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Me convertí en el Dios hentai. ¿Y que? - Capítulo 76

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  4. Capítulo 76 - 76 Lunes 29 Abril Banquete en el templo Tsukiyo tercera parte
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76: Lunes, 29 Abril (Banquete en el templo Tsukiyo tercera parte) 76: Lunes, 29 Abril (Banquete en el templo Tsukiyo tercera parte) Desde las sombras del mundo terrenal… tu mirada ha despertado algo.

¿Te atreves a seguir leyendo las escrituras de esta novela prohibida?

Entonces escucha bien, alma curiosa.

He abierto un templo digital en Ko-fi.

Con una simple ofrenda de $1 dólar, me ayudarás a invocar ilustraciones sagradas: retratos auténticos de los seres que habitan esta historia.

Pero todo pacto merece recompensa: Los fieles recibirán imágenes personalizadas, únicas… y tal vez, un secreto reservado solo para los elegidos.

[Haz tu ofrenda aquí] ————— Habiendo una atmósfera de que Radiante Hayato no tome la delantera ni tampoco dejar que nadie lo haga, entraron en un punto muerto.

Javier, que dio un paso adelante, aclaró su posición.

—Creo que aquí hay un malentendido—.

Todos giraron para ver a un jovenzuelo que podría ser su nieto.

Con la actitud calmada, con una mano se señaló tocando su pecho.

—Hoy vine para aclarar dos cosas.

Primero el malentendido con Radiante Hayato-sama y no entrar en conflicto por terceros.

Segunda, dejar en claro que no tengo disposición de servir a ningún clan—.

Apenas terminando de aclarar el segundo punto, un entendimiento mutuo se esparció entre los 8 peces dorados.

Y Javier, que comprendía al ver cómo las intenciones en los ojos de cada uno cambiaban a ser una amenaza que necesitaba ser eliminada, dijo.

—No entraré a ningún clan, pero eso no me prohíbe trabajar con ustedes—.

El más volátil y sin reputación para que le importara, con las manos en los bolsillos y postura amenazante que bastarían para intimidar con su aura y tamaño, le amenazó.

—Y si te quitamos todos primero—.

—Y les servirá de algo—.

Con esas palabras cualquier actitud en contra de Javier se apaciguó.

Era muy bien sabido que la energía arcana en el ambiente estaba disminuyendo y que ya no había talentos como los de antaño y fábulas que escucharon de niños.

{Si creen poder beneficiarse de mí conocimientos, adelante.

Pero tienen el talento de reproducir lo que acabo de hacer} Entendiendo el mensaje, los ocho aunque cuentan con las mayores reservas, conocimiento de sus años dorados, pero ya no podían reproducir ningún logro notable en la rama de la magia arcana y hasta ellos entendían que en el futuro: los Toritos y Yukino, competirán por el liderazgo de Japón, ya que su trabajo en la rama tecnológica junto a la integración de la energía arcana.

—¿Qué nos garantiza que algún clan extranjero no viniera y te convenciera a irte con ellos?—.

No pudiendo dejar una incertidumbre que no se podía variar a su conveniencia ni manejar, las palabras de Yukino Jyn era algo que tenían presente en cada uno.

—Parece que mis palabras no se han entendido, no hay nadie en el mundo que pueda convencerme en trabajar—.

Soberbio a los oídos de los ocho peces dorados y a todos que agudizar el sentido para oír.

—Grandes palabras para un muchacho que apenas entiende el mundo.

Crees que tu petulancia será tolerada por qué eres valioso—.

—Negima kenta-sama, no es petulancia, me bastó en seguir un camino solitario que ya se acabó.

El conocimiento y herramientas arcanas que pueda crear no servirán de mucho en unos 100 o 200 años en el futuro bajo la tecnología y esa es la mejor expectativa.

El mundo que veo es solo el de unos náufragos en mantener la mejor tabla para flotar, pero todo es inútil al paso del tiempo—.

—Pues estos náufragos no dejarán que nadie le arrebate sin antes llegar a tierra firme—.

—Kenta…—.

Parándose al lado de Nagima Kenta, Lingh Blaz miró de pies a cabeza a Javier, que no se inmutó bajo la presión de esos dos.

Comprendiendo Light Blaz que no era el camino al soportar su sola presencia que haría mojar los pantalones a los débiles de carácter, le preguntó.

—¿Y qué propones, si no piensas seguir a nadie?—.

—¡Blaz!—.

—Entiendo tu malestar, pero, como dijo el joven Javier, aunque le quitemos su conocimiento, nunca podremos replicar lo que hizo.

Por eso, no es mejor trabajar en conjunto en vez de apartarlo—.

-Pescador descarado, quieres atraparme en tu red y ponerme bajo órdenes de los 8 peces dorados, muy bien seguiré su juego, al final el que mayor se beneficia de esto soy yo, les sacaré el jugo-.

No sabiendo los pensamientos de Javier, pero si los sabría no hubiera dudado de matarlo.

Javier sacó de su bolsillo una lista.

—¿Qué es?—.

—Me gustan las cosas antiguas—.

Si solo Ryuto estuviera presente, se daría cuenta de que la hoja que había entregado a Light Blaz era la misma que Javier entregó y devolvió por no poder proveerlo al ser cosas casi inexistentes y sin valor a menos que sean un coleccionista.

—¿Qué significado quieres que tome?—.

—Mis honorarios de pago, me gusta coleccionar cosas de la era dorada para un mago arcano.

Tenía intenciones de comprarlas o encontrarlas en una subasta, pero un amigo me dijo que era algo que un coleccionista o grandes clanes tuvieran.

Claro que no pido todo lo de la lista, pero sí una o tres cosas de ellas—.

—Y si te lo entregamos—.

—Fabricaré un único objeto para cada uno: regeneración, psíquico, ataque, defensa, fortalecimiento, nutrición, desintoxicación, bolsillo dimensional, etc.

Puedo incluir algunos de ellos, oh si tienen alguna preferencia pueden indicarme—.

Estupefactos, con la boca abierta, Javier terminó diciendo.

—Ahora si pueden dejarme entrar en la mazmorra del éxodo—.

Mirándose entre ellos, devuelven su mirada a Javier, que parecía mucho más emocionado.

—No sé cuál es la prisa por la que tienes por entrar a la mazmorra del éxodo, pero nosotros aún no hemos terminado de hablar de tu tratamiento—.

—Ahh, porque no simplemente hacemos un contrato.

Mientras no sea demasiado exigente y me dejen actuar a mi libre albedrío dentro de Japón.

También me comprometo a no interferir con los asuntos de los clanes.

Adicionalmente, quiero unas ocho salvaguardias, por si ocurre algún accidente donde tengamos nuestros roces.

Como su maestro rúnico crearé anillos interespacial, arreglaré objetos que tengan y también puedo crear formaciones rúnicas, ya sean de defensa, matanza, entrenamiento, etc.

Les cobraré la mitad de precio todas esas cosas y como mis primeros clientes, también puedo ayudar a los más jóvenes de sus clanes a entrenarlos, puede que no sea como un maestro rúnico, ya que no solo se debe de tener talento, para aprender.

También me pueden pagar con cosas antiguas como lo que está en la lista, o libros de esa época.

Tampoco podemos olvidar que tengo pase libre a todas las mazmorras que se abran dentro de Japón—.

Dejándolos con la boca abierta al escuchar hablar a Javier, Okobi Ayano comprendiendo los puntos, y como una alta informante que tiene oídos por todos lados, hasta fuera de Japón, dio un paso adelante.

—Quieres ocho salvaguardias para que no te matemos y tú tampoco—.

—Sí.

Puede que no sepan, pero un maestro rúnico no es un título de nombre.

Puedo provocar mucho daño si se me da tiempo y recursos, pero eso da pereza y provoca problemas—.

Okobi Ayano comenzando a entender la mentalidad y los intereses que mueven a Javier, prosiguió.

—…

¿Y si tú metes las narices donde no debes, cómo nos compensa?—.

—Mm, bueno, si puedo solucionarlo con mi conocimiento o algo que pueda hacer, no tengo problemas en compensarlos.

Pero, si las cosas van a un extremo de asesinato a alguien que protejo, escucharía ambas partes.

Si reconozco que necesita mi protección, utilizaré la salvaguardia en el peor de los casos, si la negociación fracasa—.

—Muy bien—.

Fue el primero en aprobar, Negima Kenta.

No siendo algo sorprendente al escuchar hablar diplomáticamente a Javier, los demás, analizando cualquier pérdida en su círculo de influencia, aceptaron.

—El segundo punto.

¿Qué cubre los fósiles y libros con el valor de tus objetos rúnicos?—.

—Depende de lo que esté escrito en el libro.

Por otra parte, los fósiles, puedo crear una docena de anillos interpaciales, con el diámetro de 5×10 con un tiempo 10×1.

También puedo crear formaciones rúnicas o armas rúnicas—.

—Aceptamos—.

—Lo acepto—.

Respondiendo al unísono, Lingh Blaz que a nadie le sorprendió que aceptara, ya que conseguir cosas rúnicas por un precio tan accesible como deshacerse de algo que llena polvo en las arcas del clan fue propicio.

Pero al oír la voz de Torito Aiko, todos la voltearon a ver, puesto que todos saben lo obsesionada que estaba en su investigación.

—Parece que estamos haciendo unos grandes avances—.

Dijo de buen humor Javier al ver que todo salía sin muchas complicaciones.

—¿Has dicho algo de entrenar a nuestros jóvenes?.

¿En qué materia te refieres?—.

—Siendo sincero, a muchos de lo que he visto les falta entrenamiento para controlar su energía arcana.

También puedo ayudar a mejorar en lo que ya sepan y bueno, veremos qué puedo hacerles superar—.

—No suenas nada confiable—.

Con una sonrisa rígida, ante el comentario de Okobi Ayano, le respondió sinceramente.

—Es porque sería la primera vez enseñando a otras personas—.

—…

Veremos a futuro.

En cuanto a tus movimientos—.

—Si quieren ponerme vigilancia 24/7, no tengo problemas, mientras esté fuera de mis puertas—.

—…

En cuanto termine toda esta expedición a la mazmorra del éxodo, tendrás un contrato con varias pautas que debes acatar, mientras respetamos tu libre albedrío—.

—Okay, no tengo problema, mientras no sea desventajoso para mí.

Ahora sí, tengo pase libre—.

—Antes de eso—.

Disgusto, ante la pegajosa voz de Radiante Hayato, que como bufón, con su sonrisa maquiavélica, se dirige a uno de los ocho peces dorados.

—Puede que algunos temas ya están zanjados.

Pero entrar en cualquier mazmorra no es un paseo por el parque.

Así que…—.

Un sínico sádico, parecía más a gusto el ambiente de que lo odiaran, sin importarle que Ryuto Korei abofeteó la mano que intentaba reposar en el hombro.

—…

¿Qué tal un combate con uno de los Ryuto?.

Después de todo, fueron los que dieron el pase al niño Javier—.

Sorpresa que se convirtió en expectativa en todos los presentes.

Por su parte, a Javier, le molestaba con el tono en cómo le decía niño.

—Tú, ¡cómo té…—.

—Me parece una muy buena idea—.

Dudando de que estuviera escuchando mal, Ryuto Korei miró a todos los demás que estaban igual de desconcertados por la sugerencia maliciosa de parte de Radiante Hayato.

—¡Negima-sama!, porque aceptaría tal disparate.

Puede que haya dado una de las pocas plazas de entrada, al no saber sus habilidades como maestro rúnico, pero mandarlo a un peligro, es comerse los anzuelos antes de pescar—.

—Tampoco estoy de acuerdo con tal decisión, Negima-sama.

Dejarlo que ingrese a las mazmorras, no es asunto de risa, ya es difícil mandar a nuestra descendencia y que muchos no regresen—.

—Estás insinuando que nuestras prácticas son innecesarias—.

Pálida ante la presión de la sed de sangre de Ligh Blaz, sin dejarse intimidar, ni mancillar el título que recibió para ascender como líder del clan Okobi y ser conocida como la entrelazada Ayano.

—…

prefiero no hablar de estos asuntos de forma abierta.

Pero, debió haber leído los informes de cada año… Las rarezas únicas que proporcionan las mazmorras, ya no son plausibles, si las pérdidas son mayores que los beneficios—.

Inmutable para los demás y conocidos, con esa expresión fría que prioriza a los ocho peces dorados y no como individual.

Pero la persona llamada Ligh Blaz comprendía y era una de las preocupaciones que tenía.

Cada informe que recibía en general no parecía obvio, pero analizando individualmente las pérdidas humanas, no era chiste.

Se estimaba que por cada 10 individuos que entraban por cada clan de los ocho peces dorados, sobrevivían 6.

80 individuos altamente entrenados, con recursos abundantes, seleccionados para ser la columna vertebral de cada clan, apenas, salían 32 individuos que eran valorados como ese 1% entre todos los clanes.

Pero ese filtro era de doble filo, una herida abierta que no dejaba de sangrar.

—Comprensible, pero si es lo que te preocupa, no sería mejor llevar a un especialista como un maestro rúnico—.

Frunciendo el ceño ante la contradicción que decía Ligh Blaz, Asai Dachi viendo que las cosas no avanzaban, dijo.

—Apoyo la idea, no solo será un buen aliado, también podemos comprobar lo que en verdad es un maestro rúnico—.

—En mi juventud, he leído en documentos de las hazañas del maestro rúnico Zhao en batalla, así que me sería gratificante poder ver al joven Javier, mostrar lo que está hecho y no tener que preocuparnos de que pierda la vida tan fácilmente—.

Perplejos al oír a los dos más altos cargos aprobando que entrara a la mazmorra del éxodo, Okobi Ayano no podía creerlo, miró a Ryuto Korei que se acercó Asai Dachi que también apoyada para discutir de su decisión y a dos de ocho que todavía no hablaban, pero que en sus ojos ya sabía qué decisión había tomado.

Dejando escapar un suspiro desesperante, Okobi Ayano les dijo.

—…

Si así lo decidieron, no tengo que molestarme en gastar mi aliento—.

Retirándose de la discusión, Ligh Blaz y Negima Kenta se acercaron a Ryuto Korei para escoger a uno de los mejores magos arcanos en el clan.

Mientras tanto, Javier miraba divertido la discusión.

-Como siempre los que están arriba, hacen todo a su manera, sin preguntar a los de abajo.

Bueno, tampoco me quejo, ya que hice lo mismo cuando era el jefe de logística en la empresa, no podía importarme si alguien se enfermaba.

¡Después de todo, si yo la paso mal, todos lo pasan mal, hahahaha!!-.

¡Ruff!

¡Ruff!.

—¿Mm?.

Hasta que te liberaste de la punción, tranquilidad.

Trata de no hacer tanto escándalo o lo haré de nuevo—.

¡Woof!

Asai Yuuko que se había mantenido al margen con Lola a su espalda, mi a dueño y mascota que parecían comunicarse y al ver a Polaris quedarse agarrado en el hombro de Javier, se rio.

—Tan gracioso te parezco—.

—Un poco.

Hablas mucho de que no te gusta, Polaris, pero mira que la consientes—.

—Hmph, no me gustan los perros, pero ya acogí a Polaris y, como miembro de la familia Valderrama, velaré por ella igual como lo haría con la Emperatriz, pero ella no me quiere, se la pasa más con Yami—.

—Ehehe, dicen que los animales son la personificación de su dueño—.

—Geh—.

—Ehehehe—.

Sonriendo al verla reírse, intento cambiar el tema.

—Por cierto, ¿está bien que no te acerques?—.

Entendiendo Asai Yuuko, su vista se basó en la reunión de los jóvenes de distintos clanes que comparten y difieren de edad.

—No hay necesidad, muchos de los presentes no es la primera vez que entran a la mazmorra del éxodo y ya hemos tenido una reunión antes de venir al templo Tsukiyo.

Saben lo que tienen que hacer una vez adentro.

Este pequeño banquete es para que charlen entre los distintos clanes que compartirán los mismos destinos y también la última cena—.

Rodeando una atmósfera solemne, Javier dejó de mirarla y vio los rostros de hombres y mujeres jóvenes que sentían curiosidad por el aclamado maestro rúnico que ahora se iba a enfrentar a una pelea organizada.

Habiendo elegido al que iba a probar la fuerza de Javier, Ligh Blaz se acercó y le dijo antes de marcharse a su asiento.

—Muéstramelo de lo que un maestro rúnico es capaz.

Al igual que las leyendas—.

Asintiendo, le pasó a Polaris, que con sus garras intentó que la tarea no fuera fácil, pero al final se la dio a Yuuko que la contuvo.

—Mm, debo decir que sentí rabia cuando me enteré de que uno de los cupos limitados fue dado a un completo desconocido, mucho más al enterarme de que era alguien fuera del clan—.

Delante de Javier, se encontraba un joven hombre, vestido de manera casual, al igual que la mayoría que iba a participar, con el distinguido emblema del dragón esmeralda bordado en la manga de la camisa.

—Oh, ¿qué sientes ahora?—.

Preguntó mientras examinaba las expresiones del joven que contenían felicidad y ferocidad para luchar.

—¡Excitación!.

De niño leía muchas veces el libro de las pérdidas.

La profesión de maestro Rúnico fue una de las más habladas al ser un especialista de nivel divino.

Según los escritos, cuentan que esta profesión era valorada ampliamente por los Dioses, hasta se dice que muchas de las mazmorras fueron hechas por tu profesión.

Probar mis habilidades marciales, es un honor.

¡Solo espero ser suficiente!—.

Estallando una gran energía arcana amarilla, que difuminaba todo color hasta quedar un resplandeciente dorado.

Y como si fueran olas embravecidas, la presión empujaba todo a su paso, para Javier, solo era viento fuerte que le despeinaba.

De inmediato, estallaron estruendos y estallidos ensordecedores que hicieron temblar los oídos de los espectadores.

Se lanzó como un cometa.

—¡Gran Estallido Solar!—.

Rugió, apareciendo en un parpadeo bajo Javier, lanzando una patada ascendente a la barbilla.

Apenas moviendo la cabeza lo esquivó Javier, pero por un instante quedó desorientado.

El joven aprovechó la apertura: con las manos en el suelo, giró su cuerpo, lanzando patadas giratorias.

Pero Javier logró detenerlas antes que tomaran fuerza y velocidad, al precio de sentir cómo el brazo se entumece al igual que el resto del cuerpo, como si lo hubieran electrocutado.

Sin perder el ritmo, el joven utilizó solo las fuerzas de sus brazos para saltar y darle una patada al hombro desprotegido de Javier.

El golpe resonó como un trueno, expandiéndose en ondas a los alrededores, que lo sintieron como un golpe seco en sus entrañas.

Aun en el aire y sin perder el ritmo, el joven es flexible para moverse como las serpientes.

Su pierna, como las guadañas de la Mantiz, utilizó su parte trasera de la rodilla para apretar el cuello de Javier, y con un giro violento de todo el cuerpo, se ejecutó el movimiento.

¡Crack!

—Vaya… ustedes sí que no se andan con rodeos—.

Susurró Javier con voz débil mientras su cuello se quebraba con un sonido macabro.

Atónito, el joven retrocedió de un salto, tomando distancia.

—¿Te preguntas por qué no estoy muerto?—.

Javier enderezó el cuello con un crujido antinatural—.

—Sentí cómo lo rompí.

Pero ya no importa.

Sigues de pie, solo tengo que decapitarte para ver si también te regeneras de eso—.

—Pensé que era una exhibición de habilidades…—.

—Entrar en una mazmorra no distingue entre importantes o no.

Una vez dentro, no hay distinciones.

Solo nuestros camaradas de armas pueden salvarnos.

Si mueres es porque te falta habilidad… y arrastrarás a todo tu equipo contigo.

Dijo el joven con tanta calma y frialdad, la convicción de sus palabras, no eran algo que una persona con veinticinco años pudiera decirlo con tanta indiferencia.

—… Comprendo.

Parece que me lo tomé a la ligera—.

Murmuró, dejando escapar un profundo suspiro.

Javier, que nunca había estado en batallas donde su vida estuviera realmente en juego, más allá de las veces en que recibió disparos en piernas o brazos cuando aún era humano.

Aún recordaba aquella sensación que sacudía su núcleo del Dios Hentai: la mirada de odio que trascendía tiempo y espacio.

Ya no podía olvidar esa mirada que parecía tenerlo, a pocos metros, al Dios de la Guerra.

Una vez más, replicó una pobre pero peligrosa intención asesina.

Para los mortales, era como estar frente a un depredador.

Ryuto Kaito, que esperaba el movimiento de su oponente, percibió algo extraño: podía ver docenas de huecos en la defensa de Javier, sitios donde asestar un golpe mortal… pero algo no encajaba.

-¿Qué esperas…?

Está ganando tiempo para regenerarse, pero no noto ninguna fluctuación en su… ¡!-.

—Je, je, je… maldito monstruo.

Así que te pusiste serio—.

Susurró, temblando, sin poder evitarlo.

Aunque su mente veía decenas de aperturas, su cuerpo se negaba a moverse.

Sintió que todas eran trampas mortales, fintas destinadas a atraparlo y matarlo sin remedio.

—Tch, no me jodas… ¡No he sobrevivido a la muerte solo para acobardarme ahora!—.

Gritó, mordiéndose la lengua con furia, para volver a recuperar el control de su cuerpo, dejando que un hilo de sangre resbalara por su barbilla.

—¡Defiéndete!—.

Apenas salió la advertencia de Javier, este ya estaba frente a él, que aún podía ver la imagen que se disifunaba, allá atrás.

Ahora, frente a un puñetazo devastador que sentía que era imposible esquivar o correr, su siguiente movimiento lo dio con todo.

—¡No me subestimes!.

¡Siete Picaduras Rasgadas!—.

Sin dudarlo, Kaito concentró toda su energía arcana en un contraataque brutal.

Siete estruendos sacudieron el campo; la temperatura se disparó a más de cien grados en un instante.

Sus puños chocaron, en un impacto que desató un vendaval.

Las mesas y los esclavos salieron volando hacia el cielo.

Los demás presentes, guerreros experimentados, usaron su propia energía arcana para mantenerse firmes, como grandes montañas cortando el viento.

Todos pudieron ver la escena sin atreverse siquiera a parpadear: Ryuto Kaito fue lanzado hacia atrás, envuelto en una nube de sangre.

—¡¡¡Todavía no!!!—.

Rugió Kaito con los ojos inyectados en sangre.

Adormeciendo el dolor con la adrenalina y la voluntad de no caer sin pelear, aun después de haber perdido el brazo, una exquisita armadura arcana cubrió su cuerpo.

De alguna manera, recuperó la posición: clavó los pies en la tierra, frenando su deslizamiento, y una lanza surgió en su mano mientras entonaba un hechizo.

—¡¡Flujo!!.

¡¡Cascada!!.

¡¡El que llamó al emperador, el que vio al humano en desgracia… la fortuna es torturada por el abismo de la ambición!

¡¡Dragón alado, señor del Trueno!!—.

Rodeado por aguas místicas, su cuerpo fue envuelto en la forma de un majestuoso dragón alado, símbolo de una raza noble y salvaje que surcaba los cielos en un baile de grandeza indomable.

Javier, viendo cómo su oponente liberaba su técnica suprema, no pudo evitar emocionarse.

—¡Ahahaha!

No se esperaba menos de un Ryuto.

Tierra, más agua… lo que surge es un pantano.

¡Remolino Pantánico!—.

Creando runas con su propia energía, Javier invocó un gigantesco remolino de agua fangosa que emergió de la nada.

¡¡BOOM!!.

El estruendo fue brutal, dejando a algunos sangrando de sus oídos.

El dragón Alado, señor del Trueno, chocó de frente contra el Remolino Pantánico.

El choque liberó truenos y relámpagos que elevaron la temperatura, fundiendo los adoquines bajo sus pies en piedra derretida.

Todos los presentes pudieron ver el duelo de titanes: la lanza más poderosa contra el escudo, imparable.

Ninguno de los dos cedió.

Los relámpagos y truenos como azotes que fracturaron el firmamento azotaron con fuerza el remolino pantanico que poco a poco se hundía.

—¡¡Todavía no acabo!!—.

Anunció Javier.

Llevando la vista a su espalda, comenzó a trazar runas con su mano.

Su voz se elevó: —¡Planta!.

¡Gran Prisión del Manglar!—.

Sin previo aviso, docenas de troncos retorcidos surgieron de las aguas fangosas, moviéndose como serpientes vivas, enredándose una sobre otra hasta rodear al Dragón Alado, señor del Trueno.

Pero domar a un dragón, o a la imitación de uno alimentado por la voluntad indomable de Ryuto Kaito, no era tarea fácil.

Los truenos ardían con su convicción, quemando todo lo que tocaban.

Sin embargo, por cada enredadera destruida, otra docena emergía, hasta que el dragón se vio atravesado por todas partes, su cuerpo cubierto de ramas que lo inmovilizaron en una imagen aterradora.

¡¡Crack!!

Segundos después, el hechizo de Ryuto Kaito se rompió, revelando su estado: su cuerpo estaba atravesado por ramas, igual que el dragón ilusorio que había invocado.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES GREMORI_ZERO_666 Buenos días, tarde y noches, queridos lectores.

Les presento el nuevo capítulo de la semana, para aclarar solo abra un capítulo por semana, es decir los lunes.

Cave aclarar que los capítulos podrán aumentar si veo más interacción, es decir, comentarios y reseñas.

Disfrútenlo, si pueden ¡ahahaha!.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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