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Me convertí en el Dios hentai. ¿Y que? - Capítulo 64

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  4. Capítulo 64 - 64 Domingo 28 Abril R-18 + Desastre futuro para los magos Arcanos
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64: Domingo, 28 Abril (R-18 + Desastre futuro para los magos Arcanos) 64: Domingo, 28 Abril (R-18 + Desastre futuro para los magos Arcanos) Desde las sombras del mundo terrenal… tu mirada ha despertado algo.

¿Te atreves a seguir leyendo las escrituras de esta novela prohibida?

Entonces escucha bien, alma curiosa.

He abierto un templo digital en Ko-fi.

Con una simple ofrenda de $1 dólar, me ayudarás a invocar ilustraciones sagradas: retratos auténticos de los seres que habitan esta historia.

Pero todo pacto merece recompensa: Los fieles recibirán imágenes personalizadas, únicas… y tal vez, un secreto reservado solo para los elegidos.

[Haz tu ofrenda aquí] ————— Respirando hondo, saboreando cada partícula del aroma femenino que expulsaba Rinka en su estado de placer.

Javier se inclinó más hasta que su cabeza quedó entre los muslos temblorosos, que mantenía una postura sumisa para ser follada hasta lo más profundo de su ser.

—¡Nnnha!

¡tiem-po fuera!, ¡déjame recuperar el aliento!

¡Si no me volveré loca, Onii-chan!—.

Ya no tienes control de tu propio cuerpo.

Sentir con cada caricia que surcaba las piernas hasta las nalgas, volvía por el mismo camino, repitiendo y repitiendo hasta volverse irritante, por no satisfacer su creciente placer.

No habiendo poder de súplica más que el anhelo por más, en sus palabras melosas llenas de frustración.

Javier, después de sentir su nuca pegajosa y de jugar con las reacciones con su aliento y lengua los muslos de Rinka, le dijo juguetonamente.

—Dulce con toques cítricos, jejeje—.

—¡No te rías dejeneradiiiuuuuu!—.

Apenas retenía el gemido que le provocan las caricias, para salvar algo de dignidad como mujer, ya que para alguien con tanta experiencia ser puesta en esa posición tan vulnerable era humillante.

Aun así, los gemidos eróticos no cesaron, sino que aumentaron su volumen, cuando los besos, lamidas, mordiscos, chupetones, asían camino en los muslos internos empapados por el jugo de amor que no paraba.

Del mismo modo, las manos subían lentamente por el frente.

Tocando con solo las yemas de los dedos la agradable piel al tacto y que con cada estímulo fuerte por parte de Rinka él se detenía y tardaba un poco más para subir, haciendo que la propia Rinka apretara los dientes para detener los espasmos que provocan los besos y caricias que subían lentamente pero sin detenerse.

Llegando hasta la base de los muslos, las manos de Javier recorrieron esa franja sudorosa y llegarán a la zona V, pudiendo notar lo caliente que estaba, a diferencia de otras partes del cuerpo.

Javier, que sin importar cuánto lamiera, dejando limpios los muslos de Rinka, el espeso líquido descendía, desde esa pequeña abertura hipnótica, llena de belleza comparable con el florecimiento de una flor.

-No ♡, no ♡, no♡, no♡, contrólate Rinka♡, no caigas en su juego♡!.

Esto no es diferente a esos días llenos de placer, yo ya pasé por eso y esta vez no será ¡!-.

—¡Ugh!

¡¡aaaaaaahhhh♡♡♡♡♡♡♡!!—.

Imposible de mantener la conciencia y la fuerza, Rinka aulló como perra en celo, dejando atrás la imagen que quería mantener.

Convulsionando el pequeño cuerpo femenino, la cadera que se movía lascivamente, dejando escapar chorros semitransparentes, golpeando el pecho de Javier, bañando lo del orgasmo más intenso que había soñado Rinka sin que le metan un pene o juguete y sin estimulaciones en su pecho y vagina.

¡Correos!

Sonado como si algo se hubiera destapado, Javier se lame los labios con su lengua y ve caer la parte superior completamente inerte en la cama y apenas manteniendo la cadera alzada a pocos centímetros del colchón.

No pudiendo culpar a Rinka que era la primera vez que llegaba a un orgasmo tan extremo.

Javier miró orgulloso la marca que le hizo.

Justo en el perineo, un pequeño espacio donde se separa el coño con el año, había un enorme chupetón que resaltaba en la blanca piel de la zona; a profunda desde la vulva inferior de los labios hasta las verrugas del año.

—Jejeje, ahora sí, gracias por la comida—.

Anunció Javier a la vez que su estómago gruño.

Poniendo en una posición más agradable el cuerpo inconsciente de Rinka que aún temblaba por el orgasmo, Javier con sumo cuidado puso una almohada en la cintura para proseguir y abrirle las piernas en forma de “M”.

Mirando la cara de Rinka que contenía mocos, saliva que rodaba sus mejillas, sudor que hacía pegar el cabello en su frente, cachetes y unos ojos blancos mirando hacia atrás.

Encontrándole una obra maestra de ver el rostro de una mujer en ese estado, Javier dejó de mirar y se centró en lo que tenía que hacer.

Metiéndose entre las piernas abiertas, Javier miró el coño completamente empapado.

Javier, para tener mejor y no abrume más a su pareja, se acostó sobre el colchón empapado, oliendo un agradable aroma que haría a muchos a reconsiderar en acostarse de nuevo.

—Mmm♡♡—.

Gimiendo un poco, Rinka, su cadera tembló, al igual que las piernas aún resentidas por el fuerte orgasmo.

Aun así, Javier besó primero el pequeño frijol erecto que había dejado la capucha atrás, para mirar hacia abajo el pequeño orificio donde estaba el coño.

—Ah♡♡♡—.

Reaccionando al sentir cómo la lengua de Javier entraba en su diminuto orificio.

Rinka que pensaba que todavía había terminado con un gozoso orgasmo que la había dejado aturdida la mente y entumecido el cuerpo, se despertó abruptamente.

—¡!♡♡♡, que-que es-estoooo♡♡♡, increíble, rincible….

no, no, no♡♡♡, detenten♡♡♡, volverás inservibles a Rinka♡♡♡… muaaaaaa♡♡♡♡!!!.

Gritando de placer que la hacía sentir, como algo entraba y revolvía cada rincón del coño de Rinka.

Negando con la cabeza por el placer que comía su cerebro, su cuerpo convulsionó, su espalda se arqueó creando un hermoso arco y las largas piernas se envolvieron en la cabeza de Javier, quedando atrapado en su nariz el pequeño clítoris erecto, provocando un nuevo orgasmo, que llegaba uno tras otro.

Rinka que podía sentir, como si la lengua de un gato lamiera cada rincón de su coño, atrapando cada pequeño estímulo de placer que tenía.

Su cabeza en blanco, solo pensando en esa sensación de ser lámida como ninguna vez en su vida lo había hecho alguien, ni siquiera en el sexo más fuerte, sintiendo cómo una nueva puerta al placer se habría, algo la hizo gritar mucho más fuerte.

—¡¡¡Aaaaaaaaaaa♡♡♡♡♡…!!!—.

Esta vez tomándola entre sus brazos igual como lo hacían las piernas alrededor de su cabeza, Javier alzó la cintura de Rinka, sentado mientras hunde su boca más en el coño que convulsionaba.

Sintiendo como si un pincel cosquillaba en la entrada del útero, como si estuviera pidiendo permiso.

Rinka que sintió como su cuerpo obediente, abrió sus puertas de la habitación del bebé.

Esa sensación de ser completamente apresada en tu vientre se expande por todo su cuerpo, que el placer subió a un nuevo nivel.

Agarrando con fuerza el cabello de Javier, sus piernas apretando más, para que no se vaya.

Sintiendo como millas de plumas cosquillas las paredes del útero y no la misma sensación de aprensión cuando un pene presionaba desde abajo.

—¡Shi!♡♡, ¡shi!♡♡♡, ¡¡mattt!!♡♡… ¡¡no tse devengas!!♡♡♡… ¡¡¡ahs deshazte en el útero de Rinka!!!♡♡♡, ¡¡¡miola el mutero de yinka!!!♡♡♡♡… ¡¡¡Oni-tan, ¡¡¡Oni-tan…!!!♡♡♡—.

Fuera de sí, con una sonrisa lujuriosa que no tendría que tener una niña de 11 años.

Rinka fuera de sí, al sentir cómo ese calor de ser juguete en su propio útero, se extendía hasta sus trompas de falopio.

—¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡!!!!!!!!!!!!!!!!—.

Siendo un grito de silencio, el cuerpo de Rinka se contorsionó, estirándose al máximo para desmayarse.

————— Oyendo a lo legos cómo el agua caía, junto a un melodioso sonido, y con ello cada vez recuperaba la conciencia.

Notando que se despertó, Javier le habló.

—Mm?, despertó la princesa vegetal durmiente—.

—…

no, me llamas princesa vegetal, idiota—.

—Ajajaja, ¿cómo te sientes?, encuentras alguna molestia—.

Aun aturdida, sin saber qué estaba pasando, con la garganta adolorida, Rinka mira su reflejo en el vidrio que separaba la ducha con el baño.

Sentada en el regazo de Javier, las manos del chico enjabonadas recorrían su cuerpo.

Ya podía ver que había pasado su busto, hombros, axilas, estómago, vientre y ahora estaba limpiando entre los dedos.

—¿Cuándo ha pasado?—.

—Media ahora, aunque si no fuera por mi ayuda, te hubieras quedado a dormir medio día, ehehehe, auch—.

Exageró Javier, ya que Rinka sintió sus extremidades aún pesadas, así que el golpe con su codo en la costilla no debió dolerle.

Sintiendo cómo la templada agua recorría su cuerpo, cerró los ojos, dejando caer en su rostro, mientras Javier le lavaba el cabello con diferentes productos.

—¡¡¡!!!—.

—Lo siento, te entro jabón en el ojo, déjame enjuagarte—.

Dijo enseguida tomando la barbilla de Rinka levantándola y ambos por fin se miraron a los ojos.

—No es eso…—.

—¿?, qué alivio, si hubiera pasado eso tendría que utilizar mi lengua para que ya no ardiera—.

Saltando, al ver la lengua de Javier que se movía juguetonamente, en el vientre de Rinka un entumecimiento le hizo recordar lo que sucedió en la cama.

Sonrojada de la misma forma humillada por mostrar una apariencia impropia de ella, no pudo evitar sentir cómo sus muslos se retorcían, haciéndola codiciar una vez más ese sentimiento que la llevaba a un nuevo placer.

—¡Te odio!—.

—sho, espera, detente, te puedes caer, ¡¡aaaaaaaa!!—.

Cayendo ambos al suelo frío y mojado, Javier miró a una Rinka a la que no le importó el dolor, sentándose en el estómago con su vagina una vez más pegajosa por el juego del amor.

Viéndola respirar entrecortado, su pecho subía y bajaba junto con dos pequeños retoños que en su cúspide unos pezones erguidos parecían doler y requerían atención.

—Sé que soy el Dios hentai, pero Rinka debes saber que el cuerpo tiene un límite—.

—¡Tonto!, ¡tonto!, ¡tonto!, ¡me qué trefe!…—.

Cubriéndose el rostro con los golpes sin fuerza de Rinka, Javier tomó los dos pequeños puños y miró el rostro de Rinka que pasaba de la vergüenza, indignación, lujuria y una vez más la vergüenza.

—¡Nunca más te atrevas a hacerme eso!—.

—Ehhhh, pero te encantó, ¿por qué no?—.

—…

no diré que fue una experiencia inolvidable… ¡Pero ahora está prohibido!

¡No puedo dejar que esa lengua mancille la dignidad de las mujeres, las aras una ninfómana, si no tienes cuidado!—.

—Pero…—.

—Nada de pero, desde ahora tienes prohibido hacerle eso a cualquier mujer en el mundo.

Si no fuera yo y se lo harías a una inocente que apenas sabe lo que es sumergirse en el placer, quedará destrozada, nunca será capaz de tener sexo sin recordar como tu lengua…—.

‘sonrisa’ —…

¡¡No te rías!!—.

—¡!, cuidado con esa mordedura—.

Dijo apresurado, apenas deteniéndose a pocos sentimientos de la nariz, los dientes blancos de Rinka.

—Ya entendí… bueno, ya que no puedo hacerlo con nadie, eso solo queda…—.

Respondiendo primero el cuerpo a la sonrisa perversa que se lamía los labios con sumo cuidado, la cintura de Rinka convulsionó como si esa lengua traviesa hubiera tocado la vulva.

Riéndose entre los dientes al verla jadear y la sensación de algo viscoso y cálido, extendiéndose en el estómago poco a poco.

Rinka que no podía evitar que su cuerpo reaccionara de esa forma al recordar cada toque en sus piernas; los besos, las mordidas que aún quedan marcadas en la clara piel de la niña.

Sentándose Javier, la agarra de las nalgas y la espalda, quedando en una posición cara a cara, dejando que la piel hable primero.

—…ah♡—.

Escapando un pequeño gemido cuando Javier subía por su espalda, pasaba por la nuca y cepillaba la larga cabellera húmeda.

—Después de tenerla, nunca más dejaste que te creciera el cabello, siempre lo llevaste corto, hasta el día de tu muerte…—.

Sintiendo el aliento en el oído mientras el cabello surcaba los entre dedos de Javier, Rinka apoyó la barbilla en el hombro y, como si recordara el pasado, un ativismo de tristeza apareció en sus ojos.

—Ya deberías saber el porqué… Ese idiota, iluso, se volvió loco, ni para ser hombre, amante sirve.

Se empeñó tanto en reconocer que esa hija era de él mientras me dejaba a un lado todo, igual que su verdadera hija.

Hmph, preferí irme de esa casa y ciudad antes de volver a ver a mi familia.

Mientras me centré en mis estudios universitarios, trabajaba en un burdel de media-alta gama, en otra ciudad, así pagué mi vida.

Claro que no todo salió bien, aun cuando hice mucho para criarla.

Me desprecio al enterarse de cómo conseguiría el dinero, yéndose a vivir con mis padres y dejándome igual a su padre, que no es capaz de superar un problema de vida—.

—Sí, y aún con tantas súplicas y explicaciones de tu parte, no escucho razones, despreciándote más por tu pasado.

Al final te mudaste del país, para vivir en México, donde te contrataron como administradora de un burdel por tu experiencia y profesión de administradora de empresa—.

—Ganaba buen dinero, no tenía que preocuparme de nada y vivir una buena vida—.

Declaro con orgullo, dejando el hecho de que murió en la madrugada por un derrame cerebral.

—Jejejeje—.

—¿Qué te causa tanta gracia?—.

Teniendo un presentimiento de que diría algo que le molestaría mucho.

Rinka entrecerró sus ojos, dándole una mirada seria, una que había hecho a chicas teblarán por su indiferencia y menosprecio, aunque sean mujeres.

—Eres la segunda persona mayor aquí en la mansión—.

—…

¡Muérete!—.

Resonando la cachetada, Rinka salió ofuscada de la ducha.

—Qué carácter, y yo que pensé que ya no le afectaría de que hable de su edad—.

Dijo tocándose la mejilla impresa con la forma de la mano de Rinka.

Saliendo del baño sin cubrir su parte inferior que la había recuperado, no muy diferente a cualquier hombre.

Entrando a la recámara de la niña, Javier vio la pequeña espalda que se inclinaba hacia adelante y sus brazos hacia atrás, para abrochar su sujetador color champán.

—…

¡!, ahora que intentas—.

No molestando la actitud arisca de Rinka, Javier se abrochó el sujetador y tomó las bragas del mismo color, encima de la cama.

—Intentando ayudar, es que no puedo—.

—Es raro… He estado con más hombres que se desesperan por quitarme la ropa antes de que ayudarme a ponermela—.

—Ajajaja—.

—…

¿Qué hora es?—.

Preguntó, levantando una de sus largas y esbeltas piernas, dejando ver la feminidad de esa zona púbica, aun recordando ambos, como las serpentinas y el toque de las manos en la tersa piel.

Ninguno hablando, pero escuchando la respiración del otro, Rinka sonrojada, levantó la otra pierna.

Subiendo sin ir muy rápido, pero tampoco lento, siguiendo con la vista cómo se tensaba la tela para cubrir la vagina y resaltar la forma de las nalgas.

Tocando la suavidad de la piel, transmitiendo el calor que ambos recordaban.

Chu.

—Mmm—.

No pudiendo evitar que se le escapara ante un beso repentino en el monte de venus, apenas cubierta de pelillo púbico.

—¿Terminaste?—.

—…Ahora sí—.

Dijo, acomodando un poco la braga en una de las nalgas de Rinka.

—Son las 7:08—.

—…

¡¿¡?!

¡Es tardísimo!—.

Vistiéndose con prisa, Javier la vio salir utilizando solo un short corto, camiseta minimalista y par de zapatos deportivos.

—Bueno, también es hora de prepararme para desayunar—.

———– Mientras algunos aún corrían alrededor de la mansión Valderrama; Rinka, Sayaka, Yuuna y, por último, Javier.

—Si tienes algo que preguntar, asla…—.

Dijo ya, no pudiendo soportar la mirada de Sayaka.

—Para qué hacer preguntas….

si tu cuerpo lo revela todo—.

Teniendo más experiencia en la vida que la propia Sayaka, pudo notar en el tono indiferente diversas emociones que solo pudo tragárselas.

Diviriéndose al verla actuar así, tocó su cuello, clavícula, pecho, estómago y podría seguir tocando su cuerpo, pero al estar corriendo no lo hizo.

Sayaka roja, como un tomate, tropezó, cayendo de boca a la tierra.

—…

¿Por qué te pones así?

Aja, ehehehe, qué traviesa Onee-chan, así que ya extrañas… No, no lo creo, será que, te imaginaste el sentimiento en el momento en que sus manos recorren cada rincón de tu cuerpo… Que muerda, chupe y, al final, cuando sientas que llegaste a sentir en el cielo… su lengua recorriendo cada rincón del útero deja…—.

—¡!—.

—¡Saka Onee-chan!—.

Saliendo del estupor, Sayaka al cual los susurros de Rinka aún resonaban en su mente, se levantó, mientras miraba a Shio corriendo preocupada.

—Te encuentras bien, Saka Onee-chan?, ¿Te duele algo?—.

—…

Estoy bien, al parecer no me raspé ni me lastimé—.

Viéndola fingir con una sonrisa despreocupada a Shio, Rinka suspir, mirando levantarse y sacudir la tierra en su ropa.

-Dudo que vuelva a aceptarla, Javier Onii-chan ahora la ve con una simple chica que puede tener sexo gratis, sin sentimientos.

Y ahora vemos a una Sayaka arrepentida de su decisión… no puedo negar que al sentir ese tipo de placer una quiere volver a repetir-.

—Rinka Onee-chan te duele la panza?—.

—Eh, no me duele nada, estoy muy bien—.

—En serio, pero hace rato que estás sollozando el estómago, pensé que te dolía—.

—Ajajaja…—.

Rígida la risa, Javier, que pasaba corriendo dejando atrás a una Yuuno exhausta recuperando el aliento, las miró, pero siguió de largo.

-Qué sonrisa más falsa la que hace Rinka.

¿Qué habrá pasado?.

Bueno, no creo que sea de mucha importancia-.

—…

Ya terminé, iré a bañarme—.

—Puedo entrar contigo Saka Onee-chan—.

—Claro, entre nosotros—.

-¡Si!-.

—Deja esa actitud de perro abandonado que no te conviene, cuando fue tu misma actitud la que provocó todo esto… Ahh, déjame darte un consejo—.

Shio que ya había corrido a Yuuna para decirle que se iba a bañar con Sayaka que no se había movido al escuchar hablar a Rinka.

Con las manos en la cadera le dijo.

—Una vez que un hombre te cataloga, es imposible salir de ese casillero.

Ahora, él simplemente te ha dejado de ver como mujer y no más que una conocida, oh amiga, en el mejor de los casos.

Cumplidos y afectos son meras formalidades.

Lo que puedes hacer ahora es esperar y, mientras lo haces, intenta mejorarte como persona y una buena perra que abriría sus piernas sin importar la hora y el sitio—.

—…

Porque no me dices que desista—.

—Por Dios Saya-chan.

Si no te has dado cuenta, cuando le dices a una mujer que desista, más se encapricha, haciendo oídos sordos a cualquier ayuda o consejo, hasta que toque fondo y te aseguro que muchas, están dispuestas a sacrificar su juventud, salud y consigo todo a su paso solo por estar al lado de su hombre sin poder ver nada más.

Ya he visto y estoy viviendo esa experiencia… Ya sea si es un drogadicto, infiel, golpeador, alcohólico, apostador empedernido o un bueno para nada—.

Temiendo voltearse a mirar y ver qué rostro estaba haciendo ahora Rinka al escucharla decir.

Percibiendo esa solitaria, pero esbelta espalda, negó con la cabeza y siguió corriendo por las vueltas que le faltaban.

—¡!…

ahhh, ¿qué rayos estoy haciendo?—.

—¡Saka Onee-chan apúrate!—.

——– —Ponte cómodo y relájate—.

—¿Solo me siento?—.

Asintiendo, Yuuna se sienta cruzando las piernas.

—No te pongas nerviosa—.

—Sí.

—Jajajaja… dame tus manos—.

—Mis manos, ¿para qué?—.

—Ya que es tu primera vez, necesito guiarte.

Transferiré un ⅓ de una milésima fracción.

Esta energía circulará por todo tu cuerpo hasta volver de nuevo a mí, eso significa una revolución completa.

Después de eso, depende de ti, reúne la energía arcana en el ambiente y hazlo circular, cuantas revoluciones alcances, mejor.

—…

No hay que almacenarla—.

—Claro que tienes que almacenarla, pero para lograr eso, primero debes de llegar a una fase en la que debes reunir la energía arcana, igual como respirar.

Para eso te impartiré una técnica de respiración y un ejercicio que ayudarán a fortalecer tu cuerpo.

Fuera explicaciones, comencemos—.

—S-sí, estoy a tu cuidado—.

Gustándole la actitud de Yuuna, se sentó en la tierra frente a ella, tomándole las manos.

Ásperas, pero con la delicadeza de una mujer, Yuuna por su parte, podía sentir la robustez de tener las manos de un hombre, por primera vez, entre sus manos.

-Tan cálidas, aunque ya ha sido tiempo, pero las manos de mi papá eran iguales de grandes, un poco callosas, pero iguales de reconfortantes-.

—Cierra tus ojos… exhala, inhala, exhala, inhala…—.

Aprendiendo de su primer error, sincronizó sus respiraciones antes de transferir una migaja de energía arcana al cuerpo de Yuuna.

—¡Uf!, ajá, ah, ahm, qu-qué es esto… n-no puede respirar, duele—.

—Yuuna, exhala, inhala, no te preocupes, no pasará nada malo, aquí estoy—.

Escuchando las palabras tranquilizadoras de Javier, Yuuna siguió aún cuando sintió que se ahoga.

—Q-quema, está caliente, deténganse, por favor, ya no lo soporto, me voy a quemar—.

—Todo está bien… siente mis manos—.

—ghjm… frías…—.

Javier que ya había previsto síntomas al estar en contacto cercano con la energía arcana, ya que como una medida de seguridad desde un inicio el Santuario protegía a los mortales como; Rinka, Sayaka, Rinka, Asahi, Yuuna así como los integrantes del club de programación y sus familias de sufrir intoxicación por abundante energía arcana.

En cambio, los magos como los; mercenarios Mantiz, Yuuko Asai, Ryuto Miyake y Lola, que tenían tiempo, aunque sufrirán la intoxicación, que hacía implosionar sus nudos y venas arcanas, solo tenían que presionar algunos puntos de presión en sus venas.

Haciendo circular la energía arcana en el cuerpo de Yuuna, proviniendo del núcleo de la estrella que absorbió desde que se convirtió en el Dios Hentai.

Viendo cómo sudaba empapando la blusa y gemía del dolor que provoca la energía en el cuerpo de Yuuna.

-Mmmm, hay muchas más impurezas de lo que esperaba, pensé que con los masajes aliviaría el problema, pero veo que solo es un efecto placebo.

Aun así, la constitución de Yuuna es una común, no llegará muy lejos sin ayuda.

¿Pero por qué sufre?.

Entendí que cuando Rinka y Sayaka les transfieren esta cantidad, tenía rastro de energía mía y del núcleo de la estrella revuelta, dándole en un estado de excitación.

Ahora con Yuuna estoy dando en pequeñas cantidades… Lo único que se me viene a la mente es que, gracias al mínimo en el ambiente y las generaciones sin haber usado, es que se ha degenerado, haciendo en un futuro cercano que ya no nazcan magos, aún en la familia con historia como los Asai o Ryuto-.

Sin quitarle atención cómo la energía arcana circulaba a paso de tortuga, abriendo paso a través de los antiguos canales de venas arcanas.

-¡¡Duele!!, ¡duele!, ¿por qué duele tanto?, ¡nadie me dijo que dolía tanto!, ¡¿cuándo acabará este dolor?!

¡Ya quiero que termine!-.

Muy parecido a cómo se duerme la pierna por la mala circulación, esto 10 veces, ya que Yuuna sintió cómo algo se habría pasado dentro de su cuerpo intensificando el dolor hormigueante.

Javier miraba a la humana que tenía delante de él, aparentando los dientes para resistir el dolor, su cara sudorosa y grasienta, las uñas que siempre las tenía cortas ahora se enterraban en la palma.

Impresionando la voluntad, o mejor dicho, la actitud por la que la motivaba, aunque no era difícil de saber.

Tardando unos minutos que para Yuuna fueron un tormento de dolor constante.

Retirando la energía arcana del cuerpo de Yuuna que convulsionaba casi cayendo sin no fuera por la ayuda de Javier.

—Ajá, ajá, ajá, te-termino—.

—Buen trabajo—.

—…

No… quiero volver a pasar por eso…—.

—Lo siento, en serio lo siento, pero no se me pasó por la cabeza que algo así podría ocurrir—.

—…

¿Qué intenta decir?—.

—La degeneración de las venas arcanas, no hubo previstos… Por lo que noté, el próximo siglo ya no habrá magos arcanos que nazcan y que puedan entrenar—.

—Entonces ¿por qué hice esto?—.

Desilusionada al escuchar la verdad de Javier, que no dudaba si era o no cierto.

Riendo el empujo para que se sienta recto, ya que todo el tiempo había estado en los brazos de Javier.

Al darse cuenta tarde, se sonrojó como tomate hervido.

—¡Lo siento mucho!

¡Lo siento mucho!

¿Pero qué he hecho…?

Lo siento, señor Javier lo, lo ensucié con mi sudor—.

—Pequeñeces, que eso no te moleste.

Ahora, porque no me dices cómo te sientes—.

Recomponiendo su actitud tímida a una más confiable, mira sus manos y cuerpo, pero su cara decía que no sentía nada diferente.

—Cierra los ojos y trata de recordar la sensación—.

Frunciendo el ceño al intentar recordar la primera sensación de la abundante energía que la había dejado, el calor que quemaba la carne del cuerpo y la sofocación que le impedía respirar.

Estaba segura de que si no hubiera escuchado cada palabra y el cuidado que tuvo Javier, ella hubiera podido morir en esa sofocante energía.

—…

Ajá, ajá, no-no puedo—.

—Ok… hagámoslo de nuevo—.

—¡Eh!

¿otra-otra vez?—.

—Esta vez, ya no habrá dolor, ya que forcé el despertar de la vena arcana, no tendrás que pasar por lo mismo.

Digamos que actuaré como un imán—.

—¿Imán?.

—Piénsalo de esta forma, la energía arcana del ambiente es hierro, yo el imán que lo atraerá, y tú lo recolectarás.

Fácil—.

—Ha-gámoslos—.

—Así se habla—.

Tomándose de las manos una vez más, Javier, en vez de apresurarse, lanzó “curación” al cuerpo de Yuuna por posibles heridas ocultas al forzar la abertura de las venas arcanas.

Brillando débilmente el cuerpo de Yuuna, la expresión de temor por experimentar una vez más ese dolor desapareció al sentir un cálido placer que la envolvió, llevándola a dormirse.

—Comencemos—.

Atrayéndola a la realidad, Yuuna se concentró para sentir una vez más.

Javier haciendo lo mínimo para que Yuuna sienta la energía arcana.

Mirándola antes de bajar la mirada y ver dónde sus manos se entrelazan y el lugar donde se había atraído la energía para que le fuera más fácil.

-Si con esto aún no es capaz de atraer la energía arcana a su cuerpo, entonces no podrá ayudarla-.

Yuuna que no sabía que estaba siendo juzgada, siguió concentrándose en sus manos que parecía haberlas sumergido en agua tibia.

-¡Por qué no puedo hacerlo!.

No importa cuánto me concentro, no puedo hacer que se mueva.

¿Cómo dijo que era el señor Javier?.

Respira por la nariz y exhala por la boca y concéntrate, como si moldeara plastilina-.

—¡!…

Ufff, lo logró—.

Observando con sus ojos de Dios, como una hebra del tamaño de un pelo, era separado de la gran masa y comenzaba a circular por las venas arcanas sin ningún contratiempo, más que su lentitud y torpedad.

Duró varios minutos la travesía de esa pequeña hebra antes de deshacerse, y escapará y volviera al ambiente.

—¡Me muero!

¡Esto es… agotador!…

¡Qué difícil!—.

Exhausta, se deja caer hacia atrás.

—Buen trabajo, has logrado manipular y extraer energía arcana del ambiente, ¿cómo te sientes?—.

—Cansada… me pesa la cabeza y siento mucho sueño— Mirándola, adormilada, respondiendo entre susurros, Javier pone su dedo en la frente sudorosa de Yuuna que respiraba agitada.

—Uh…—.

—Ahora, ¿cómo te sientes?—.

—Ya no tengo nada, estoy bien, siento que puedo correr una maratón y no cansarme—.

—Jeje, me alegra de escucharlo, ahora, Yuuna—.

—¡S-sí, señor Javier!—.

—Ve a bañarte y cambiarte de ropa, aunque por mí puedes quedarte como estás, ya que es un disfrute para la vista.

Pero sería muy malo de mi parte que te resfríes—.

No pudiendo articular palabra alguna, su cara se vuelve roja carmesí, al darse cuenta de que con todo lo que ha sudado su blusa de manga corta se pegaba a su figura, pudiendo ver el contorno del sostén.

—¡¡Señor Javier Pervertido!!—.

Cubriendo su pecho, escapó a la mansión Valderrama.

—Mírala, no más, ya hasta sabe alzar la voz y da buenos cumplidos a la gente, como crecen—.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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