Me convertí en el Dios hentai. ¿Y que? - Capítulo 50
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Capítulo 50: Jueves, 25 Abril (Convirtiéndose en padre + preludio a enfermedad cuarta parte)
Desde las sombras del mundo terrenal… tu mirada ha despertado algo.
¿Te atreves a seguir leyendo las escrituras de esta novela prohibida?
Entonces escucha bien, alma curiosa.
He abierto un templo digital en Ko-fi.
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retratos auténticos de los seres que habitan esta historia.
Pero todo pacto merece recompensa:
Los fieles recibirán imágenes personalizadas, únicas… y tal vez, un secreto reservado solo para los elegidos.
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—————
Permaneciendo en un ambiente incómodo para hablar, algo inusual, ya que Rinka era la que lleva la batuta de aligerar el ambiente.
—¿Cómo te ha ido en la escuela?—.
—Bien, eh, hechos, amigas, dejan tarea y los estúpidos compañeros de clases se comportan como niños—.
-Pero si aún son niños-.
No pudiendo decirle a Rinka que parecía tener algo que ver con su mal humor antes de que llegara a recogerla.
—¿Te hicieron algo?—.
—… aaaaah, deberías mirar al frente cuando estés conduciendo—.
—Tú eres más importante que la seguridad—.
—Yo también estoy aquí, sabes—.
—No te fijes en los pequeños detalles—.
Levantando la ceja al escucharlo, Rinka toma su maleta y comienzo a golpear a Javier.
—¡Cuidado! Espera, duele, detente, Rinka-chan—.
—Hmph, eso te pasó por querer hacerte el genial frente mío… Bueno, me ocurrieron muchas cosas en la escuela—.
Desahogada con Javier, comenzó a contar.
—Los imbéciles sempais del club de karate nos utilizaron como su saco de entrenamiento, me da rabia solo recordarlo, no solo conformándose con eso, nos obligaron a limpiar el club y las herramientas, en serio lo peor—.
—Pero eso no fue lo único, si no, no hubieras dicho que tus compañeros de clase son unos niños—.
—¡Escucha!, esos mocosos de mierda me hicieron una broma pesada, mientras estaba charlando sobre una linda ropa que nos mostró Ion-chan, esos rufianes me hicieron los mil años de muerte—.
—… directo a tu ano—.
—…—.
Sabiendo lo que eso significa, asiente.
—¡¡Ahahahahaha!!—.
—¡No te rías!—.
—Ahahaha auch, auch, estoy contra la violencia doméstica—.
Retomando la conversación después de que golpeara a Javier con sus puños en sus costados.
—Al final, ¿qué piensas hacer con ella?—.
—No te dije, nada, solo pienso jugar de vez en cuando con su cuerpo—.
—Entonces, para qué le distes diez años, no comprendo tu método más allá de que quieres hacer la adicta a ti. Pero si lo ibas a hacer de igual modo, ¿para qué hacerlo?—.
—Antes, Sayaka era adicta a la droga por culpa de su padre. El único alivio de ella era drogarse y masturbarse, repitiendo así el ciclo de adicción. ¿Ahora cómo terminarán nuestras Sayaka?—.
—Teniendo en cuenta que estar contigo es la mejor droga para las mujeres. Si se fuera de la casa, no tardaría mucho en llegar al sexo irracional, junto con las drogas para darse más placer, pero como nunca me he drogado, no puedo decir más—.
Con los mismos pensamientos que Rinka, asiente.
—¿Por qué hablan de mí como si supieras todo?—.
Rinka volteando haber a Sayaka, que se arreglaba la falda que revoloteaba por el viento.
—Una buena fiesta, cierto, Saya-chan—.
Saludó a Rinka mientras la miraba.
—… Rinrin-chan, ¿dónde estamos?—.
Ruborizándose apartó la mirada.
—¿Perdida?, ya casi llegamos a casa, Saya-chan—.
Entendiendo mira sus piernas, notando que estaba descalza, recordó la locura que hizo, se tapó la cara roja con sus manos.
—Me quiero morir—.
—Ehehehe, no es para tanto—.
—…—.
Levantando la cabeza, recuerda algo mucho más importante.
-Todo es culpa de este tipo-.
—¡Tu culpa!, ¡todo es tu culpa!, ya no podré volver a la escuela, ni siquiera podré salir después de eso, ¡¡Por tu culpa!!—.
—Ahahaha—.
Riendo Javier como si no le importara que fuera ahorcado, llegaron a la mansión.
—Bien abajo—.
Javier al ver que Sayaka no bajaba.
—Abajo, abajo, abajo, abajo, abajo, abajo, abajo…—.
Repite sin cansarse.
—¡Cállate!, ¿eres un niño o qué?—.
Molesta se tuvo que bajar azotando la puerta de la camioneta, volteando a ver a Javier, extiende la mano.
—¿Quieres darme la pata?, qué linda—.
—¡No zopenco!, lo que me quitaste—.
Divirtiéndose con las expresiones de Sayaka, Javier entregó las medias y los zapatos.
—Falta—.
—¿Mm? No creo, ya te di todo—.
Mirándose a la cara los dos, una suave brisa recorre el lugar.
—Mm—.
Escapando un suave gemido que reprime, Sayaka cubre su falda que se levantó por el viento, lanzándole una mirada fiera a Javier
—Bien, entremos—.
Pero la ignoro.
—¡Oye!—.
Grito frustrada Sayaka.
—Déjalo, no creo que te la devuelva—.
Dando un pequeño consejo, Sayaka la mira a su lado.
—También te quito algo—.
—No… Pero si tiene esa misma actitud que tendría cualquier hombre cuando tiene algo de una mujer, él no te la devolverá—.
—Ahhh—.
Un largo suspiro solto, para resignarse a recuperar las bragas arrancadas a la fuerza. Tan pronto como recordó la sensación de ser ultrajada en medio de la calle, que no se podía describir como más que impotencia y placer en su útero, Sayaka con las mejillas sonrojadas meneaba el culo como perra en celo.
—Bueno, aunque no sé qué te hizo para que dejaras, ‘tu libertad’, parece que ya no estás de mal humor—.
Dejando entre comillas la palabra, ‘Libertad’, Sayaka miró a otro lado.
—Tú lo sabías, cierto—.
Queriendo confirmarlo.
Rinka que ya había cruzado la puerta, se dio la vuelta y con una sonrisa lo confirmó.
—Y qué más esperabas, las personas que pasan nuestra experiencia no pueden vivir como antes—.
—Lo sabía, Rinrin-chan eres una perra—.
—Ehehe, aciertas…—.
Tiñendo sus ojos a un vacío sin sentimientos, le sonrió ampliamente a Sayaka.
—Saya-chan, es mejor que tengas el perdón de Javier Onii-chan, ahora que por fin recapacitaste, no tendré que hacer que conocieras a unos Oji-san ‘muy amables’ iguales a cómo le hice a Otome-nee—.
Sintiendo un escalofrío que le recorrió el cuerpo, Sayaka no dudó en las palabras de Rinka que se atrevería a hacerlo, igual como se lo contó anteriormente.
-Está hablando en serio-.
—Ehehe—.
Le sonrió a Sayaka antes de entrar como si no hubiera pasado nada.
—Está loca…—.
Sintiendo como un líquido acuoso que bajaba por el muslo, con imaginarse las futuras cosas que tendría que hacer para ser perdonada por Javier. Sayaka tomó un profundo respiro, caminó sin importar que el viento ondeara su falda, pudiendo mostrar su trasero pálido.
—… Ya llegué, ¿Shio qué ases?—.
Entrando a la sala de estudios donde se encontraba a Asahi estudiando y en otra mesa a Shio jugando con plastilina.
—Bienvenido, Javier-kun, mira, este eres tú, Ehehehe, igualito—.
Señaló al pequeño muñeco de plastilina que, aunque no se parecía en nada a Javier, le sobó la cabeza.
—Oh, increíble Shio, se parece mucho a mí. ¿Quién es este?—.
—Mami, Onii-chan, Rinka onee-chan, Saka onee-chan, Yami Onee-chan y esta soy yo, ¡formamos una gran familia!—.
Feliz de ver la ingenuidad en la sonrisa de Shio.
—Ehehe, ¿jugamos Javier-kun?—.
—¿A qué quieres jugar?—.
—A la casita—.
Proponiendo el juego, Javier mira a Asahi que seguía estudiando.
—No juegas con Asahi—.
—Ya jugué con Onii-chan todo el día, ahora quiero jugar con Javier-kun—.
—No se puede evitar si quieres jugar conmigo—.
Aunque sonaba renuente, la sonrisa del padre tonto lo delató sentándose.
—Podemos jugar un ratito, no falta mucho para la comida y quiero ir a cambiarme—.
—Está bien…. Aquí, querido, cuida de Tanya-chan mientras salgo a hacer las compras—.
—… La dejas en buenas manos, esposa, que te vaya bien—.
—Ehehehe, entonces ya vuelvo—.
Yéndose la muñeca de plastilina, Shio Kobe comenzó a reunir pequeños trozos de plastilina antes de volver.
-Ahora que me doy cuenta, Shio no tiene nada más con que divertirse, no hay juguetes, no tiene amigas de su edad, ¡¿esto no es malo?!-.
Pensando en el futuro, Javier mira perdido a la muñeca de plastilina que cabía en una mano.
—Qu… O, qu…rido, querido—.
—Ah, ah… lo siento, me quedé dormido—.
Todavía actuando, Shio expresa preocupación mientras le sobaba el pelo a Javier.
—Estás cansado, Querido, es mucho después de venir de trabajar—.
—No hay nada de qué preocuparse… y eso es—.
—La comida—.
Cambiando rápido de expresión, Shio comienza a poner en la mesa las bolitas de plastilina que recogió.
—Compre arroz, aceite, una lata de de mmm—.
—Choclo—.
Susurró Javier.
—Si de choclo, también traje leche…—.
Siguiendo con el juego, Yami entra.
(¿Qué hacen?)
—Jugando a la casita, cierto Shio—.
—Cierto, Yami Onee-chan, mira, esta eres tú—.
(lindo)
Sonrió Yami.
—Dice que está lindo—.
Ayudó a traducir para Shio.
—Oh, Ehehehe—.
Contenta por la forma en que la elogiaban, Javier siguió pensando en varias cosas.
(Javier, ¿qué es lo que tienes en tu mano?).
—Huh, esta es mi hija Tanya-chan—.
—Soy su mami—.
Sin notar la ligera caída en la ceja izquierda de Yami. Javier y Shio siguieron jugando a la casita.
—La comida ya está lista, Shio lávate las manos—.
—Siiiii… ¿Javier-kun quieres ser mi papi?—.
Huyendo después de dejar salir su deseo que dudó unos segundos en decir, Javier, sin querer, aplastó la figura de plastilina.
—Cof, cof, cof…—.
—¡E-Asahi agua!, toma un poco de agua—.
Atragantándose con su propia saliva, Yuuna que alcanzó escuchar cuando llamó a comer, fue corriendo a traer agua y Javier, que se quedó pasmado.
La única que no parecía sorprendida fue Yami que era la cabecilla que le incitó a ver a Javier como un padre. Aunque solo lo acelero.
—…—.
No sabiendo cómo proseguir, Javier ni siquiera notó a Yami mirarlo para saber su respuesta.
—I-re a lavarme las manos—.
Se escapó.
—E-Yami-san, ayúdame a poner la mesa—.
Rígida como la de una puerta que tenía que engrasar las bisagras, Yuuna volvió al comedor con Yami siguiéndole.
——
Todos reunidos en la mesa, Rinka ni Sayaka que sabían lo que había pasado en la sala de estudio. Notaron que todos estaban actuando raro.
Siendo una comida silenciosa donde solo se escuchaban los palillos, al tocar de vez en cuando el plato, Shio inquieta, miró unas cuantas veces a Javier que no había tocado su comida y después a Yami.
Asintiendo Yami haciendo señales para que prosiga, Shio con la voz baja preguntó.
—Javier-kun… ¿Lo que dije antes?—.
Sobresaltado al escuchar el murmullo de Shio que se escuchó en todo el comedor, 3 pares de ojos le cayeron encima a Javier.
—Escucha Shio—.
Dijo Javier mientras empujaba su plato a un lado.
—¡S-sí!—.
Nerviosa, espero la respuesta.
—Lo siento, pero no puedo ser tu padre—.
Nublando la carita de Shio, ante la negativa de Javier, bajó la cabeza, mirando el plato.
—Eh, eh, qué está pasando, que me perdí—.
—Silencio Rinrin-chan—.
Callándola, Sayaka miró a Shio que temblaba, dejando caer lágrimas sobre su plato.
—Mi amor, no estés triste, ven, ven, dame un brazo… ¡!—.
Queriendo abrazar a Shio, Yuuna es rechazada. Quedando sorprendida, intentó abrazar, pero cada vez Shio la empujaba con sus brazos.
—Shio, ¿por qué quieres que sea tu padre?”—.
Atrayendo las miradas de todos en la mesa, Javier los ignora.
—Es solo una niña, no sabe lo que está diciendo, Javier—.
—A ti no es el que pregunté Asahi. Ahora dime, ¿por qué?—.
Aunque molestó Asahi por la actitud prepotente de Javier con él, miró a Shio también, por lo que respondería.
—… En televisión vi… a un papi e hija jugar… también la cargaba… y cuando regresaban a casa, la mamá los recibía contenta y los regañaba por ensuciar, la casa era cálida, eran felices… Shio quiere que Javier-kun sea el papi de Shio—.
Siendo clara, Javier, no sabiendo qué decir, se rascó la nuca.
—¿Por qué yo?. Tienes a Yuuna y Asahi, son una familia, te quieren, no hay necesidad de que haya un padre—.
—¡Es diferente!. Muy diferente… ¡Javier-kun es diferente!, Shio no tiene papi, pero cada vez que le pregunto a Onii-chan y Mami, hacen una cara de dolor y sufrimiento—.
—S-Shio eso—.
No sabiendo cómo explicarle, lo de su padre, Yuuna con el simple hecho de recordar la sombra de ese hombre, su cara se angustió.
Asahi no mostrando la mejor expresión, era de ira y asco. Javier tampoco tenía intención de hablar por ese hombre.
—Shio solo quiere un papi, Javier-kun hace que Shio se sienta protegida. Shio quiere que Javier-kun se convierta en su papi, ¿no puedes?—.
Con lágrimas en los ojos, Javier no pudo apartar la mirada de los ojos claros y puros de Shio.
-Ahh, es difícil de rechazar esto-.
—Lo siento, pero no puedes ser mi hija—.
Escuchando una rotunda negativa, los ojos de Shio se empañaron de lágrimas que bajaron por sus mejillas.
—Shio… Shio… Shio… quería… a un papi, uwa…—.
Rompiendo en lágrimas, Javier se para y desaparece del comedor. Al mismo tiempo, el llanto de Shio se detiene, habiendo desaparecido del comedor.
———-
[Templo del Dios Hentai]
—No llores, Shio te verás fea si lloras—.
—¡No importa, Shio no tiene a papi!”.
—Vaya cosa—.
Sentada en el regazo de Javier, Shio seguía ocultando su rostro con su brazo.
Sentado en su asiento de piedra, Javier toma en sus brazos a Shio, parándose para dirigirse a la entrada de su templo.
—Mira, Shio, afuera—.
—Hug… ¡!—.
Comportándose rebelde en no querer nada, Shio bajó su brazo para mirar.
No teniendo palabras para discernir la vista, los grandes ojos azules de Shio brillaron por el panorama.
—Impresionante cierto, este es mi planeta Dedaria—.
—…—.
—Jejeje, aunque no haya moscas, no es bueno tener la boca abierta, Shio—.
Con gentileza subió la barbilla de Shio que no tenía palabras.
—No puedo convertirme en tu padre, pero, puedes convertirte en mi hijastra—.
—… ¿Hijastra?, ¿Qué es eso?—.
Feliz Javier, de tener su atención, le explica.
—Hijastra significa que te adoptó como mi hija de forma verbal, claro está—.
Bajándola con cuidado, se arrodilló frente a ella, tomando las pequeñas manos.
—Que dices, convertirás a este pobre Dios en tu padrastro—.
Sonriendo lamentablemente Javier, mientras el planeta Dedaria iluminaba la espaldista de Shio.
—T-te convertirás en el papi de Shio—.
—Padrastro.. sí—.
—Mm, mm, mm—.
Tirándose a los brazos de Javier, llora de alegría.
—Te dije que no llores, una niña linda no llora o se pondrá fea—.
—Mmm, no estoy llorando… no estoy llorando—.
Limpiándose las lágrimas que rodaban por sus mejillas, con la ropa de Javier, sus pequeños brazos abrazaban a Javier sonriéndole al mirar hacia arriba.
¡¡Tin!!
[Bendición del Dios Hentai]
[Hija del Hentai. Dado a la hija adoptiva del Dios Hentai. (Shio Kobe)]
[Bendiciones]: Belleza, amor al Dios hentai, encanto, suerte, habilidades sexuales, mejora, ojos espirituales.
[Belleza]: Mejora los atributos naturales.
[Amor al Dios hentai]: La hija predilecta que añora y da amor.
[Encanto]: Atractiva al sexo opuesto y su mismo género.
[Suerte]: Mejora la buena fortuna, y a su alrededor.
[Habilidades sexuales]: Como implica su nombre, aprenderá más rápido técnicas sexuales. (Sellado al ser menor de 12 años).
[Mejora]: Aumenta las habilidades motoras, inteligencia y talento innatos.
[Ojos espirituales mejorados]:
[Ojos alma]: Noveno grado> Octavo grado.
{Nota: Los ojos de Alma, son de menor a mayor de décimo hasta el primer grado. Lo aré mejorando al futuro alguna sugerencia}
—Sucede algo, papi—.
—Eh, oh nada, no pasa nada…—.
-Maldición, no esperaba que esto pasara al adoptar a Shio-.
No tenía más remedio que aceptarlo al ver que la que más le preocupaba lo estaba sellada.
—¿Qué te parece mi planeta?—.
Sentándose en el escalón, sienta a Shio entre sus piernas.
—Es hermoso… pero es un poco triste—.
Shio columpiando sus piernas mientras se recuesta contra el estómago de Javier, le dice esas palabras mientras sus ojos azules brillaban débilmente.
—Cierto, es una pena que no pueda hacer mucho más, pero en el futuro será diferente. Mi planeta Dedaria será hermoso, con mucha vida—.
—Yo también quiero verlo, papi, ¿me traerías?—.
—Claro—.
Declaro abrazando a Shio.
—Papi… oye, papi—.
—Dime—.
—Tengo hambre—.
Dijo tocándose la panza.
Escuchándola, recordó que estaban en medio de la comida.
—Yo también, volvamos—.
Dejando del templo del Dios Hentai, aparecieron en la sala.
—¡Shio!—.
Escuchando el grito de Yuuna, Shio se separa de Javier.
—Mami—.
Corre a los brazos de Yuuna, Javier, parándose. Nota las lágrimas de Yuuna en sus ojos de lo preocupada que estaba.
—Lo siento por llevarla así—.
—Mmm, ya me explicó Yami, la llevaste a tu templo, cierto—.
Un poco fuera de lugar, Javier nunca había dicho a nadie de su templo, quedándose viendo a Yami, se volvió dirigiéndose a la mesa.
—Mami, tengo hambre—.
—Entonces vamos—.
Llevando de la mano a Shio, Javier ve a Asahi caminando con cara de pocos amigos.
—Le hiciste algo—.
Pla ( sonido de golpe).
Recibió un golpe de dedo en la frente.
—¡Maldito!—.
—Idiota, ¿quién le haría algo a una niña de 8 años, por mucho que sea un Dios Hentai?. Tengo principios, ahora vamos a comer—.
Ofendido Javier, se retira al comedor.
—… creo que dije algo malo—.
Susurró Asahi.
Rascándose la cabeza, Asahi mira a Javier que ya se había sentado a comer.
—Rinka-chan, Sayaka, mañana no voy a ir al Instituto—.
—¿Por qué?—.
Escuchando hablar a Javier, Asahi se sienta en su puesto y ve la interacción con Rinka y Sayaka.
—Mañana pienso salir con Shio—.
—… Javier eso—.
—¡Papi, estarás con Shio mañana!—.
¡¡¡Papi!!! X 4
Sobresaltados por aquellas palabras, la pequeña Shio estaba maravillada por la noticia.
—¡¿Qué significa eso de irte con Shio?!, señor Javier—.
Alzándose a la defensiva Yuuna, su presencia asustó a Shio quedándose tranquila.
—Entiendo que te moleste, esta situación, como la madre de Shio es algo aceptable, pero Yuuna. Le has comprado ropa, cuaderno para qué estudié, pero no hay ningún juguete de niña—.
—Eso…—.
Bajando la presencia de una tímida chica, Javier tintineó su vaso.
—Entiendes, mañana pasaré con Shio, le mostraré la ciudad y compraré juguetes y peluches—.
—No es tu deber hacer eso, yo puedo comprarle—.
—No te he pagado todavía—.
—Guuu—.
Dejando salir un gemido perdedor, Javier saca de su bolsillo dimensional un sobre grueso.
—Yuuna dime, ¿cuántos días has trabajado?—.
—… 9 días—.
Le respondió después de hacer memoria.
—Si solo 9 días, lo que quiere decir que aún no debes de tener tu paja, pero, aquí tienes un adelanto de 200.000 mil yenes—.
—¡¡D-Doscientos mil!!… pero esto es mucho—.
Anonadada por la cantidad de dinero en sus manos, Yuuna vio ese dinero que apareció de repente un pilo.
—No es mucho, es la cantidad correcta, lavas, planchas, haces los quehaceres, la casa no es pequeña, es una mansión grande, los niños también ayudan, pero no se mantendrían igual de limpio y eso es solo una parte, te pienso dar dinero la quincena y fin de mes, la cantidad es de seiscientos mil yenes—.
—¡¡Se-se-seiscientos mil!!—.
Gritando ante la absurda cantidad de dinero que ganaría, los ojos de Yuuna comenzaron a girar con forma de yenes.
—¡Escucha!—.
—¡Sí!—.
—Administraré tu dinero de ahora en adelante—.
—Espera, agradecemos que nos dieras techo y comida, pero el dinero de mi mami es otra cosa—.
—Asahi e-espera—.
—Nunca has oído hablar de un dicho, {a manos llenas, loco se quiere volver}”.
—¿Qué significa eso?—.
—Es fácil, viste la reacción de Yuuna ahora, por poco dinero no sabía qué hacer—.
—Mi mami no es así—.
—No lo es, pero si sabe que eso es lo que ganara querrá darle todo a ustedes, tu Asahi ya estás formando, tu infancia ha sido dura, pero sabes que el dinero vuelve loca a la gente, pero Shio no, es pequeña e inteligente, aunque no se criaron de un modo extravagante, Yuuna querrá darle todo lo que no tuvo, ahí habrá problema, por eso no hay que darle mucho a los niños—.
Bajo contundentes palabras de Javier, ni Asahi y Yuuna pudieron refutar algo de verdad en sus palabras.
—Bien, Asahi como te ha ido en la cocina, sabes cocinar algo—.
—Eso…—.
Dirigiendo la mirada a su mamá, Yuuna sonríe alegremente.
—Lo está haciendo bien, me ayuda en el almuerzo y a veces en la merienda—.
Mostrando sé orgullosa del progreso de su hijo, Yuuna le sonríe. Asahi sonrojándose de timidez, se rasca la mejilla y voltea su mirada.
—Eheheh—.
—Bien, si es así, por cierto, chicas, ¿ustedes tienen planes para el Golden week?—.
Mostrándose impaciente Javier, las miradas de Rinka y Sayaka se cruzan y una le sonríe.
—Lo siento, Javier Onii-chan, pero tengo entrenamiento en mi club—.
—Eh, y tu Sayaka—.
Poniendo esperanza en Sayaka le sonríe.
—Lo siento, pero es lo mismo, tengo club—.
Abatido Javier, baja la cabeza.
Como si gozara de la desilusión de Javier, Sayaka se reía por dentro.
—Y para qué nos necesitabas, Javier—.
—Mmm. Se abrirá un lugar oculto en Golden week—.
—¡Lugar oculto!—. X2
—¿Qué es eso?—.
Mostrando su emoción en el rostro de Rinka, Javier les explica.
—En todo el mundo hay sitios como esos que fueron dejados por los antiguos Dioses o se formaron solos. Sus ubicaciones son peligrosas para gente normal, pensaba ir y llevarla a las dos, para que experimenten ese tipo de mundo—.
Estupefactas las dos se miran, comunicándose con la mirada, Javier habló primero.
—Pero ya que están ocupadas, iré con Yami—.
Abatidas Rinka y Sayaka, una sonrisa se formó en Javier.
-Je, no soy alguien fácil de abordar-.
Sabiendo o no lo que pensaba Javier, Sayaka cayó derrotada junto con Rinka.
(No pienso ir).
—Eh, porque, si vamos juntos será divertido—.
(No me gusta pasar mucho tiempo alejada de casa, por eso no voy).
—Pero solo son pocos días—.
Bajo la mirada renuente de Yami, Javier cayó derrotado.
—Shio quiere acompañar a papi—.
—No puedes, el señor Javier dijo que era peligroso—.
—Pero—.
—Que no—.
—Sí—.
Bajo la mirada de Yuuna, Shio se sentó tranquila. Soltando un respiro Yuuna, miró a Asahi a su lado que negó con la cabeza.
—Yami, boba, ahora tengo que irme solo—.
(Puedes llevarte a Polaris)
—Imposible, mejor me llevo a la Emperatriz—.
Ida y vuelta en la discusión de quién llevaría Javier, los platos fueron recogidos. Sintiendo que alguien llegaba, Javier desapareció de la sala y Yami lo siguió.
Frente al portón se encontraba un tráiler negro.
—Entrega para Valderrama—.
Haciendo una seña para que siguiera, Javier junto con Yami caminaron detrás del hombre hasta la puerta del contenedor donde ya estaba abriendo los sellos y mostrando la carga.
Dentro se encontraban tres pilares, cada uno tenía un diámetro de 3 m por 8 m de largo, de roca blanco hueso.
{Roca nerran; impregnada con energía, no son raras, pero son caras; como se esperaba del clan Ryuto, son rápidos.}
—Aquí está—.
Vino de nuevo el hombre que regresó de la cabina con un baúl.
Abriéndolo, Javier encuentra carnes de diferentes especies empaquetadas.
—Oh, más que suficiente. Ya puedes irte—.
Dijo y de pronto el tráiler había cambiado de posición, ahora con la cabeza, mirando hacia la carretera y el contenedor cerca del portón.
Javier que ya había tomado los tres pilares y el baúl en su bolsillo dimensional, no le dio más importancia al hombre que quedó pasmado.
—Bien, bien, bien, con esta comida será suficiente para mañana el asado y con la ‘roca nerran’ podré crear una carretera para que no se vea así—.
(Un bien, es más que vasta)
—… Lo tendré en cuenta—.
Javier que no se había dado cuenta en algún momento, era influenciado por Yami.
————
—Dámela, Yami—.
(No, tómala)
—¿Que no?, dámela—.
Unas horas más tarde, Javier que ya se había cambiado y bañado, comenzó a discutir con Yami.
—Voy a llevar a la Emperatriz conmigo y a dormir con ella. ¡Dámela!—.
(Toma a Polaris, llévate mejor con ella, después puedes tener a la Emperatriz)
Teniendo en sus brazos a la Emperatriz, Yami se mueve a un lado y Javier aparece con los brazos extendidos.
—Dámela—.
Le advirtió a Yami.
(No)
Sin tenerle miedo a Javier, ambos comenzaron a moverse a una velocidad que sobrepasaba al sonido, haciendo que las ventanas tiemblen. Apareciendo sus figuras en el techo, paredes, sobre la mesa, siempre en una posición diferente. Yami esquivando y Javier queriendo atraparla.
En cada una, Yami siempre tenía entre sus senos a la pequeña Emperatriz que amasaba con sus patas.
—Dámela ahora, Yami—.
(No es un no, no sabes obedecer).
—Cállate y dámela—.
Saliendo del comedor donde se habían trasladado, para ir al pasillo. Javier la siguió, mientras Yami retrocedía sin temor a toparse contra la pared.
Entrando a la cocina, pronto se detienen ambos, teniendo la presencia de Yuuna y un vaso de agua en su mano a medio terminar.
—¡Señor Javier!, ¡¿Yami-san qué están haciendo?!—.
Ninguno respondió, mirándose a los ojos, Javier moviendo unos centímetros el pie. Yami no se movía, ya que no le preocupaba lo que haría.
—Discul…—.
No pudiendo terminar Yuuna, Javier estaba en el lugar de Yami, mientras ella estaba a un lado, a solo unos centímetros de que su piel se tocara. Javier haciendo una acción que no sería posible normalmente para un humano, gira en 80 grados sin tener en cuenta los huesos de la cintura.
Yami no pareciendo sorprendida por ello, su mano se une con las de Javier, igual que un apretón de pareja.
(Detente de una vez)
—Primero, dámela, hoy quiero dormir con la Emperatriz—.
La mirada que estaba en la cara de Yami baja hasta los pechos que estiran la tela, de la cual la emperatriz disfrutaba.
—¡Papi, aquí estás!… Mmm, Yami Onee-chan, ¿qué están haciendo?—.
—Detente, ay Shi—.
Otra vez sin poder terminar, Yuuna vio desaparecer a Javier ahora estando detrás de Shio.
—¡Shio!, ¡Yami me está intimidando!—.
—Ehhh—.
—hya—.
(…)
Sin entender lo que pasaba con Javier, Shio y Yuuna aturdidas, Yami entrecerró sus ojos al ver que algo estaba mal, pero se quedó mirando.
—… Papi, ¿qué sucede?, porque Yami Onee-chan te intimidaría—.
Todavía sin saber qué pasaba, Shio le siguió el juego.
—Yami no me quiere dar a la Emperatriz—.
—Yami Onee-chan…, eso es cierto—.
Viendo a Javier a punto de llorar, Shio vio a Yami teniendo a la Emperatriz en sus brazos.
(Él no quiere tener a Polaris, por eso no le doy a la Emperatriz)… (Yuuna ayúdame a decirle eso a Shio)
Comportándose como un niño malcriado, se negó a traducir. Yami no teniendo a nadie más, le pidió a Yuuna que lo hiciera.
—E- Entiendo, papi, no debes intimidar a Polaris—.
—Pero… entiendo, no lo haré más, pero dormiré con la Emperatriz y Polaris—.
No pudiendo negarse ante la mirada de Shio, Javier aceptó, pero Yami no le devolvió a la Emperatriz, sino que se fue de la cocina.
—Señor Javier, se encuentra bien, se está comportando de forma extraña—.
Mostrando su preocupación, Yuuna se acerca a Javier que se mantenía detrás de Shio.
—… Sii, lo siento si les mostré un lado patético… ¿Me necesitabas para algo, Shio?—.
Parándose mientras se sobaba la frente, Yuuna aún preocupada, se quedó callada. Shio sé voltio y con una sonrisa radiante miró hacia arriba
—Papi, léeme un cuento—.
—Un cuento, mmm…—.
Pensativo en algo, Javier sobó la cabecita de Shio.
—¿Qué cuento, te gustaría oír?—.
—Cualquiera que papi quiera contarme—.
—Ehehe, entonces vamos a la sala… pero no podemos olvidarnos de las lecciones, después de eso, te contaré el cuento—.
—¡Apúrate, papi!—.
Arrastrado por Shio que lo jalaba, Javier con una sonrisa tomó en brazos a Shio corriendo.
Entre las pisadas y la risa de Shio, Yuuna se quedó otra vez sola en la cocina.
—Estoy feliz, pero siento que me están quitando a Shio. No, no, no pienses en eso. Estoy ahora preocupada por el señor Javier, no es normal que su estado de ánimo cambie también rápido—.
Saliendo de la cocina, Yuuna fue a buscar a Yami.
Encontrando a Yami gracias al mapa que le fue dado por Javier para siempre saber dónde y quién está dentro de la mansión. Yuuna entrando a la habitación continua de la de Javier, con repisas que llegaban hasta el techo de doble altura.
—Yami-san puedo hablar contigo—.
(¿De qué quieres hablar?)
—Sí, del cambio que tuvo ahora el señor Javier… sonará metiche por meter mi nariz donde no debo, pero me preocupa ese cambio de personalidad—.
(¿Te preocupa?)
—Para bien o para mal, mi hija ha mostrado un interés por el señor Javier… Shio nunca ha tenido una figura paterna y hasta ahora me alegro de que no se haya relacionado con ese hombre… Sé que no he sido la mejor de las madres, al pasar medio tiempo del día en el trabajo o buscando mientras la dejaba encerrada en el cuarto… Por eso quiero que me ayudes. El señor Javier te escucha, o mejor dicho, eres la que más confía, aunque han sido pocos los días aquí, he visto su interacción… Es egoísta de mi parte, pero no quiero que Shio sufra, es una niña sensible, por eso—.
—Te escuché—.
—¡!—.
Resonando la suave voz en el cerebro de Yuuna que se paraliza, no por el miedo sino por un encanto ilegible que te arrastra.
Esos ojos heterocromáticos, negro y otro Cian, antes eran alegres y mostraban ingenuidad, ahora mostraban tranquilidad, pero los que podían ver bajo esa falsa tranquilidad eran astucia y desenfreno.
Parándose, su ya alta estatura de 1.80 cm, combinada con su sola presencia que exudaba autoridad, la hacía parecer un obelisco robusto que nunca se agrietaba, capaz de soportar los cielos.
Yuuna que no sabía qué estaba pasando, pero sin escuchar los pasos que se movía en silencio, los cuales siempre se escuchaban cuando caminaba, sin darse cuenta. La tenía de la barbilla, mirándose a los ojos.
—Eh, ah…—.
—Desde ahora en adelante no tienes que preocuparte, Javier será el padre de Shio, habrá situaciones difíciles, pero nada que escape de las manos de Javier. Por la salud, tampoco habrá problemas, a menos que sea lo suficientemente terco, no tendré de otra que sujetarlo con cadenas—.
—Puedes hablar—.
—Ehehe, ¿por qué no podría?—.
—…—.
No sabiendo cómo responder al ver la sonrisa hechizante de Yami, Yuuna por un instante pudo ver estrellas que eran imposibles de contar, siendo atraídas y otras alegándose.
-Yo también seré una de esas estrellas-.
Perdida en los pensamientos, Yami le susurró al oído.
—Guárdame el secreto, solo entre nosotras dos—.
—S-sí—.
—Buena niña—.
Dijo tocándole delicadamente la mejilla, como si se tratara de una hija querida.
Llendose Yami, Yuuna quedando aturdida, no sabiendo qué había sucedido, se tocó la mejilla, aun sintiendo la calidez y la sensación.
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