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Me convertí en el Dios hentai. ¿Y que? - Capítulo 38

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  4. Capítulo 38 - 38 Lunes 22 Abril Negociaciones tercera parte + Masacre al clan Ryuto
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38: Lunes, 22 Abril (Negociaciones tercera parte + Masacre al clan Ryuto) 38: Lunes, 22 Abril (Negociaciones tercera parte + Masacre al clan Ryuto) Desde las sombras del mundo terrenal… tu mirada ha despertado algo.

¿Te atreves a seguir leyendo las escrituras de esta novela prohibida?

Entonces escucha bien, alma curiosa.

He abierto un templo digital en Ko-fi.

Con una simple ofrenda de $1 dólar, me ayudarás a invocar ilustraciones sagradas: retratos auténticos de los seres que habitan esta historia.

Pero todo pacto merece recompensa: Los fieles recibirán imágenes personalizadas, únicas… y tal vez, un secreto reservado solo para los elegidos.

[Haz tu ofrenda aquí] ————— Pasado varios minutos desde que salieron.

Javier, sin nada más que hacer, intentó establecer una conversación.

—Muy interesante tu forma de tratar a tu posible negociante—.

—No me trates como si te hubiera amenazado, tú mismo entraste al auto—.

—Ahaha, tienes razón… pero no estás exagerando trayendo escoltas, a tres Magos armaduras, el conductor de grado 3 y estos dos grados 7.

Por cierto, los que están delante y detrás de nosotros, que de seguro están escuchando, son magos, manta de grado 10, ¡fiuuu!.

No se espera nada menos de unos de los antiguos clanes de Japón, ¡ahahaha!—.

Siendo el único que se podría reírse en esa situación, los demás estaban tensos, se percibía en el ambiente, oscilación de maná.

Sin contar con el vehículo delante y el de atrás, que mostraban una fuerte intención asesina.

—Ryuto…

Tus guardaespaldas parecen tensos y parece que el auto delante de nosotros está igual, no deberían relajarse un poco.

Chicos, saben, que se dice que mientras más tensos están, más corto será la vida.

¿Tú qué piensas, Ryuto?—.

Igual que una muela que no te deja dormir por el dolor, el estado de ánimo de los demás era incompatible con el ánimo casi festivo de Javier.

—Eres muy bueno con tus ojos, Javier—.

Percibiendo cierta tensión en las cuerdas vocales de Ryuto, se burló.

—Sí, pero me gustaría usarlos para observar a lindas señoritas, no a hombres—.

——– —Alguno de ustedes ha visto Matrix o a los hombres de negro…—.

—— —Cierto, ahora que me acuerdo por qué no jugamos, el que diga un nombre repetido pierde…—.

——– —Soy yo o ustedes les cortaron la lengua, ¿es que nadie quiere hablar conmigo?, Tch.

Aburridos, ¿oye Ryuto a qué hora llegamos?

Me aburro y pronto tendré hambre, espero que me den de comer—.

Terminando el acto infantil, ya que nadie le hacía caso, se recostó y dio un vistazo por la ventana, notando una pista de aterrizaje y hangares.

—Llegamos, bájate, Javier—.

Bajándose Ryuto, Javier esperó que los dos guardaespaldas que lo estuvieron acompañando se bajaran.

Observando el lugar donde se encontraba, era una pista desolada, cerca al mar, con hangares al final de la pista y un avión peculiar.

El fuselaje tenía forma de pico de águila, de un color negro, un tren de aterrizaje triciclo con dos turbinas a cada lado sacadas de una película de ciencia ficción.

Encendiéndose las turbinas, Javier con una mirada añoranza mira los motores que se encendieron sin hacer sonido ni fuerte viento.

—¿Ryuto dónde vamos?—.

—Kyoto, sube que nos esperan—.

Ryuto que parecía tener prisa, lo miró cuando estaba en la puerta del avión.

—Bonito avión, ah, cierto Ryuto, llevaré a alguien conmigo, no te molestará, cierto—.

—¿Alguien contigo?.

Lo siento, pero partimos ahora—.

—No digas eso, no tardaré mucho—.

—¿Ah, qué te refieres con no…?—.

Javier, que sin siquiera se molestó en esperar que Ryuto terminara de preguntar, su dedo con una flama rosa rasgó el espacio frente de él, como cuchillo cortando la mantequilla.

—¡Q…—.

Los guardaespaldas listos para la pelea, liberaron toda su energía vistiendo orgullosas armaduras.

Los más fuertes tenían patrones de animales sobre sus armaduras y una capa traslúcida con vívidas imágenes de animales.

Interponiéndose entre el avión y Javier, los guardaespaldas, aunque listos para matar, no eran tontos.

En su vida nunca había visto lo que hacía Javier, no sabiendo cómo actuar.

Sin siquiera tomar un minuto, Javier estiró su mano al portal y una delicada mano salió de ella.

—Mm, mm, Yami llegaron las chicas a salvo—.

…

[A salvo] Yami que había salido del portal, mira a su alrededor llena de intención asesina, pero no parecía preocupada.

Informó mientras le sondearon su fuerza.

—Vamos, Yami, hoy viajaremos en avión—.

Tomados de las manos como una pareja, los guardaespaldas abren un camino instintivamente, dejándolo pasar.

—Lo siento si los sorprendí, chicos… un consejo, sería más factible que mejoraran su control en la magia, así les hará más fácil e intenten mejorar su relación con su compañero, no pueden pedir mucho y no dar nada a cambio—.

Entrando al avión después de dar ese pequeño consejo, partieron solo llevando a Ryuto, Yami, Javier y dos guardaespaldas.

—Por fin partimos…—.

Cansado mentalmente, Ryuto mira a la pareja al otro lado del pasillo, sentados frente a frente.

—Lo siento, Ryuto, pero no podía irme sin a mí… Yami…

Que, al parecer, le fascina volar—.

Pendiente en mirar por la ventana, Yami.

Javier, no molestándola, solo la dejó ver, para comenzar a hablar con Ryuto.

—¿Qué tipo de magia de alto nivel fue la que usaste, Javier?—.

—¿Te refieres a lo que traje a Yami…?—.

-Magia, ehhh, no tengo ninguna, pero digamos una mentira blanca-.

—Tengo un pequeño tomo llamado Galaxy dimensional—.

—¿Galaxy Dimensional?.

Nunca he escuchado eso, ¿ustedes lo han escuchado?—.

No siendo extraño que nadie sepa, ya que Javier con solo su mente puede viajar entre distancia sin problemas.

El llamado Galaxy Dimensional, solo fue un juego de móvil que a veces jugaba por las chicas lindas que salían.

—No me sorprende, después de todo es una técnica de bajo nivel—.

—¡¿De bajo nivel, esa técnica dimensiona?!—.

Más raro le sorprendía que Ryuto se sorprendiera, Javier sintió que muchas cosas estaban mal, pero no lo pensó; en cambio, intentó desviar la conversación.

—No tienes por qué gritar, te quedarás ronco, Ryuto, por cierto, aquí hay comida, tengo hambre y tú, Yami—.

…

[helado de vainilla y chocolate, con chispas de chocolate y mermelada de mora.] —¿Cambiaste tu repertorio de helado, Yami?, ¿qué pasó?—.

Para Javier, que era una novedad que Yami cambiará de helado, la miro escribir en su cuaderno.

…

[Fui a comprar sola.] —¡Sola y el dinero!, ¡cómo fue que saliste?.

No te dije que no salieras sin conocer bien el mundo.

¿Qué pasaría si algún hombre malo te hace algo?, piensa un poco antes de actuar, Yami!—.

Mostrando su enojo en su rostro para que entendiera lo peligroso que era el mundo.

Yami cubrió su rostro con su cuaderno.

Javier, que vio la acción de Yami no intentó continuar.

Pero lo que no vio Javier fue que Yami no ocultó su rostro porque él la regañó, sino que una sonrisa pura se formó en sus labios suaves.

El único que no se dio cuenta fue Javier, ya que Ryuto estando al lado, quedó petrificado por el pintoresco escenario.

De fondo, un mar de nubes amarillas por los rayos del sol, ilumina el rostro, haciendo que sus cabellos parecieran oro, igual que un ángel sonriendo.

—Hay que ver, ¿Ryuto qué dices?

¿Tienes algo aquí, abordó, para comer?—.

No pudiendo escapar de la escena hasta que Javier lo llamó, saliendo de la perturbación, tomó el teléfono de su posa brazo.

—Han preparado algo, pero no es mucho, ya que llegaremos en 5 minutos—.

—Oh, 5 minutos, a cuanto viaja este pequeñín—.

—Su velocidad actual es de 1000 km por hora, todavía no se muestra todo su potencial, ya que el motor necesita más pruebas para el rendimiento de la nueva fuente de energía, creo que la habrás oído, la {E.A}—.

Escuchando eso de Ryuto, Javier recuerda algo que leyó los primeros días que llegó a la dimensión.

—(E-A) Energy Amiar.

Viene de los lugares más fríos que tiene este planeta, como el polo norte y sur.

Pasando las gruesas placas de hielo, y aguas heladas a menos 0 grados, encontraron la Energía Amiar aunque fue un accidente.

Según tengo entendido, fue después de que un temblor de 5,7 escalas de Richter sacudiera el polo norte, algunas placas de hielo se rompieron y varios trabajadores cayeron muriendo de hipotermia.

—Es cierto que algunos murieron de hipotermia al caer al mar, pero el que encontraron abajo murió ahorcado por la cuerda que lo enganchaba.

Gracias a eso y que el pequeño temblor abrió una grieta, que se pegó al trabajador, encontraron el nuevo yacimiento.

—Escuche por las noticias que las primeras potencias como: Estados Unidos, Unión Europea, Rusia, China, Inglaterra y Japón, entre otras, han estado luchando por tener más barriles del yacimiento encontrado en aguas internacionales, pero no he oído que ya están abiertas al público.

También escuché que están haciendo mucho esfuerzo en las partes más frías del mundo, por yacimientos vírgenes—.

—Y la verdad es que no están abiertas al público—.

—Me estás diciendo que estamos subidos en un avión de prueba, con motor a prueba y gasolina a prueba, tanto es que quieres morir, Ryuto—.

—No me tomes por loco, este motor puede que sea nuevo, pero ya fue probado por varios antes de subirnos, solo que no ha sido mercantilizado al mundo, eso es todo—.

Terminando de escuchar a Ryuto, Javier mira a una azafata salir de la parte trasera del avión, empujando un carrito de comida.

—Ryuto-sama.

Aquí está su filete, ensalada de papa y su bebida—.

—Gracias, sírvanles a mis invitados—.

—Entendido—.

—Joven, señorita, sushi recién pescado hace pocas horas… Caviar y carne de pescado espiritual, disfrútelo—.

—Gracias—.

Mirando la mesa plegable, con sabrosos platos a la vista, Yami los miraba y miraba a Javier.

—Gracias por la comida—.

—…—.

Dando las gracias, Javier comió la mitad del sushi y caviar, mientras Yami comía la mitad del caviar y sushi, dejando el último la carne de pescado espiritual que desprendía un aroma único, cosquilleando las papilas gustativas —¡Mm!, delicioso—.

Estremeciéndose del sabor suave que se desprendía con cada masticada, Yami parecía también gustarle, pidiendo uno más.

—Es el mejor pescado que he probado en mi vida—.

—Me alegro de que te guste—.

—¿Dónde crees que puedo conseguir este pescado espiritual?—.

Esperando que Ryuto conteste, miro por la ventana, para ver las luces artificiales de la ciudad de Kyoto, iluminando la noche.

—Su población no es muy grande, ya que mueren a las 24 horas después de salir del estante que nacieron, dicho esto su carne es muy deliciosa, pero lo que es más apetitosa es por la energía que estabilizada, que contiene su carne, contra las energías caóticas, por eso lo llaman pez Umei, que significa vida—.

—Oye, crees que puedes darme un par, te pagaré por peso, ¿qué dices?—.

—Hehehe, ok, pero recuerda que mueren después de 24 horas, trata de cocinarlos antes—.

—Yami tenemos pescado para casa—.

Asintiendo con más ánimo de la costumbre, Javier se sintió mejor que nunca mirando la felicidad de Yami.

Recostándose en el asiento satisfecho, espero que tocaran tierra.

No esperando ni dos minutos, el avión llegó y seis vehículos negros los esperaban.

—…

Va a llover—.

Dijo antes de entrar al vehículo junto con Yami, mientras Ryuto se subió a uno diferente.

Saliendo del aeropuerto personal.

Javier y Yami jugaban juegos de palmas, un juego que solo los niños jugarían, pero a ellos dos, no parecía interesarles que los demás los vieran, pero la verdad es que estaban teniendo una conversación en sus mentes.

Unilateral.

-Yami tienes que comportarte al lugar donde vamos, entiendes-.

No sabiendo dónde se dirigen, Yami solo pudo inclinar su cabeza confundida.

—Vamos a la casa de una persona importante, así que nunca te alejes de mí a más de dos pasos.

También no importa lo que veas, solo cuando te lo diga.

Puedes actuar como quieras—.

… [Helado de frutilla con mora.] Escribió en su cuaderno, haciendo que asiente renuentemente por la codiciosa Yami por el helado.

—Compraremos algunas tarrinas de helado cuando volvamos, yo haré dulce de mora y frutilla, tenemos chispas de chocolate en la nevera, creo, ¿no te la as comités, cierto?.

—…—.

[Maestro, usted sabe hacer dulce] Negando con la cabeza mientras escribía, interpuso su cuaderno a los ojos de Javier y unos ojos claros brillosos lo miraban por encima del mismo.

-No sé lo que pasa, pero estando con Yami, siento timidez.

¿Por qué será?-.

Teniendo ese pensamiento, Javier siguió jugando con Yami y le enseñaba cómo se hace la mermelada.

Llegando a su destino en medio de un aguacero, todo mundo se baja de los autos, Javier y Yami rechazando los paraguas, miraron la mansión tradicional japonesa.

—Oh, bonita casa tradicional tiene tu familia, Ryuto—.

—Es donde se queda la familia principal, no hay nada que sorprenderse—.

Notando un cierto resentimiento en la voz de Ryuto que la lluvia no menguaba, Javier percibió cierta nostalgia, pero que fue tragada por el resentimiento.

—Ryuto—.

—¡¡!!—.

Casi saltando Ryuto a la voz de un hombre ya mayor, Javier miró a esa dirección y frente a la puerta se encontraba un hombre, bajo un paraguas vestido tradicionalmente; kimono elegante, encima una chaqueta negra azulada con un símbolo de un dragón color verdoso celeste en los lados del pecho.

—¡Cabeza de familia!—.

¡¡Cabeza de familia!!

X12 Inclinando respetuosamente a todos los hombres, incluido Ryuto, que fue el primero en hacerlo, Javier se quedó parado rectamente con Yami a su lado.

—…—.

Asintiendo el hombre, todos levantan la vista, y posó sus ojos en Javier.

—¿Tú eres el que quiere hacer negocios?, Joven—.

—Javier Valderrama, a mi lado mi… esposa Yami, hemos venido a hacer negocios con ¿umm?—.

—Mi mal, Korei Ryuto, un gusto en hacer negocios, pasa joven—.

Solo dando una pequeña reverencia, Javier siguió adelante y Yami hizo lo mismo a su lado.

—Por aquí, invitados—.

Esperándolos en la entrada del vestíbulo en posición de Seiza, una señora vestida con Kimono, se inclinó cuarenta grados antes de guiar a Javier y Yami con una sonrisa en su rostro.

Mientras eran guiados, Ryuto Miyake y Korei Ryuto la cabeza del clan Ryuto se lo quedó mirando con cierto desprecio.

—Dame un informe, Miyake—.

—No ha habido problemas, tampoco parece querer mezclar asuntos de negocios con lo personal…—.

—Si tienes algo que decir, habla ahora—.

—…

no creo que sea un poco anticipado traerlo—.

—Y a qué hora pensabas traerlo, ¡¿cuándo esté muerto?!, eres un inútil.

¡Tampoco sabes que la familia Brillante quiere recuperar su honor después de que perdieran a unos de sus expertos!—.

—¡¿Eh?!—.

—Como negociante has fallado, ni siquiera te enteras de lo que pasa en tu ciudad, Miyake.

En buena hora no te di el apellido Ryuto, solo lo mancillaron—.

—…

Sí, lo siento mucho por el descuido de mi parte, podría iluminar mi perspectiva—.

Parecía tranquilo.

Sus insultos y desprecio por parte de Korei Ryuto, solo hacían más que hervir su ira, pero dejó que ese odio lo carcomieran.

Ryuto se inclinó.

—Ahahaha—.

Soltando una risa de desprecio, disfruto de ver la sinceridad humillante de Ryuto.

—Hace dos días tu amigo mató a uno de los expertos de bajo rango de la familia brillante, aunque no causa pérdidas al clan Brillante fue humillante que una sola mujer matara a sus hombres sin más, pronto enviaran a otro experto finiquitando el asunto, pero antes de eso, hay que quitarle la mina de cristal—.

—…—.

Mordiéndose los labios al enterarse de la situación que había escuchado parcialmente de Yuuko, escuchó los pasos yéndose, levantó la mirada para ver la espalda de ese hombre.

—Si es ella, puede ayudarme un poco hasta que ellos regresen—.

Hablando en voz baja para sí mismo, se alejó bajo la intensa lluvia tomando su celular.

———- Sentados en medio de la sala con vista panorámica al jardín y estanque.

Javier junto con Yami se sentaron dando la espalda a esa vista y vieron la puerta corrediza abrirse, entrando Korei Ryuto con una sonrisa.

—Disculpa por dejarte solo, tenía algo que hablar con Miyake—.

Sentándose en posición de seiza frente a Javier y Yami, Korei extendió la mano, como señal de comenzar.

—Korei-sama, ya debió haber escuchado de Ryuto, pero le diré las mismas palabras que le dije con el mismo contenido.—, Interponiendo, dos cofres que anteriormente le había mostrado a Ryuto, Korei Ryuto aunque parecía impasible, sin hablar, en cambio, tomó un cristal Celestil.

—Como ve, esta es la producción de mi mina.

Podemos comenzar con un 30% de la producción como tal.

Mis condiciones son sencillas: información de mazmorras y todo lo que implica, libros que me detallen, las diversas plantas medicinales, los precios del mercado en cuanto a lo que se respeta de plantas espirituales y píldoras.

Animales extintos y exóticos que estén registrados.

También información de objetos dejados desde antes de la pérdida de energía de la tierra.

Quiero también pases para las subastas que tendrán lugar cinco meses en Tokio y cualquier otra que haya en el futuro—.

Temblando la comisura de los labios, mientras los ojos miraban a un estúpido.

Korei Ryuto dejó el cristal Celestil en el cofre y sacó de su espalda un abanico con la imagen impresa del dragón verde.

—Jo, jo, jo, tus demandas son muy inusuales.

Casi como si no te interesara el dinero que tienes en tus manos—.

Entrecerrando sus ojos mientras reía, Javier le siguió el juego riendo.

—Jajajajajaja…

disculpé mi descortesía…

solo que es risible escuchar de alguien quien tiene varios o centenares de estas minas—.

—Puede que sea cierto, pero para alguien como tú debería de tener mucho más valor—.

—Muy cierto.

Pero tener un gran tesoro trae malas energías y consigo gente perversa, aunque no tengo ningún problema con dichas personas, como hace dos días, si investigo, que creo que lo hizo, por consiguiente, tener un tesoro sin gastar en un desperdicio de por sí—.

—Tu forma de pensar es curiosa, tan seguro te sientes resguardando baja la falda de esta… señorita—.

Casi dudando en cómo referirse a Yami, Korei Ryuto no dijo otra palabra al ver cómo los ojos de Javier cambiaron ligeramente de color.

—Si mi esposa puede contenerlos, no tengo por qué dar un paso adelante… Ahora, ¿por qué en vez de hablar de asuntos personales, no hablamos de los negocios, por la cual me trajeron aquí?—.

—Tienes razón.

Pero, treinta por ciento, mmmm, no crees que estás dando muy poco—.

-Viejo zorro-.

Insultando lo Javier, golpea con su dedo varias veces la madera del cofre, dejando que el sonido de la lluvia resonara con más fuerza al pasar el tiempo.

—35 %—.

—35 %, ¿qué es lo que vale tu vida?—.

—¿Umm?.

¿A qué se refiere Korei Ryuto-sama?—.

Sacando los colmillos, igual que una bestia hambrienta por comer, se rio.

—Jo, jo, investigué tus antecedentes, y lo que hiciste cuando llegaste a Japón: familia de cuatro, padre Inglés y madre japonesa, una hermana pequeña, pero desafortunadamente murieron en un accidente de avión, junto con varios familiares.

Hace un mes llegaste a Japón con tus dos primas, que curiosamente fue el accidente del clan Torito… Con el seguro y las casas vendidas de los padres de los tres, además de ganar el juicio para emanciparte, compraste la mansión aun lado de la carretera, no mucho después ayudantes a una mujer violada por su esposo teniendo a su hija menor, no tardaste y encontraste a su hijo quien reside con el padre, lo mataste pasándolo como un accidente de sobredosis de alcohol.

Jojojojo, pero no hay más.

En cambio, tu esposa, no hay nada sobre ella, igual que un fantasma.

¿Dime, quiénes son ustedes?—.

Korei que había contado la historia de Javier desde que llegó, y la misma que el mismo inventó, tomando su vida como referencia.

Mostrando serenidad, Javier le sonríe naturalmente junto a unos pequeños aplausos.

—Bravo, buen trabajo en seguir mis movimientos.

Pero ¿qué puedo decir?.

Somos una pareja amorosa, que ocultamos nuestra relación, ya que voy al instituto, Ahahaha—.

—Jojojojojo, alaga nuestro cuerpo de recopilación de información, fue sencillo, tanto que parecía que no querías ocultar nada, hasta el asesinato-.

-Ehhhh, no, la verdad es que no pensé que me descubrieran, debió ser alguna cámara o la vieja chismosa del vecindario que me vio-.

Subiendo la tensión en el ambiente, la puerta se desliza suavemente, entrando la misma señora que guio a Javier y Yami.

—Queridos invitados, les traigo unos bocadillos y un poco de té—.

—Gracias, se ven deliciosos, ¿son tradicionales de aquí?—.

—Espero que lo disfrute… me retiro—.

Con delicados movimientos entró, sirvió y dejó una bandeja con dulces japoneses y té, mientras Javier elogiaba, Korei abanico su rostro hasta que se fue la sirvienta—.

—…

Están deliciosos, seguro que a Shio le encantará, no lo crees, Yami—.

—…—.

No teniendo tiempo para responder, Yami lentamente disfrutó de su postre.

Javier, dirigiendo su mirada a Korei, lo vio tomando té.

—Es la primera vez que como dulces japoneses tradicionales—.

—…

Disfrútelo, después de todo, son hechos para comer…—.

Korei como si esperaba algo, solo tomó el té mientras veía comer a Javier y a Yami.

—¿Qué tal si proseguimos?—.

—Adelante—.

—70 de las minas—.

—Gula—.

“Jojojojo, creo haber escuchado de Miyake que no te importa mucho el tesoro, hasta lo paseaste pomposamente sin temor—.

—Qué puedo decir, me pareció mejor agarrar al toro por los cuernos—.

—¿Y quién es el toro?—.

“¿No lo sé?.

Pero Korei-sama, no crees que es demasiado problemático tener en sus hombros, el honor y la responsabilidad de mantener un clan tan antiguo como este…—.

Tomando el té, Javier esperó continuar, Korei lo miraba analizando la pequeña información que le daba.

—Puede ser un problema para ojos ajenos, pero en este clan muchos darían su vida por él.

Me incluyo en ser el primero en salir a la línea enemiga si tengo que hacerlo—.

—Y no lo dudo, pero aquí viene el problema—.

—Ilumíneme—.

—A los problemas le huyo, prefiero no tener nada que ver con ellos.

Vio lo que pasó con el clan Radiante, estoy seguro de que intentarán un segundo secuestro.

Por mi parte no me importaría, pero tengo una familia a quien cuidar, y no me gusta que tengan miedo por un rencor en vano, así que decidí buscar protección, al paraguas más cercano—.

Apuntando con su dedo con orgullo, Korei comenzó a abultarse una vena en la frente y daba fuerte golpe en la palma con su abanico, resonando más fuerte que el aguacero que cae en Kyoto.

—Jojojojojo, así que utilizas al clan Ryuto solo como paraguas, menudo chiste he escuchado en mi larga vida, jojojojojojo—.

—Ahahaha, no es un chiste, es la verdad.

Mi carnada, el anzuelo, ¡la presa!—.

Señalando los cofres, afuera y a Korei.

Este ya no pudo soportarlo y un fuerte golpe resonó.

Partiendo el abanico, y decenas de presencias rodearon el salón.

—Insultas, mi clan, espero que no te moleste si te mato y te quite todo, ¡mocoso!—.

—Inténtalo si puedes, pero no esperes que tu elite sobreviva—.

—¡Mátenlo!—.

—Deja la mitad—.

Bajo las órdenes de los dos hombres, Yami se paró envuelta con la armadura exquisita pegada a su figura.

A la vez, dos centenares de hombres entraron por las puertas corredizas y del patio.

Inundando el lugar, Yami con su talón, pisó con fuerza el piso de madera, posteriormente y miles de estacas salieron, acribillando a magos manto, de décimo nivel, las cuales 100 murieron con la cabeza perforada, mientras los otros fueron paralizados en sus cuatro extremidades.

—¡¿Q?!—.

Incrédulo.

No era para menos que doscientos hombres de élite del clan Ryuto, cien murieron como perros.

Mejores técnicas, entrenamiento infernal, plantas medicinales valiosas, tiempo.

Estos hombres habían sido seleccionados entre lo mejor de lo mejor de su generación.

Javier, no pestañeando, miró a Korei que tenía una silueta pálida como si le hubieran robado el alma.

Reaccionó, sus manos aplaudieron y un torrente de energía Arcana hizo explotar el tejado de la mansión.

—¡Te atreves a matar a mis hombres!, ustedes invasores merecen morir por la peor de las muertes.

¡Rugido blanco!…

¡Amanatara!—.

Rugiendo su técnica, la sombra de un dragón oriental apareció entre las nubes negras.

¡Truenos, rayos, relámpagos!, provocando a los cielos, descendió un dragón sagrado a la ciudad de Kyoto.

Segundos después, todos los elementos de los cielos se condensaron en la boca del dragón lanzándola a Javier y Yami.

Yami interponiéndose ante Javier y, la condensación del cielo, una garza de plumas de arcoíris se alzó detrás de Yami.

Sus alas arcoíris se extienden proyectando santidad divina.

Estremeciéndose Kyoto, en ese preludio de defensa, el dragón deja salir un pulso que cayó en los magos de Élite.

Los magos que aún siguen vivos y recibieron el pulso de su Dios, rompieron las estacas que restringen sus cuerpos.

Pronto los magos gritaron al unísono.

—¡¡¡¡De, ha, mo, ri, cho, wa, sai, Bo!!!!…

¡¡¡¡Matriz de matanza Ogrocaria!!!—.

—Dejarlos inconscientes—.

—…—.

Asintiendo Yami, al irrazonable pedido fácil de Javier.

Los cien hombres crearon la ilusión de un espíritu, una gran serpiente con cientos de cabezas detrás de ellos.

Pisando al unísono, todos llegaron frente a Yami, que dio un paso atrás e inclinó un poco la cabeza y docenas de cuchillas pasaron a centímetros y flechas que directamente quería atravesarle la cabeza.

Pasando al ataque inicial, una espada llegó al rostro, pero el antebrazo lo cubrió y lanzó un puñetazo, rompiendo completamente la conexión con la serpiente.

Enseguida una cadena se envolvió en la muñeca untado de líquido oscuro comenzando a derretir el piso, al mismo tiempo una gran bola con espinas golpeó el flanco derecho de Yami, pero no se inmutó, una espada quiso cortar los muslos, pero una rápida patada la destruyó junto con el rostro del mago que salió disparado golpeando al que lanzó la bola espinosa.

Deslizándose como una serpiente, otro mago con garras afiladas cortaron el vestido y seguían su rumbo al vientre de Yami, pero está sin preocuparse, pateó al hombre dos veces en su pecho aplastándolo.

Desde ambos flancos, con dos cuchillas envueltas en fuego relampagueante, una lanza se dirigió a la cabeza.

Arta Yami de que la acosaran, su brazo atrapado por la cadena envuelta de veneno corrosivo, galo al usuario y golpeó al hombre apuntando con su arco desde la distancia.

De su protector derecho, una serpiente comenzó a envolver el brazo de Yami y sus tentáculos salieron golpeando a todos los hombres, cayendo inconscientes.

El combate, que apenas duró 30 segundos, una formación se activó y Korei, río triunfante —¡Amara, amei, huia, baiquo!…

¡¡Matriz Monomatica!!—.

Sin alterarse Javier y Yami a su lado como si nada pasara, fueron cubiertos por una luz que se disparó al cielo tormentoso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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