Me convertí en el Dios hentai. ¿Y que? - Capítulo 54
- Inicio
- Todas las novelas
- Me convertí en el Dios hentai. ¿Y que?
- Capítulo 54 - 54 Viernes 26 Abril Encuentro amoroso con la esposa del Dios Hentai
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
54: Viernes, 26 Abril (Encuentro amoroso con la esposa del Dios Hentai) 54: Viernes, 26 Abril (Encuentro amoroso con la esposa del Dios Hentai) Desde las sombras del mundo terrenal… tu mirada ha despertado algo.
¿Te atreves a seguir leyendo las escrituras de esta novela prohibida?
Entonces escucha bien, alma curiosa.
He abierto un templo digital en Ko-fi.
Con una simple ofrenda de $1 dólar, me ayudarás a invocar ilustraciones sagradas: retratos auténticos de los seres que habitan esta historia.
Pero todo pacto merece recompensa: Los fieles recibirán imágenes personalizadas, únicas… y tal vez, un secreto reservado solo para los elegidos.
[Haz tu ofrenda aquí] ————— Sentado en el piso desnudo, dejando que el agua cayera sobre él.
Con los ojos empañados de neblina, aún podía ver cómo el agua, que debería ser cristalina, se iba por la alcantarina manchada de un rojo intenso.
-Mi salud… ha comenzado a deteriorarse más rápido de lo que creí-.
Ni siquiera teniendo tiempo para pensar, su cara palideció como una hoja de papel, vomitando sangre.
—Cof, cof, puff… maldición, estuve todo el día queriendo toser, pero gracias a la energía del núcleo de la estrella pude contenerme para no preocupar a Shio… siguiera disfrutando del paseo—.
Preocupándose de que Shio no tuviera un mal recuerdo de un día juntos.
Aun así, Javier ya no podía sentir nada, era como si el tacto se lo hubieran quitado.
Tenía apenas la vista, el oído y el gusto, para saborear el agua que caía sobre su cuerpo.
Escuchando a alguien detrás de la puerta de cristal, de inmediato solo un nombre se le vino a la memoria.
—Yami… ¿Sucede algo?.
Preguntó sin fuerza en su voz cansada.
Escuchando la puerta de cristal abrirse, Javier, que no tenía fuerzas en su cuerpo para levantarse, giró su cabeza para ver de reojo.
—¿Pasó algo?…
¿Por qué no contestas?…
Yami—.
En un intento de levantarse, un fuerte mareo hace que caiga.
—No estás bien, cierto—.
—¡!, ehehe en que estoy pensando, eso no es posible—.
Pensando que estaba alucinando al escuchar la voz melodiosa de una mujer, apenas sonriendo, miró con sus ojos empañados por el vértigo, la bruma que formaba palabras.
(Déjame ayudarte a bañar.) —…
Estoy a tu cuidado—.
-¿Por qué mi corazón late tanto?… detente, antes que lo escuche Yami-.
Nervioso como pocas cosas que podrían ponerlo en ese estado, una de ellas fue su primera vez con su novia, en la secundaria.
Javier, que se sentía como un muñeco de trapo que era cuidado con mucho cuidado, es tomado por las axilas para sentarlo apoyándolo contra la pared, cerrando el flujo de agua.
Mirando en primera mano, al ver con sus ojos se recuperaban de dar vueltas, la figura de Yami desvistiéndose.
Lo primero que se quitó fue el delantal, que al caer al suelo escuchó que tenía objetos en él.
Javier solo podía ver la esbelta espalda de Yami que cubría su larga cabellera hasta las nalgas.
Tan pronto como se escuchó que el primer botón de la blusa fue abierto, los sentidos de la vista y el oído se maximizaron como nunca, todo había desaparecido de la mente de Javier, solo tenía en adelante Yami.
Sintiéndose mucho más nervioso de lo que podía recordar en su anterior vida.
Javier, nervioso que se sentía atado, como si cadenas lo envolvieron sin poder mover algún músculo, su boca se secó al ver la blusa caer, mostrando la blanca piel perlada de la espalda a través de su cascada.
Glug.
Como piedra hubiera caído en el lago, al tragar saliva.
Mira detenidamente el trasero debajo de la falda que se pronunciaba al agacharse, pudiendo ver detenidamente el contorno del trasero que no hacía nada, pero tenía el encanto de querer ser aplastado por él.
Pasando un minuto, a Javier se le caía la baba al ver todo el proceso de desvestir de Yami, haciendo que el pequeño Javier se levantara como una balista a punto de disparar sus proyectiles.
Caderas anchas, cintura pequeña, senos grandes que desafiaban la gravedad, manteniendo las erguidas como montañas inexpugnables.
En su cima una areola transparente y en su pico, pequeños pezones iguales que gomitas rosa pálida.
Arreglándose la cabellera en un nudo, Javier pudo disfrutar de la vista al verlas, moverse como gelatinas por cada movimiento al caminar hasta ver los muslos suaves como glaseado que se desharía en la boca si lo mordieras, sin hablar de esa zona; cubierta por vello púbico rizado en su monte de venus pudiendo ver el corte de mantequilla que era sus labios vaginales.
—Glub—.
Una vez más, no pudiendo evitar tragar su propia saliva que no ayudaba a mojar la seca garganta, la bruma apareció entre Yami y Javier, pero aun así podía divisar los ojos necrománticos que nunca podrían ser ocultados.
(No estés tan tenso, ven, puedes relajarte, recuéstate en mi pecho) Como una marioneta que no podía moverse, cayó con solo un toque en uno de los senos de Yami, pudiendo sentir la suavidad como una nube bañada en el sol del ocaso y la mejor seda que podría fabricar y aun así no podía ser comparada.
—Hm… hueles tan bien…—.
(No pienses en nada y descansa.
Me encargaré en todo) Hechizado, ya sea por la calidez que le proporcionaba el cuerpo de Yami o su olor corporal que era como tranquilizante capaz de alejar su enfermedad que lo corroía.
Escuchando la respiración, el sonido de cada latido que era como una canción de cuna, Javier aunque quería cerrar los ojos, un fuego abrazador no lo dejaba, latir con cada vez más fuerza que el propio corazón sintiéndose entumecido al punto que le era imposible no darse cuenta de que su pequeño hermano ya había alcanzado una altura de 15 cm.
Resonando en los oídos el acuoso sonido del jabón: cuello, espalda, pecho, axilas, brazos, dedos, estómago.
Emocionado al sentir las delicadas manos pasar por todo el cuerpo, aun así no podía evitar mirar el par de senos que rozaban sus canillas mientras subía poco a poco llegando a los muslos.
Yami indiferente, ante el monstruo que tenía frente de ella y que en varias ocasiones había sentido palpitar cuando tocaba su cuerpo.
Antes, el pequeño hermano, que medía 15 cm, cubriendo aún su prepucio, solo podía verse la punta, ahora media 32 cm, un glande rojizo donde se deslizaba el pre semen manchando de viscosidad el venoso tronco que no paraba de palpitar.
No diferente a lo que sería del tamaño de un puño adulto, el glande y el tronco como el de la muñeca.
Entumecido por el juego de tentación por las manos que subían y bajan sobre los muslos, llegando un placer absoluto, las caderas de Javier se convulsionaron haciendo que el pre semen salpicara por todas partes, alguna cayendo en la mejilla de Yami que no se molestó en limpiar.
—Yami…—.
Exhausto, apenas pudiendo controlar la respiración, aunque no había hecho nada.
La mirada embriagadora de Javier, que no dejaba de ver a Yami que era como el jaguar agazapado, a punto de saltar a su presa para comérselo.
Entusiasmado, sintió que las manos juguetonas se aproximaban a su pequeño hermano, que esperaba con impaciente.
¡!…
(Déjame continuar) Pidió Yami con ojos decididos ante el último obstáculo imprevisto que eran las manos de Javier.
—ah, aha, no… si seguimos, se perderá algo—.
No sabiendo ni lo que decía, aunque lo quería con todas sus fuerzas que pasara, un pequeño instinto de temor lo detenía.
—Yami ¡!
chu, chumc, cuk…—.
Prohibiéndole que hable, Yami lo besó.
Sintiendo los labios carnosos, el aliento embriagador que cosquillas sus labios.
Levantándole los brazos presionando contra la pared, Yami siguió besándolo con ferocidad, sin tiempo de recuperar el aliento.
Levantó el cuerpo agraciado, se sentó en los muslos de Javier que convulsionaron ante el repentino sentón.
Ondulando sé, las pálidas nalgas ante el calambre sistemático de Javier.
Yami que sentía cómo su cuerpo ardía, sus senos quedaron aplastados contra el pecho varonil de Javier y el que se habría espacio entre su escote; el pene venoso de 35 pulgadas.
Ambos, ya no importando lo que podría pasar ni las consecuencias, se abrazaron.
Sus dedos trazaron el lienzo de la piel para cubrirla con sus colores.
Los besos llovían con ferocidad, escuchando el libidinoso y acuoso sonido de enredar las lenguas.
—Ah, aha, Ya-yami…—.
—aha, aha, aha…—.
Separándose por un instante, pero aun sus bocas estaban unidas por un puente de saliva.
Ambos mirándose, sus pieles estaban humectadas por el sudor y el agua.
Sus mechones de pelo húmedos se pegaban a sus mejillas, hombres y pecho.
—Te amo, Yami, sé mi esposa—.
Sonriéndole, sus abundantes senos firmes, pero elásticos como caramelo recién hecho, una vez más quedaron aprisionados contra el pecho del hombre, tocándose las frentes y la nariz, Yami mordió el labio inferior de Javier para besarle el cuello dejándole un chupetón.
—Mmm, Yami, ah…—.
Dejando salir gemidos, vergonzosos, con las mejillas coloradas, sin resistirse al cálido aliento en el oído y un escurridizo beso húmedo que lo paraliza.
—Mmmm, no….
aha, aha, aha…—.
Sintiendo un placer mayor de eyaculación que nunca había sentido en su vida, su espalda se encorvó, y sus caderas no paraban de convulsionar, haciendo que se escuche un débil sonido de palmadas.
Javier, que sintió que todo se había vuelto en blanco, al recuperar la razón, no esperó al ver los ojos acuosos de Yami expectantes, sé abalanzó contra ella, empujándola contra el piso.
La larga cabellera de Yami regándose como si de un fuego artificial se tratara, mostrando la sedosa melena de color mostaza.
Yami con una sonrisa radiante en su sudoroso rostro que la hacía lucir más sexi, estiró ambos brazos, diciéndole a Javier, ‘¿qué esperas, aquí estoy?’.
Tomando con ambas manos las nalgas que eran como arcilla caliente que se pegaba y era difícil despejarlas, levantó el trasero de Yami hundiendo sus garras, dejando marcas en la pálida piel.
Ya no sabiendo ni qué hacer, Javier levantó más las caderas de Yami hasta que se agachó pegando ambos órganos uno encima del otro.
Sintiendo como estar en la cima de un volcán activo, el tronco de Javier se metió entre los labios vaginales inundados de jugo del amor, mientras el clítoris erecto fuera de su capucha rozaba con el pene, creando un jugoso espumoso de amor.
Yami moviendo la cintura de forma lasciva, sincronizándose con los movimientos de Javier.
Besándose con ferocidad, como si intentaran devorarse con avidez, el pene de 39 pulgadas se había metido de lleno dentro del barranco de carne suave que eran los pechos de Yami, escuchando de ellos un pegajoso sonido lascivo.
Toc, toc, Toc —Señor Valderrama, puedo hablar con usted un momento—.
Escuchando la voz Yuuna detrás de la puerta de cristal, para ambas bestias que están en celo a punto de aparearse, fue como echarlos en el antártico, enfriando la atmósfera que se había creado.
—…
Ya salgo—.
—Lo estaré esperando—.
Javier, que no tenía cabeza más que ver a los ojos de Yami reprochó que haya contestado al escuchar la voz seria de Yuuna.
Teniendo una expresión de fastidio y enojo porque lo habían interrumpido, aun así Javier dejó que la cintura de Yami tocara el piso.
—…—.
Javier, mirando la expresión de Yami que era candente al verla en un estado indefensa y al mismo tiempo provocativa, cerró los ojos y con desgana soltó las nalgas como arcilla pegajosa, dejando las marcas de sus manos sobre la piel pálida.
Levantándose poco a poco, su pene que había llegado a las 40 pulgadas lo suficiente para que tocara su propia clavícula con el glande volvió a la normalidad como si nada hubiera pasado, solo el olor de almizcle con un sutil aroma de hierbas silvestres.
—…
Vístete, Yami—.
Dijo tendiéndole la mano a Yami, pero la rechazó, levantándose ella misma.
Javier, queriéndole decir muchas cosas, solo vio la esbelta figura de espalda, un trasero de durazno que tenía marcas rojas, para tomar su ropa tirada cerca de la puerta y ser envuelta en su bruma azabache y desaparecer de la ducha.
En todo eso, Yami no dio ninguna mirada a Javier.
—¡Tch!—.
Gruñendo y chasqueando la lengua, Javier se limpia sus partes privadas y la cabeza que no había limpiado Yami, para salir con una bata de baño y ver a Yuuna esperando en una de las sillas que mantenía Javier cerca de la ventana.
Yuuna que parecía no notarlo al estar pensativa, Javier dejó escapar un suspiro para calmarse.
-Fuuuu, cálmate, Javier, puede que ya haya resuelto quién es mi esposa.
Pero Yuuna no tuvo la culpa, creo que estoy en cierta forma agradecido con ella, ya que este sentimiento aún no se va… Aunque… fue demasiado estimulante y hubiera preferido que no interfiriera nadie…
¡Tch!, ¡mierda!
Olvídalo, olvídalo, no pienses en el pasado y solo en el futuro-.
Convenciendo sé a sí mismo, Javier se olvidó de la enfermedad que estaba acarreando después de vivir la experiencia salvaje con Yami.
—Lo siento, Yuuna, te hice esperar—.
—¡!
No, la verdad no… señor Javier, quiero hablar seriamente con usted—.
—¿Conmigo?, sobre qué—.
Levantándose, caminó hasta Javier sin quitarle la mirada.
Yuuna mostrando una faceta que poco era conocida, se paró firme ante Javier.
—¿Quiero una explicación de lo ocurrido en el banco?
Usted me prometió que cuidaría a Shio, pero mire lo que sucedió, apenas se la entregó.
Si así va a hacer de ahora en adelante por estar relacionados con usted… Muchas gracias por darme la oportunidad de vivir bajo su techo y las atenciones que le ha previsto a mis hijos, pero como madre, pondré la seguridad de ellos primero.
Podremos tener encarecimientos en el estilo de nuestra vida, pero es mejor eso que saber que algo malo les ocurrió—.
Decidida, no había vacilación en los ojos de Yuuna de irse de la casa y dejar atrás las comodidades.
Javier que no podía entender el sentimiento que hacía que Yuuna se levantara para proteger a Shio y Asahi del peligro.
—¡Ahahahahaha!—.
—…
¡De qué se ríe!
¡¡¡piensa que no me iré, solo por darnos estas comodidades!!!—.
—Haha, no, no lo siento… Disculpa, mi grosería.
Solamente me divertí al ver esta nueva faceta tuya.
La tímida Yuuna ahora se impone por el bienestar de Shio y Asahi.
Has progresado sin darme cuenta o es el amor maternal que te impulsó estar frente mío—.
—¡No cambie el tema!—.
Replicó Yuuna con las mejillas rojas, pero sin vacilación en su resolución de irse.
—Lo siento—.
—Eh—.
—Siento mucho lo ocurrido, nunca fue mi intención poner en peligro a Shio.
Sé que mis palabras no sirven de nada para enmendar lo que la puse en peligro.
También sé que mis acciones imprudentes por el ser un Dios, no son una excusa para pedir perdón… Pero, créeme que, aunque me cueste la vida, nunca dejaré que Shio sufra por mi culpa—.
Yuuna sin poder creérselo, no pudo decir nada al ver a Javier arrodillado delante de ella y escuchar frotar la frente contra el piso de madera —Por favor, señor Javier, levántese, no puede hacer eso…—.
—Es lo mínimo que puedo hacer para pedir perdón—.
Dijo levantándose al ser Yuuna el que instaba a hacerlo desde el brazo.
Quedando una marca roja en la frente, el cabello largo de Javier caía como cascada, cubriendo sus pectorales hasta la cintura y algunos mechones pegándole a la cara por no secarse bien.
—…
¿Puede explicarme bien lo que sucedió?—.
Contándole con todos los detalles del banco, la comisaría, donde la llevó después, al restaurante, lo que comieron, el acuario, la dulcería y la ida a la playa.
Yuuna que escucho con todo detalle e imágenes de una captura de pantalla en la vida real, ve la sonrisa y la felicidad en el rostro de Shio.
—Qué alegría…—.
Limpiándose las lágrimas que intentaban rodar por sus mejillas, Yuuna se sintió aliviada al verla contenta, mirando a Javier por un instante, volvió su mirada a su prioridad.
—No quiero que mi hija vuelva a experimentar algo así—.
—Lo sé, por eso ya he tomado medidas—.
—Díganmelas, por favor… Cualquier decisión que tenga que ver con la seguridad de mis hijos quiero saber—.
—Ya sabes que en este mundo existen fuerzas que las autoridades y las leyes humanas no pueden reprimir—.
—¿Magos arcanos, dijo que se llamaban?—.
—Así es.
Habrá momentos en que estaré ocupado y no podré estar aquí, aunque en los alrededores de mi santuario no hay peligro posible, el exterior es diferente.
Por eso, hace días contraté un grupo de magos arcanos para protegerlas cada vez que salgan, discretamente.
Antes de eso, Yami o mi persona las acompañaré cada vez que salgan—.
Pensativa por las palabras de Javier que la había aliviado un temor, no pudo evitar preguntar.
—¿Qué sucede con esas personas que nos atacaron en el centro comercial?—.
—Tengo pensado hablar con esas personas en estos días.
Por eso mismo iré a la abertura de la mazmorra que les hablé antes—.
—Ahhh.
Me alegro—.
—¿Mm?
Pensé que estabas decidida a irte, ¿por qué el suspiro?—.
—No sabía cómo explicarle a Shio que nos iríamos, pero me alegro haber hablado contigo—.
Mostrando aliviada, Yuuna que se disponía a irse, de pronto fue abrazada por la espalda, paralizándola.
—Eh, au, ai se-señor Javier—.
Chillona la voz de Yuuna, Javier se rio, apretando un poco más el abrazo.
Respirando en el cuello de Yuuna haciendo que tiemble, Javier miró por un instante las orejas rojas como tomates, pero sin hacer algún movimiento audaz, dijo posando su barbilla en el hombro.
—No te preocupes, no aré nada pervertido—.
—¿Pe-pero por qué me abraza así de repente?—.
—Mmm, solo quería comprobar algo—.
—¿Comprobar?—.
—Sí, mi pene no se pone duro—.
—¡¡¿Sí?!!—.
Sintiendo peligro a su cuerpo a la respuesta honesta, Yuuna por alguna razón no intentó luchar, sino que preguntó en voz baja.
—…
¿N-no soy atractiva?—.
—Ehehe, no es eso.
Por alguna razón no he podido tener relaciones sexuales con ninguna mujer.
Aquí, como ves, aunque sea Dios hentai, si no pierdo mi virginidad con mi esposa, no puedo tener erecciones—.
—…—.
—No crees que es gracioso… Por cierto, Yuuna, tus senos han crecido un poco—.
—¡Eh!
¡Kyaaaaaaa!
¡¿Dónde está tocando?!—.
—Tus senos, donde más—.
Descarado en sus acciones, las manos de Javier no dejaron de moverse apretando los montículos de Yuuna.
—Ah ¡!, no eso, yo—.
—Ehehe, puede que no pueda tener relaciones sexuales, pero mis manos y lengua soy un experto—.
—N-noo—.
Inquieta y con miedo queriendo escapar de las garras de Javier que manoseaba los pechos de copa C talla 84.
Un beso en el cuello la hizo estremecer, haciendo que se ponga de puntillas y pierda la fuerza en el cuerpo.
—Estás demasiada rígida, Yuuna, déjame encargarme de tu cuerpo—.
—Déjeme… por favor—.
Suplicó en voz baja.
Javier sintiendo que estaba haciendo algo malo a una adorable criatura, que intentaba negarse, la tomó como princesa y la dejó en la cama, poniéndola boca abajo.
—¡¿Qu-qué piensas hacer?!.
Ah, amm—.
Apenas recuperándose del pequeño clímax que sintió al ser besada en un punto sensible que no sabía que tenía, Yuuna no pudo evitar volver a gemir al sentir los dedos en la espalda y cuello.
—Ah, mm, hmm, mi voz… no puedo… ah, mm, detenerme… ¡Se siente bien!
aaaaaa….!!—.
Perdiendo por unos instantes el conocimiento por el orgasmo que la hizo encogerse, agarrando las sábanas con sus manos a la vez que levantaba la cintura.
Por suerte para Yuuna vestía pantalón jeans y una camisa de manga corta.
—Valla que sigues rígida desde nuestra última sesión.
Esta vez haré que sientas lo que es llegar al nirvana—.
—Njo, noyoloayas—.
Sin poder vocalizar, Javier aun así la entendió, pero sin prestarle atención a su pedido, una vez más comenzó el masaje.
Sellando herméticamente la habitación para que no se escucharan los gemidos eróticos de Yuuna, Javier se concentró en masajear cada fibra muscular del cuerpo de Yuuna.
[Viernes 29 de marzo]{9:23 Am} En otra parte de la ciudad, Azumi.
En un edificio departamental, en uno de esos departamentos, se encontraban Sekai y Setsuna en pijamas, sentadas en la sala comiendo papas fritas, refrescos y mirando una película de acción.
—Ne, Setsuna, ¿qué harás mañana?—.
—En casa, terminar de hacer la tarea, que no la he comenzado, por alguien—.
Riendo tontamente Sekai porque la invitó insistente a ver película a su casa, volvieron a ver la película, pero Sekai de nuevo preguntó.
—Oye, Setsuna, estás bien con esto, mañana saldrán—.
—No tiene nada que ver conmigo, además no te advertí, acercarse a él—.
—Dices eso, pero no dejas de pensar en él, crees que no me di cuenta lo nerviosa que te pusiste cuando no lo viste hoy—.
—Eso…—.
No pudiendo negar que se había puesto nerviosa hasta que descubrió que no iba a llegar, Setsuna que quería ocultarlo sus mejillas coloradas la traicionaron y viendo la sonrisa de tonta de Sekai, que termino irritando, tomo una de las almohadas que había traído de la habitación de Sekai la golpeó de lleno en la cara.
—Puah… ya verás—.
—Toma…—.
—¡¡Chicas, no hagan tanto escándalo!!—.
Retadas por la voz de una mujer que venía del cuarto, Setsuna y Sekai dejaron de luchar con las almohadas.
—¡¡Lo siento mamá!!—.
—Viste Sekai, hiciste enojar a la tía—.
—Ehh, pero sí fuiste tú la que me comenzó—.
—Eso es por qué no para de hablar de cosas tontas—.
Peleando con una sonrisa en su rostro, devolvieron todo a su sitio y comenzaron a ver de nuevamente la película tranquila.
—No pienso ir a ninguna parte, mañana no insistas si estás pensando en algo, Sekai—.
—Hmmm—.
Sabiendo cómo era Sekai que aun con la advertencia no se iba a quedar sin hacer nada, intentó no pensar en nada, al verle la cara de traviesa.
—————- En otra parte de la ciudad, Azumi en uno de los distritos de clase alta.
{Residencia Katsuragi} Kotonoha que había terminado de hacer parte de la tarea, dejó sus lentes a un lado de su escritorio, estirándose, se recuesta en el respaldar de su silla y su mirada recae en la percha donde siempre cuelga su uniforme, haciéndola reírse sin más, al recordar lo que vivió en la playa.
—Ehehehe—.
—Onee-chan…
¡Ah!, te estás riendo—.
—¡Kokoro!, cuántas veces te he dicho que toques antes de entrar—.
—Te he estado llamando, pero no contestas—.
Malhumorada, infla sus mejillas Kokoro, Kotonoha sorprendiéndose ella misma, al no darse cuenta, se sintió culpable en regañar a Kokoro.
—¡Onee-chan!, dime de qué te ríes, será por lo que pasó antes—.
—¡¡E-eso no tiene nada que ver!!—.
—¿Qué sospechoso?, Onee-chan, sabes lo sorprendidos que estuvimos Oka-san y yo al verte toda mojada—.
—Ya les dije, que fui con amigas a la playa—.
—No te creo, estoy seguro de que es un chico.
El radar de la hermana menor me dice que estás interesada en un chico—.
—¡¡No digas tonterías, Kokoro!!—.
—¡¡Kyaaa!!, ¡Onee-chan se enojó!—.
Saliendo corriendo del cuarto, sobreactuando Kokoro, Kotonoha se ríe al verla actuar así.
Se acerca a la puerta, cerrándola, volviendo la calma a la recámara, para sonreír de nuevo de la nada.
——- En una zona del centro urbano de la ciudad Azumi, donde medianos edificios residenciales no salían de lo ordinario, en uno de esos callejones donde hasta el más valiente siente temor, al cruzar por la barrera que se erigía.
En la entrada trasera, la imagen de una cola de león que podría pasar desapercibida si no se prestaba atención.
En uno de sus pisos se alojaban un grupo de magos que se inclinaban ante su jefe.
—¡Líder Mantiz¡—.
—¡¡Líder Mantiz!!—.
—¡Líder Mantiz!—.
Saludándolo con respeto, Mantiz se queda mirando a siete nuevos rostros inexpresivos de humanidad.
—Estas son las personas que me informaste 008—.
—Exactamente, fue dado por el nuevo jefe… Aquí están los ‘puns’ que se recogió de los cadáveres, como se le informó—.
Tomando los ‘puns’ que desde afuera no eran diferentes a una riñonera normal.
Mantiz sin abrirlos, tenía más interés en los hombres bajo el cargo de 008.
—Estos son las aclamadas marionetas Berserker, o magos zombis.
¿Cómo hizo para capturar a estos infames del clan Radiante?—.
008, sin nerviosismo, explico lo que sucedió sin perder ningún detalle.
—Ya veo… La maids y el jefe están en una liga muy diferente, incapaz de comprenderlos.
Por ahora deja a estos tipos aquí, ustedes vayan a descansar.
Mañana les presentaré a sus nuevos compañeros y nos dirigiremos a trabajar de forma directa con el Jefe—.
—Líder Mantiz, no es peligroso llevar nuevos reclutas que no saben lo peligroso que puede ser el Jefe; lo único que resultaría serían sus muertes—.
001, el segundo al mando después de Mantiz, con un aspecto pobre, nariz de cerdo, cejas gruesas y cortes en la frente, dando una apariencia aterradora.
—3 ya fueron descartados al ver los cadáveres que estaban con Planta—.
Sin nada más que decir, todo el mundo se retira a sus habitaciones dentro del piso 21.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com