Me convertí en el Dios hentai. ¿Y que? - Capítulo 67
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- Capítulo 67 - 67 Domingo 28 Abril Cotidiana vida en la mansión Valderrama + Amenaza latente
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67: Domingo, 28 Abril (Cotidiana vida en la mansión Valderrama + Amenaza latente) 67: Domingo, 28 Abril (Cotidiana vida en la mansión Valderrama + Amenaza latente) Desde las sombras del mundo terrenal… tu mirada ha despertado algo.
¿Te atreves a seguir leyendo las escrituras de esta novela prohibida?
Entonces escucha bien, alma curiosa.
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Pero todo pacto merece recompensa: Los fieles recibirán imágenes personalizadas, únicas… y tal vez, un secreto reservado solo para los elegidos.
[Haz tu ofrenda aquí] ————— Colocando el recipiente sellado en una de las docenas de estantes vacíos, se adentrará en la ducha para poder relajarse.
—Fuu, hoy fue un día satisfactorio… Tuve una cita con Kotonoha, me acerqué mucho más con Kokoro y conocí a Manami, la mamá de las dos.
Pero, hubiera sido genial que me hubieran invitado a comer, aunque hubiera aceptado.
La destrucción de la mansión por ese pulpo fue inesperada, que tuve que irme sin haberme despedido, ahhh, espero que eso no les dé una mala impresión de mi persona—.
Dejando que el agua de la ducha cayera sobre su cabeza, Javier cierra los ojos para murmurar medio adormilado.
—Mañana solo hay clase hasta mediodía, así que puedo aprovechar para estar más tiempo con Kotonoha—.
Tras una larga ducha con agua fría, al salir con solo una toalla en la cintura y otra secándose la cabellera larga, la mirada cae en el frasco donde está encerrado el pulpo.
—Una mejora en la defensa por enemigos que puedan forzar su paso a través del tiempo-espacio y una fuerza de supresión que se activa por medio de métodos especiales—.
Pensando en el futuro, aunque no esté, Javier se vistió con una pantaloneta, camisa sin mangas que le quedaba holgada y zapatillas para metro.
Recorriendo los pasillos que se habían vuelto cotidianos, baja las escaleras imperiales y ve una hermosa lámpara imperial hecha de cristales en forma de araña.
Piso de roble blanco americano que se encontraba en toda la mansión, menos en la bañera y la cocina.
Cruzando el gran salón, entrando a ala derecha por una de las puertas que conectan con el largo pasillo, rosando con sus dedos la textura del papel tapiz que decoraban las paredes con patrones de árboles, flores y animales.
Escuchando las voces que venían de la sala, entra y ve a casi a todos, menos a Yuuna y Yami.
—¿Cómo les fue en sus prácticas, chicas?—.
—¡Javier Onii-chan, es cierto que un pulpo destruyó la mansión!—.
—Buuu, Rinka Onee-chan no cree en Shio, cuando Shio dice la verdad—.
—No es que no te crea, es que es difícil de imaginar tal escena, hasta mirará la mansión está en pie, verdad, Saya-chan—.
—¡!…
Es difícil de imaginar un pulpo gigante destruyendo la mansión—.
—¡Verdad!, ¿cuenta Javier Onii-chan?.
¿Qué pasó?—.
—Según lo que me contó Yuuna, Yami tomó el calamar que había dejado en el congelador industrial, no fue lo que hizo, pero lo trajo a la vida destruyendo la mansión.
Cuando llegué, la mitad de la mansión había sido destruida durante la pelea y terminó derrumbándose.
Ahahaha, deberían haber estado aquí, ¡oh, mejor dicho, veámoslo!—.
Empujándola con una mano, si la abrazara del cuello, Javier se sentó con Rinka a su lado en el mueble y no haciéndose esperar, Shio tomó el puesto desocupado.
Sayaka mira la interacción íntima al ver la cabeza de Rinka en el hombro de Javier y él entreteniéndose con un mechón de cabello.
[Sonrisa] —¡!—.
Desviando la mirada por la sonrisa altanera que tocó una fibra sensible en Sayaka, miró al frente donde apareció una pantalla traslúcida, produciendo los eventos del calamar de hace pocas horas.
—¡Papi increíble, pareces un superhéroe como en la televisión!—.
—Es la primera vez que veo algo así, parece que el título del Dios hentai no solo es para jugar con las mujeres—.
—Ya verás—.
—¡¡Kya!!…
ajaja, espera, ajajaja, de-detente, ajajaja… ya no más… ah, ah, ja—.
Exhausta, cae al piso de madera, sonrojada por el ataque de cosquillas por parte de Javier.
—Hmph, eso te pasa por decir esas cosas.
A ver, ¿dónde están Yuuna, Yami y Asahi?—.
—Mami y Yami-mama están en la cocina—.
—¡Qué!—.
Revisando deprisa lo que sucedía a tiempo real en la cocina, todos en la sala ven a Yami en una esquina sentada con un cartel que decía: {Prohibido cocinar} colgando del cuello.
Mientras Yuuna estaba sirviendo, poniéndolo en el carrito y Asahi ayudaba a pasar.
—…
Yuuna-san también tiene carácter—.
Dijo arreglándose la blusa que se le había subido cuando metió mano Javier.
—Dudo mucho que fuera Yuuna—.
Respondió Sayaka para ir al comedor.
—Shio—.
—Sí, papi—.
— ¿Qué es eso de Yami-mama?—.
—…
Es-es que me dijo que la llamara así, al principio no quería, pero se veía triste cuando la rechazaba y se ponía contenta cuando llamaba Yami-mama, por eso… ¿Estás enojado, papi?—.
—Porque lo estaría, ven aquí—.
Abrasando con una mano el pequeño cuerpo de Shio, mientras el otro la levantaba de las piernas al regazo de Javier.
—Ya le ha dicho a Yuuna sobre eso—.
-No-.
Apenada, ya que tampoco sabía cómo abordar el tema con su propia mamá, Javier le sobajeo el cabello.
—Antes de comer, vamos a decirle sí—.
—Papi, me acompañarás—.
—Claro, princesa—.
Iluminando el rostro con una sonrisa inocente.
Javier le besó la frente y el bajón de su regazo.
—Vamos—.
Dijo extendiéndole la mano a Shio que la tomó sin dudarlo.
—¡Qué!, solo Shio puedes tomarte la mano—.
—Celosa de una niña, Rinka-chan—.
—¿Celosa?, sería mejor decir falta de atención—.
Contundente, ya no yéndose por las ramas, Javier siente la calidez y la suavidad del cuerpo femenino que hace horas sus cuerpos sudorosos recordaban el aliento y el toque de ambos.
Con una sonrisa pícara y juguetona, no dijo nada y disfrutó del abrazo que envolvía su brazo.
Paciente esperando a Sayaka que todos llegaran a la mesa, mira a Javier tomado de la mano con Shio que se estaba volviendo común al paso del tiempo, pero sus cejas se es crisparon al ver lo pegajosa que se ponía Rinka y la sonrisa condescendiente que siempre se dirigía a su parte.
—Te pasa algo, Saya-chan, estás frunciendo el ceño otra vez—.
—…no pasa nada.
Me impresiona lo rápido que eres—.
—Ehehe, si te visitan en la cama y pasas una noche apasionada.
Mira, todavía tengo algunos que no desaparecen—.
Enseñando solo para Sayaka observará la piel clara del pecho con evidentes marcas de chupetones que el brasier tapaba algunos y otros no—.
—…
¿Qué intentas lograr?—.
—¡Yo!, no tengo nada que demostrar, solo estoy charlando contigo—.
Inocente para los ojos de los demás, Sayaka podía intuir lo que quería lograr Rinka con su evidente afecto y charlas subidas de tono que salían de la nada.
—No intentes pasarte—.
-Bueno.
Ah, Javier Onii-chan, mañana no tengo escuela, pero hay actividades del club—.
—Te dejaré pasando, Sayaka y yo solo tenemos clases hasta medio día así que Rinka-chan, me mandas un mensaje, para irte a recoger—.
—¿A qué hora es tu vuelo?—.
—Tengo pensado salir a las seis—.
—Me traerás recuerdos—.
—Dalo por hecho, hay algo que quiera que te traiga, Sayaka—.
—Cualquier cosa estará bien—.
—Entonces veré qué traerte.
¿Pasa algo, Shio?—.
—Ya no te veré, papi—.
—Claro que nos veremos, el día domingo estará de regreso, te traeré lindos recuerdos, está bien—.
—Mmm—.
—Vamos, no pongas esa carita de gatito abandonado—.
—No estoy poniendo ninguna cara—.
Río con ganas ante las muecas de Shio.
—Ya están en la mesa?.
Qué rápidos—.
Dijo, apenas entraba al comedor Yuuna que empujaba el carrito de comida.
—Al final, que hiciste como plato principal, Yuuna—.
—Aparte de las vainillas de soja cocidas con sal, para acompañar, Okonomiyake, arroz, también hice ensalada de pepino, sopa de miso y unas brochetas de pollo.
De beber, traje té verde y té dé cebada por si alguien quiere tomar algo diferente y si alguien quiere, tenemos ensaladas de frutas congeladas—.
—Esta vez si te esmerastes Yuuna—.
—En serio, aunque creo que hay mucha comida, pero como el señor Javier tiene el apetito más grande junto con Yami, hago más—.
—¿En serio?—.
—Javier Onii-chan vienen cosas muy pesadas en la noche—.
—Javier no se mide en la comida como no engorda—.
—Papi, yo me comeré todo—.
—Trata de no comer mucho, después te dará dolor de estómago—.
Le aconsejó a Asahi, mientras Rinka y Sayaka atacaban con la verdad a Javier.
—Qué duras—.
Bromeó con una sonrisa.
Teniendo un ambiente agradable, mientras Yuuna servía la comida para todos, Javier ve a Yami que no había hablado o tocado el tema del helado.
—…
Shio, no tenías que decirle algo a Yuuna—.
—Mm, pasó algo, señor Javier—.
—Nada grave, solo que Shio quiere decirte algo y quiero que no lo tomes mal—.
Posando la mirada en Shio que se bajó del asiento, caminó hasta Yuuna y apenada, sin saber cómo decirle, Javier le sobajea la cabeza.
—Sin miedo, sí—.
—No tengo miedo… Mami, quiero decirte algo—.
—¿Qué es mi amor?—.
—¡P-pu-puedo llamar a Yami Onee-chan, Yami-mama!—.
Requeriendo mucha valentía por parte de Shio, Yuuna se quedó asombrada, sin saber qué decir, se fija en Javier que niega la cabeza y levanta los hombros.
—Apenas me enteré.
Al parecer, Yami quiere que la llame así—.
—Yami-san, ¿qué significa esto?—.
—Mami, no te enojes.
—No estoy enojada, mi niña, solo quiero saber por qué te hace decir esas cosas—.
Todos mirando a Yami que estaba apagada, como si no fuera la misma, glotona con demasiada energía que ya estaría sonando los cubiertos o palillos.
—…
Lo siento, no tengo apetito—.
Cayéndole un balde de agua fría a todos, hasta la propia Shio se quedó con la boca abierta.
Yami que se disponía a levantarse, se le apareció Javier que le tocaba la frente y el cuello.
—No pareces tener fiebre, ¿te duele el estómago?, o realmente lo sientes por poner en peligro a todos—.
Recorriendo con la mirada, Yami bajó la cabeza disculpándose.
—Lo siento por ponerlos en peligro, no era mi intención involucrarlos, eso ya no volverá a pasar.
En cuanto a la razón del porqué quería que Shio me llamara así… Solo quería recordar un tiempo que se perdió y no volverá—.
Yuuna y Rinka captaron las palabras que contenían una melancolía de sentimientos que podían entender muy bien.
Yami sin decir nada más, ve a los ojos a Javier.
—¡!…
¿Sabes que no es bueno poner esa carita?—.
—No estoy poniendo ninguna—.
Le contestó, dejando que los pulgares de Javier quisieran evitar que las lágrimas se derramaran, pero la cual Yami no estaba llorando.
Javier, que no sabía qué hacer o decir, se congeló al ser abrazado por Yami y él susurró al oído.
—Es momento de que te hagas cargo del título que llevas y sus responsabilidades… Si no, yo mismo me encargaré de hacerte entender las estupideces que estás haciendo y eso no te gustará—.
Recorriendo un escalofrío que le heló la sangre al punto que su núcleo hentai comenzaba a dolerle del miedo que sentía.
Javier, sin fuerzas, cae sobre su trasero y se queda mirando la cara impasible de Yami.
—Tenlo en mente lo que te dije.
Iré a mi habitación—.
No habiendo nada que pudiera detener que se fuera, con esa actitud y atmósfera que comenzaba a rodear a Yami, desapareció entre las brumas que impedían que pasara la luz.
—Pero ¿qué acaba de pasar?—.
—Ni idea, pero parece que Javier Onii-chan tampoco la entiende.
¿Qué crees que le dijo?—.
—No se me viene nada a la cabeza—.
—Yuuna déjame ayudarte a servir—.
Dijo con una sonrisa aligerando la carga en el ambiente por la actitud de Yami, haciendo que las cosas comiencen a fluir.
—Papi, ¿estás bien?—.
—Creo que sí…—.
—En serio, estás poniendo mala cara ahora—.
—Debe ser porque grabé algo en una reunión de Dioses a la que asistí por primera vez.
No es algo a lo que uno pueda acostumbrarse sin importar las vidas que tengas en una era moderna, civilizada—.
Afirmó mientras se levantaba.
Javier, que era ahora el centro de las miradas de todos, volvió a sentarse en su sitio.
—Comamos, antes de que se enfríe la cena—.
—Disculpe, señor Javier—.
—Dime Yuuna—.
—Entiendo que Shio le esté tomando cariño a todos en la casa, pero no me parece que Yami-san intente convencer a mi hija de llamarla mamá.
Shio puede que no entiendas aún, pero no quiero escuchar que vuelvas a llamarla de esa forma—.
-si-.
Agachó la cabeza de Shio.
—Señor Javier, lo respeto mucho, pero tampoco me parece que no diga nada—.
— ¿Qué puedo decir?
Le dije a Shio que te lo contará para que en el futuro no haya problemas.
Que no lo aceptas, tampoco veo problema, ya que tienes la razón en ese asunto.
También pienso hablar con Yami de este asunto—.
Al oírlo hablar, Yuuna se tranquilizó al darle la razón y solucionar el asunto que la ponía intranquila.
Terminando de cenar, mientras Yuuna recibía ayuda de Shio y Asahi para lavar los platos, Sayaka limpiaba los baños y Rinka recogía la ropa sucia para lavar y tenderla.
Mientras ellas hacían todo, Javier se quedó frente a la puerta de Yami por unos segundos para armarse de valor.
¡Toc!
¡Toc!
—Yami ¿estás despierta?—.
—Pasa—.
Pasando a la segunda de las tres grandes habitaciones que existían en la mansión.
Javier, que la ve sentada al lado de una mesita de noche, Yami señala con la mirada a la otra silla al otro lado de la mesa.
— ¿Qué estás haciendo?
—Secreto, pero es para ti y servirá de mucho—.
Dijo mientras se arrancaba un mechón de cabello para envolverlo en un carrete que estaba lleno.
—…
¿Cómo has estado?—.
—Estoy bien, nada que contar—.
—Sabes el otro día vi que en un local de distribución de helados con un 30% de descuento si compras al por mayor y te regalan dos más—.
—Eso suena bien, debería ir a ver si tienen mi sabor—.
—Que tal si mañana salimos, después que salga de la escuela.
Así podremos comprar juntos, helados—.
— ¿Qué intentas lograr?.
Por lo general, me niegas a comprar más helado y te enojas por utilizar tu tarjeta de crédito—.
—Creo que cualquiera se enojaría si te llega un recibo con la cantidad que supera un pago básico al mes.
¿Qué dices, vamos a por los helados?—.
—…
Está bien, ¿Dónde queda?—.
—Florida, en el estado de Orlando—.
Deteniendo las manos que las envuelve, la bruma y el carrete con el hilo, Yami levanta la vista y ve a un Javier con una sonrisa nerviosa.
—Puf, ajajajajaja—.
—Eh, ¿por qué te ríes?—.
—No… es que… ajajaja, si te vieras la cara ahora mismo, ajajaja—.
Rojizo como tomatillo hervido, Yami más se ríe agarrándose el estómago —Ahh, hace mucho que no me río como ahora.
Cómo se esperaba de ti—.
No sé a qué implicación se refiere Yami con esa última frase.
Javier, todavía cohibido, mira a Yami con las mejillas coloradas de tanto reír y una sonrisa que le detenía la respiración.
—Q-qué dices, ¿si quieres venir?—.
—Vamos, no hemos tenido la oportunidad de quedarnos solos los dos desde que estoy recuperando mis recuerdos de Diosa.
¿Pero por qué al otro lado del mundo para una cita?—.
—Para cambiar de aire y compartir un momento a solas, por un momento dejemos las cosas atrás y solo sentarnos en nosotros dos, te parece mal—.
—Al contrario, esas cosas me fascinan—.
Con una sonrisa disimulada que fascina, y gestos sutiles como acomodarse el pelo al inclinar la cabeza, hacen que el corazón de Javier se volviera loco.
—Trataré de no tardarme.
Por cierto, Yuuna le prohibió a Shio llamarte Yami-mama—.
—Lo esperaba, bueno, en el futuro lo volveré a intentar—.
—Creo que tienes una mala personalidad, Yami—.
—Mm, desde la perspectiva de seres con un tiempo de vida finito, lo pueden apreciar así, pero para mí, que vi cómo las estrellas en el firmamento primigenio nacieron y fueron destruidas a lo largo del río, del tiempo y espacio, mi forma de actuar es aburrida—.
—A lo mejor me metí con una mujer que mi mami me advirtió no involucrarme—.
—Ehehe, es tu forma de verme ahora que apenas nos conocemos, pero—.
Levantándose, caminó hasta Javier, que se sintió tímido como un puberto apenas entrando a la adolescencia en su primer contacto íntimo con una mujer.
Poniendo las manos alrededor del cuello para acercarse de forma gradual, las miradas hasta que sus frentes se toquen.
Como si ese fuera su ritual para sentir el aliento del otro y la calidez que los envolvía, nublando la mente.
En lo que parecía una eternidad para que el otro actuara y diera el primer paso, rasguños y maullidos se hicieron escuchar del otro lado de la puerta.
—¡!…
¿Dónde habían estado la emperatriz y Polaris todo este tiempo?—.
—Los había dejado en la terraza.
Cuando el calamar no le afectó mis ataques y se hacía más grande destruyendo la mansión, tuve que escapar con Yuuna.
Utilicé la bruma para teletransportar a Shio, Asahi ya Polaris y la Emperatriz a mi lado—.
—Ya veo.
¿Y qué hacen en tu habitación ahora?—.
—Duérmeme conmigo—.
—¡Qué!, sabes que quiero dormir con la Emperatriz siempre y tú la acaparas y no me dices nada—.
—No te dijo nada por la misma razón por como te pones, no te dijo siempre que llévate mejor con Polaris y tú reniegas—.
—Yo no reniego—.
Dijo haciendo pucheros iguales como hizo Shio.
Riendo, abre la puerta donde Polaris entró corriendo directo a Javier y la Emperatriz caminó con sus cuatro patitas a Yami que la tomó.
—¡Bien!…—.
Levantándose, tomó una Polaris entre sus brazos y se fue.
Pero antes de que cerrara la puerta, saca la cabeza y ve a Yami mirando como si esperara que lo hiciera.
—{Sacar la lengua} Yami tonta—.
Cerró la puerta, después de comportarse como un niño, haciendo que Yami en vez de decir algo, mirara a la Emperatriz.
—Por eso los hombres siempre serán unos niños—.
————- Después de que Javier dejara la habitación de Yami, apareció en la sala de estudio donde se encontraban Asahi, Yuuna y Shio estudiando.
—¿Cómo vas con los estudios, Yuuna?—.
—¡!, señor Javier por favor, no nos asuste de esa forma apareciendo de la nada—.
—Jajajaja.
Lo siento, no quería asustarlas, ¿cómo vas, Asahi, ya salen mejores esas matemáticas?—.
—Todavía se me complica, un poco—.
—Déjame ver…—.
Entregando sin ningún reproche el cuaderno, Javier revisa las páginas con los problemas y las anteriores, antes de entregárselo.
—Espera, debería estar por aquí, ya que lo compré para Yami… ¡Aquí está!.
Toma, Asahi—.
—Tabla de multiplicar, dividir, sumar y restar—.
—Parece que se te complican las operaciones y si no tienes una buena base en matemáticas, más se te complicará en el futuro.
Repasa, dile a Yuuna oa Shio que te pregunte la tabla del 8, 14, 4, 9 y así podrás aprender mucho mejor—.
—Gracias—.
Poniéndose a revisar el pequeño libro, Javier para por Shio que le entregó su cuaderno y esperaba con expectativa lo que le dijera.
—Oh, nada mal, ya estás escribiendo más lindo y vas aprendiendo más palabras.
Ven—.
—Sí, papi—.
Poniendo un banquillo para Shio, Javier le entregó un marcador y le dijo.
—Quiero que me escribas una oración; nombre, un color, lugar y una cosa—.
—Está bien—.
(Shio jugó en el mar azul con un balde) —Bien hecho, Shio, veo que estás aprendiendo muy rápido—.
—Ehehehe, Shio repite todos los días y juego con palabras con Onii-chan—.
—Esa es una buena forma de jugar—.
Eufórica de que la felicite su papá, Shio abrazó a Javier con todas sus fuerzas, no queriendo soltarlo, haciendo que el propio Javier la cargara en sus brazos, teniendo uno en los muslos casi nalgas y otro en la espalda, dándole golpecitos.
—Shio, no molestes mucho al señor Javier—.
—No lo estoy molestando… papi, estoy molestando—.
—Claro que no, mi princesa—.
Le dijo regalándole un beso en la mejilla y Shio se lo devolviera.
—Señor Javier, no la malcrié tanto—.
—Ajaja, un ratito no hace daño… ¿También repasando?—.
Dijo al mirar el cuaderno con notas de problemas matemáticos de secundaria.
—Un poco, aunque se me está haciendo difícil de resolver después de muchos años sin estudiar—.
—Entonces, te ayudaré un poco—.
Sin esperar, movió una de las sillas, se sentó y dejó que Shio se sentará en su regazo, tarareando mientras observaba a Yuuna.
-El frasco de mami se está volviendo más lindo y los caramelos siguen cayendo, ehehe.
Todas gracias a papi-.
Pasando el tiempo, estudiando los cuatro, Shio que ya cabeceaba, Javier les dijo.
—Esto es todo por hoy, ya son las 12.
Mañana será un nuevo día y no quiero que se desvelen estudiando, ya que será malo para la salud cuando aún estén creciendo—.
—Tiene razón, vamos, niños, recojamos las cosas y vamos a la cama—.
—Bostezo, bueno—.
—Mmmm— Cayendo en los brazos del sueño, Shio se quedó dormida en el regazo de Javier, mientras bostezando Asahi recogía los cuadernos y lápiz para irse a la cama.
—Señor Javier, gracias por la ayuda.
Vamos, Shio a la cama, necesitas cambiarte—.
—Mmm, noo, quiero dormir con papi—.
—Shio, deja que el señor Javier, que también necesita descansar—.
—Por mí, no hay problema, sabes—.
—Pero—.
—Shio quieres dormir conmigo esta noche—.
—Dormir con papi… Mami, dormiré con papi—.
Despertando la noticia, Shio miró con maravilla a Yuuna para que la dejara.
—No Shio—.
—Pero Onii-chan—.
—No sabemos qué pensamientos tiene Javier, y si le hace algo malo, mami ¡!, ¡D-duele!—.
Cogiendo la cabeza del coscorrón que recibió por parte de Javier, este le mira y le dice.
—No sé qué imagen tienes de mí, pero déjame decirte que no tengo ningún pensamiento más que de padre e hija.
Puede ser que tenga el título del Dios hentai, pero tengo mis propias líneas rojas.
Además, no sé en qué mente, puedes pensar que le haría algo a Shio, lo pensaría si fuera Yuuna o alguien con más pecho y nalgas, pero Shio con ocho años no es diferente a un niño—.
Notándose lo indignado de que lo acusen de algo que no cometería, Asahi bajo la cabeza, sin saber qué decir, y Yuuna roja por la insinuación para despertar y decir.
—Siento mucho lo que dijo Asahi, Asahi discúlpate con el señor Javier—.
—Pe-pero—.
—No hay, pero, sé que nuestro pasado a veces no nos permitirá avanzar o ver más allá de nuestros temores, pero.
Acusar a alguien por temor a algo no es más que cobardía.
Asahi, confiamos en el señor Javier, puede que su título no convenza a nadie, pero él nunca dañaría a Shio—.
—¿Cómo lo sabes?—.
—No lo sé, pero—.
—pero, pero, ¡Para todo hay un pero, pero si vuelve a pasar como esa noche que él volvió, qué haremos!
¡Nuestra luz, nuestra luz será manchada por él!—.
Asustada al ver como le alzó la voz, Yuuna por unos instantes pudo ver la sombra de ese hombre reflejada en Asahi.
—L-lo siento, no quería alzar la voz, ¡!—.
Asahi que no podía creer que Yuuna retrocediera cuando intentó disculparse.
—M-mami—.
—L-lo siento, no quería—.
Tensó el ambiente entre madre e hijo.
Javier, que había dejado a Shio en una silla, se paró entre los dos.
—Asahi, Yuuna vayan a dormir y descansen, el día de hoy ha habido mucho estrés.
Asahi quieres quedarte un momento.
Yuuna ve con Shio, me quedaré un charlar con Asahi—.
-si-.
—No pongas esa cara, algunas cosas no podemos controlar como el miedo.
Por ahora ve a descansar y trata de no pensar mucho, después de todo, la mente es la primera en jugarnos una mala pasada—.
—Seguiré su consejo—.
Viendo desde Yuuna con Shio, Javier miró a Asahi que estaba asustado también por cómo lo evitó Yuuna a sé poco.
—Me odia—.
—Dudo mucho que eso pase.
Simplemente, fue reflejo instintivo, nunca habías alzado la voz—.
—No, me alteré y perdí la paciencia… igual que él—.
—Trata de que eso no te afecta.
Puede que seas su hijo y tengas sus genes, pero eso no hace que sea igual que él, solo son tus acciones las cuales te identifican como persona—.
-Si-.
—Por ahora enfría la cabeza, ve a consultar con la almohada y trata de hablar con Yuuna mañana—.
—…
Siento haberte dicho esas cosas horribles—.
—Mm, creo que si estuviera en tu lugar tampoco me hubiera quedado callado, pero no debes preocuparte.
Una vez que tomé como mi hija a Shio, solo la veré como una pequeña niña sin importar cuando crezca.
Es el deber de un padre amar y cuidar de ellos—.
Pasmado, sin saber cómo interactuar ante la persona que estaba frente a él, que actuaba como un hombre adulto a pesar de su apariencia y daba consejos sin oler alcohol ni gritar.
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