Me convertí en el Dios hentai. ¿Y que? - Capítulo 53
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- Capítulo 53 - 53 Viernes 26 Abril Divirtiendose como Padre eh Hija
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53: Viernes, 26 Abril (Divirtiendose como Padre eh Hija) 53: Viernes, 26 Abril (Divirtiendose como Padre eh Hija) Desde las sombras del mundo terrenal… tu mirada ha despertado algo.
¿Te atreves a seguir leyendo las escrituras de esta novela prohibida?
Entonces escucha bien, alma curiosa.
He abierto un templo digital en Ko-fi.
Con una simple ofrenda de $1 dólar, me ayudarás a invocar ilustraciones sagradas: retratos auténticos de los seres que habitan esta historia.
Pero todo pacto merece recompensa: Los fieles recibirán imágenes personalizadas, únicas… y tal vez, un secreto reservado solo para los elegidos.
[Haz tu ofrenda aquí] ————— Partiendo del restaurante después de comer hasta, saciarse, Javier y Shio una vez más comenzaron a caminar sin un lugar fijo.
—¿Quieres ir al acuario?—.
—¡Dónde hay muchos peces!!
Ese que salió en la televisión—.
—Mmm, no sé si es igual, pero hay muchos peces—.
—¡Vamos, papi!—.
Apurando a Javier, los dos tomaron el autobús.
—Ohhhh, así que esto es un autobús… Papi, ¿por qué hacen paradas?, y ¿por qué no tomamos el primero que llegó?—.
—Ese iría a otra parte de la ciudad, debes de revisar antes de subirte en el letrero del bus que tomarás.
Y bueno, en la ciudad hay cientos de paradas como la que esperamos, cada bus tiene su línea y horario fijo, ¿viste ese mapa con líneas de colores?—.
—Sí—.
—Cada color tiene su ruta, así se diferencia, ahora.
¿Cómo tarea tendrás que escribir diez colores?—.
—Ehhhh, tarea, ¿por qué?—.
¿Mm?, para que aprendas a leer y escribir mucho mejor—.
—…
está bien—.
Inflando las mejillas, renuente a la repentina tarea, Javier se rio al ver a una Shio que eso no calmó el estado de ánimo que miraba a todos lados, encontrando cada pequeña cosa interesante.
—Siéntate, Shio o te caerás y te dolerá—.
—Siii—.
[13: 42 Pm] [Acuario Azumi] —¡¡Increíble!!…
¡Papi!, ¡papi!
Apúrate, mira tantos peces—.
—No corras, te puedes caer, mira hacia adelante”.
—Siiii, ehehe, mira, mira tantos peces.
Papi, no se romperá el vidrio si lo toco—.
—Claro que no, este vidrio está hecho especial para soportar todo el peso del agua, no se romperá por nada—.
—Ohhhhh—.
Toc, toc —No golpees el vidrio, desorientas a los peces—.
—Está bien….
¿Cómo se llama este pez?—.
—Ese se llama Lobina de boca pequeña, ese de color naranja y rayas blancas, es el pez payaso, el que tiene como la panza rojiza; se llama perca del sol, ese grande con cara de peluche, es una manta raya, el pequeño que pasó, el que tiene un cuerpo anaranjado como el cobre, se llama Espinocho—.
—Increíble, sabes todos los nombres de los peces—.
—Ehehehe, con quién estás hablando, yo puedo saber todo en este mundo de un vistazo.
Quédate, hay un momento ahí… ya está—.
—¿Mm?, qué hiciste, papi—.
—Mira—.
Mostrándole la foto que tomó con su celular, Shio encantada, comenzó a tomarse diversas fotos con diferentes peces junto a Javier.
—Que tal si vamos a ver a los pingüinos”.
—¡Pingüinos!, vamos papi—.
Sin darse cuenta, ya había pasado la mitad de la tarde recorriendo todo el acuario.
—Hubiera divertido haber visto el espectáculo de los delfines, pero hoy no se pudo—.
—Está bien.
Podemos venir juntos otro día, papi, y traer a todos también.
Además, ehehe…—.
Abrazando con todas sus fuerzas y hundiendo su carita en el peluche con forma de delfín, que Javier había ganado en una máquina de grúa.
Shio levantando el peluche con una sonrisa radiante, miró a Javier.
—Gracias, papi, es el primer regalo que me das; lo cuidaré por el resto de mi vida—.
—¡!.
Si me dices eso, me harás llorar—.
—N-no, no llores, papi… Sí, Shio está feliz, así que no debes de llorar, papi—.
No diciendo nada, Javier se limpia las lágrimas de sus ojos y se limpia los mocos con su pañuelo.
Antes de dirigirse a Shio, que no soltaba el peluche.
—Quieres comer algo dulce—.
—Sí—.
—Bien, vamos por aquí—.
Tomados de las manos, ambos se subieron al bus hasta bajar ocho paradas.
—Aquí estamos.
Milky World—.
—Increíble, es grande, todo eso está lleno de dulces, papi—.
—Creo que sí, entremos—.
—¡Bienvenidos!—.
Escuchando la voz del empleado atrás de la caja registradora, Javier y Shio vieron estantes de vidrios llenos de diferentes tipos de dulces: ácidos, mentolados, mani, rellenos, gomitas, galletas, barriletes, chupetes, gelatinas, barras, caramelos, bombones.
Color, sabor, formas, tamaños, con solo ver los diferentes dulces que no parecían tener fin, empalagaba.
Con forma de pilares de cristales robustos, se encontraban, una cascada de chocolate, un cisne de gomitas, una rosa de caramelo duro, una cabaña de barriletes y paletas, y un panda hecho de galletas.
—…—.
Indecisa, pero cayendo la baba manchando el pico del delfín de peluche, Javier se acercó y pidió al empleado.
—Dos algodones de azúcar, por favor—.
—¿Qué es eso, papi?—.
—Son como nubes que se te deshacen en la boca… dale un bocado—.
—…
¡!
Es cierto, se deshace en la boca, mmm…—.
Disfrutando de su primer algodón de azúcar, comenzó a devorarlo, casi metiéndose toda la cara.
—También deme chocolates surtidos que contengan; maní, manjar, barras de arroz, crocante, café, chocolate blanco.
También tiene dulce de guineo—.
—Tengo todo lo que me pidió, para cuántos—.
—Dame cien de cada uno, también ponme unos cincuenta de esos chocolates alcohólicos—.
—Como gusto… aparte—.
—Si esos apartes.
Shio, Ahahaha, mira cómo te ensuciaste—.
—¿Mm?—.
Con las mejillas endulzadas igual que la nariz y barbillas, Javier saca un pañuelo húmedo para limpiar la cara de Shio.
—Te gustó—.
—Mucho, es la primera vez que pruebo algo tan dulce y que se deshaga en la boca.
Papi, puedes comprar esa de ahí—.
Señalado uno de los contenedores de cristal reforzado, el cual era el cisne de gomitas de diferentes sabores y colores.
—Grande, piensas repartir para todos en casa—.
—Mmmm—.
Asintiendo repetidas veces, Javier palmea la cabeza y le dice al tendero.
—Deme el que señaló a mi hija—.
—Entendido, ahora se lo pasó—.
—Antes que hagas eso, dame un par de helados—.
Sentándose, Shio con su helado de cono de doble sabor: chocolate y ron pasa.
Mientras, Javier tenía en una mano su algodón de azúcar y el cono de helado; oreo con pistacho.
Disfrutando el rato comiendo sus helados, Javier le atrajo un recipiente de cristal alzado en una de las perchas detrás del mostrador.
Era una casa victoriana hecha a la medida de una verdadera, ya sean sus ventanas grandes, torres, techo alto, tejas; era una miniatura hecha de caramelo sin pasar ningún detalle, hasta el propio jardín verdoso donde niños jugaban.
Detalle minimalista, el único que podría lograr semejante arte, era un maestro en su área.
—Mira, mira, Shio—.
—¿Qué cosa, papi?—.
Respondió mordiendo la bola de ron pasa, con gusto.
—Come más despacio, oh te va a doler la cabeza… Shio mira arriba del vendedor—.
—Mmmm… qué lindo—.
—Verdad—.
—Será dulce también—.
—Ya lo creo—.
—Pero papi, no place comérselo, me daría pena—.
—Tienes razón, tantos detalles que solo pensar en comérselo hace que piense que es un sacrilegio—.
—Disculpe la demora, aquí está su pedido—.
Regresando con varias bolsas llenas de caramelos, Javier señala el recipiente de vidrio que estaba de exhibición de uno de los anaqueles.
—¿Qué precio tiene?—.
—…
solo está de exhibición—.
Mostrando un poco incómodo el empleado, Javier, no entendiendo por qué la incomodidad, se escucha el timbre de la puerta.
—Si paga el precio adecuado, no veo el porqué, no venderlo—.
—Jefe—.
Haciendo su aparición un hombre joven de apariencia de tener 23 años, pero que la vista de Javier sabía que tenía mucho más, tenía la barba recortada, y una expresión de simpatía de poder hablar bien con él.
—¿A cuánto me lo dejarías?—.
—¡Espere, por favor!, Jefe, antes de venderlo tiene que decirle—.
Aun sin entender el qué del asunto, mira a los dos hombres.
—Tú y tus miedos, cliente este asombroso nivel arquitectónico de azúcar, fue creado por un maestro en 1989 en Alemania, un mes después murió, al parecer los dueños después de la subasta murieron el último fallecido fue hace medio año, lo compré mientras viajaba por el mediterráneo, que dice, piensa comprar esta pieza maldita—.
Riendo con cara de asustar, Shio se esconde detrás de Javier un poco asustada.
—A cuánto—.
—Déjame ver…
a 1 millón de yenes—.
—Lo compro—.
—Es broma…
¡Eh!, lo compras—.
—Claro…
Dame tu número de cuenta para poder depositarte—.
—Oh, oh, claro—.
Aturdido le dijo el número.
Guardando el teléfono, un mensaje le llegó al teléfono del Jefe.
—En serio lo depositaste—.
—Claro, por cierto puedes enviarlo a esta dirección y también están estos dulces, ah, todavía no pajo—.
—No se preocupe por eso, personalmente le llevaré a su residencia sus compras—.
—Okay… aquí está la dirección, no se preocupe de entrar, alguien recogerá en la entrada—.
—¡Gracias por su compra!—.
x 2 —Ahora vamos a la playa—.
—¡Playa!—.
—Es el momento perfecto, verás una hermosa puesta del sol—.
—Shio quiere verlo, apurémonos, papi—.
Saliendo más animada que nunca, jalando a Javier.
El Jefe y el empleado se quedaron viendo.
—Planta, quiero decir, Jefe, tenía que venir aquí, ¿qué sucede con esa mentira tan obvia?—.
—Ara, ara, el pequeñín quiere revelarse—.
—¡Ah!—.
Apareciendo detrás del empleado con las manos, jugueteando en los pezones por encima de la ropa, pudiendo escuchar de cerca los gemidos que lo emocionaban.
—(Lamer), jeje, buena reacción, en la noche jugamos mi mascota—.
—Mm, s-sí amo—.
Sonrojado, apoyándose sobre la vitrina, se despidió de Planta, que bajó de lo alto del estante la casa victoriana de caramelo con una de sus raíces.
Deteniéndose, se gira y lanza una mirada de picardía hacia su mascota Exar.
—Quien dijo que era mentira, adiosito Exar, procura no lavarte, mua—.
——– Mientras eso pasaba en la tienda de dulces Milk World, Javier y Shio se sentaron a esperar a que viniera el tren.
—Emocionada—.
—¡Mucho!, es la primera vez que Shio subirá a un tren.
Hoy Shio ha tenido muchas de sus primeras veces con mi papi—.
—Ehehe, me alegra escucharlo, hagamos mucho más en el futuro—.
—Si papi—.
Columpiando sus pies de lo emocionada que se sentía, Javier miró a su alrededor y frente a la otra estación.
-Hay todavía muchos estudiantes de otras escuelas, y muchas colegialas lindas, jejejeje-.
—Papi—.
Parándose en el asiento al susurro al oído, Javier se gira y ve a Shio un poco incómoda.
—…¿Baño?—.
—No, Shio vio a alguien, y se sintió muy triste.
Si por alguna razón sintió algo en mi pecho y no fue agradable, papi, ayuda a Shio a ayudarla—.
—¿A quién?.
Es niño o niña—.
—Niña y muy bonita, pero se veía solitaria—.
Dirigiendo la mirada donde veía Shio, entrecerrando la vista, vio a kilómetros traspasando todos los objetos.
Caminando sola una chica de pelo rosa hasta la cintura, su movimiento era fluido y frágiles.
Vestía el uniforme de su escuela que era de marinero negro, minifalda, blusa manga larga, corbata roja y media asta, la espinilla.
(Nombre: Sato Matsuzaka Edad: 15 Género: Femenino Estado: Saludable, no virgen.
Experiencia: footjob, perrito, sexo oral, sexo en agua, aire libre, sesenta y nueve, vaquera… Primera experiencia: 12.
Compañeros sexuales: 543.
Novios: 433.
Puntos sexuales: Ninguno.
Orgasmos: cero.) [Información]; Sato Matsuzaka protagonista de Happy Sugar Life.
Una niña retorcida en busca del amor.
Una niña en busca del único verdadero amor.
Acogida por su tía a una edad temprana por la pérdida de los padres de Sato, esta le enseñó su retorcida forma del amor, complaciendo a hombres y mujeres, aun si eso significaba ser maltratada, lo aceptaba.
Rechazando esa expresión de amor, Sato a temprana edad comenzó a buscarlo.
[Misión]: Sumergirse en la pasión del amor o ahogarse en la locura retorcida.
[Recompensa]: Sabía Fur Fur.
-¡¿Qué?!-.
—Papi, sucede algo—.
No pudiendo responder, Javier se perdió en una ilusión.
¡¡Ahahahaha!!.
Escuchando el eco de una risa psicótica, las fosas nasales captando el olor de óxido que se pegaba a la piel, volviendo incómoda la sensación.
Javier, pudiendo sentirlo en cada poro de su cuerpo, su corazón latiendo a mil por hora por el miedo, no se atrevía a mirar hacia atrás al sentir esa presencia.
—…
pi… pa… papi… ¡¡Papi!!—.
—Eh, oh, ¿pasa algo, Shio?—.
—¿Papi, estás bien?, parecían perdidos, igual a Yami onee-chan cuando le quitas su helado—.
—En-en serio, ¡tos!—.
Queriendo disimular con la tos al escucharse hablar con una voz chillona, Javier, no pudiendo mirar a los ojos a Shio decidió mirar al horizonte, dirección contraria a donde estaba Sato Matsuzaka.
Kachunk… Kachunk… Kachunk… Sonando el rítmico sonido que hacían las ruedas del tren, Javier avisó a Shio.
—El tren, Shio toma mi mano y nunca cruces la línea amarilla hasta que el tren haya abierto completamente las puertas—.
Enseñando a la llegada del tren que abrió sus puertas, a punto de entrar, la mano que sujetaba de Shio se estancó, parándose.
—Shio entiende, pero papi, Shio está preocupada, ¿estás bien?—.
—Estoy bien, solo me perdí en mis pensamientos—.
—Papi… mentiroso—.
—¿Por qué?—.
Ladeando de un lado la cabeza al no entender por qué lo decía Shio, Javier se agacha al verla hacer señas.
—Shio no quiere molestar a papi, Shio quiere que papi sonría y no ponga cara de dolor de estómago…—.
Sorprendido por las palabras llenas de afecto por cómo se sentía, Javier tomó las manos de Shio que sujetaba sus mejillas, sintiendo la calidez en esas pequeñas manos, para abrazarla.
—¿Papi?—.
—Shio, disfrutemos el resto de la tarde—.
—…
¡Sí, papi!—.
{¡Cuidado, se cierran las puertas!} Kachuk… kachuk… kachuk —Se fue—.
—Bueno, podemos esperar hasta que venga el próximo… Mientras tanto comamos este rico bizcocho, que compramos en la tienda del acuario—.
Sacando un bizcocho húmedo con crema batida encima con fresa del bolsillo dimensional, Javier y Shio comenzaron a disfrutar cada uno, hasta compartir la mitad de la frutilla y durazno.
———— Kachuk… Kachuk… Kachuk —¡Increíble!
¡Todo pasa muy rápido!—.
Divirtiéndose en su primera vez en un tren, no parando la emoción y como no había nadie que pudiera molestarlos, Javier dejó que se subiera en el asiento para que mirara por la ventana sin perder interés.
—Veamos… ya son las 5:43, tendremos una vista del ocaso—.
Confirmó mirando en su celular, para voltear a ver a Shio con su sonrisa que irradiaba felicidad.
-¡Tan linda…!, qué bueno que no soy Lolicon-.
Afirmando con la cabeza esos pensamientos, Shio le da palmaditas en el hombro, preguntando mientras desacelera el tren.
—¿Papi, ya llegamos a la playa?—.
—Todavía faltan varias paradas—.
—Y por qué nos detenemos—.
—Igual que los buses, tiene sus paradas—.
—Mmm…
Aunque no haya personas—.
—De igual forma, pararán y seguirán—.
Sin que nadie subiera al tren, avanzó con los pocos pasajeros a bordo que comenzaron a bajar y pocos a subirse, hasta que el tren volvió a abrir sus puertas, entrando una estudiante con una cabellera lacia color lila que le llegaba a la cintura.
—¿Katsura-san?—.
—J-Javier… pensé que ya te habías ido a tu casa—.
Cerrando las puertas, el tren avanzó, con cierta tensión por el encuentro inesperado.
Shio se sentó y la miró.
—Papi, quien es la linda Onee-chan—.
—¡Papi!—.
Se sorprendió Kotonoha.
—Déjame presentarte, Kotonoha Katsura-san, y esta es Shio Kobe, mi hijastra—.
—Un gusto, Shio-chan—.
—Mm, papi, conoces muchas niñas lindas—.
Otra vez, cayendo una mirada de Kotonoha al comentario de Shio, Javier, como si no lo escuchara, palmeó el asiento alado de Shio.
—Katsura-san, y si nos acompañas—.
—No quiero interrumpir nada, por eso—.
—Onee-chan, ven al lado de Shio—.
Extendiendo sus manos con una sonrisa angelical, Kotonoha instintivamente se sentó al lado de Shio.
—Onee-chan, ¿cómo conoces al papi de Shio?—.
—¿Mmh?…—.
Mirando a Javier por cómo explicar su primera reunión, Javier la ayudó.
—No sé si lo recuerdas, Katsura-san, pero nuestra primera vez viéndonos fue en la biblioteca de la escuela—.
—¿Biblioteca?—.
Murmuró tratando de recordar.
—Ya me acuerdo, por alguna razón te sonrojaste y saliste corriendo—.
—Papi, querías ir al baño—.
Crispando la comisura de los labios, Javier se tocó el cuello y miró hacia otra parte.
—Hui porque me dio vergüenza—.
—¿Vergüenza?—.
—Sí, viendo a alguien tan hermosa, me imaginé ver un ángel, con su largo pelo lacio lila meneando al caminar, pensé que una Diosa entró en la biblioteca—.
—¡¡!!, no digas nada más… uuuuuuuu—.
Tomándole de sorpresa las palabras de coqueteo que nunca esperó escuchar, Kotonoha apenas pudiendo murmurar, se cubrió el rostro con sus manos sin poder evitar que sus orejas rojas fueran vistas por Shio.
Javier, tampoco pudiendo mirar en dirección de Kotonoha mira la pared del bajón.
-No mentí, ciertamente pensé que era una Diosa Kotonoha.
Es tan linda, tiene un aire de delicadeza, está blanco su fondo, quiero teñirla con mis colores.
Si hubiera sido mi verdadera esposa, no escatimaría recursos para cortejarla-.
-¡¡¿Qu-qu-qué le sucede?!!, ¿por qué me dice eso?.
Es la primera vez que un chico me lo dice ese tipo de cosas… Tampoco se siente incómodo… parece ser sincero en sus palabras, nunca me miró como otros chicos cada vez que me veían, especialmente…-.
—Papi, Onee-chan a que están jugando, Shio también quiere jugar a caras rojas—.
Shio que no entendía nada, miró a la pareja adolescente todo rojo hasta las orejas.
—¡Tos!, Shio mira el mar, ya se puede ver—.
—¡¡El mar!!, ¡increíble, es enorme!, papi, papi, mira, el mar está brillando—.
Brincando en el asiento, Shio no paró hasta que Javier la hizo sentar.
Llegando a la estación, Kotonoha tímida, no pudieron ver a la cara, a nadie se paró.
—¡Espera Katsura-san!…
lo siento—.
Apartando la mano que agarró el brazo de Kotonoha, Javier la mira a la cara con un rostro serio.
—Quieres venir con nosotros a la playa—.
¡¡Preste atención a que se abren las puertas!!
—Onee-chan también vendrá a ver el mar—.
—…—.
No pudiendo responder ni negar al ver el rostro de felicidad de Shio, Kotonoha toma una bocanada de aire.
—Iré, déjame llamar a mi casa antes—.
—Tómate tu tiempo—.
Sentándose de nuevo, Javier mira a Shio.
—Papi, a la Onee-chan le está saliendo algo rosa de su frasco—.
Notando el brillo azulado en los iris de Shio, Javier le sobó el pelo de Shio—.
—Escucha, Shio, no es bueno espiar el alma de una persona, si confías mucho en eso, puede que te haga daño, igual que como pasó esta mañana—.
—Shio no entiende, pero papi está preocupado por Shio, no sé qué hacer—.
—Jejeje, está bien, te ayudaré un poco… chu—.
Besándola en la frente, un sonrojo iluminó las mejillas de Shio.
Javier, sonriendo por ello, su mano le revuelve el cabello, gustándole, se recuesta al cuerpo de Javier.
—Ya llamé, d-disculpa—.
Dijo sentándose a lado de Shio que se recostaba en el pecho de Javier.
Robándole unas cuantas miradas, Kotonoha se fija en el atuendo de Javier, iniciando la conversación.
—Ja-Javier, hoy no fuiste al instituto—.
—Hoy estuve con Shio.
Pero me intriga el porqué Katsura-san sale a esta hora, ¿estás en un club?—.
—Es porque estoy en el club de costura, salí tarde por eso—.
—Je, costura, me imagino cosiendo, lo siento—.
—¿Por qué te disculpas?—.
—Solo pensé que habías sido, otra vez, puesta a hacer los trabajos de otros—.
—…
Eso no pasa, lo del otro día fue porque se enfermó la que tenía que limpiar conmigo, se disculpó después—.
—Mmm—.
Notando la reacción corporal de Kotonoha, Javier se dio cuenta de que estaba mintiendo.
-Sigue la misma ruta del eroge-.
Shio que se había quedado recostada en el pecho de Javier, se quedó dormida.
—Hasta que por fin la emoción bajó, desde que amaneció ha estado imperativa—.
—Ehehehe, debe haberse divertido mucho—.
—Sí… Cuando vea el inmenso mar, le encantará que no querrá salir—.
Siguiendo la conversación tranquila, el tren llegó a la estación más cercana del mar.
Sin despertarla con ayuda de Kotonoha, Javier cargo en forma de caballito, reposando la cabeza en el hombro.
Caminando hombro con hombro, sin decir ninguna sola palabra, Kotonoha tenía presente lo que le había dicho Javier en el tren.
—Javier, ¿por qué me dijiste eso?… ya sabes—.
—¿Por qué más iba a ser?—.
—Pero no te conozco y tampoco a mí—.
-Te conozco más de lo que piensas, Kotonoha-.
No pudiendo decirle eso, Javier le dijo.
—Tienes razón, no te conozco, pero de ahora en adelante me gustaría ir conociéndote—.
—¡¿Eh?!—.
Sobresaltarse por las palabras que insinuaban algo más que amistad.
—El domingo tienes algo que hacer—.
Sonrojada, agacha la cabeza, sin responder, viraron en la esquina, encontrándose frente al sol y un inmenso mar de oro.
—Shio, despierta, mira el mar—.
—Hmmm…, papi… qué bonito—.
—Verdad, es muy bonito, y será más bonito cuando estemos cerca del mar—.
-La espalda de papi es tan cálida, muy ancha, huele muy bien-.
Acurrucándose Shio, mira fijamente el mar que no tenía fin sin importar cuando se acercara.
—Shio quítate las zapatillas—.
—…
está caliente, ohhh—.
Hundiéndose los pequeños pies en la arena, viendo esperar que también avance, Javier se quita las zapatillas y mira a Kotonoha que se queda en la escalera.
—Katsura-san no piensas venir—.
—Eh… no, aquí estoy bien, pueden divertirse ustedes—.
—Vamos, no sé as aguafiestas, no, Shio—.
—Onee-chan, ven—.
Extendiendo sus manos a Kotonoha, la misma no se pudo rehusar, así de grande era el aura de Shio.
—Si es solo hasta la orilla—.
Sentándose en los escalones de piedra, Kotonoha desnuda sus pies.
Javier, queriendo ver y al mismo tiempo no pudiendo, le da la espalda jugando un poco con la arena en sus pies.
—¡Onee-chan, apúrate!—.
—Espera un momento, ya esto, vamos—.
—Papi, mano—.
Tomando sé de las manos, juntos se acercan al mar.
Llegando a la orilla donde la arena estaba húmeda, una pequeña ola se acerca e inunda los seis pares de pies.
—¡Frío!, jejeje, papi, el agua está fría—.
—Intenta probar un poco Shio—.
—Espera no—.
—¡¡Salada!!—.
—Ahahaha—.
—Uuuu… Papi malo, ¡¡toma!!—.
—¡!…
Ahora verás—.
—Hya, ya verás—.
Salpicándose con el agua del mar, Kotonoha retrocede poco a poco solo para terminar en la mira de dos niños.
—J-Javier, espera mi uniforme—.
—Mañana no hay instituto, además, debes en cuando no hace daño, Shio—.
—Si papi—.
—¡¡Toma!!—.
x 2 —Hyaa…
ya verán tomen esto, jejejeje—.
Jugando hasta que el sol se ocultó, Shio dormía en las piernas de Javier y Kotonoha estaba a su lado con una toalla de su mochila.
—Gracias por prestarle tu toalla a Shio, Katsura-san—.
—No hay por qué agradecer, me divertí mucho…—.
Estancándose la conversación, Javier la mira de reojo, cuando el tren comienza a desacelerar.
—Javier… me bajo aquí, gracias por invitarme a pasar la tarde con ustedes—.
—Mm, Katsura-san, sobre el domingo—.
Sonrojándose Kotonoha al recordar ese tema, el tren abre sus puertas.
—El domingo nos vemos—.
Salió corriendo.
—¡¡Bien!!—.
A gusto con el resultado imprevistos, Javier, con una gran sonrisa en su rostro, espera hasta la siguiente estación para bajarse.
No quitando la sonrisa de idiota en su rostro, carga como princesa a Shio.
Dejando la estación, gira por un callejón oscuro para desaparecer.
Apareciendo de nuevo frente a la puerta de la mansión, abre la puerta y es recibido por una Yuuna claramente preocupada.
—¡¿Dónde han estado?!, sabes lo preocupada que estaba—.
—¿Pasó algo?—.
Dijo Javier mientras Yuuna tomaba en sus brazos a una Shio dormida.
—Mira la televisión y ya verás—.
—Mm—.
Aun sin entender lo que sucedía, vio Yuuna llevarse a Shio para bañarla.
Javier, intrigado al igual que encontrar el juguete en un cereal, fue a la sala.
—Yami, cómo has estado, parece que estás bien, algo ha pasado—.
—¡¡Perro inmundo muere!!—.
Sorprendido por el odio que emanaba alguien en la sala, Javier alza su mano y detiene un palo de escoba dirigido a la cabeza y el que lo sostenía era Asahi.
—Asahi, que haces, no ves lo peligroso que es jugar balanceando esto y si le pegas a alguien—.
—Al único que quiero pegarle es a ti, cómo te atreves a poner a Shio en tal peligro, eres imbécil o qué—.
Mirando a Asahi con la cara roja de lo enojado que se encontraba, en varios intentos jaló el palo, pero fue inútil.
Mirando a Yami que estaba sentada en el sofá, y señaló el televisor.
(Siguiendo los sucesos del asalto al Banco Mashua, se ha confirmado la muerte de 9 policías activos que acudieron, más 1 guardia del banco, aquí tenemos grabaciones de las cámaras momentos antes de que los asaltantes entraran).
Dando la noticia una presentadora guapa, la imagen cambia al de las cámaras del banco que recuerda bien, ya que sucedió esta mañana.
Viéndose a sí mismo en la televisión momentos antes que entraran los asaltantes, Javier retrocede con Shio en brazos y el asaltante disparó al guardia matándolo.
De nuevo la pantalla cambia al de la presentadora.
(Cómo presenciaron los delincuentes, entraron y sin remordimiento disparan.
El joven con la niña en brazos que estaba a punto de salir, retrocede al ver lo sucedido intentando proteger a la niña) (Hoy, como invitado especial, tenemos a un psicólogo para que nos diga, qué fue lo que pasaba en la mente de esa gente.
No hablemos del asalto, sino en concreto la bomba que acabó con las vidas de varios oficiales y heridos.
Señor Abram).
(Buenas noches, y gracias por invitarme a este espacio, directo al tema.
La mente del asesino es simple, por así decirlo, el cerebro es un organismo complejo.
De ahí sale toda nuestra emoción, en los típicos asesinos o violadores, se ha comprobado científicamente que la materia gris en su cerebro en menos de lo común, eso hace que las emociones de la ira el enojo sea mucho más frecuente.) (Disculpe, eso quiere decir que los que tengan la materia gris menor o su desarrollo de la corteza cerebral, implique que serán asesinos en el futuro.).
(No, y sí, con medicamentos esto puede prevenirse.
Pero aquí tenemos otro caso, esos malhechores estaban drogados.) (¿Drogados?.) (Sí, en la investigación hecha por la policía, se ha comprobado que están bajo efecto de sustancia psicotrópica, aún no se ha comprendido que se metieron antes de asaltar, pero este es el resultado.) (Las drogas, ya de por sí, son malas llevando a su huésped a ser cosas que antes no haría.
Pero Doctor Abram, ya vio estas imágenes, cierto.) (Si las vi, déjeme ser claro en algo, por muy artista marcial que fuera, fue una buena decisión no haber comenzado una pelea en ese instante) (¿Por qué?, ¿si sabes artes marciales, por qué no lo detuviste antes?.
Ese ¿Por qué?, puede aclararnos bajo su proceder, Doctor Abram) (La conclusión es sencilla: en el estado en que estaban los delincuentes, su cerebro se mueve mucho más rápido, se puede decir que son hipersensibles.
Si el joven hubiera saltado directo hacia ellos, lo hubieran baleado, al igual como sucedió después con uno de sus compañeros.) (Aquí otra pregunta que se está haciendo en línea: ¿Pudiste vencerlos antes?, ¿Por qué después?).
(Esto también va acompañado con lo que dije previamente, en ese estado hubieran matado a todos dentro del banco, además quien en su sano juicio explotaría una bomba, el joven seguro pensó en eso, nadie se lo esperaba en pleno día, al explotar la bomba el ruido atrofio los sentidos de los asaltantes, hay fue cuando el joven saltó al ataque) (Muchas gracias, Doctor Abram, ¿Héroe?, o ¿Cobarde?, muchos tendrán su opinión…
Yami apagando la televisión, mira a Javier.
-Eh, cómo sucedió eso, lo único por el cual no hice nada fue que no quería interferir.
Soy un Dios; estén drogados o no, puedo vencerlos con mi aliento-.
—Me voy a bañar—.
(Baja a comer).
No pudiendo responder al mensaje de Yami, salió de la sala con Asahi intentando golpearle con la escoba en la cabeza.
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