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Me convertí en el Dios hentai. ¿Y que? - Capítulo 63

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Capítulo 63: Sábado, 27 Abril (Asai Arata + R-18)

Desde las sombras del mundo terrenal… tu mirada ha despertado algo.

¿Te atreves a seguir leyendo las escrituras de esta novela prohibida?

Entonces escucha bien, alma curiosa.

He abierto un templo digital en Ko-fi.

Con una simple ofrenda de $1 dólar, me ayudarás a invocar ilustraciones sagradas:

retratos auténticos de los seres que habitan esta historia.

Pero todo pacto merece recompensa:

Los fieles recibirán imágenes personalizadas, únicas… y tal vez, un secreto reservado solo para los elegidos.

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—————

[Sábado 27 Abril 2028] {23:21 Pm} [Rama residencial del clan Ryuto]

Alterando la tranquilidad de la noche por el rugido de la bestia mecánica, un Lamborghini rojo con su motor V12 de 770 caballos de fuerza se detiene suavemente frente a la antigua residencia.

—Ryuto—.

—Lo sé, no tienes que preocuparte por mí, no haré ninguna locura—.

—Solo trata de soportar un poco más—.

—No tienes que preocuparte… lo he estado haciendo toda mi vida, unos días no harán la diferencia—.

—Ahhh, crees que no conozco a la persona con la que me he enamorado… Trata de no hurgar donde no puedas rascar—.

Asintió con una sonrisa solitaria. Ryuto que ya se disponía a salir del vehículo deportivo, fue jalado del brazo y sin previo aviso sus labios fueron sellados.

—Ya llegará el tiempo, pero aún no es el momento—.

Pudiendo ver lo preocupada que estaba por él, Ryuto le devolvió el beso y salió del vehículo.

—Conozco mis capacidades, pero creo que me conoces mucho mejor de lo que suponía—.

—Tonto—.

Cerrando la puerta con una sonrisa crítica, Yuuko no dijo nada más, ya que no era necesario decir más, marchándose.

Perdiendo la vista del Lamborghini rojo, pero aun escuchando su motor a la distancia, se giró hacia la puerta enorme de madera de roble.

—… fuuuu, un poco más, madre—.

Susurró lleno de emociones encontradas que intentaban salir para ser tragadas y entrar.

———

—Lola—.

—A primera hora estará listo el material Yuuko-sama—.

Asintiendo Yuuko, recorrió su ya conocido pasillo de su residencia, en la cual se quedaba. Aunque no era diferente en antigüedad, como la que se quedaba Ryuto, la mansión japonesa donde se quedaba Yuuko, tenía una atmósfera de vivir, con floreros, cuadros y una pulcritud, pudiendo ver el reflejo en la madera del pasillo.

—…—.

—Bienvenido, Arata-sama, lo siento que no haya arreglado una habitación para usted—.

—No es culpa tuya, Lola, vine de imprevisto para ver a mi hermanita, pero me encuentro con que has salido con el disca… oí, oí, no te enojes, hermanita, hará que los chicos se asusten y no encuentres pareja—.

—¡Hmph!, ya tengo a alguien en mi corazón y sabes que me molesta a cómo te refieres a él… Habla, ¿a qué has venido?. Arata Nii-san—.

Asai Arata, segundo hijo de la cabeza principal, con una apariencia desaliñada como si recién se hubiera despertado, vestía una bata de baño que dejaba ver su pectoral ceñido, el cual mostraba una cicatriz como si alguien hubiera intentado atravesarle con una vara. De constitución delgada, piel clara, ojos grandes con iris violeta y una cabellera corta de color gris claro.

—No quería ir a dormir en algún hotel, menos ir a la casa de Tokio y pensé, ya que no había visto a mi hermanita durante un año, decidido venir a verte, no te da gusto—.

—… ¿Por qué no fuiste directo con Oto-san?. Sabes que a cualquier hora te recibiría con los brazos abiertos—.

—Nah, seguro que está ocupado con el ajetreo del otro día… Por lo que veo, has mejorado, quieres…—.

Señalando a una dirección, Yuuko parpadeó varias veces y Lola, que se encontraba un paso atrás de su señorita, no tuvo que verla.

—Enseguida preparé la habitación—.

Viendo irse a Lola, Arata se rascó la barbilla mirando a Yuuko.

—¿Algo que preguntar?—.

—Por cómo veo, disfrutaste la barbacoa del que ha enojado a los Radiante. ¿Quiere algo?—.

—Has hecho los deberes… por lo que veo—.

Retomando su caminar, Arata caminó a su lado mientras esperaba callado.

—… ¿Qué sabes?—.

—Un inusual crecimiento en las interacciones con los Ryutos, además de que hay un rumor circulando. Me llegó, que han encontrado un yacimiento de cristales zafiros, claro es un rumor, que nadie lo ha confirmado—.

—Bueno, eso no tiene nada que ver conmigo, pero sí, tiene un interés—.

—Oh, interesante. Inusualmente, además de entrenar y pasar tiempo con su noviecito, no muestra mucho más interés en las cosas—.

—Mañana, al medio día, hablaré con Oto-san, le pediré que incluya lo más rápido posible en el hilo de la abundancia a Áidna—.

—¡!, estás segura de lo que haces, Áidna apenas tiene seis años. Aunque ya ha dominado el concepto de los que es un Asai, se tenía previsto que su matrimonio sea oficial a los 12 con joven del clan de Belgradoboska… ¿Qué es lo que te ha atraído? Joyas parshaba, pergaminos de armas antiguas—.

Preguntando al ver que no tenía una respuesta de Yuuko, Arata se detuvo al llegar al final del pasillo que se dividía en dos.

—Aquí no hay joyas parshaba, pergaminos de armas o cualquier cosa que se te venga a la mente… Lo que estoy tratando de hacer, es elevar al clan a una nueva altura que nunca se había visto desde la caída de los Dioses—.

Tomándole de sorpresa con la seriedad con la que hablaba Yuuko y la mirada inquebrantable que solo la había visto el día que se peleó con el jefe del clan Asai.

—Ya que hablas en serio en romper uno de nuestros sagrados tratos con los del clan Belgradoboska, que pueda llevar en conflictos sangrientos y otros inconvenientes que nos harán pasar… Muéstrame lo que te llevó a tomar esta decisión y yo te respaldaré al hablar con Oto-san—.

Dibujándose una sonrisa al escucharlo hablar, le responde a un Arata que se muestra vacilante.

—Me parece bien, aunque no creo que te necesite, lo comprenderás mañana que se me entrega una muestra—.

—Bueno, bueno, ahora sí que me subestimas. Al parecer necesito refrescarle la memoria a mi hermanita—.

—Ehehehe, me parece lo mejor, también tengo que mostrarle a Onii-san cuánto he crecido—.

Riendo ambos mientras sus dedos tronaban, se separaron, ya que sabían que una casa de madera no soportaría la presión de sus golpes.

Entrando en su recámara, ve a Lola que esperaba pacientemente con una muda de ropa encima de la cama.

—La sala de entrenamiento ya ha sido preparada—.

—Gracias, Lola—.

—No, es mi deber servirle… ¿Era necesario?—.

—Fue imprevisto su llegada, pero nada cambiará, lo que ocurra de ahora en adelante. Áidna era un seguro para que la alianza con el clan Belgradoboska fuera llevada a cabo con éxito, asegurando la buena voluntad entre ambos clanes. Somos un mercado en el que hasta ahora, poco o mejor dicho, es inexistente nuestra influencia comercial, por las fuertes presiones de antiguos clanes europeos, pero con su ayuda las cosas fluirán con más calma. Y el clan Belgradoboska obtendría un flujo constante de metales en bruto y hierbas mágicas raras—.

—Esto causará mucho revuelo cuando se anuncie ante todos en el clan—.

Afirmó Lola sin muchas preocupaciones, ya que sabía los beneficios que traería asociarse con Javier y no pedía casi nada a cambio de mucho. A diferencia de otros que sabían las circunstancias por las que pasaban los Asai aprovechando y pidiendo demás irracionales como las minas que estaban en su poder o entregar los pequeños mundos en posesión del clan.

—Áidna tampoco será maltratada por él, por cómo vi y la interacción entre Shio y él, sé que no le hará nada que la afecte. Creo que le estoy haciendo un favor, ya que mi matrimonio concertado con Ryuto fue algo entre cientos de hombres que podrían haber sido mis esposos. Me toco el mejor. ¿Tú qué crees, Lola?—.

—Tengo la misma opinión…—.

Percibiendo la vacilación en seguir la conversación. Lola comenzó a hacer su trabajo como sirvienta personal de Yuuko.

Sin decir nada, aflojar el lazo que envolvía la cintura del vestido. Agachándose, toma el dobladillo de la falda y lo levanta, dejando ver el cuerpo esbelto de la adolescente.

Lola, sin más, comienza a doblar el vestido y sigue la conversación.

—… Yuuko-sama, aunque fui la que sugirió entregar a la dama Áidna, ¿está de acuerdo en seguir?. A lo largo de la historia del clan Asai, las damas y caballeros fueron desposados por clanes extranjeros para nunca regresar a su casa o ver a su familia. Sé que es hipócrita de mi parte anunciar esto, pero… usted fue la que más se opuso cuando se decidió entregarla al clan Belgradoboska, hasta se peleó con su padre y ahora le entregará a un desconocido que apareció de la noche a la mañana—.

—Lola, continua—.

—Sí—.

Entendiendo los pensamientos de su señora, que mostraba indiferencia al asunto.

Hombros pequeños, por las cuales cae una cascada de caramelo que le llega a la cintura estrecha.

Formando una curva natural, entre las caderas anchas y las nalgas respingonas para acabar entre un arco de la nalga y muslos que atraería la vista de los chicos.

Pasando por los dos cachetes llenos de atractivo sexual, surcaba una fina tela que rodeaba la cadera de la adolescente.

En su zona V, dividiendo el vientre plano y la zona púbica de la chica, estaba la fina tela transpirable, que la cubría, pero no podía evitar que la forma de unos regordetes labios sean vistos.

Cubriendo sus lindos pechos, se pegaban a su forma y realzaba el volumen. Estaban un par de cubre pezones de color piel.

Pero no podía copiar la brillantes, suavidad y la humectante que era la piel de porcelana, al igual que una muñeca que de un producto artificial.

Despegando la gel que se adhería al delicado seno, se pudo apreciar un precioso retoño de color cereza pálido en la punta del pecho de la niña.

—… Lo que me opuse no fue por el matrimonio arreglado. Desde que nacimos en la cuna de un Asai, nuestro propósito ha sido claro y no ha cambiado sin importar la época. Sin importar el sacrificio o las penumbras que los miembros principales del Clan tengamos que llevar sobre nuestros hombros, para que resurjan una vez más las técnicas de forja de un Asai. Por ese mismo motivo, nunca se le ha pedido a los clanes secundarios algo tan honorable como su sacrificio de su libertad, pero aun así…—.

Escuchando cómo los dientes de Yuuko tronaban por la ira cada vez que le recordaba el tema de los clanes secundarios; revelaban o formaban intrigas para que el clan Asai los miraran como un berrinche molesto de un niño al no conseguir lo que quiere.

Terminando de acomodar el brasier deportivo para que no lastime la forma de las tetas de Yuuko.

—Fuuu, olvidemos de esos ingratos. Lo único que mi padre y los ancianos del clan ven en Ryu es por su linaje que heredó de su madre, haciéndolo especial para mejorar el linaje o, en el peor de los casos, mantener su corrosión unos doscientos años más, dando un tiempo valioso a los futuros Asai que tendría con Ryu—.

—No debe preocuparse, cuando llegue ese día, los cuidaré como lo hice con Yuuko-sama—.

—…—.

Riendo al verla sonrojada y tímida que se ponía con cada vez que mencionaba a sus futuros hijos con Ryuto mientras intentaba mantenerse estoica, pero a la vista de Lola que la había cuidado era una expresión encantadora.

—Cof, bueno, eso es algo que pasará en el futuro, aún no es tiempo—.

—Sí, lo sé, Yuuko-sama. Está lista, Yuuko-sama—.

Luciendo su nuevo atuendo que le queda a la perfección.

Blusa gris sin mangas, además de ser anchas, pudiendo verse claramente su brasier deportivo y de cuello redondo.

Un pantalón corto deportivo, mostrando sus largas piernas que salían por las aberturas de la prenda que facilitaba el movimiento.

Para acabar, un par de zapatos deportivos.

Saliendo de la recámara lista, Lola, que la seguía unos pasos atrás a un ritmo constante, manteniéndose ni muy cerca ni muy lejos para cualquier situación. Yuuko que ya podía ver la salida al patio donde estaba el ‘cuarto’ le habló a Lola mientras tenía tiempo.

—Antes dijiste que mi decisión de entregar a Áidna se contradecía cuando mi padre y los ancianos la entregaron al clan Belgradoboska… Puede que los tiempos hayan cambiado, pero el matrimonio entre clanes no lo ha hecho. Para bien o para mal hay cosas que no se pueden arreglar, una de las cosas que se han podido mejorar es que escogen a la pareja sin mucha diferencia de edad y que tengan buenas personalidades, a diferencia del pasado que lo único que existía era el linaje y no importaba su personalidad dando como muestra, muchos casos de muertes horribles. Claro que el que se llevaba los peores tratos eran los hombres, al tener que demostrar su fuerza para embarazar a su esposa, mientras las mujeres eran más cuidadas, ya que debían de quedar embarazadas para no acarrear con la ira del clan—.

—Yuuko-sama eso solo funcionaba cuando el clan tenía fuerza que los respalde en algunas ocasiones las mujeres entregadas en matrimonio morían de formas horribles o se volvían locas por el trato que les daban, en eso los hombres las tenían fáciles, ya que podían morir en combate contra los otros esposos de su esposa—.

—También leí eso en los documentos. Volviendo al tema, la razón por la que me negué fue simple, al irse a vivir a Suiza en la sede del clan Belgradoboska que se dice que tiene una personalidad bélica, el poder del clan no podrá mantenerla a salvo… Aún ahora los matrimonios de mis hermanas mayores y hermanos están dentro de Japón, donde podemos presionar e intervenir si les sucede algo—.

—Siempre pensé que no le importaba su relación con la señorita Áidna—.

Aliviada y orgullosa al escuchar la razón por su negativa, Lola aunque siempre se había mantenido como su sombra durante muchos años, era que la hacía sentir orgullosa como si fuera su propia hija se tratase, al ver lo rápido que madura mentalmente, pero reacia al mismo tiempo al ver que no compartiera sus pensamientos.

—Aunque Áidna, sea hija de otra mujer, siempre la he visto como mi hermanita, no cambia ese hecho, mucho menos que no tenga un linaje aceptable de un Asai—.

Dejando atrás la residencia japonesa, los sonidos de los insectos pululando en la noche fresca se combinaban con los pasos crujientes de las piedras. Yuuko junto a Lola que la seguía pasos atrás, se detuvieron frente a una construcción cerrada, no había ventanas y solo una puerta de hierro.

—La noche será agitada, pero recuerde no sobrepasarse y lastimarse—.

—Lo tengo claro. Lola, encárgate de todo, solo así el clan Asai llegará a nuevas alturas y Ryuto podrá reclamar lo que es legítimamente es suyo—.

—Entendido—.

Inclinándose en una bella postura, Yuuko toma con su mano la manija de hierro.

Escuchando sé el agudo sonido que sucedía cuando hierro contra hierro hacía fricción, produciendo chispas. Sin alterarse, como lo hubiera hecho una chica común y corriente, Yuuko abre la puerta con un poco de esfuerzo; viéndose los músculos de su brazo contraerse por la tremenda fuerza que hizo, y una vez más se escucha ese agudo sonido que haría taparse los oídos para cerrarse.

No haciendo realidad el tamaño del edificio cerrado herméticamente, a los ojos de Yuuko el espacio se extendía tomando el espacio de una cancha de fútbol. El piso de concreto, las luces postradas para no obstaculizar los movimientos, no había nada, pero eso era lo único que necesitaba un Asai.

En medio de la cancha se encontraba un hombre joven que no sobrepasaba los 30 años, atractivo de vista. Su torso estaba desnudo, mostrando sus músculos entrenados, quitando la respiración de muchas mujeres si lo viera.

Vistiendo solo una pantaloneta, y unas vendas en sus puños, Arata le dijo en una pose relajada, con sus manos en la cintura.

—¿Hace cuánto tiempo que no hacemos esto?—.

—Tres años—.

—Mmm, comprobaré si no te has relajado en el entrenamiento—.

—Ven—.

Dijo Yuuko en una posición de pelea.

¡Golpe sordo!

Deteniendo la patada alta que se dirige al costado de la cabeza, lanza un puñetazo al abdomen desprotegido.

¡Golpe sordo!

Una vez más escuchando, sé cómo la carne y hueso chocaron, una firme palma detiene el pequeño puño. Arata sonriendo relajadamente al ver el progreso de su hermanita para lanzar un codazo al delicado brazo, pero esta vez Yuuko lo detiene con su palma abierta.

—Parece que no has aflojado—.

—Tómatelo en serio, o te partiré un hueso, nii-san—.

—¡Ahahaha, no sería entrenamiento si no, nos rompiéramos uno o dos huesos!—.

Pasando las horas, los sonidos de colisiones entre autos a toda velocidad se habían reducido.

———-

[Domingo, 28 Abril 2028] [2:24 AM]

[Ubicación: Mansión Valderrama]

—Na, na, ara, dara, dad, mm, mm, ra, rar, ra…—.

Tarareando Javier, terminó de limpiar la parrilla, que era lo último que le faltaba.

—¡Por fin!… Qué aburrido ser el único que hace las cosas, todas están dormidas y ni siquiera Yami me quiso acompañar y eso que se dice ser mi novia. Hablando de Yami, ¿qué fue lo que hizo para crear una atmósfera picante?. Mientras no estaba—.

Recordando la atmósfera que había sentido cuando regresó de prestarle los libros. Sentándose en el mesón laguna, se abrió la pantalla azulada mostrando los alrededores del Santuario.

—Me gustaría crear un canal que llegue a todo el Santuario… Ahora necesito tres lagos que hagan como una reserva de vida submarina, tendría que traer plantas acuáticas… la expansión de la carretera de adoquines tampoco se puede quedar atrás, ya que pienso construir algunos edificios, pero aún no tengo claro para qué propósito, pero serán una referencia para lo que tengo pensando… La entrada de la casa necesita algo más colorido, ¿qué quedaría mejor?, flores o enredaderas, creando un túnel… y si hago un laberinto de arbustos…—.

Perdido en una planificación que cambiaba con cada pensamiento que tenía Javier, y el cual replicaba la pantalla en 3D del Santuario. Aun así, Javier no pudo llegar a una conclusión de acuerdo con las características o, mejor dicho, una imagen clara que quería mostrar a otras personas.

Posponiendo las grandes reformas y comenzar primero por la carretera de adoquines y los canales de agua, Javier caminó hasta su habitación, lo que tardó unos cinco minutos.

Cambiando de ropa, simplemente se puso una pantaloneta con unas sandalias para caminar hasta la habitación de Rinka.

{Como Sayaka aún necesita una disciplina más dura para que no repita errores y Yami no puedo tocarla por razones muy obvias porque hará que pierda el razonamiento, Yuuna también está descartada, así que solo queda Rinka. Esta será una despedida por adelantado}

—¿Rinka-chan estás dormida?—.

Preguntó en voz baja, mientras abría la puerta de la habitación de Rinka donde yacía dormida profundamente.

—Ehehe, sigue durmiendo tan desordenadamente—.

Viendo la apariencia de Rinka que tenía una pierna fuera de la cama, la colcha, por otro lado, y su pijama que se conformaba por un pantalón y blusa con estampados de panda comiendo bambú.

—Compermiso—.

Dijo antes de acostarse y arroparse con Rinka que, sin darse cuenta, su almohada había sido reemplazada por el brazo de Javier.

—Hmmm—.

—¿Por qué será que cuando una chica duerme se ve tan angelical?… ¿Llevará ropa interior?—.

Preguntándose sin quitarle la mirada del rostro dormido, con su mano libre comenzó a palpar el pecho que estaba en creciendo, cabiendo en la palma y sobraba espacio.

—Ohhh, no hay brasier y ¿bragas?—.

—Mmmm… oni… chan—.

—Buenos días, Rinka-chan—.

—Buenos… días…. ¡!—.

Aclarando la somnolencia, abrió ampliamente los ojos al ver a Javier frente de ella, miró así abajo y vio que su pecho estaba siendo manoseado.

—¿Qué estás haciendo?—.

Indiferente y seca, apartó la mano en su pecho y revisó su cuerpo por posible acoso.

—No te he hecho nada, solo me preguntaba si utilizas ropa interior cuando duermes—.

—… A veces me pregunto si estoy segura o en peligro estando bajo este mismo techo, además, recuerdo haber puesto seguro.—

—Estás enojada—.

—No lo estoy, solo cansada y sorprendida de encontrarme aquí—.

Mostrándole la espalda, Rinka le arrebata la colcha de Javier y se arropa envolviéndose en un capullo, solo dejando la cabeza afuera.

{¡Hay esta!, las palabras número uno que utilizan las mujeres cuando están enojadas. ¿Pero por qué está enojada?. En la barbacoa me pareció que estaba disfrutándolo}

—En serio, no estás enojada—.

“No lo estoy, tengo sueño, estoy cansada, deja dormir.

{Esto es más grave de lo que creía, ninguna chica utiliza esas tres, si no está enojada. Debo ir con cuidado o se enojará más}

—…—.

—…—.

{¡¿Por qué es difícil encontrar un tema de conversación cuando sabes que está enojada?!}

Moviéndose como un gusarapo, Rinka que ya no soportaba, se levantó y con una expresión de enojo lo retó.

—¡Deja de moverte, que no me dejes dormir! ¡Si solo viniste hacer cosas pervertidas, hay esta Sayaka! Ahora déjame en paz y sal de mi habitación—.

Volviéndose a cubrir con la colcha, cerró los ojos para dormir.

Javier, que se quedó con la mitad de su cuerpo en la cama y la otra afuera, se acostó dócilmente en la cama mirando el techo que estaba relativamente limpio.

—… ¿No te gustó que invitara gente desconocida?—.

Sin respuesta, Javier dejó ir la pregunta y preguntó otra que se le vino a la mente.

—¿Estás enojada por lo de Yami?—.

{Si no es eso, sinceramente no sé qué es}

—… Nos llamaste familia, pero ya estás ocultando secretos, quede como una tonta, pensando que era la primera en escuchar hablar a Yami nee-san, pero fue ingenua. Tú, Shio y Yuuna-san ya lo sabían—.

Perdido al escuchar hablar en voz baja a Rinka, Javier de pronto se sobresaltó.

—¡Shio y Yuuna sabían que Yami podía hablar!—.

—¿En serio?, recién te enteras—.

—Ni por enterado—.

Dándose la vuelta para ver a Javier, Rinka al ver lo sorprendido que estaba, se rio.

—Qué inútil Dios tenemos aquí—.

—Déjame en paz, no es que utilizara mi poder de Dios todo el tiempo—.

—Ehehehe, ahora ¿quién está molesto…? ¡Jajajaja!, qué cara más graciosa as puesto, ahahaha…—.

—Oye, como que te estás riendo mucho a mi costilla—.

—No puedo evitarlo, ahhh. Es tu culpa por quedar embelesado por la belleza de Yami nee-san—.

Girando, ambos mirándose a los ojos, Javier le extiende el brazo a Rinka que no dice nada, pero deja reposar su cabeza.

—¿Es cierto que es tu novia?, o simplemente fue para aparentar—.

—Te acuerdas de lo de encontrar a mi esposa—.

—¡! ¡¿Es Yami?!—.

—Al parecer sí—.

—¿Cómo que, al parecer?, explícate—.

—Es que yo tampoco entiendo mucho, con Yami tengo una química que nunca la he tenido con ninguna chica con la que he salido en el pasado, ¡auch!. ¿Por qué peñiscas?—.

Cruzando los brazos, Rinka le contesta de forma cortante.

—Lo siento por ser una cosa del pasado—.

—Ehehe, ven—.

—¡Oye…!—.

Atrayéndola, Javier la abrazó, dejando una mano en el hombro y otra en la cintura, enredando sus piernas. Permaneciendo callados, solo escuchando la respiración del otro y la calidez que compartían.

Tranquilizando el retumbar del corazón de Javier, Rinka no importando mucho que esté semidesnudo, lo abrazó mientras sentía la respiración en su cabeza.

—Así que la encontraste—.

—Sí…—.

—Deberías estar feliz—.

—Es muy complicado—.

—… Cuéntame—.

Javier sentía que podía contarle todo a Rinka, donde el mundo solo era de cuatro paredes y ellos dos. Decidió contarle todo con respecto a Yami y su enfermedad.

—… eso es lo que pasa—.

Rinka que se había mantenido callada todo el tiempo, sus manos se apretaron con tanta fuerza que si tuviera las uñas largas, se las habría clavado en sus palmas.

—La respuesta está clara—.

Entendiendo a lo que se refería Rinka, le sobajeó el cabello y con la otra mano le daba palmaditas en la espalda.

—Lo sé… pero soy mezquino y es la primera vez que me pasa eso. Ehehe, cuando era humano no le daba importancia si tenía sexo por una sola noche, después de todo disfrutamos juntos, satisfacemos las ganas y nos olvidamos de ello. Pero ahora no puedo pensar así. Antes de conocer la verdad, mi alma y todo mi ser sentían que si lo hacía, sería igual a esas noches de discoteca, una comida rápida, sin mucho sabor—.

—Vas a morir—.

—Pero no lo aré…—.

Sintiendo múltiples golpes en su pecho, espalda y costillas, Javier esperó a que Rinka se cansara, pero en vez de disminuir con el tiempo aumentaron la intensidad, levantándose de pronto, Rinka se montó encima de Javier y comenzó a golpearlo en la cara mientras le reclamaba.

—¡¡¡Qué pasa contigo!!!, ¡es tu vida, pero te comportas como si no te importara!. ¡Te has puesto a pensar por un solo momento a lo que dejas atrás por tus decisiones egoístas!. ¡Si vas a tomar la responsabilidad de darle esperanza a otras personas, tienes que vivir hasta el final! ¡¡Tú no eres el protagonista que saldrá triunfante en cualquier cuento!!… ¡Vive, aun si eso significa que debas dejar atrás a Yami!—.

Sollozando sobre el pecho desnudo, llena de enojo y tristeza al mismo tiempo, haciendo que tiemble, por cómo actúa Javier.

No dudando, la abrazó, aunque dejara salir gruñidos y se moviera para que dejara de abrazarla. Durando algunos segundos en ese estado, Rinka se calmó al sentir lo que le transmitía ese abrazo, lleno de sinceridad, amor y protección.

Olvidándose del tiempo que permanecieron abrazados, Javier miró por la ventana que ya estaba iluminando con los primeros rayos del sol y volvió su mirada a Rinka sobre él, sintiendo cada respiración, temperatura y un agradable olor a avellana.

Siendo el cuarto de Rinka uno de los muchos en medio de la mansión, los rayos del sol que solo deben iluminar la habitación al pasar por la ventana, estos sin razón aparente e inexplicablemente iluminaron la cama donde ambos estaban acostados y abrazados.

Surcando la mano por el sedoso cabello castaño, Javier le habló despacio.

—Rinka-chan, quiero que mantengas este secreto entre nosotros dos—.

—¡!… ¿Por qué?—.

—No quiero preocupar a los demás por mis decisiones—.

—Eso no… porque me contaste este secreto si sabes que me iba a preocupar por ti—.

—No dijiste que éramos familia y las familias no deben de tener secretos—.

Sobresaltada por las palabras que se repetían, por la cuales había estado enojada al principio, Rinka alzó la mirada y ve el rostro de Javier sin ningún moretón a pesar de haber sido golpeado por todas sus fuerzas.

Volviéndose a un momento solemne para ambos, al verse iluminados por los rayos del sol en sus caras. Pestañas largas como las de una chica, cejas pobladas, pero que le daba un aire de masculinidad, barbilla puntiaguda, nariz levantada, una cabellera clara, como la infusión de un café que se acumula poco a poco y pareciera manchar por donde toque.

Javier que observaba a la niña que había vivido una vida hasta su muerte, sola, ojos hinchados de tanto llorar, mejillas rojizas como una fresa, labios carnosos listo para morder y disfrutar cada bocada, cejas finas que ahora estaban cabizbajas, pestañas semi-largas, pero que tenían un precioso curva, pero que ahora estaban empañadas y una larga cabellera que estaba enredada, pero aun así mantiene su sedosidad.

—Si se lo cuento a Sayaka—.

—Ella ya no forma parte de aquí, quería irse a disfrutar de su libertad—.

—No la habías perdonado por eso—.

—No es castigo si se perdona con facilidad. Hay que amarrar la correa con fuerza y dejarle en claro cuál es su posición—.

—… ¿Shio?, la tomaste como tu hija—.

—Aún es demasiado joven e inocente, me gustaría que se quedara así por un largo tiempo. Yami es seguro que lo descubra tarde o temprano, ya que es una Diosa también. Solo cuento contigo, Rinka—.

Creciendo un sentimiento inexplicable desde el fondo de su corazón al escuchar esas palabras que sonaran burlonas por quien se las dice, es un Dios Hentai, pero para alguien quien fue manchada desde una edad temprana; amigos, padre, madre, hermano, hijos los cuales la abandonaron por sus acciones o por su pasado, esas palabras sinceras eran la energía para abandonar el pasado y futuro que se había podrido y cambiar hacia uno nuevo e inexplicable.

Javier sintió varias notificaciones que le llegaban, decidió no verlas, ya que no eran necesarias verlas.

—Hmph, ya que tanto confías en mí, no diré ni una sola palabra. Pero, si tu condición empeora y no veo que haya progreso en su relación, yo mismo se lo contaré a Yami—.

—… Todo como tú dices, mi princesita malcriada—.

—¡Oye, dónde estás tocando!—.

Pellizcando la mano de Javier que le estaba manoseando el trasero y con ello destruyendo la atmósfera pesada.

—Ehehe, es que me moría por saber si duermes con bragas o no.

—Ahhh, que Onii-chan basura le ha tocado a Rinka—.

Aunque dijo eso, Rinka levantó un poco su trasero para que la mano de Javier que no había dejado de tocarla se hundiera en su elasticidad y respingón trasero en crecimiento.

—Vamos a bañarnos—.

—¿Eh? ¡Kyaaa!, pue-puedo caminar tonto—.

—Ja, ja, ja—.

Agarrándole del cuello y sus piernas abiertas se cerraron en la cintura de Javier. Al escucharlo, reírse a carcajadas, sonrió y dejó que la llevara a la ducha.

Sentándose sobre la tapa del inodoro, y sobre los muslos las nalgas de Rinka, comenzó a desvestirla botón por botón.

—Puedo hacerlo sola—.

—Déjame consentirte hoy y mañana, después no podré verte por una semana—.

“Hmph, si en verdad quisieras consentirme, no tendrías una cita en un par de horas con otra chica.

—¡!, ¿cómo sabes de mi cita?—.

—Las chicas, tenemos nuestras formas, no hay que ser un Dios—.

—Ahahaha—.

—¿Qué es tan gracioso?—.

Intentando sonar sería, su mirada dulce la traicionaba.

Cayendo la blusa, Javier pudo ver visualizar a conciencia los hombros pequeños, clavícula marcaba en su sudorosa y delicada piel, un poco más abajo los pequeños cuencos que entraban muy bien en la palma de la mano y en su pico dos retoños pálidos, pequeños pezones erectos como pasas rodeándolos su areola que se difuminaba con el color de la piel clara.

—Me río que ustedes, las chicas, cuando se lo proponen, pueden ser unas expertas investigadoras—.

—Tiembla ante el poder femenino—.

—Wow, qué miedo—.

Sonriendo ambos antes sus bromas, Javier de pronto se acercó al seno izquierdo de Rinka.

—Uhm, ahm, mmm, ahm, haaa qué rico, mmm, aahm—.

—Mmmm, sabes a avellana, chu—.

—Ahhmm, no muerda o me dejarás una marca, ah…—.

—¿Qué tiene de malo que te deje una marca?. Nadie va a ver tus pechos, excepto yo—.

—Waaa, qué niño tan malo y mezquino—.

Esbozando una encantadora sonrisa al verlo fruncir el ceño, sostiene la cabeza del hombre entre sus brazos que le estaba dando algo que había perdido hace mucho tiempo, impidiendo que se marche aunque no quisiera.

Entre besos acuosos y gemidos, el firme brazo pasa por la esbelta espalda femenina temblorosa. Pasando por las axilas, la mano pecaminosa tocó el pecho de Rinka y sus acciones fueron subiendo como la espuma.

Sintiendo cómo sus dedos eran absorbidos por el delicado pecho. Javier descendió sin dejar la suave piel hasta la base del seno femenino y subió hasta la cima, haciendo que sus dedos pasaran sobre el erecto pezón, repitiendo eso una y otra vez.

Mientras tanto, con su lengua jugaba más directo con el pezón.

—Ah, aha, mm, ahm, no, ju-juegues con los pezones de Rinkaaaa…. mmmmm!!!—.

Intuyendo que Rinka estaba al borde del orgasmo al estimularla por los pezones, Javier pellizca con sus dedos el pezón duro y puntiagudo, mientras su boca chupó con todas sus fuerzas como si intentara arrancar la delicada piel mientras la punta de la lengua jugaba con el erecto pezón.

—¡Me vengo!, ¡me corro!, ¡¡¡Rinka se está corriendo por sus pezoneeeesss!!!—.

Resonando el chillido de mujer en el baño. Javier, que apenas podía verla a la cara por estar chupando el pecho, aun así se dio cuenta del rostro de mujer que había puesto Rinka que apenas tenía 11 años.

Una mirada perdida, ojos llorosos, sudor recorriendo sus mejillas, haciendo que su cabello se le pegue a la piel y una sonrisa ensanchada que la hacía brillar por derecho propio.

¡Po!

Sonando ese sonido de despegar. El cuerpo de Rinka se sacude levemente mientras aún estaba perdida por el orgasmo que embotan los sentidos.

Dejando la huella alrededor del pezón que brillaba por la saliva, orgulloso por lo que hizo, rodea con sus brazos la cintura de la niña atrayéndola más a su cuerpo para besarle los pechos, clavícula, cuello y subir hasta besar el oído, haciendo que se extremesca.

—Rinka… Rinka… Rinka…—.

Susurrando su nombre al oído mientras mordía su lóbulo, mejillas y volvió al oído donde la besaba, y la lengua recorría cada centímetro de la oreja de la niña que no paraba de temblar por el sentimiento y gemir débilmente.

—Injusto, mmm—.

Sellándole la boca para que no hablara.

Rinka como alguien con mucha experiencia por su pasado, sabía los diferentes tipos de toques que un hombre podía brindarle.

{Pegajoso, intenso, boras, hace que mi cuerpo quiera rendirse al placer, pero qué injusto eres, aun cuando lo haces como una bestia, eres capaz de brindar ese toque de calidez que nunca pude sentir. Ciertamente injusto.}

Escuchando únicamente el lascivo desenfreno acuoso que venía de sus bocas que se enredaban profundamente en la boca del otro, cuando se separaron, un largo puente de saliva unía a ambos.

—… Qué injusto, ser la única que reciba—.

—Lo siento. Pero ya habrás visto que este cuerpo me impide recibir placer—.

—Mhm… déjame ayudarte—.

Diciendo eso, le da un beso en los labios y se baja de las piernas de Javier.

Levantando la cadera, Rinka toma de ambos lados el short y los baja con todo.

Mirando la entrepierna de un hombre que debería tener un pene rodeado de vello púbico y una bolsa arrugada que colgaba, en la de Javier solo encontró su vello púbico pero nada más, muy parecido a la de un muñeco.

—No importa cuánto lo vea, se sigue viendo anormal y raro—.

—Hahahaha, no eres la única—.

Riendo entre dientes, sintió cómo la mano de Rinka surcaba su vientre, vello púbico y entrepierna que era, como todo el mundo conocía, que había tenido muñecos.

Teniendo una espléndida vista de Rinka agachada a la altura de su entrepierna, la espalda desnuda, con gotas de sudor, parecía perlas rodando en una pista de hielo solo para ser tragadas por la tela del pantalón de dormir.

Rinka que no pasó desapercibida la mirada de Javier, levantó la mirada mientras pegaba su barbilla en el vientre y sus dedos jugaban con los vellos púbico, le sonrió.

—No, que íbamos a bañarnos, O-nii-chan—.

Encontrando encantadora la sonrisa traviesa de Rinka, Javier con la mano tocó un lado de la cara de la joven que decidió apoyarse en ella, mientras los labios húmedos eran rosados con suavidad por la yema del dedo gordo.

Respondiendo al suave toque, la pequeña lengua envolvió con ágiles movimientos el dedo gordo durante unos segundos para comenzar a chuparlo, al igual que un pene.

Javier podía sentir la calidez pegajosa que lo succionaba, la punta de la lengua surcando el contorno de la uña, mientras los labios rojos como la frambuesa apretaban el cuerpo del dedo gordo para no soltarlo.

Una vista única que no podía ser replicada por nadie, a Javier se le erizó la piel, pero no por asco, todo lo contrario.

—¡Kya!… ¡¿cuándo?!—.

Empujada hacia abajo, Rinka que pensó que caería en la dureza de la cerámica fría, se encontró con la suavidad del confort del colchón que había dejado hace algunos minutos.

Tirando bruscamente, el pantalón junto a unas bragas color olivo salieron volando, revelando un par de largas piernas delgadas con lo justo de carne que debería tener.

—Por Dios, aha… me haces cosquillas, Onii-chan—.

Sintiendo un cosquilleo que solo hacía más que aumentar con cada beso y lamida en la planta del pie. Cerrando las piernas fuertemente, Rinka guio su mano a sus pezones que aún tenían rastros del anterior acto y con la otra tocaba el vientre plano, hasta llegar a su riachuelo.

—¡Ah, mm, esto, esto es aaaaaa!!!… i-increible…—.

Llegando a sentir un placer que debilitaba el razonamiento al rozar con la punta de los dedos los labios vaginales. Miro los dedos que habían tocado su feminidad cubiertos con su miel espesa.

—Fu, ah, fu, aha, ¿qué estás? aha por qué se siente tan bien, en ese lugar—.

Cerrando las piernas con fuerza al cambiar de un simple cosquilleo a un placer que no era natural para ella sentirlo.

Sin importar cuanto luchará, el placer subía como la espuma, todos sus sentidos aún no quisiera, estaban concentrados en las plantas de los pies que eran lamidos, besados y chupados, pero si eso no bastara unos ágiles y malignos dedos surcaban la delicada piel sudorosa de las piernas que suben hasta la cadera, bajaban por lentamente por el contorno de la zona V sin tocar la feminidad que se desbordaba entre los muslos internos que se apretaban dejando oír un acuoso sonido.

—N-no me molestes… hazlo, Onii-chan—.

—No—.

—Wuw, ah, mmm, no me intimides, ¡¡¡tonto!!!—.

—Te molestaré y no me detendré, hasta ver tu rostro hecho un desastre—.

—¡Malvado!… ¡Sucio!… ¡Pervertido!… ¡Acosador!… ¡Mujeriego!… ¡! ¡¡Me vengoooo!!!—.

Abrumada, Rinka llega al clímax con los juegos de besos en la planta de los pies y el roce de los dedos en sus piernas.

Separados por unos instantes, observa la hermosa postura de un arco con todo su cuerpo tenso al llegar al orgasmo. Con la mente en blanco, no sabiendo ¿por qué?, o ¿cómo era posible?, que pudiera hacerla llegar al orgasmo solo con esos juegos previos, Rinka agotada de su segundo clímax en menos de cinco minutos. Mira distraídamente el techo de la recámara, baja la mirada y ve su cuerpo sudoroso, respirando entrecortadamente, haciendo que su pecho suba y baje rápidamente, pudiendo ver sus pezones adoloridos por lo excitada que se encontraba.

Pero mucho más abajo, en el vientre, un incómodo malestar palpitante, no paraba de hacer cosquilleos de lo que quería.

Honesto en cuerpo por lo que realmente quería, Rinka miró cómo sus piernas sin fuerzas estaban abiertas para el deleite de su pareja, pudiendo ver todo, su feminidad y un pequeño, pero estrecho agujero que palpitaba de igual modo que su útero ya húmedo por la miel que baja.

{Tengo que terminar, oh lo normal, ya no será suficiente para satisfacerme}

Recuperando algo de claridad, mira a Javier que no había hecho nada durante esos minutos que el resplandor del clímax estaba al rojo vivo, haciendo que respire con calma, pero al ver a sus ojos, Rinka sintió una palpitación en su corazón y en su útero que la hizo estremecerse.

{Esos ojos, ya no son de una persona, sino de una bestia, a punto de saltar a su presa debilitada. Al igual que en esos tiempos en que Rinka fue violada por los viejos hasta encontrarme desmayada}.

—Espe-espera, déjame descansar, Onii-chan—.

—…—.

—Tú, tú, ¡idiota!, ¡zopenco!, ¡mal Onii-chan!, ¡deja descansar a Rinka o me enojaré y la pagarás muy caro!—.

—Pagaré con mi vida, si puedo ver la cara derretida en el clímax a mi hermanita—.

Rinka que podía ver esa sonrisa de complacencia en Javier, sintió un escalofrío producido por su mente racional, pero no de su cuerpo, que aceptaría todo lo que él lanzara sobre ella.

Aun así, en un intento inútil de escapar del placer que había probado a mano del Dios hentai, con las pocas fuerzas que le quedaba, se volvió e intentó gatear queriendo hacer espacio entre ambos.

—¡! Mmm, haa, wah, niuuu…—.

Sensible, al sentir una vez más los labios de Javier tocando la planta de los pies, la parte superior del cuerpo de Rinka cae sobre el colchón al perder la fuerza en los brazos, dejando desprotegida sus partes inferiores.

Javier, agazapado, besando la planta de los pies, talón, gemelos, detrás de la rodilla y seguida subiendo, observa el fragante olor femenino que embotan su sentido del olfato, haciendo que sea lo único que respire.

[Abundante, oloroso, espeso, qué delicia de néctar podré probar, una vez más]

Mirando los labios que permanecían hasta ahora cerrados y abiertos, expulsando el néctar más empalagoso y adictivo, único en el mundo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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