Me convertí en el Dios hentai. ¿Y que? - Capítulo 49
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- Capítulo 49 - Capítulo 49: Jueves, 25 Abril (Aprovechándose + Setsuna acorralada + R-18)
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Capítulo 49: Jueves, 25 Abril (Aprovechándose + Setsuna acorralada + R-18)
Desde las sombras del mundo terrenal… tu mirada ha despertado algo.
¿Te atreves a seguir leyendo las escrituras de esta novela prohibida?
Entonces escucha bien, alma curiosa.
He abierto un templo digital en Ko-fi.
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retratos auténticos de los seres que habitan esta historia.
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—————
En algún rincón de los suburbios de Tokio, una colegiala de buenas proporciones regresaba a casa. Vestía una falda plisada roja, medias astas que le llegaban hasta medio muslo, blusa blanca, corbata del mismo tono carmesí y un blazer azul ajustado, realzando su figura. Su largo cabello negro caía como una cascada hasta la cintura, y ojos azules que brillaban bajo el resplandor del atardecer.
En toda palabra, es una mujer candente, con personalidad bondadosa eh ingenua, al igual que un lirio blanco rodeado de mierda para teñirla.
Minomori Hinata que podría describirse como una tonta con belleza superior a la media, tarareaba igual que una niña de primaria regresando a la casa por sacar una buena nota, sin darse cuenta de las miradas maliciosas que le apuntaban.
Pero ni Hinata ni los dos adolescentes gamberros se dieron cuenta de un joven parado sobre el poste de luz.
-Minomori Hinata, amable eh ingenua, además de hermosa, es la protagonista de un juego eroge. Un cobarde amigo de la infancia que le hacía bullying, la entregada en bandeja de plata por miedo y se dice que está enamorado de ella. Una perfecta historia hentai-.
—Fuu, una excelente historia para pasar la noche, una hermosa colegiala inocente que es teñida por la lujuria, mientras la engañan y manipulan. Ehehehe, recuerdo esas tres jaladas de ganso, ¡!. ¿Qué me miran?. Es que ustedes nunca se han masturbado. ¡Ei! ¡Sí! ¡Tú!. A ti te hablo el que está detrás de la pantalla de tu celular o compu, nunca te has jalado el Ganso o buscando un memo para las chicas Tch, rompí otra vez la cuarta pared—.
Notando que entraban en acción los delincuentes, Javier utiliza parálisis en el tercer adolescente con su uniforme de colegio, que era la mente maestra que estaba observando a lo lejos.
—Qué despreocupada, mira que aún tararea infantilmente cuando hay dos gamberros lujuriosos acechándola. Cualquier mujer con una pisca de protección se habría dado cuenta—.
—¡¿Eh?! ¿Quiénes son ustedes?—.
Confundida, sin saber qué pasaba, Hinata observó a los dos gamberros que se lamían los labios.
—No te asustes, preciosa, no te haremos daño—.
—Qué tal si vienes con nosotros a pasar el rato—.
—¿Pasar el rato?, ¿a qué se refieren?—.
Repitió ingenuamente, inclinando la cabeza.
—Gegege, parece que nos tocó una ingenua, gegege, ven con nosotros primor—.
—¡¿Qué están haciendo?! ¡¡suéltame!!—.
—¡No grites!. A sí me gusta, ven con nosotros, te cuidaremos, muy bien—.
Asustándola de que de repente dos tipos le agarran de las muñecas, con la sonrisa lasciva en sus rostros.
—De-déjenme, me hacen daño, me lastiman—.
—Jijiji, qué suave piel tienes—.
—¡¡hyaa!!, ¡dónde están tocando! ¡Déjame ir o llamaré a la policía!—.
—Gegege, cuando los llames, nosotros ya habremos acabado. gegeg, fuuu, tienes un agradable olor—.
—Hiii—.
Repulsión al sentir cómo su busto era manoseado por el abuso del frente mientras el de atrás, olía su cuello, le manoseaba las piernas y se arrimaba, haciéndola notar algo duro restregarse en el trasero.
Asustada, con lágrimas en los ojos, sin nadie en las cercanías para pedir ayuda, además de que su boca había sido bloqueada por la mano del abusón del frente.
—Deberían volver a nacer para aprender a tratar a una dama—.
Asqueándole también la forma de actuar de los gamberros, Javier salta sobre ellos.
Rápido como un rayo, solo notando la sombra sobre ellos, los dos tipos fueron enviados a volar sobre las fundas de basura después de recibir una patada giratoria de parte de Javier.
—Una buena acción merece una galleta recién horneada, ehehe. Además de que fue mi primera patada giratoria y no maté a nadie, debería recibir palmaditas en la cabeza—.
Sintiéndose como un niño que había logrado su primer gol frente a sus padres, Javier no se dio cuenta de que Hinata había quedado aturdida, por los rápidos que sucedió todo, pero volvió en sí al oler las galletas.
—Gra-gracias, por salvarme—.
—De nada, ahora hay que llevar a estos dos delincuentes a la estación de policía—.
—Te acompaño—.
—Me tomé la molestia de grabar todo con mi celular, no se liberarán de esto. Así que no te preocupes—.
Admirando con la facilidad con la que se desenvolvió, Hinata mira a Javier sacar de la basura a los acosadores, llevándolos a la comisaría más cercana
—¡¿Disculpa, cómo te llamas?!—.
Encontrándole difícil de creer que fuera ella misma que pediría entre la confusión a un chico de su misma edad el nombre. Hinata que era la que siempre recibía esa atención que le había acompañado desde que entró en la adolescencia. Se acercó a Javier, que arrastraba al par por el cuello.
—No hay necesidad de que lo sepas—.
—Pero quiero agradecerte por salvarme—.
—No hay necesidad de eso… Quieres una galleta, recién las horné—.
—Gracias, ¡!, están buenas—.
—Si quieres, puedes tomar otra—.
—Te tomaré la palabra—.
Dijo, sacando un pañuelo desechable donde envolvió la galleta y la depositó en su mochila.
—Bueno, adiós—.
—Espera, te acompañaré…—.
No sabiendo que podían hablar con un muchacho de su edad, Hinata tímida lo miró de reojo.
—… Yo siempre paso por aquí, pero nunca te he visto. ¿Te habrás mudado?—.
—Me he mudado, pero está lejos, la verdad es que no conozco la zona, así que mientras andaba perdido vi lo que pasó. Es mejor que no vayas sola para que no te pase algo igual. Con una belleza como la tuya, siempre hay que tener cuidado con estos locos—.
—Be-belleza, no, no soy tan linda—.
—Ahahaha, en serio tímida ahora, pensé que ya estabas acostumbrada a los cumplidos—.
Ante el cumplido que vino de la nada, Hinata se puso roja de la timidez, pero a la vez feliz.
—Bueno, trata de llegar a tu casa antes que se haga más tarde—.
—Insisto en acompañarte, de igual forma necesito hacer una declaración—.
—Entonces trata de seguir mi ritmo—.
—Hmph, tú eres el que debes seguirme, estás jalando a esos dos—.
—Eso es cierto, pero soy más rápido—.
—Tampoco sabes dónde está la comisaria—.
—Puedo buscar en el GPS—.
—…—.
—Ahahaha, no tienes que poner una cara tan graciosa, que tal si apostamos—.
—¿Apostar?, no me gusta apostar—.
—Escucha, sin correr, ni tomar atajos, caminemos hasta la caseta de policía, si eres capaz de llegar antes que yo ganas, y si yo gano, te robaré un beso—.
—¡¡Be-beso!!—.
—Es un pequeño precio por salvarte y acompañarte a casa o tienes miedo—.
—Mmph, no me menosprecies, soy más rápido de lo que crees—.
—Oh, entonces aceptas—.
—Claro que acepto, pero es injusto que sea la única que tenga que cumplir, por perder. Ya sé, si te venso, harás algo por mí—.
—Acepto—.
—¡Tan rápido!, ¿no tienes miedo de que te podría pedir algo irrazonable?—.
—¿Mm? No pareces que fueras ese tipo de persona. La que deberías de temer eres tú, ya que…—.
Hinata que sentía cómo sus labios estaban en peligro por la forma en que los miraba Javier, se los cubrió”.
—¡Per-pervertido!—.
—Sí, si ahora vamos, que aunque fueron noqueados, no significa que no despertaran—.
—Gggg, siento que he sido engañada—.
—Ahahaha—.
A su gusto se rio mientras avanzaba jalando a los acosadores del cuello e Hinata manteniendo su ritmo liderando el camino.
En minutos llegando a la comisaría, Javier los entregó, igual que el video en el celular, la declaración de Hinata, para salir un rato después.
—Bien, me voy—.
—Ah, sí, gracias por tu ayuda… ¡Espera!—.
—Ahora qué—.
—Ehehehe, yo gané por un pie, así que debes de cumplir tu promesa—.
—… Ahhh, está bien, tú ganaste. ¿Me necesitas para algo?—.
Tomando de sorpresa a Hinata que había aceptado muy fácil su derrota, pensó por unos segundos, pero no pudo pensar en nada.
—Así que no tienes nada… Me das tu número—.
—¿Mi número? ¿Para qué?—.
—¿Para qué más?. Me llamarás cuando tengas algo que necesites ayuda. Claro, si no me lo das, me puedo ir sin más—.
—… anota—.
—¡! No eres demasiado confiada, si confías en todo el mundo un día te harán daño—.
—Hmph, ya estás hablando como mi mami, yo nunca le daría a un desconocido mi número, pero tú no pareces mala persona… Me llamo Hinata Minomori, un gusto…—.
—Javier Valderrama, un gusto también Minomori-san—.
Entregado su número, Javier la acompañó hasta la esquina de su casa, donde charlaron un rato para despedirse.
———-
-No esperaba esto, pero también me sirve. Tenía pensado amenazar a la mente maestra y antagonista, pero ya deben de haberlo arrestado por la divulgación de los acosadores. Ahora solo tengo que esperar que Hinata me llame, pero sabiendo que tiene una personalidad infantil, puede que se olvide, así que para recordar mi presencia es mejor mandarle mensajes-.
¡Chirrido!
Abre los ojos y mira a la puerta del tejado del Instituto Sakaino. Ya que después de separarse de Hinata, Javier utilizó por segunda vez la teletransportación para llegar y acostarse en una de las bancas.
—… Oh, pero si no es Rei-sempai, ¿qué haces aquí arriba…? ¿Pasó algo?—.
Notando el estado de ánimo desanimado o, mejor dicho, de tristeza. Rei Stark levantó la mirada y, con ojos que antes irradiaban luz por su espíritu competitivo de mejorar sus habilidades, ahora estaban apagados.
—Javier… ¿Estabas aquí?—.
—Bueno, soy el presidente del club de astronomía. ¿Pasó algo? No luces muy animada, ¿qué pasó con la feria de Ciencia y Tecnología?—.
Sin ser adivino, al ver la reacción de Rei, Javier pudo intuir que las cosas no salieron como esperaban. Y la atmósfera de no preguntes no ayudaba.
—¡!…—.
—¿Kiyoura-san qué haces aquí?—.
Tomando desprevenido a Rei que parecía querer decir algo, a la llegada de Setsuna Kiyoura, Javier, igual de sorprendido, ya no pudo seguir sentado en la banca.
—Que, no puedo venir aquí o estoy interrumpiendo algo—.
—Hablemos después, Javier, gracias por la ayuda—.
Despidiéndose Rei Stark, Javier, que escuchó la puerta cerrarse una vez más, miró a Setsuna que tenía el entrecejo fruncido y una mirada cortante.
—Ahahaha, no estabas interrumpiendo nada, Stark-sempai de repente vino cuando estaba mirando al cielo y después llegaste Kiyoura-san—.
Sonando como una explicación sincera, Setsuna relajó su postura a la vez que dejaba escapar un respiro fresco de Javier.
—¿Y qué te trae por aquí? Pensé que ya te habías ido—.
—… Te estaba buscando—.
—¡¿?! A mí, ¿razón?—.
—Quería preguntarte algo… ¡¿Qué sucede contigo?!—.
—¿Sí?—.
Sin procesar la pregunta ilógica de Setsuna que salió de nada, más que dejar salir una estúpida voz en forma de pregunta, haciendo a Setsuna más se molestó.
—Decir todas esas tonterías de amor mientras me mirabas en el aula de cocina. Después está eso de preocuparte por mí, invitarme a salir y la tontería de tener un Harem, eres un idiota, ¡no!, ¡eres un idiota!, ¡tonto!, ¡embustero!, ¡¡¡enemigo de las mujeres!!!—.
—Ahhhh, creo que aquí hay un malentendido Kiyoura-san—.
—¡Malentendido!, ¡¡qué malentendido puede haber!!—.
Dijo furiosa, pisoteando en repetidas ocasiones el piso.
Javier, al ver una nueva faceta de Setsuna, la veía más atractiva, al igual que ver a un conejo con sus ojos rojos preparado para morder.
—Esas palabras nunca fueron dirigidas hacia ti. Segundo, tú me has apartado de ser amigos, además de intentar separarme de Sekai—.
—¡Nunca dejaría que pongas un solo dedo en Sekai!, ¡tú, desgraciado!—.
—Ahaha, celosa—.
—Que-que, ¡celosa yo!, primero lávate esa boca tuya con detergente, antes de dirigirte a mí—.
—Oh—.
Gustándole que lo desafíen, sin apartar la mirada de los ojos rojos de vino tinto que exudaban fiereza, se acercó a paso lento.
—Si no estás celosa, no tienes nada por qué regañarme por mis palabras o acciones que realicé, después de todo, no soy nada tuyo—.
—Kuu, ciertamente no eres nada mío, pero no puedo permitir que mancilles a otras chicas por sus deseos inmundos ¡! ¡¿Cuándo?!—.
Sorprendida de chocar contra la pared, Javier avanzó a zancadas poniendo en práctica el ‘Kabedon’ que tomó desprevenida a Setsuna que cayó en las garras de Javier.
—… Puedes quitarte—.
Pero aun así Setsuna no era alguien fácil.
—Por qué lo haría, cuando tengo la oportunidad de tenerte tan cerca—.
—¡Me haces algo y se los diré a los profesores!—.
—Bueno, si tengo que ser expulsado para poder tenerte así de cerca, sintiendo tu aliento, es un pequeño precio que tengo que pagar—.
Dijo Javier acercándose tanto que las narices de ambos se tocaron. Setsuna roja, como sus ojos rojos vinos, apartó la mirada, notando que sus orejas estaban de ese color.
—¡! ¡¿Qué haces?!—.
Exaltada al sentir el listón de color vino que siempre tenía en la parte posterior de la cabeza, ahora en manos de Javier, haciendo que mire fijamente.
—Hermosa—.
—¡! t-t-t-t-tu cretino, mal hombre—.
—Duele set-chan—.
—¡No me llames así!—.
—Ahahaha, Setky-chan no te dije antes que te cuidaras con la red—.
—…—.
Setsuna que sentía cómo su cara, ardía tan intenso como el resplandor. Al ver que Javier se acercaba, cerró sus ojos, pero lo que esperaba nunca sucedió, en cambio, una voz gentil le susurró al oído.
—No puedes hacer eso, Setky-chan, si haces una expresión tan indefensa como ahora, no podré controlarme—.
Dijo Javier tocando con las yemas de los dedos las media el muslo de Setsuna que se sobresaltó empujándolo.
—…—.
No habiendo palabras, solo unos ojos lloros de la vergüenza y un rostro carmesí, haciéndola lucir encantadora, se escapó.
¡¡Chirrido!!
Solo en el tejado de la escuela, Javier miró el listón aún en sus manos, queriendo evitar los antojos de respirar la esencia de Setsuna. Lo doblo y metió en su bolsillo dimensional.
—Fuuuu, creo que me pasó, pero se veía tan tierna, luciendo tímida…—.
Lamiéndose los labios al recordar el aroma y la suavidad en sus yemas de los dedos, dejó escapar una sonrisa sádica.
Tin, Ton, Tan, Ton, Tin, Ton, Tan
Escuchándose la última campanada que finalizan los clubes, Javier cerró la puerta del tejado y descendió, llegando primero al club de Astronomía para asegurarse de cerrar las ventanas y la puerta.
—Ryuto, ¿qué haces aquí?—.
Sorprendido por la visita inesperada que se encontró apenas abriendo la puerta, Ryuto que estaba sentado en uno de los pupitres manejando su celular, miró a Javier con cara de pocos amigos.
—No me vengas con jueguitos ahora, Javier, ¿cuál es el significado de esto?—.
Reprimiendo la voz lo mejor que puso, su mano sacó varias hojas de la maleta y con ella golpeó el pecho de Javier que las tomó.
Javier, que no tenía que verlas para saber qué eran, dijo.
—Qué más, no te dije que quería hacer negocio contigo, quiero todo eso—.
Señalando con un pequeño gesto de devolver las hojas a un Ryuto enojado al punto de que sus venas de la frente eran visibles.
—… Ahhhhhh, los fósiles de todos esos animales y plantas están fuera de la influencia del clan Ryuto—.
—Lo que me está tratando de decir es que nada de lo que pedí puedo obtenerlo, no que el clan Ryuto es poderoso y antiguo—.
—Ser poderoso y antiguo no basta para tener todo lo que pides, en primer lugar ningún clan es lo suficiente vanidoso en tener objetos sin valor ocupando espacio, casi todos los fósiles y cadáveres conservados se encuentran en manos de coleccionistas que por lo único que lo cambiarían es por un valor de igual proporción—.
—Mmmm, entiendo… así que un intercambio de igual valor—.
Murmuró para sí mismo. Ryuto que no perdería el tiempo por cosas sin sentido, dejó las hojas en unos de los pupitres para salir.
—Por cierto, Ryuto, aunque la mayoría eran cosas de la era antes que cayera la enfermedad de la energía Arcana, aun así deberías proporcionarme las piedras—.
—Las piedras nerran, específicamente tres pilares—.
—Sí—.
—Para esta noche tendrás las piedras nerran. ¿Cuándo tendrás la parrillada?—.
—Lo pensaba hacer sábado—.
—Acepto la invitación, es mejor que tengas las mejores carnes—.
—Dalo, por hecho, tráeme los mejores manjares que puedas conseguir para esta noche y bastante—.
—Okay, nos vemos mañana—.
Despidiéndose Ryuto, Javier guardó los papeles en su bolsillo dimensional para seguir y cerrar el club.
————-
Tocando tres veces la puerta, Javier escucha la voz de Mizuho Fuyuki (apodo: Mari).
—¿Quién es?… Javier, ¿qué haces aquí?—.
—Vine a verlos, ¿cómo estuvo la feria?—.
Invitándose solo después de escuchar la voz de Mizuho que se escuchaba de mal genio.
—¿Y los demás?—.
—Se fueron a casa—.
Arisca, Javier se sentó en la silla donde se sentaba Rei y preguntó.
—Habla qué pasó, me encontré con Rei-sempai en el tejado y su estado de ánimo estaba peor que el tuyo—.
—¿Te la encontraste? Fuuuu—.
También sentándose Mizuho después de estar parada frente a la ventana, Javier esperó que le contara, pero la respuesta era obvia.
—No ganamos—.
—Eh, no, ¿por qué? ¿Quién ganó?—.
—…—.
Soltando otro suspiro, Mizuho contestó.
—Según decía la carta que mandaron a la escuela, no cumplimos ningún requisito para que nos dieran una beca—.
—Según tengo entendido, la realidad aumentada ya había sido anunciada como éxito, pero no han podido sacarla al público—.
—Así es, el trabajo de Arisa-sempai y mío puede que no tenga mucha relevancia en el campo científico u otros campos técnicos, pero nuestro trabajo se basó en el esfuerzo grupal sin financiamiento, pero. ¡Los malditos hijos de puta dieron los premios a malditas escuelas riquillas!—.
Asintiendo, al escuchar en silencio la rabia de Mizuho, le preguntó.
—¿Aún no me has dicho quiénes fueron los ganadores?—.
—Tsk—.
No calmando la impotencia e ira que sentía, saltó de su asiento, para patearla.
—¡¡Fueron esas estúpidas universidades y escuelas riquillas!… En primer lugar, la Universidad Ribera por su proyecto de músculos simbióticos. En segundo lugar, la Universidad Kodachi por su proyecto de motor electromagnético. El tercer lugar, escuela Proyect, por su proyecto de satélite a pequeña escala…—.
Terminando de leer el papel que sacó del bolsillo de la falda, lo embrolla con furia y lo tiró al bote de basura.
—¡Bufones millonarios!, ¡tienen todos los recursos a mano!, mientras aquí tenemos que buscarlo por cuenta propia—.
—Te arrepientes—.
—¡¿Ah?!—.
—Que sí te arrepientes de tener padres de clase obrera—.
Fuera de lugar por la pregunta de Javier, que tranquilizó las emociones después de varias bocanadas de aire, cruza los brazos debajo de su minúsculo montículo, fallando en levantar su feminidad.
—Hablas tonterías, no me arrepiento de haber nacido y mucho menos de tener los padres que tengo, me dieron su amor y lo poco que tenían para que mi sueño de crear una realidad virtual fuera hecha, cuando tenía la edad suficiente me puse a trabajar, esos momentos de mi vida no los cambiaría por nada—.
Dejando salir, una sonrisa sincera fue teñida por frustración e ira.
—Pero, mi frustración no es por mi recurso financiero, es por la maldita organización que hizo la feria de los tres primeros lugares, fueron las escuelas y universidad de ricachones y la cosa no termina ahí, ¡porque había 10 premios más!. Todos los premios ya sean experiencia laboral, recursos financieros, aparatos tecnológicos y medias becas, todo se fue para escuelas y Universidades de mayor recurso financiero dejando las escuelas y universidades como la nuestra aún lado, ¡¿Dime Javier no te enojarías?!, ¡¿no te sentirás frustrado?!, de que con todos nuestro esfuerzo no hallábamos hagamos ganado nada—.
-Esto es difícil, después de todo el mundo no es igualitario-.
No respondiendo a ninguna de las preguntas de Mizuho, Javier siguió escuchando las quejas, hasta que se cansó, recogió la silla que patio y se sentó, cruzando las piernas.
—Ahora entiendo el estado de ánimo de Rei-senpai, como está Imagawa-senpai—.
—Igual de frustrada y desanimada que todos, ahora las dos sempais se retirarán del club, quedando tres miembros. Nuestra prioridad, después de superar estos ánimos, es reunir nuevos miembros, pero hasta eso fracasamos—.
Asintiendo a las palabras de Mizuho, Javier, teniendo una idea, sonríe.
—Y qué tal, si yo me uno, solo faltaría un miembro más—.
—¿Tú?, no que eras presidente del club de astronomía—.
—En el manual de clubes, no especifica en ninguna parte que no pueda unirse. Además, seré un miembro fantasma, somos vecinos y les puedo ayudar—.
—Jejeje, ya no estará Rei-sempai ni Arisa-sempai, para qué quieres ayudar—.
—No estás tú todavía—.
Quedándose pasmada por un momento, se ríe.
—¡Hahahah!, que, que, tonto, en serio eres basura, iras por los traseros de chicas sin importar las apariencias, cierto—.
Limpiándose las lágrimas que derramó al reírse, Javier asintió varias veces.
—Mm, eres más linda cuando sonríes Mari-sempai—.
—No pienso caer a tus brazos por unos simples halagos kohai, además quien te dio permiso de llamarme por mi apodo—.
Algo más animada, Mizuho mostró su orgullo como la mayor.
—Qué tiene de malo, no te quito nada, Mari-sempai—.
—Je, pues me siento sucia—.
—Mari-sempai, Mari-sempai, Mari-sempai, Mari-sempai—.
—¡Ei!, deja de llamarme por mi apodo—.
—Es que cuando dijiste que te sientes sucia, me dieron ganas de repetir tu apodo—.
—Pervertido, que te imaginabas—.
Cubriendo con las manos su pequeño cuerpo de la mirada de Javier, que no deja de sonreír, pero sin molestarle.
—Mucho más de lo que te imaginas, Mari-senpai—.
—Cochino… ahh, fuera de bromas, si quieres ser parte del club nadie te negaría la entrada, ayudaste mucho al club. Las senpais piensas retirarse, mañana será su último día, pensábamos hacerle una pequeña fiesta—.
—Mmm, en cambio, pensaba hacer una parrillada el sábado, que tal si vienen también pueden venir sus padres—.
—¿En serio?, pero no será una molestia—.
—Para nada, puedes notificarlo al resto del grupo cuando los veas; será, en la noche, la parrillada—.
—Se lo diré, y gracias por el ofrecimiento kohai… y toma aquí el formulario, me lo das cuando termines de llenar—.
—Dámelo—.
Tomando el papel, lo llena y se lo devuelve, despidiéndose de Mizuho.
———–
Sayaka que estaba esperando en el portón de la escuela, al ver que ya venía Javier, se lo queda mirando molesta, pareciendo que tenía mucho que decir, pero Javier pasó de largo.
—¡!—.
Reprimiendo la humillación, o mejor dicho, el desinterés, aceleró el paso pasando a Javier.
Javier, sin decir nada más que mirar la espalda de Sayaka, bajando hasta llegar al trasero voluminoso donde la tela de la falda no ayudaba mucho para esconderla.
—Deja de mirarme el trasero, Javier—.
Lo único que salió de Sayaka era frustración, pero en sus labios y rostro, su orgullo femenino no podía ser ocultado, más aún cuando sin darse cuenta de que en su caminar comenzó a cambiar por uno más sensual, haciendo que su trasero sea más atractivo.
-Valla, ehehe, como siempre se ha dicho, de la boca pueden salir mil mentiras y escupir el veneno más corrosivo, pero el cuerpo es sincero. Ahora, como el Dios hentai que soy, déjame darte una mano, ya que todavía no me calmo por culpa de Setky-chan-.
Acercándose, su mano igual a un látigo azota directamente en una de las nalgas bailarinas de Sayaka.
¡Plash!.
—Iiiiiiiii—.
Brincando por la bofetada al culo que resonó en la vía pública, Sayaka lanzó una mirada furiosa a Javier que cambió de inmediato a una llorosa embriagada en su propia lujuria.
Manoseando de forma brusca una de las mejillas carnosas de Sayaka sobre la falda, la cintura y las piernas se sacudieron al igual que un cervatillo.
—Buena chica, una cerda como tú solo debe chillar como cerda que eres y nada más—.
Aplacando al lado masoquista de Sayaka, Javier aprieta con fuerza la nalga.
—D-detente, hhh, en este instante, mmm, gh, iig, no—.
—Cerda, una verdadera mujer, lloraría por este trato, pero mira el rastro que dejas en el camino—.
Acalorada con el manoseo sin delicadeza, Sayaka mira donde estaba parada y ve que el asfalto se estaba humedeciendo por un espeso líquido que no paraba de caer junto con cálido recorrido que manchaba los muslos y medias.
—Te equivocas, mm, eres un, hhi, Dios hentai, sabes manipular, gjm, a una mujer—.
—Ehehe, puede ser cierto, pero una mujer no se corre por una bofetada a la primera, gritaría de dolor, ahora dime qué sentiste tú…—.
Instando a caminar mientras una de las nalgas era manoseada bruscamente, Sayaka no pudo responder.
—Vez eres una masoquista empedernida—.
—M-me, hg, mm, hiu, que me dejes en paz—.
—Eres mi juguete, algunos nunca más mirarían al juguete que cambiaron por otro, pero soy el Dios hentai, no perdono que me hayas dejado por un berrinche de paz y felicidad propia. Me gusta limpiar mi juguete guardado—.
—… Eso, ah—.
Metiendo la mano en la falda de Sayaka, con fuerza bruta gala las bragas rompiéndolas. No mirando el estado o el daño que pudo haber ocasionado a su actuar, su mano como águila agarró la carne fresca que se salía por todas partes.
De igual forma, el cuerpo de Sayaka para que camine despacio, la mano y siguió hasta que se le ocurrió una idea y enrolló la falda a la vista del trasero.
Lo mismo al frente, Sayaka que sentía una electricidad que acalambraba sus piernas haciendo que camine coja y su mente se pusiera en blanco. Entrando en un estado de letargo y su cuerpo caliente como un horno, sintiera la brisa fría, entrando en razón y vio su falda enrollada para que cualquiera pudiera ver su parte íntima.
—E-espera, alguien podrá ver—.
—Detén tu mano—.
Autoritario, Sayaka no podía ir contra la firmeza y confianza que exudaba Javier, que sonreía.
—Cerda-chan, vez lo que te estás perdiendo por tu obstinación de buscar felicidad, cuando tienes todo aquí. Debería darte un castigo o mejor…—.
—C-c-castigo glub, hia—.
—Golosa, estremecerse con solo, imaginarte, jejeje. Si fueras mi preciado juguete, esta noche hubiéramos dado un rico paseo—.
-p-paseo-.
Apenas pensando con claridad, al escuchar el susurro del Dios, hentai en su oído, que era tan empalagoso como la miel.
—Seguro te preguntarás qué tipo de paseo es… Es un simple paseo por el parque con su perro—.
-Podrá ser, es, eso, ¡¡que imagino!!, pero, si eso sucediera yo-.
—Tu cintura acaba de temblar, cerda-chan, jejeje, y sabes algo mejor: inmovilizar tus piernas y brazos por juguetes para que seas un verdadero perro y no te preocupes, un collar con cola y orejas también vendrán juntos—.
—Ggggggggg—.
—Oh, hehehe mira qué desastres hiciste Cerda-chan—.
Parando en medio camino, la cintura de Sayaka convulsionó. Javier la abrasó por la cintura para acercarla más mientras miraba cómo un chorro transparente salía con fuerza al asfalto.
Sin detenerse un chorro dorado, roció el asfalto, una segunda vez.
Javier, que podía ver cómo las piernas de Sayaka ya no servían, al fuerte orgasmo que tuvo, con unas manos presionó el vientre haciendo que se incline y dejara escapar lindos gemidos que no intentó cubrir, para dirigir su otra mano a las nalgas.
—¡¡Mmmhhh, Aaaaaaaaaa…!—.
Sayaka que no pudo evitar lanzar un gemido en plena tarde como una bestia en celo, su cuerpo se sobresaltó, parándose de puntillas, hasta doblar la espalda hacia atrás, formando un arco.
Lamiéndose los labios al ver el estado deplorable en que se había convertido Sayaka con solo dos dedos en su ano. Le ordenó.
—Vamos—.
Como marioneta Sayaka, apenas pudo caminar sin contar el apoyo de Javier, que jugaba con su dedo índice y medio, dentro del ano y con su otra mano presiona el útero que palpitaba.
-Más, más, más, más, necesito más de esto-.
Gritándole los instintos para destruir a la mujer que tenía a su lado como humana. Ya no pudiendo reprimir el sadismo que crecía al ver el desaliñado rostro de Sayaka que parecía totalmente menos hermosa.
Javier, sin contemplación, utilizó sus dedos índice y medio para atornillar hasta la base y sacarlo un poco y volver a meterlo con fuerza, haciendo que se escuche un chapoteo y débiles palmadas.
Sayaka sin poder resistir el intenso placer que le brindaban en su ano olvidándose que estaba en medio de la calle, gimió sin contenerse.
Chorrean de su coño un espeso jugo del amor que contaminó las medias negras y dejaba rastro en el asfalto.
Su ano tampoco se quedaba atrás cuando proporcionó una mucosidad que facilitó el proceso de penetración. Sayaka que no podía resistir tal placer de ser humillada hasta el fondo en medio de la calle, jugando con su ano y al placer de su dueño, dejó escapar otro chorro blanco que empapó sus medias negras y, como una pistola de agua con cada sacudida de la cintura lasciva, lanzaba.
—¡¡Maaaaas!! ¡maaas! ¡¡¡Otro maaaaaaaas!!!… ¡¡Aquí viene uno grande aaaaaaa!!! ¡¡me vengoooooooo…!—.
Plac, plac, plac.
Sayaka que no se había dado cuenta al perderse en su propia lujuria que era como arena movediza, tiñendo la conciencia.
Javier, que sí notó las zapatillas de mujer que se acercaban del otro lado. Cuando Sayaka había experimentado el sexto orgasmo desde su ano, se sobresaltó al instante paralizando sus caderas que se movían de adelante hacia atrás, igualando a un animal en celo. Un chorro mucho más fuerte voló a varios metros de distancia.
—Cerda-chan saluda a nuestros espectadores—.
—Ei—.
No entendiendo palabras humanas, un bufido escapó de Sayaka al sentir cómo los dos dedos de Javier se doblaron como un gancho agarrándose de las paredes anales, deteniéndola a la fuerza.
Sudorosa, pegándose la blusa a la esbelta figura, el cabello en las mejillas y frente. Ojos vidriosos sin razonamiento detrás. Secreción de mocos y saliva cayendo de su boca al no poder controlarse y aun así saludó con la mano como se lo ordenaron.
—¡¡¡¡Kyaaaa!!!!!, ¡¡¡¡pervertidos!!!!—.
La ama de casa sorprendida por una estudiante que caminaba mostrando un lujurioso rostro de embriaguez, con los pezones puntiagudos perforando la blusa y brasier junto con la parte inferior, mostrando al público, dejando atrás un rastro de jugo del amor y orina.
Viendo escapar a la ama de casa, Javier se ríe.
—Jajajaja, qué fabulosa la reacción de esa mujer, no lo crees, Cerda-chan—.
—Shi…—.
Respondió igual que una tonta, derramando de su boca saliva y de sus labios inferiores un espeso hilo que se alargaba hasta el asfalto.
Solo faltando una media cuadra para llegar al vehículo, esta vez se encontraron con dos estudiantes que se quedaron paralizados ante el espectáculo de Sayaka
—i-increíble—.
—To-toma, foto, o-oigan, puedes mirar asía aquí—.
—Claro que puede, pero acérquense más, Cerda-chan saluda a tus admiradores—.
—Euh…—.
Igual que las hienas al oler la carne, los chicos tomaron varias fotos desde diferentes ángulos ante el deshonroso aspecto de Sayaka que era menos humana si no un objeto de degradación.
Despidieron a los estudiantes de otra escuela con una carpa en sus pantalones que no intentaron ocultar frente a Sayaka y Javier.
—Felicitación, ahora tienes nuevos admiradores—.
Javier, con una sonrisa sádica, le susurró al oído de Sayaka, haciendo que temblara un poco, pero al extender los dedos dentro del ano de Sayaka se sobresaltó, dejando escapar un rugido en celo.
Llegando a la camioneta, Javier acostó boca abajo a Sayaka en el asiento de atrás.
—Fue espléndido… Cerda-chan—.
No importando que no le haya respondido, Javier vio el trasero que tenía pequeñas convulsiones y de la boca que dejaba escapar sonidos ásperos.
—Hora de la comida—.
Dijo Javier, sabiendo por instinto dónde estaba la mejor comida del mundo, un manjar que hacía que babeara.
Agachándose a la altura del trasero de Sayaka, Javier pasó por debajo de la pierna alzada, al igual que un perro meando.
—Mm, una vista preciosa, gracias por la comida—.
Agradeciendo desde el fondo de su alma, Javier acercó su rostro al coño de Sayaka.
Húmedos, los labios regordetes semiabiertos que había suplicado anteriormente por ser profanados, un clítoris erecto rojizo que rebeldemente se había salido de su prepucio.
Envolviendo con su brazo los regordetes muslos de Sayaka que mantenía alzada la pierna, abrió los labios exteriores húmedos, mostrando una excelente vista del interior color salmón.
Lamiéndose los labios, mira por un instante la uretra dilatada, por tanto, orinar, y unos centímetros más abajo, igual de mojado, un pequeño agujero se abría y cerraba, esperando su premio anhelado, pero que no conseguía ser apaciguado.
—Mmmm—.
Gimiendo en un letargo, Sayaka estaba lo suficiente cansada como para poder reaccionar, pero su rostro, que había vuelto a la normalidad, volvió a teñirse de placer.
Javier, con su lengua delicadamente, surcó los labios internos haciendo que se contraigan los músculos de esa zona, pero sujetándola con cierta fuerza, la diferencia no fue diferente. La lengua de Javier que surco hasta la uretra que se contraía al ser lamida. Un poco más abajo y comenzando a saborear igual que un probador de vino.
-Qué delicia, esta fragancia, el sabor agrio, pero que al momento siguiente una dulzura, exquisito… pero lo que busco está más adentro-.
Sabiendo lo que estaba buscando, Javier metió su cara en la vagina de Sayaka que la hizo sobresaltar, haciendo que su cintura se contraiga y sus piernas intentaran cerrarse, pero que permitió.
-Mmmmm, qué fragancia, suave, áspera, esta sujeción ¡¡Aquí está!!-.
Extasiado, Javier sintió las paredes vaginales de Sayaka apretar su lengua desde todas direcciones, al igual que un grillete que comenzaba a hacer engrasado con el jugo de amor que comenzaba a producir una vez más Sayaka.
El útero, la matriz de una mujer y el significado de una vida. Javier, que con su lengua pudo sentir la entrada de ese preciado lugar, estando completamente sellado ante cualquier intruso, se abrió de repente, descendiendo mucho más, dejando en claro una cosa.
—Oooooohhhhhh…..!!!—.
Una vez más Sayaka sintiendo un placer mucho más intenso que no se podía comparar con las torturas y los placeres que proporcionaban los penes, al sentir como algo escurridizo, áspero recorría sus paredes vaginales, haciéndola llegar poco a poco al orgasmo sin control que al tocar la entra al útero, Sayaka experimentó por primera vez los placeres de ser una mujer en todo el sentido de la palabra y no por juegos previos o anales.
Entrando en el útero de Sayaka que palpitaba como un segundo corazón, eh hirviendo, la lengua de Javier se convirtió en cientos de mini lenguas lamieran el útero de Sayaka que explotó al placer que sentía.
Javier no la soltaba sin importar cuándo se moviera o se arqueara. En un momento las mini lengua entraron en las trompas de Falopio hasta llegar a los ovarios y allí estaba, un pequeño huevo llamado ‘óvulo’.
Las mini lenguas rápidamente se movieron alrededor de las trompas de Falopio y ovarios, haciendo que experimenté un placer irreal y único en el mundo.
—Glud… Gracias por la comida—.
Agradeciendo con la boca llena del sabor del coño de Sayaka y el juego del amor pegajoso en los labios, nariz, mejillas y mentón. Lamiéndose los labios, lo disfrutaba como el mejor vino.
Unos minutos después, Javier le quitó las medias, limpió con toallitas húmedas y después con ‘limpieza’ no dejó manchas en el asiento trasero por los jugos y escasa orina que se le había escapado a Sayaka.
Llegando a la escuela Aoi donde estudiaba Rinka y esperaba fuera de la escuela de mal humor, rápidamente se subió como copiloto.
—H-hola—.
—¡Llegas tarde!—.
—Lo siento, Rinka-chan, me demoré por un asunto—.
—No me importa, sabes lo aburrida que estuve esperando parada mientras todo el mundo se iba—.
Queriendo seguir regañando a Javier, pero al ver la parte trasera donde siempre se sentaba Sayaka, ahora la ve acostada; sin medias, zapatos y la falda arrugada, además de que Rinka notó el rostro pacífico y brillante de Sayaka.
—¡Cuenta todo!—.
—Eh, ¿qué quieres que te cuente?—.
—Qué más, mira la cara de mujer de Saya-chan, está claro que han tenido sexo… espera, tú no puedes y eso quiere decir que…—.
—¡Estás pensándolo demasiado, quien dijo que no podía tener sexo sin mi pene!—.
—¡Sin pene no es sexo!—.
Declaro fervientemente, haciendo que hasta el propio Javier quedé admirándolo.
—… Bueno, además de los exhibicionismos, jugar con su ano mientras camina, meter mi lengua hasta su útero, nada más paso—.
—¡!…—.
Quedando con la boca abierta por tal declaración escandalosa, Rinka dudó por unos segundos comprender.
—¿Por lengua te refieres?—.
—Mi lengua, puedo estirarla, Ehehe, quiero probar, Rinka-chan—.
Sintiendo que una puerta se abriría si probara lo que se le propusieron, Rinka con una sonrisa de adulta, lo rechazó.
—No—.
—Ehhhh, un poquito, solo la puntita, la puntita bastará—.
—No, es no, mooo, Javier Onii-chan debe de respetar un poco cuando alguien dice algo—.
—Hmph—.
—Otra vez esa mirada de niño que no pudo comprar su caramelo. Ahhh, ¿y arreglaron las cosas?—.
—¿?, con quién?—.
—Con quién más, con Saya-chan—.
—A eso—.
Rinka notando ese tono de voz que muchas veces los viejos, la cual tenía sexo a diario, respondían al quedar embarazada y la hacían abortar de indiferencia.
—… Dilo—.
—Rinka-chan, cuando guardas un juguete, siempre hay la necesidad de limpiarlo—.
Entendiendo lo que quería decir Javier, Rinka le dio una última mirada a Sayaka aún dormida.
—No se lo piensas dejar fácil—.
—No tendría por qué hacerlo. No soy el tipo de hombre que insiste que te quedes cuando la otra persona tomó una decisión. Soy del tipo que espera. Sayaka tomó una decisión con su libre albedrío, quiere volver, eso que le competirá a ella—.
—Veo…—.
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