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Me convertí en el Dios hentai. ¿Y que? - Capítulo 52

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Capítulo 52: Viernes, 26 Abril (¡¿Cita Asaltada?!)

Desde las sombras del mundo terrenal… tu mirada ha despertado algo.

¿Te atreves a seguir leyendo las escrituras de esta novela prohibida?

Entonces escucha bien, alma curiosa.

He abierto un templo digital en Ko-fi.

Con una simple ofrenda de $1 dólar, me ayudarás a invocar ilustraciones sagradas:

retratos auténticos de los seres que habitan esta historia.

Pero todo pacto merece recompensa:

Los fieles recibirán imágenes personalizadas, únicas… y tal vez, un secreto reservado solo para los elegidos.

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—————

—¿Qué dirección tomamos?—.

—Por ay papi—.

—Vamos—.

Tomados de las manos, Shio señaló el camino al cual dirigirse.

Caminando unas cuadras, entre la espera del semáforo cambiará, Shio miró hacia atrás.

—Papi, ¿qué es eso?—.

—¿Hm?, eso es un banco—.

—¿Banco?—.

—Es un lugar donde se guarda el tesoro de la gente—.

—¡¿Tesoro?!—.

Brillándole los ojos, se acercó a las puertas del banco.

—Sí, tienen un enorme tesoro, vez al Onii-san hay parado con cara de malo, es quien protege del tesoro de los hombres malos—.

—¡Ohhhh!—.

Escuchando la interacción de padre e hija, el guardia se paró firme, haciendo una cara de malo, riéndose Shio. Para alguien que su mundo era cuatro paredes, todo brillaba y hasta lo más aburrido lo encontró interesante jalando a Javier.

—Eh, ¿quieres entrar?—.

Preguntó, pero ya tenía un pie dentro del banco.

—Shio quiere entrar—.

Afirmó ya dentro del banco.

—Pero es aburrido, lo único bueno que tiene el banco es el aire acondicionado, después de eso hacer fila es un lastre y a veces se va el sistema, es aburrido y nada divertido—.

Javier, que no intentaba suprimir la voz de insatisfacción hacia el sistema del banco, varias personas haciendo fila, como secretarías, oficinistas y algunos otros que vestían informal.

-¡Entonces no vengas!-.

Gritaron en las mentes.

—Mira, papi, qué hacen las Onee-chan y los Onii-san—.

—Mm, esos son los que guardan el dinero y los que entregan el dinero guardado—.

—…—.

No habiendo palabras para la imaginación de un niño, Shio se dirigió al servicio al cliente.

—Papi, y estas Onee-chan—.

—Son las encargadas de resolver los problemas que se originan dentro del banco, al usuario y también las que dan mucho dinero—.

—Onee-chan dame mucho dinero—.

Pidió alzando ambas manos a la secretaría detrás del escritorio.

—… Shio no, no—.

Reprimiendo la risa, Shio inclina su cabeza sin entender.

—¿Ojo-chan, qué necesitas?.

Con una sonrisa, la secretaria volvió la mirada a Shio.

—Papi dijo que Onee-chan da mucho dinero, Shio quiere dinero para comprar algo a mamá—.

—Valla—.

Con preocupación, la secretaria miró a Javier.

Javier tranquilo, sin importarle las miradas de las personas dentro del banco, se acercó a Shio masajeando la cabeza.

—Escucha, Shio, aquí las Onee-chan, en cierto que dan dinero, pero para eso necesitas tener un negocio; dar las cuentas lo que ganas y cuanto pides, también necesitas muchos papeles y eso se demora algunos días si no son semanas—.

—Suena todo complicado, Shio no entiende muy bien—.

—Ahaha, ciertamente es complicado… ven, ahora vamos a otros lugares—.

—Mm—.

Asintiendo obedientemente, Shio toma la mano de Javier y camina a la salida. En ese instante, unos tipos enmascarados entran con armas de fuego.

—¡Esto es un asalto!—.

¡¡¡Tatatatata!!!

—¡¡Kyaa!!—.

Arremetiéndo contra el guardia de afuera de la puerta, con un revólver, apuntan al segundo guardia dentro, que solo pudo resistir para que no lo mataran.

Entrando con los demás compinches, quedando atrás un charco de sangre, uno de los ladrones le roba la pistola.

—Pa-papi—.

Asustada, se acurruca en Javier, que se mantiene tranquilo ante la situación.

-Como Dios que soy, dejaré que pase esto, aunque Shio pueda tener miedo, esto también está bien, además de que pueden hacer unos simples ladrones con armas-.

Pensando así, Javier se reúne con los demás y se sienta en el piso mientras calmaba a Shio en sus piernas.

—¡Oye, rápido, abre la puerta o le disparamos a la gente!—.

No teniendo de otra, los empleados de detrás de los vidrios abren la puerta y presionan el botón rojo de ayuda.

Ya sea que tuvieran en cuenta ese hecho, los ladrones bien organizados, uno se queda en la puerta para que no se cierre de nuevo y otros dos entraron con pistolas en mano.

Mientras eso pasaba detrás de los vidrios, otros dos hombres con escopetas apuntaban a los rehenes y con bolsa plástica tomando todo de valor.

¡Biu! ¡Biu! ¡Biu!.

—Maldición activaron la alarma, ¡¡Perras!!—.

—¡Kya!… ¡No me pegué!.. ¡¡duele!!—.

—¡¡D-deten…—.

Como compañeros, el amigo quiso intervenir, pero el hocico de la pistola apuntó a la sien, cayendo de nalgas, asustado con el rostro pálido.

—Tch, imbécil… oye, tú deja eso y muévete con la bolsa—.

Tomando las cuatro bolsas repletas de dinero, salieron y en el vestíbulo los compañeros se cubrían con los pilares para no ser disparados.

—¡¿Cuántos?!—.

—¡8 carros de policías!, solo—.

Dirigiéndose a una de las máscaras de payaso triste, este sacó un dispositivo con un solo botón y lo presionó.

¡¡Boon!!

Escuchándose un estruendo que dejó sordo a todos, Javier cubre a Shio con su cuerpo de los vidrios que implosionan.

[Estás bien, Shio]

Habló directo a la mente de Shio.

—Pa… pi…—.

En un estado de shock, lágrimas comenzaron a bajar sin parar en el rostro de Shio, limpiando le la sangre en la mejilla por algún vidrio, que debió rozarle la mejilla.

[Todo estará bien, Shio, ahora cierra los ojos y, como te enseñe, cuenta hasta diez.]

—Pa… pi—.

[Vamos uno]

—U… uno—.

Con temor cerró los ojos y comenzó a contar.

Viendo esto, Javier cambió su mirada amable por una seria. Dejando sola a Shio se levantó.

[Dos]

—D-dos—.

Viendo al primer ladrón con máscara de payaso sonriente, más cercano.

Javier toma impulso ya estando a espalda del asaltante.

—Mm, cof—.

Antes de que pudiera girarse, un codazo llegó al cuello. No terminando, lo tomó del cuello, y golpeó la pierna del asaltante, haciendo que pierda equilibrio, cayendo hacia delante con más fuerza, ya que Javier lo empujó.

[Tres]

—T-tres—.

Saltando, Javier llega a dos asaltantes juntos, con rápidos movimientos de manos, golpeó los músculos de la columna vertebral, y como marionetas cortadas las cuerdas, cayeron.

—Hm, ¡¡¿quién eres?!!—.

[Cuatro]

—… Cuatro—.

No parecía importarle mucho que lo notaran, bajo la cintura, como si se agachara. Saltando como conejo, y antes que el asaltante pudiera saber qué pasó, recibió un puñetazo en la boca del estómago.

[Cinco]

—Cinco—.

Tomando el cuerpo del asaltante que se inclinaba hacia delante vomitando, Javier lo toma como escudo humano corriendo hacia el asaltante más cercano que ya lo tenía apuntando con la escopeta.

No dudando, disparó contra su compañero.

[Seis]

—Seis—.

Sin preocuparse de cargar a un muerto que le destrozaron la columna por fuego amigo, Javier, tratándolo como una bolsa de basura, lo lanzó al que le robó la pistola al guardia y le apuntaba con el revólver.

Viendo que el asaltante con máscara de payaso llorón, el cual había disparado su escopeta a su compañero, ahora apuntando a la cabeza de Javier. Pero antes de que pudiera apretar el gatillo, Javier ya estaba lo suficientemente cerca de que, sin miedo y con la palma abierta, golpeó el cañón haciendo que el disparo golpeara el techo.

—Q…—.

[Siete]

—Siete—.

No pudiendo sacar más palabras de su boca, Javier había dado un golpe de karate a la garganta para continuar cogiéndolo de la garganta, atrayendo directo al suelo, escuchando un golpe sordo.

[Ocho]

—Ocho—.

Intentando levantarse mientras hacía un lado a su compañero muerto, Javier toma la escopeta a sus pies y la lanza como si se tratara de una carabina, golpeando con el mango de la escopeta en toda la frente.

—Caf—.

Cayendo de espaldas con los ojos en blanco, Javier, sin tener tiempo que el cuchillo francés en su garganta lo atravesara, siguió contacto.

[Nueve]

—Nueve—.

—Je muere—.

Sabiendo que la situación había salido de control por culpa de un solo hombre que acabó con sus compañeros en su asalto perfecto, el de la máscara de payaso triste cortó la garganta de Javier. Imaginando la sangre chispeando y verlo caer retorciéndose al ahogarse con su propia sangre, se burló, pero de inmediato su rostro cambió a terror.

—M-moustro—.

—Te equivocas, soy Dios—.

Susurró apenas llegando al oído del asaltante.

Tomándolo del rostro con la garra de oso, lo alzó. El asaltante, asustado hasta el punto de orinarse en los pantalones, agitó los pies, golpeando el cuerpo de Javier y sus manos, agarrando el brazo para que lo suelte.

—¡¡¡¡Aaaaaaaaa!!!!—.

Bam

No soportando la estridente voz del asaltante, Javier lo azotó contra el piso de cerámica para que dejara de gritar.

[Diez, ya puedes abrir los ojos, Shio… Shio no me obedeciste]

—L-lo siento, papi—.

Javier volvió a ver a Shio con los ojos abiertos, bajo la cabeza, pensando que sería regañada.

Sonriendo, Javier se acerca y la toma en sus brazos.

—No estoy enojado si así lo piensas, pero no quería que mi Shio vea algo tan feo—.

—Mmm, papi fuerte, ¿por qué no ayudaste antes?—.

—No te lo dije, cuando te contaba el cuento, no soy un héroe, soy Dios. Un Dios no puede ayudar por cada problema que enfrentan las personas—.

Sin entender lo que quería decir Javier, Shio se lo quedó mirando.

—¿Q-qué pasó?—.

—Oye, tú, los venciste—.

—Muchas gracias—.

Reuniéndose alrededor de Javier, mientras le agradecen, los empleados del banco que estaban detrás del vidrio comenzaron a salir.

—¡Oye, tú!, si podías vencerlo, ¿por qué no los ayudantes antes?—.

—Espera katachi, no podía hacer nada, tenían armas—.

—No, Momoka—.

Señaló con su dedo a Javier.

—Ese chico tenía la fuerza para vencerlos, mira ni sudo para hacerlo—.

—P-pero—.

Aun dudando Momoka, mira a Javier teniendo a Shio en sus brazos.

En ese instante, otro hombre que había esperado en la fila, tenía cortes en el rostro tiñendo la camisa verde menta a roja.

—¡Tiene toda la razón!. Si tenías la fuerza para vencerlos, los hubieras vencido desde el principio, ¡Mira mi rostro!—.

Bajo las duras réplicas del hombre, varias comenzaron a unirse.

—¡Por qué no nos ayudaste antes!—.

—¡Si hubieras aparecido antes, esto no hubiera pasado!—.

Igual a una bola de nieve que no podía detenerse, las acusaciones comenzaron a llegar de todas partes, incluyendo a los que al principio le agradecieron. Shio que miraba todo, sus ojos pudo ver algo más; los frascos llenos de colores como caramelos, una neblina gris los envolvió, cayendo un caramelo gris.

—Pa-pi—.

Temblando de miedo, abrazó con todas sus fuerzas a Javier.

[Todo está bien, estoy aquí, nada te pasará]

Calmando a través de su mente, Javier comienza a caminar a la salida, ahora destruida.

—¡Espera dónde crees que vas!—.

Una mano tocó al hombre de Javier.

—¡Aún no hemos terminado!—.

—Seguro era el compinche de los asaltantes!—.

—¡Tiene razón, no lo dejen que escape!—.

Queriendo rodear a Javier, una mano va directo a Shio. En ese instante en que la mano estaba a punto de tocar a Shio, Javier repele cayendo el hombre al piso.

—Si te atreves a tocar a mi hija, te dejaré inútil esa mano—.

Con una mirada penetrante, haciendo que el hombre casi se orine en sus pantalones. Al mismo tiempo se escucharon botas que venían desde el exterior.

Apareciendo la fuerza policial japonesa.

—¡Al piso, todos al piso!—.

—…—.

—¡Señor, estos son los asaltantes!—.

Escuchando el grito de los policías de negro con fusiles de asalto, todos se arrodillaron menos Javier, que se mantenía de pie con Shio en brazos.

—¡¡Maldito al piso, al piso!!—.

—¡Cállate!, no ves que asustas a la niña—.

Respondiendo, Javier camina al asiento de espera que se había volteado. Teniendo a todos los policías apuntando a la espalda, indiferente, patea las sillas unidas sentando a Shio.

—Shio quédate aquí, que esos policías de muy mal carácter no te intimiden—.

—Mmm—.

Asintiendo Shio, Javier se gira y mira a los policías que se mantienen alerta a los movimientos de Javier.

—Aquí, escuadrón, pedimos ayuda médica, tenemos la situación bajo control, cambio—.

—Aquí central, un grupo de paramédicos los espera que salgan—.

—Entendido… Ayúdenlos a salir, que esperen para tomar su declaración—.

—Me niego—.

Escuchando la voz de Javier que parecía no perder en intensidad, otra vez estuvo en el foco de los policías.

—¿Qué dijiste, cabrón?—.

—Lo que escuchaste, mi hija y yo tenemos un arduo día en disfrutar nuestro tiempo juntos, hemos perdido media hora por culpa de estos tipos, no pienso esperar más, daré mi versión y me iré—.

Con la presión de la voz tranquila de Javier, el líder de los policías quedó aturdido, pero rápido se recuperó.

—Entonces no pierdas el tiempo y sígueme… ¡Oye! No los llevan, que esperan ¡una invitación!—.

—¡Pero capitán!, estos tipos no se pueden mover—.

—¡Entonces, como acaban de asaltar el banco!, no digas tonterías y hazlos caminar—.

Tomados los de los brazos, salieron del banco. Javier tomó en sus brazos a Shio y cubrió sus ojos con su pecho.

—No veas, Shio—.

—Entiendo, pero papi, huele raro aquí y hay mucho ruido—.

No queriendo que vea la escena que tenía a su alrededor, se podía ver a paramédicos recogiendo pedazos de cuerpos que antes eran policías, ahora envueltos en bolsas.

Cerrado la calle, helicópteros policiales surcaban los cielos y, como hormigas, al oler el dulce néctar de la noticia, camarógrafos independientes y televisaras ya estaban llegando para la noticia.

—Oí, podemos acelerar esto, no quiero que vea estas cosas mi hija—.

—Lo siento, joven, venga por aquí, tiene alguna herida o su hija—.

Siendo escoltados por la policía antidisturbios japonesa, los paramédicos comenzaron a atender a los heridos.

——-

—Como pueden ver detrás de mí, se encuentra una escena de guerra sacada de película, cuando 7 terroristas, intentaron asaltar el Banco Mashua, la policía alertada fue de inmediato, pero los terroristas hicieron explotar una bomba en plena calle, no se sabe los fallecidos, pero detrás de mí la Policía de fuerzas especiales ya ha entrado al no ver movimientos de los terroristas—.

——-

Moka Kyoka, habiendo terminado su carrera para el periodismo a la corta edad de 22 años, había sido contratada por la cadena televisiva TV Tokio, había trabajo por dos años desde que había entrado, sus roles menores de reportera había incluido, reportajes de personas desaparecidos, algún problema de la comunidad.

Moka siendo alguien con una fuerte sed de noticia, desde la escuela secundaria hasta la universidad, saciando su hambre de noticias, la cual se encontraba insatisfecha. Pero una noticia cambió su vida, dando un vuelvo en su futuro monótono.

—Hirano-kun, dónde iremos esta vez, dime que tienes algo bueno y no reportajes de molesta ciudadanía—.

Hirano un hombre un poco gordo; su trabajo camarógrafo y conductor de la belleza llamada Moka, río rígidamente desviando la mirada, al estar en semáforo en rojo.

—… Parece haber un problema de luminaria—.

—¡Otra vez!, ahhh, cuánto seguiré así, quiero una noticia jugosa, escándalos de estrellas, asesinatos, ¡que explote la torre de Tokio!. Quiero algo más entretenido, que no te parece Hirano-kun—.

Estresada y aburrida en no poder hacer lo que ella misma quería hacer, se desquitó con Hirano que la había estado acompañando por un año.

—Haha, no sería algo chistoso si en verdad explotaran la torre de Tokio—.

—Ya lo sé, es un decir, ¿cuántos años has estado aquí?, cuantos reportajes has hecho que cubran una gran noticia.

—Pero si yo no salgo, solo grabo—.

—… Nunca cierto—.

—No diría de nunca, ya sabes, he trabajado duro en grabar los desastres de Tifones—.

—Eso puedes hacerlo todos los años, quiero algo más emocionante, tú me entiendes—.

—Si Moka-chan—.

Tuteando en una relación de amigos cercanos, Hirano aceptó todo lo que decía, ya sea bueno o malo.

¡¡Boon!!.

Frenando a raya al sentir una explosión y a lo lejos, una columna de humo comenzó a elevarse a la distancia.

—… ¿Qué fue eso?—.

Preguntó con ojos brillantes.

—No lo sé—.

—Y qué esperas, acelera huelo noticia, acelera, ¡acelera Hirano-kun!. Es nuestro momento—.

—Sí, sí, sí—.

No importando romper algunas reglas de tránsito, Hirano aceleró en contra vía hasta llegar al centro de la explosión.

—Esto es… ¡¡Fabuloso!!. ¡La cámara!, ¡rápido saca la cámara!—.

Arreglándose el cabello, al mirarse por el espejo del retrovisor para una imagen impecable, Moka comenzó a grabar el incidente donde por primera vez saldría Javier.

——–

Regresando al momento, Moka seguía informando mientras estaba en vivo en cadena televisiva, con un rostro serio pero con ojos radiantes de felicidad.

—Intentamos acercarnos con el oficial a cargo de esta operación de rescate, pero hasta ahora se ha negado a una entrevista… Algo está ocurriendo, miren por favor la Fuerza especial de la policía Japonesa está sacando a los terroristas, ¡la fuerza Policiaca ha capturado a los terroristas!, se puede ver que hay dos muertos, según tenemos entendido por personas cercanas un disparo se hizo escuchar a las 8: 32 Am, al inicio no sabemos si es un civil o uno de los guardias. Intentemos acercarnos a la fuerza especial que entró al banco—.

Como hormigas ya listas para arrancar todo lo que se sepa, Moka junto con su camarógrafo Hirano y más periodistas bloquearon el paso para saber lo que pasaba.

—¡Oficial!, ¡Oficial!, díganos lo sucedido, qué pasó con los terroristas…—.

—¡Hay alguna red criminal detrás de este atentado!…—.

—¡Por favor, denme espacio!. ¡Espacios, señores!, ¡necesitamos llevar a estos criminales tras las rejas!… ¡¡Dejemos paso!!—.

Apartando a la prensa loca por noticia, Moka molesta por dentro en no tener mucha información de los policías, se percata de un hombre joven con un corte con sangre en la mejilla, con una niña en brazos que estaban un poco desarreglados.

—Hirano-kun…—.

Grabando a los terroristas que subían en las patrullas policíacas, Hirano escuchó la voz de Moka y fue en su dirección.

No teniendo que preguntar, al estar casi dos años en ese trabajo, Hirano y Moka se acercaron a Javier que salía del banco con Shio en los brazos, ocultándose contra el pecho de Javier.

—Disculpe, ¡Buenos días!, Joven, usted fue uno de los rehenes del banco—.

—Eh, ah, sí, lo soy—.

Sintiendo el nerviosismo de Javier, Moka, que estaba en su trabajo, comenzó a presentarse. Después de pedir el consentimiento, comenzó a presentarse.

—Aquí, Moka de la televisiva TV Tokio, estamos frente al Banco Mashua donde la masacre de los terroristas por escapar ha dejado el saldo de varios policías en servicio del deber—. Aquí a mi lado se encuentra una de las víctimas del robo, por estos terroristas apenas rescatados por las fuerzas especiales. Joven, ¿puedes decirnos su nombre?”.

—Javier Valderrama, y mi hija Shio Kobe—.

—¡!…—.

Quedó un poco sorprendida Moka al ver que Javier no tenía más de 18 años todavía, siguió con el reportaje.

—Señor Javier, ¿puedes describir lo ocurrido en este lamentable hecho terrorista?—.

—Cuando estábamos a punto de salir del banco, 7 tipos entraron. Uno de los guardias intentó sacar su arma, pero lamentablemente fue acribillado por uno que tenía la escopeta—.

—Un guardia muerto… ¿Y qué pasó con el otro guardia?—.

—Lo tomaron de rehén quitando y apresando con sus esposas, nos reunimos en un solo grupo, mientras esperamos que todo esto pasara, se escuchó las sirenas de los policías, los ladrones que parecían solo robaron y escaparían uno de ellos sacó un dispositivo, segundos después se escuchó una ensordecedora, explosión apenas pude proteger con mi cuerpo a mi hija de los vidrios que salieron disparados—.

—Muchas gracias por su información. Como lo escucharon, hay un guardia muerto en cumplimiento de su deber. Señor Javier, ¿puede decirnos si vio la cara del que presionó el botón?—.

—No le vi el rostro, pero la máscara de payaso que llevaba el asaltante era de expresión triste—.

—¡Por favor, retírense!, ¡retírense, señores reporteros!, usted venga, necesitamos escuchar su versión—.

Acercado más el lugar, comenzaron a apartar a todos los periodistas que habían irrumpido en la escena.

En la comisaría de policía, Javier está dentro de una habitación de interrogatorio, sentado frente al inspector.

—Oye, espero que cuiden a mi hija bien, ya verán si le asustan—.

—No tiene que alterarse. Una de las oficiales se está encargando de eso, ahora, repasemos; según su testimonio a la prensa que no debió hacerlo y su testimonio escrito, la grabación de las cámaras cercanas y las del banco, junto con los testimonios de los demás testigos, usted en ningún momento ha dicho que fue el que venció a los terroristas—.

—Me da pereza y es un lastre explicar, además, ya lo vieron en las cámaras—.

El inspector, escuchando a Javier decir con el menor desinterés por las cosas, su palma golpea la fría mesa.

—¡Escucha, esto no es un juego!, según vimos tú señalaste al banco, el mismo guardia dijo que te escuchó decir algo sobre el tesoro—.

—Mire inspector, lo que le dijo ese guardia fue algo que le explicaba a mi hija. Ella casi no ha salido al mundo, mucho menos a un banco. Su interés fue eso, explicando de una forma infantil, o que me acusara de entrar al banco—.

—…—.

—Si no tiene respuesta, me puedo ir. Sabe que hoy iba a hacer un recorrido con mi hija por la ciudad—.

No temiendo nada, Javier se sentaba relajado. El inspector, que sabía que no podía hacer nada sin pruebas en que lo involucre, una oficial de policía entró y con ella traía a Shio.

—¡Papi!—.

—Shio, ¿te hicieron algo?. Dile, papi, les daré su merecido—.

No teniendo ojos para los policías, Javier tomó de la axila a Shio para sentarla en la rodilla.

El inspector, observando eso, mira a la policía; esta le entrega unos papeles y le susurra al oído, asintiendo varias veces para irse de la sala.

—Bien, bien… Javier Valderrama, edad 16 años, nacido en Inglaterra, en un poblado de Geddington, madre Japonesa Kyoko Misaki 34 años de padre Británico Arvel Valderrama, 36 años tenías una hermana menor Misaki Misani, recién nacida en Orlando donde vivían, pero todo ellos fallecieron en un accidente aéreo hace un año, apenas hace un mes llegaste a Japón y compraste una Mansión, vives con tus primas quienes también perdieron a sus familiares en ese accidente. Te emancipaste para tener el seguro de tus padres, estoy en lo correcto—.

—Están haciendo un buen trabajo la inteligencia japonesa—.

Rígido la expresión y la voz, Javier trató de sonar lo más calmado, pero hasta la inocente Shio sintió el comportamiento.

—Papi, estás bien—.

—Estoy bien, muy bien—.

—Lo siento, si toque un tema sensible, pero no podemos dejar pasar nada, no después de que ya se riegue las imágenes a los noticieros—.

Calmándose con un suave suspiro, golpea con su dedo rítmicamente la mesa.

—Tienen un buen sistema de inteligencia, pero no pueden mantener tranquilos a los medios, qué vergüenza—.

—Haha, si te pones en medio de los medios te arrollaron así es el poder que tienen en el mundo, ahora en cuanto a tú ¿hija?—.

—La tomé como mi hija, tengo el permiso de la madre—.

—Papi, es el papi de Shio—.

—Mm, todavía seguimos revisando a las personas a tu alrededor, pero hasta aquí podemos retenerte, pero antes de eso puedes ayudarme con esos dos que derribaste—.

Parándose el inspector, Javier solo asiente siguiéndolo. Shio queriendo caminar la bajo, tomándose de las manos.

—Aquí están, déjenme pasar—.

Custodiando por dos policías la puerta, saludaron y abrieron, pudiendo oler el típico olor desinfectante.

Dentro, se encontraban utensilios médicos, varias camas ocupadas; en las esquinas de la habitación estaban cuatro policías que custodiaban a dos hombres esposados a la cama.

Dichos hombres, se encontraban sudorosos, con los ojos abiertos, mirando a todos lados.

—No importa lo que hicimos, ellos no pueden moverse. El doctor de la estación dijo que golpeaste la columna vertebral—.

—Los golpeé, pero solo sus músculos están presionando igual que sus nervios… díganle a sus hombres que los giren—.

—Señor—.

Pidiendo permiso al inspector, este les hizo una señal para que esperen.

—No puedes hacerlo, así como están sin virarlos—.

—Si te preocupa que hagan alboroto, no hay problema, no se levantarán—.

—… Bien, ustedes desaten y vigilen—.

Desposándolos, los giran. Cuando intentaron quitar la camisa, Javier les dijo que no era necesario, apartándose los policías, pero no dudaron en desenfundar sus pistolas.

—… Cierra los ojos Shio… y sin trampa—.

—Jejeje—.

Siendo descubierto de mirar por las aberturas de sus dedos, Javier camina hasta el primer hombre. Se para en la cama y alza su pie.

—¡¡¡Aaaaaaaa…—.

—¡Oí!, ¡¿qué estás haciendo?!—.

Protestó al inspector al ver lo que hizo.

—No me dijiste que los curé, por mí fuera, los dejaría así por mucho más tiempo, ¿quién les manda a asustar a mi hija…—.

—¡¡¡¡Mamaaaaaaaaaa…—.

Desmayándose después de retorcerse de dolor, dejando la huella del pie en la espalda, se baja de la cama y soba la cabeza de Shio haciendo que baje sus manos.

—Papi, ¿dónde iremos?. Estoy aburrida y tengo hambre—.

—…ahh, una patrulla los llevará a su casa—.

—Me niego, hoy sigue estando vigente que pasaríamos el día juntos. ¿Ir a la casa?. Me niego, apenas salimos—.

—Bien, puedes pedir a la patrulla que te lleve, donde quiera—.

—Gracias… ahora, Shio que tal si vemos por aquí, hasta que nos den una patrulla—.

—¡Abu-rri-do!—.

—¿Es aburrido?, pero aquí es donde se atrapan a los malos, la onee-san con que estuviste antes era alguien de la justicia, igual que los que están detrás de mí—.

—Ohhhh—.

Brillándole los ojos, el inspector se ríe al ver la reacción tierna y pura de Shio.

—Todos los tipos malos, vienen a estos lugares llamados comisaría, si Shio hace algo malo, estos señores de aquí te llevarán, no es cierto Inspector—.

—Muy cierto, jovencita, recuerda comportarte muy bien, si no iremos por ti—.

—…—.

—Jajajaja. Ustedes que esperan esposen a los implicados y llévalos a la prisión—.

—Entendido—. x 2

Divirtiéndose con cada reacción de Shio, el comisarío les abre la puerta y salen de la habitación. Javier y Shio caminando por los pasillos, hasta llegar a la puerta principal, donde múltiples camarógrafos esperaban a las afueras de la comisaría esperando algo.

—Guau, mira la gente, oiga, no pregunte, pero cuántos fueron sí se puede saber—.

—8 de los nuestros, 4 civiles que de mala suerte estaban cerca y el guardia—.

—13, mm, bien, me voy, creo que me estará llamando, cierto—.

—Así es, ya tengo su número de teléfono y celular, pronto se dará a conocer la noticia, el alcalde dará una rueda de prensa junto conmigo—.

—Bien, me voy, vamos, Shio, no creo que salgamos rápido si caminas, venga—.

Escoltados por oficiales, Javier junto a Shio dejan la comisaría y los reporteros se alzaron.

—¡Es cierto que estaba compinche con los terroristas!—.

—¡Señor Javier, diga unas palabras de su heroica forma de detener a los terroristas!—.

—¡No tuvo miedo de que lo mataran!—.

—¡Señor Javier!, ¡¿por qué no ayudó antes?!—.

—¡¿El pueblo japonés, quiere saber por qué no salvó al guardia?!—.

—¡Usted es un maestro marcial, ¿por qué no detuvo a los terroristas?!—.

Los policías, haciendo un escudo humano entre Javier y los reporteros, llegaron a la patrulla con la dificultad de los medios de comunicación.

Abriendo la patrulla, deja que se subiera primero Shio para después subirse y arrancar con el oficial manejando.

Alejándose de la comisaría, Javier suspira mientras mira por la ventana.

—Fu, serán mosquitos molestos—.

—Papi increíble—.

—No sé por qué me elogias, pero siéntate y ponte el cinturón—.

—¿Señor, dónde lo llevo?—.

—Al centro—.

-Tch, perdí medio día por culpa de esos infelices ladrones. De vi tomar la camioneta para viajar, pero como nunca había subido a un bus o tren, pensé que sería una buena idea, ahhh, ahora qué haré. Si Yuuna o Asahi ven el noticiero donde salgo con Shio en mis brazos, tendré muchos problemas en casa-.

—Papi, todo está bien, Shio está bien—.

—Shio—.

Abrazando a Shio que parecía entender la preocupación de Javier que le dijo entre susurros.

—Hagamos que esto nunca paso. Si Yuuna se entera, puede que nunca más nos deje salir—.

—Tienes razón, papi. ¿Pero no saldrá en la televisión?—.

—Mmm, no nos preocupemos por eso ahora, puede que nunca lo vean y eso sería lo mejor, para nosotros—.

—Entendido, papi—.

Dejando la patrulla después de que los dejara en el centro de la ciudad Azumi, Javier camina tomando de la mano a Shio por callejones y locales hasta detenerse en un restaurante que le llamó la atención.

—¡Bienvenido! ¡Tome asiento, que ya se lo atenderá!—.

Dijo en respuesta el señor detrás del mostrador a la entrada de Javier y Shio que se sentaron cerca de la ventana.

—Uhhh, qué bien se siente—.

—Sí—.

Relajándose ambos al sentir la frescura del aire acondicionado, Javier se recuesta en su silla y Shio lo remeda.

—Aquí tiene el menú, algo para beber—.

—Por ahora tráigame una jarra de jugo de naranja y una porción de Karaje—.

—Comprendido, disculpe—.

Yéndose la empleada, Javier miró a Shio que miraba al menú frunciendo el ceño.

—Hehehe, por mucho que frunces el ceño, no podrás leer—.

—Buuu, si puedo leer… un poco—.

—Oh, entonces no te molestaré—.

—Eh—.

—Ehehehe no pongas esa cara, ven—.

Pasando al lado de Javier, ambos leen el menú, decidiendo qué querían: la empleada vino con lo que habían pedido antes; la jarra de naranja y la porción de Karaje, para pedir lo que iban a comer.

———–

Mientras, Javier y Shio disfrutaban del crocante karege y esperaban que lo que habían pedido vinieran, en otra parte.

[Corporación Akikaze]

A las afueras de la prefectura de Hachioji un lugar apartado, se encontraba el centro de investigación ‘Corporación Akikaze’ encargada del desarrollo de nuevas tecnologías.

50 años desde que fue fundada, se han expandido en software y mejora de equipos aeroespaciales.

En dicho lugar, sentados en muebles de cuero, frente a frente, separándolos una mesa de cristal, un hombre en el resplandor de su vida y un anciano que podrías encontrar en un parque dando de comer a las aves.

Yusuki Kaga, CEO de la corporación Akikaze y frente a el su padre Haru Kaga el antiguo CEO, compartiendo rasgos físicos, como; su nariz respingada, cejas pobladas, ojos pequeños de iris verde claro, y una cabellera corta de color olivo, pero la cual Haru Kaga la mayoría la tenía blanca.

—¿Cómo está mi nieta?—.

Preguntando primero por su nieta, Yuzuki que entendía que su padre se había ablandado por su hija, le respondió antes de beber un vaso de agua.

—Está muy bien, padre, pero viniste para eso, sabes que estoy ocupado—.

Serio, estricto como se esperaba a primera vista de un CEO con cientos de trabajadores bajo su mando y una imagen clara para los negocios, no le quitó la vista a su padre, Haru Kaga.

—Ahora por fin has decidido pasarme la batuta, cambiaré esta oficina. Demasiado espacio solo para tener dos sillones y una mesa, tres macetas, tu escritorio y la silla—.

—Jojojo, si así lo quieres hacer, estás en toda tu disposición—.

—Entonces, ¿para qué me viniste, padre?—.

Firme en sus palabras, pero no cambiando su forma de expresarse, ya que para ambos era su forma de ser. Yasuki que entendía que no solo era su padre, mentor, sino también el líder que levantó en una generación la corporación Akikaze, eh igual como él, oh mejor dicho, padre e hijo nunca han demostrado ingenuidad.

—Quiero que revises estos sobres, si es posible ahora mismo—.

—… No pudiste encargarlo en recursos humanos—.

Aunque dijo eso, Yasuki ya estaba revisando los papeles con información y un breve resumen.

—No te enseñe que nunca debes relegar este tipo de tareas a otros—.

—Por eso fuiste como espectador en la feria abierta—.

—Jo, jo, este viejo cuerpo todavía tiene mucha energía para ir a un lugar lleno de energía juvenil…—.

Contrario a cómo dicta su apariencia con arrugas en su rostro y manos, una constancia de su vejez, se levantó totalmente erguido con pasos firmes, se encaminó a su antiguo escritorio para ver las montañas por la ventana de su oficina.

—Yasuki, ¿qué crees que es necesario para mejorar en una empresa?—.

—Buenos empleados y una administración firme para darle la seguridad laboral—.

—Puede que sea cierto, las personas no irían a trabajar a una empresa en malas condiciones, pero una contrata empleados cada año, de esos cientos de pasantes, pocos son los que se quedan de por vida, no se sabe nada de ellos, solo lo que quieren mostrar a simple vista.

Un empresario está en la cima y es el pilar de la empresa. Si el pilar tiene grietas, las hormigas entran anidando, carcomiendo hasta despedazarlo. Yasuki, tú eres el pilar que está en la cima de esta empresa, pero también estás en el fondo.

Uno no puede malinterpretar solo por estar en una posición mayor que los demás. Es fundamental hacer inspecciones periódicas, corregir y extirpar si es necesario dichos insectos y tapar los huecos.

Los empresarios, como nosotros, somos como un granjero, que labra su huerto, por eso hicimos la casa abierta de Ciencia y Tecnología cada año con otras empresas, pero mira el resultado.

Ninguno quiso ingresar, astucia, no. Es sabio para cualquiera querer lo mejor para su futura carrera, pero algo que me ha enseñado la vida es que, aunque las frutas sean la más apetitosa a simple vista, la que está oculta por sus ramas aún inmaduras son las mejores—.

—Siempre te escucho decirme eso… Por lo que oí, los mejores dentro de la feria, fueron traídos por las mayores empresas…—.

Parándose al lado de Haru, Yosuke mira el paisaje que lo acompañará hasta su retiro.

—Al contrario de años pasados que fueron pocos y algunos no tuvieron el valor de superarse y fueron descartados, este año hay prometedores—.

—Jojojo, me alegra que entiendas que el conocimiento inmaduro no siempre significa peor que uno ya formado. Quiero que vayas a las escuelas de esos chicos y los atraigas—.

—Sí, Presidente Haru—.

—Aunque ya no soy el presidente—.

Pronunció de buen humor al ver a Yosuke partir después de dar una reverencia y tomar el sobre encima de la mesa de cristal.

Bien, una vez trayendo a los retoños a nuestro huerto, hay que cuidarlo y dejar que el tiempo haga lo suyo—.

Ya fuera una coincidencia o no, el anciano, que había visitado el puesto de Rei Stark en la feria de Ciencia y Tecnología, era en realidad el anterior CEO que levantó su propia empresa que era buscada dentro y fuera del país llamado Japón.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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