
—¡Ooooo!, Shio también quiere hacerlo—.
—Toma—.
—¡Ei!—.
Lanzándose de una forma infantil y linda, la piedra rebota como antes.
—¡Ooooo!, ¡otra vez, otra vez!, puedo—.
—Hasta que te aburras—.
—¡Gracias oyi-nii-san!—.
—Aunque preferiría que me llamaras por mi nombre que por ese extraño apodo—.
—… ¿apodo?—.
Terminando de lanzar otra piedra, Shio inclina un poco la cabeza sin entender a qué se refería Javier.
—El apodo, es como me llamas Oyi-nii-san, preferiría que me llamaras Javier—.
—…—.
—…—.
Pareciendo más interesante tirar piedra y ver cómo rebota, Javier esperó mientras miraba cómo se unían a la diversión Sayaka y Rinka y un indeciso Asahi si tirar no la piedra, hasta que la arrojó y se unió a la diversión.
—Javier… kun—.
—Jejejeje—.
Riéndose como un tonto, Javier simplemente se sentó a un lado, descansando mientras miraba cómo se divertían. Ya no lanzaban piedras, sino arrojándose a la barrera y esta simplemente las hacía rebotar.
—Javier-kun—.
—…—.
—Neee—.
—Si dime, Shio, me llamaste—.
—Sí, Shio quiere preguntarte algo, muy, ¡muy!, importante—.
Con movimientos infantiles que hacían que Javier sonriera al verla, se sentó de frente con una expresión seria pero muy linda.
—¿Javier-kun, es Kami-sama?—.
—Así es—.
—En la enorme pantalla salió que los Kami-sama cumplen muchos deseos, de muchas personas, Shio tiene muchos deseos—.
—En serio, vamos, déjame escuchar tus deseos, Shio—.
—… ¡Quiero que el frasco de mami se repare y no esté vacío, quiero llenarla con muchos dulces!—.
—No puedo cumplir ese deseo—.
—…—.
Helada por la respuesta de Javier, las lágrimas comienzan a bajar por las mejillas.
—¿P-por qué lloras?—.
—M-mentiroso, ¡mentiroso, dijiste que podías cumplir cualquier deseo!—.
—Y la palabra de un Dios es sagrada—.
—¿Entonces, por qué?… d-detente, no revuelves el cabello de Shio, mi mami me peino—.
Exigió mientras intentaba apartar la mano de Javier, para que a lo lejos la voz de Yuuna se escuchara.
—¡Chicos, la comida ya está servida, apúrense antes de que se enfríe!—.
—Mírala, no crees que su frasco se ha reparado mucho en este poco tiempo, que llegaron—.
—…—.
Levantando la mirada, sus ojos encuentran la pequeña figura a la distancia de Yuuna. En un espacio negro, Shio tiene en sus manos un frasco que pronto se rompería si le dabas mucha presión.
—Vez, observa detenidamente esta grieta—.
—E-está, ¡se está reparando!—.
—Sí, por eso, no puedo cumplir tu deseo, ya que, lo estoy cumpliendo desde la primera vez que nos conocimos—.
Sorprendida Shio, mira hacia atrás un espacio único para ella, pero no ve a nadie. Pronto la conciencia de Shio vuelve a la realidad, notando que la estaban cargando.
Javier, tomando el pequeño cuerpo de Shio, sentándola en su hombro, camina a la mansión, mientras limpia las pocas lágrimas que quedaban en sus párpados.
—Te lo prometí—.
—S-sí—.
—¿Ahora dime tu deseo, Shio?—.
—D-deseo… no tengo ninguno—
—Eso no puede dejar pasar, Shio dijo que tenía muchos deseos—.
—… Shio quiere que todos sean felices y nunca estén tristes. Quiero que todos coman comida deliciosa, y muchos dulces que los llenen de felicidad—.
Dejando en claro su deseo con una voz decidida, Javier se ríe, ante el pequeño deseo de Shio.
—Tu deseo ha sido escuchado, haré lo mejor posible para que nunca estén tristes—.
—Jejejeje—.
Riendo Shio, abraza de repente la cabeza de Javier, sorprendiendo a más de uno, pero el más afectado, no por las acciones de Shio, sino por sus palabras, lloraba.
—Hic, hic, lo siento, lo siento, no poder ayudarte, guuuu—.
—Vamos, eres un hombrecito grande para que llores—.
—Déjalo, Rinrin-chan—.
—Solo estoy diciendo la verdad—.
—No me importa que te burles de mí, ni tampoco me han dolido los golpes que recibía de él, pero las palabras de Shio, Hic, me duelen más que cualquier golpe que me hayan dado—.
Mirando a la distancia, Sayaka recordando un poco de su pasado, pudo entender en cierta forma lo que quería decir Asahi. Poniendo una mano en el hombro de Asahi, Sayaka con una expresión seria le aconseja.
—No dejes que tu pasado te afecté, puede parecer duro al principio, pero pronto lo superarás mientras estés con tu amada familia—.
—Je, y lo dices precisamente tú—.
—… ¡Cállate!, que no es contigo. Vamos Asahi, Yuuna-san nos espera para comer—.
Sayaka aunque entendía que muchas cosas no podían evitarse, el comentario de Rinka era como un puñal a su autoestima.
—No te enojes, Saya-chan, fue una simple broma—.
—Broma de mal gusto cuando sabes lo que se siente, además, ¿qué es eso de Saya-chan?—.
—¿Qué más, tu apodo? Pensé que Sasa Nee-chan es demasiado largo, lo acorté con, Saya-chan, ¿te gusta—.
—Sin comentario—.
—No te gusta, entiendo, igual te diré, Saya-chan—.
Con buen humor, a diferencia de Sayaka, Rinka se acercaba a la mansión con saltitos, mostrando su estado de ánimo.
—… Hee, qué lindo—.
Escuchando una melodiosa voz que provenía de la terraza, el aire frío sacudió el lacio pelo mostaza, haciendo que arreglara los mechones detrás de la oreja de una forma suave. Javier, si mirara hacia arriba, vería a Yami con una gracia natural llena de madurez y sexualidad. El habitual traje de maids que siempre usaba, parecía ceñirse más al cuerpo mostrando las curvas. Sus ojos, que siempre mostraban ingenuidad, ya no estaban, eran reemplazados por una mirada fría y calculadora.
—La familia está creciendo muy bien, pero es muy poca. Tampoco hay rastros, ¿no tiene el artefacto?, el mana, está muy diluido, jejeje, la situación es muy divertida, me gusta. Se puede solucionar, pero él tiene un grave problema que puede que muera antes de este año—.
Atrapando en sus iris heterocromáticos de color cian y negro, la imagen de un hombre sonriendo y una niña sentada en su brazo riéndose mientras hablaban, esos ojos calculares y fríos cambiaron a una coqueta y manipuladora mirada.
—¡Yami-chan, estás aquí!—.
Yuuna apareciendo en la terraza, mira a los alrededores antes de atrapar a una Yami, escribiendo algo en su cuaderno.
—Yami-chan, la comida ya está lista—.
…[Voy, habrá helado con chispas de chocolate.]
Respondió con el cuaderno hacia delante para que lo leyera Yuuna. Desapareciendo cualquier actitud anterior como si nunca hubiera existido en primer lugar.
—El señor Javier te retará si pides eso antes de desayunar—.
—Jejeje—.
—Estás un poco diferente hoy, Yami, ¿pasó algo bueno?—.
—…—.
No entendiendo a qué venía la pregunta, Yami ladeó un poco la cabeza, mostrando su inocencia particular igual a la de Shio.
Yuuna no teniendo nada tampoco, toma la mano de Yami jalándola hacia el comedor donde todos esperaban para comer.
——————
Pasadas las horas, todos habían terminado de comer, dejando a Shio y Yuuna solas en la sala de estudio.
Preparada para que todos hicieran los deberes o leyeran algún libro, Asahi se levantó desde otra mesa trayendo su cuaderno.
—Mami, ¿puedes ayudarme en este problema?—.
—Enseguida te ayudo, estoy revisando la tarea de Shio—.
—…—.
Shio que miraba toda sonriente de cómo es su nueva vida, columpiaba las piernas mientras esperaba que terminara Yuuna de revisar su tarea que no tardó.
—Todo está bien, Shio as hecho un buen trabajo—.
—Hehehehe, Shio hizo su mejor esfuerzo para hacer la tarea… Iré a enseñarle a Javier-kun, mi tarea—.
—E-espera… se fue, esta niña, tiene que tener cuidado cuando corre, puede caerse—.
No pudiendo más que quejarse al imperativo de Shio, que no era una cosa mala para su edad, sino que lo veía de la mejor forma, Yuuna lo entendía y le parecía mucho mejor que se comporte de forma vivaz y alegre, igual que cualquier niño.
—Asahi, enséñame que quieres que te ayude—.
—Hm, esta comprobación de esta multiplicación no me sale—.
—Déjame ver… Ah, es aquí, multiplica, estás bien, pero no sumaste lo que llevabas, por eso la comprobación es errónea—.
—Ya veo, por eso no me salía, gracias, mami—.
Sentándose al lado de Yuuna que miraba cómo hacía la multiplicación y divisiones en los ejercicios que le dejó Javier, entra por la sala de descanso, Rinka.
—Ah, Yuuna-san, has visto a Yami Onee-chan. Javier Onii-chan me mandó para avisarle que se arregle para salir más tarde—.
—Creo que está en la cocina—.
—Hmmm, está comiendo helado a escondidas de nuevo—.
—No se lo puede impedir—.
—Bueno, es Yami Onee-chan, nadie puede impedírselo ni Javier Onii-chan, que ya lo sabe y por eso esconde todo helado en la mansión, para que no se lo coma toda sola—.
Riendo ambas, sabiendo del apetito voraz de Yami con respecto al helado, Yuuna recordó que Shio iba a buscar a Javier, preguntó Rinka que volvía a la sala de descanso.
—Por cierto, ¿dónde está el señor Javier?—.
—… Javier Onii-chan, si no me equivoco, iba a la bañera—.
¡Plash!
—… ¿mami?—.
Asahi no entendiendo lo que pasaba al estar concentrado resolviendo los ejercicios, miro la silla que se había caído hacia atrás.
—Aaah, parece que cometí un error. Asahi creo que debes ir rápidamente a la bañera—.
—¡¿Pasó algo?!—.
—Le dije que Javier estaba en la bañera, y que Shio iba a haberlo—.
Ansioso de inmediato, Asahi casi entendió el porqué Yuuna salió deprisa. No tenía tiempo de preocuparse por la cara de disculpa de Rinka, saliendo corriendo a alcanzar a Yuuna.
—Metí la pata y de la peor forma. Se me olvidó que Yuuna-san tiene ese trauma—.
En otra parte de la mansión, mientras dicha persona disfrutaba sumergirse hasta el cuello de agua caliente, negligente en su deber de Dios, la puerta se abrió.
—¡Javier-kun!—.
Entrando la pequeña figura de Shio, ignorando la privacidad de forma inocente, Javier desconcertado por la entrada de la pequeña, apareció una toalla en su mano que envolvió en la cadera para que Shio no viera algo que no debía.
—Shio es una sorpresa tenerte por aquí, se te ofrece algo—.
—¡Sí!, Shio hizo la tarea, y la hice solita—.
Sacando el pecho mientras actuaba infantilmente, de lo orgullosa que se sentía, Javier sonrió y se deslizó por el agua llegando hasta la orilla, donde Shio se arrodilló para dársela.
—… Jo, está muy bien hecha, felicidades, Shio—.
—Jejejeje—.
—Pero Shio, tienes que recordar nunca entrar al baño así, cuando alguien más lo ocupa—.
—No puedo entrar, ¿por qué?—.
Aun no entendiendo ciertas cosas de Shio sobre la privacidad al convivir con más personas que solo Yuuna, Javier devuelve el cuaderno a Shio, se da vuelta y señala la puerta.
—Shio te diste cuenta de una tablilla azulada frente a la puerta—.
—Sí, aunque Shio no entendió lo que decía, muy bien—.
—Era mi nombre, ya que estamos conviviendo las dos partes. puse esas tablillas que cambian de color y el nombre de quien abrió la puerta. Mira otra vez la puerta—.
Curiosa Shio, abre la puerta y mira como una tablilla rosa con el nombre de Shio y encima una azulada con el de Javier.
—¡Es mi nombre!, ¡puede leer mi nombre Javier-kun!—.
—Me alegro por ti. Ahora salgamos de la ducha. Shio, puedes esperar afuera—.
—Eeeh, ¿por qué?—.
—¿Por qué?, por qué tengo que vestirme y no puedo hacerlo delante de Shio—.
-Aunque la verdad sí puedo, y no me importa mucho que me vea, pero teniendo en cuenta el pasado de Yuuna, cualquier interacción inapropiada con Shio, para que las cosas sean difíciles.
—Ah, a Shio no le importa, me baño con mi mami siempre—.
Pensando que eso había convencido a Shio, Javier detuvo cualquier avance para salir del agua mientras miraba a Shio acercarse a la bañera.
—Javier-kun, sabes que Shio siempre quiso meterse en esta bañera grandísima, pero mami no me deja porque dice que es peligro para Shio—.
—¿Y a dónde llegamos con eso?—.
—Por eso puedo meterme contigo—.
Mostrando más emoción de lo normal, Javier como ser ¿humano, racional y moral?, para detener la intrusión infantil de Shio, le sonrió y se negó.
—No podemos, Shio, si Yuuna se entera se pondría furiosa, da miedo las mamás cuando se enojan—.
—No hay problemas, mami, está ayudando a Onii-chan con sus deberes. Shio puede meterse un momentito en la tina—.
—No, no, Shio aunque por muy infantil sea tu respuesta, está mal hacer esto—.
—¿Javier-kun, no quiere bañarse con Shio?—.
-Tiene razón, ¿por qué no?. ¿No veo problema? Tampoco me emociono por los cuerpos sin nada de curvas, de una niña sin encanto femenino-.
Y así como los pensamientos de Javier, respondieron que no era racional y moral, después de todo es un Dios Hentai.
—…—.
Shio pura en pensamiento e inocencia, que no tendría cuidado al encontrarse con un pervertido Lolicon, agarró el dobladillo de su blusa.
—¡Shio!—.
—¿M-mami?—.
—Guah, sabía que esto sucedería—.
Murmurando lo mejor que podía hacer Javier, miró a Shio que estaba a medio camino de sacarse su blusa, mostrando su ombligo y su pancita hasta las costillas, en la puerta estaba Yuuna un poco despeinada con la respiración agitada, después de correr desde la sala de estudio, a la bañera una distancia de casi dos cuadras.
—¡¿Qué estás haciendo?!—.
—Y-yo, yo—.
Sin siquiera pudiendo formar palabras, asustada de ver a Yuuna en un estado casi histérico si no ya lo estaba, bajo la cabeza. Pero eso no impidió que Yuuna se acercara agarrándola por los hombros y la sacudiera.
—¡Cuántas veces te he repetido que no hagas nada sin mi permiso, sabes lo peligroso que es andar por ahí sola… S-si nuestra pequeña luz se manchara…—.
—P-pero solo quería bañarme con Javier-kun—.
—…—.
Frunciendo el ceño ante el silencio de Yuuna, Javier miró directamente a los ojos en trance de Yuuna, solo para escuchar un crujido de algo rasgando.
El pequeño frasco de Yuuna se había rasgado completamente, solo faltaba un pequeño estímulo más y se rompería en cientos de pedazos. Shio que también se dio cuenta, intentó decir algo. Una sombra se acercó a su mejilla.
—… M-mami—.
—¿Qué estabas a punto de hacer?… Yuuna, ven conmigo, necesitamos hablar—.
Javier, que había agarrado el brazo de Yuuna impidiendo que cacheteara a Shio. Dándose cuenta, Yuuna como si perdiera la fuerza en su cuerpo, cayó en el mismo sitio con una mirada perdida. Shio en ese punto, con una mirada de súplica, miró hacia arriba.
—¡Sálvala!, ¡tienes que evitar que se rompa el frasco!, ¡si no, mi mami!…—.
—Te había hecho la promesa… no dejaré que eso pase, vendrás conmigo, Yuuna—.
Vestido como si nada, con una pantaloneta y una camisa sin mangas, sin ninguna gota de agua en su cuerpo, tocó el hombro de Yuuna cuando Asahi entró a la bañera.
—Maldito, ¡qué le piensas hacer a mi madre!—.
Malentendido Asahi al ver el estado de Yuuna y a una Shio con media blusa enrollada. Asahi saltó como leopardo, intentando patear a Javier sin importar las consecuencias.
Javier no interesando lo que tenía en la cabeza Asahi, desapareció junto con Yuuna.
—… ¡Ese desgraciado!, ¡sabía que con los adultos nunca se puede confiar!—.
—¡Te equivocas!, Javier-kun está intentando salvar a Mami—.
—¿Salvándola de qué?—.
—Su frasco está casi roto, todo por culpa de Shio. Shio, debió ser una buena niña y esperar, p-p-pero, ¡guuuuuuuua—!.
Llorando fuertemente Shio, Asahi ya no sabiendo qué pasaba, intentó consolar varias veces, pero todo fue inútil ante una desconsolada niña.
En la recámara principal, es decir, la habitación de Javier, está una Yuuna pérdida con la cabeza agachada, sentada al filo de la cama mientras Javier se sentaba frente de ella.
—Bien Yuuna. Comencemos con esta primera sesión, que debemos haber hecho antes. Hablemos, ¿cómo ves tu infancia, Yuuna?—.
Reaccionando a la voz de Javier, Yuuna con voz apagada comenzó a hablar mientras lloraba en silencio.
—F-feliz, muy feliz… En mi cumpleaños, mi mami me hacía pastel y yo la ayudaba a preparar. Mi padre me traía regalos lindos, me gustaban mucho—.
—¿Eras feliz con tus padres?, pero, ¿había algo que no te gustará?—.
—Nada, mi madre me escogía la ropa que usas y me gustaba. Mi padre escogía mi escuela, tampoco me desagradaba, era feliz. En ese pequeño mundo que construyeron mis padres, podía sentir su amor en sus acciones—.
—Entiendo… ¿Cómo fue?—.
Tomándole de las manos, Yuuna con su mirada perdida y sabiendo a qué se refería, habló lentamente.
—Era un día soleado, hacía un poco de calor, pero soplaba un viento fresco. Un día normal para mí. Salí de la escuela, estaba distraída, pensaba: ¿en mi futuro y cómo me veía?. Una pregunta que nos hizo el sensei, mi cabeza se sentía esponjosa, era un pensamiento añejo y expectativas de mi novio. Ahh, quería que sea gentil conmigo, que nos tomemos de las manos, que al salir de la escuela todavía nos amemos mucho más que en el pasado, nos casaríamos, estaría vistiendo un hermoso vestido blanco de novia y mi padre acompañándome al altar, era mi sueño, hay estaba mi mami feliz, que lloraba de la felicidad a su lado estaba mi padre, serio su rostro, pero con una mirada gentil, después que me casaría viviríamos los dos juntos, en una pequeña casa llena de felicidad, tendría un niño primero, pero también una niña estaría bien, jeje—.
—¿Y después?—.
—… D-después—.
Temblándole la voz a Yuuna, su cuerpo se contrae y sujeta firmemente las manos de Javier que no dejaban de temblar.
—Choqué con alguien, solo fue un roce. Me disculpé enseguida, no pensé que ese día cambiaría todo mi mundo—.
E-ese hombre, con una c-cara a-aterradora, me llevó a una casa abandonada, me hizo desnudar y vertió dentro mío; ese día mi mundo feliz se destruyó. E-el hombre aterrador se fue enseguida, despierta sin creer lo que pasaba regrese a la casa como si no hubiera pasado nada, me duche durante una hora, limpiaba lo que me hizo mientras lloraba en silencio para no preocupar a mis padres, esa noche no dormí y apenas tenía apetito para comer, pero comí sin saborear nada para que no sospecharan mis padres.
Seguí mi vida lo más normal posible, nunca más pase por esa calle tomaba el camino largo, no quería encontrármelo, el mes pasó y no llegó, no le di mucha importancia ya había pasado algunas veces, pero nunca llegó, el mes siguiente tampoco, hay fue cuando noté que mi vientre comenzaba abultarse, tenía náuseas y quería vomitar la comida, pero me las arregle para ocultarle a todo el mundo, pero los días seguían y cada mes mi estómago crecía, al punto donde la falda de mi uniforme ya no abrochaba, mis padres ya se habían dado cuenta, me forzaron a recordar lo que paso ese día, llorando mi madre me abrazo consolándome y diciéndome, ¿por qué no les conté a tiempo?, ese día llore con mi madre en sus brazos y mi padre furioso fue a buscar al chico, al siguiente día nos reunimos y lo vi, temblar con solo tenerlo cerca, baje mi cabeza para no verlo, mientras escuchaba a mis padres discutir con el padre del chico, hay fue que por segunda vez mi mundo se vino abajo….
A Javier no le importó esperar, el largo silencio se rompió con la voz entrecortada de Yuuna.
—… M-me pro-pusieron casarse con él, yo estaba aterrada, apenas podía hablar con esa idea en mi cabeza. Mis padres accedieron después de que el padre del chico hablara con ellos. Todo fue muy rápido, no había gente o amigos felicitándonos, mi madre no estaba feliz, llorando de alegría, al contrario, se podía ver su arrepentimiento, mi padre era igual, apenas podía soportar estar ahí ese día…—.
—… Después de apenas minutos de casarme, mis padres me consiguieron una casa alejada de donde vivimos, me quedé sola en esa casa grande, con mi realidad hecha pedazos, me dispuse a seguir por el hijo en camino, gracias a la ayuda de mi mami que venía a verme como estaba, desde la boda no volví hablar con mi padre, los meses pasaron al igual que los años, Asahi tenía cuatro años, cuando ese hombre vino a la casa por qué su padre lo obligó, aunque me gustaría que nunca hubiese vuelto…—.
—… En una tarde de muchas que salía a pasear, las madres me preguntaban, ¿si estaba criando bien a Asahi?, je, ni siquiera iba al parvulario, ni jugaba con los otros niños, era muy tranquilo, también me preocupe por eso, hable con él, pero no sirvió de mucho, mi madre me llamo días después, me dijo que quería arreglar las cosas y ese mismo momento hable después de años con mi padre, me dijo, vuelve a la casa…—.
—… Mi mente que no podía creer lo que me pedían, después de haberme mandado a un lugar lejos, ¡dijeron vuelve a casa, mi corazón no podía creerlo!, ¡Podía ir a mi casa!, ¡con mis padres!, ya no estaría sola, estaría con ellos y Asahi…—.
—… Nos íbamos a reunir en un festival ese día, salí temprano con Asahi, estaba muy feliz de ver de nuevo a mis padres, pero de nuevo como si fuera juguete de Dios, mis padres murieron en un accidente de tráfico, por tercera vez en mi vida el mundo pisoteo mis esperanzas, pensé que ya no tenía nada más que romper de lo que se rompió, en alguna parte de mi corazón. Ese hombre se reía de que su padre había muerto, yo lloraba por los míos, él felicitaba a Dios por su obra, yo maldije su obra como nunca lo había hecho. El seguro de vida que había dejado mis padres para mi futuro, me fue quitado por él junto con su seguro de vida que dejó su padre…—.
—… Sobrellevando la muerte de mis padres lo mejor que podía, encontré trabajos a medio tiempo, los años pasaron viviendo solo con Asahi en esa casa, le enseñaba lo mejor que podía a escribir y leer, cuando una tarde él llegó después de haberse gastado lo que había en el seguro de vida de mis padres, golpeó a Asahi y a mí protegiendo a Asahi, comenzó mi tormento, tomaba, golpeaba y tenía sexo conmigo cuando él quería, me golpeaba de nuevo, día a día de ese bucle, nació Shio, llorando en ese mundo horrible, cuando la tenía en mis brazos, me pregunté ¿cómo puede reír tan inocentemente en este mundo horrible?, Asahi y yo protegimos lo mejor que podíamos a Shio de ese hombre, era nuestra luz en ese lugar siniestro y lo sigue siendo, pero, pero, estuve a punto de golpearla como ese hombre lo hizo, ¡¡Uuuuuuu!! ¡Aaaaa!!—.
Llorando Yuuna al haber hablado de su sufrimiento de su vida, Javier la abrazó con ternura, dejando que llore por segunda vez en su pecho.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com