Me convertí en el Dios hentai. ¿Y que? - Capítulo 79
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- Capítulo 79 - 79 Lunes 29 Abril Banquete en el templo Tsukiyo Quinta parte
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79: Lunes, 29 Abril (Banquete en el templo Tsukiyo Quinta parte) 79: Lunes, 29 Abril (Banquete en el templo Tsukiyo Quinta parte) Buenos días, tarde o noche, a todos mis lectores que siguen capítulo a capítulo esta web Novel.
Si abran leído el aviso anterior, ya deben de saber que mi cuenta de Google fue inhabilitada y todo se perdió, desde los capítulos ya listos asta mis cuentas en otras páginas que subía los capítulos.
Por suerte la atención al cliente de la web novel atendió rápido mi caso y no perdí también la cuenta de donde subo mi contenido, gracias a eso no tuve que dar tantas vueltas.
Con respecto a las publicaciones que hacía cada lunes de cada semana, tendrán que aplazarse, ya que como saben tengo que recordar todo y escribir de nuevo lo que había avanzado.
También aunque nadie lo ha hecho, mi cuenta de Ko-fi también la perdí, por suerte no la de PayPal, si alguien quiere colaborar para traer por un momento un destello del mundo Hentai, pueden mandarme un mensaje y les mandaré la cuenta.
Bueno, eso es todo, no les hago perder más tiempo y disfruten de la lectura.
—————————— Polaris dejó de ladrar por gemidos de preocupación que lo combinaba con lamidas en las mejillas pálidas, un poco frías.
De inmediato, con la mano sana, ya que todavía tenía que fingir, dejó que su antebrazo esquelético colgara por un par de horas más.
Agarró la rama y se la retiró de un tirón.
-Intestino, vejiga y estómago han sido perforados, sin daños a vasos sanguíneos importantes, así que puede soportar unos segundos más, antes de entrar en un shock hipovolémico-.
Instantáneo el análisis, igual que su decisión.
Desangrándose sin control, Javier toma un poco de la sangre que teñía el abdomen de la joven esclava para escribir una runa sobre ella.
—Oh, pequeño resplandor, tú que das el aliento de la vida, da por medio de esta ofrenda, la gracia de tu benevolencia—.
Al tiempo que el cántico rúnico y la runa se formaban, un destello carmesí cubrió a la joven esclava.
La perforación del tamaño de un pulgar se fue cerrando, dejando, en el proceso, una estela de humo.
Desapareciendo la runa de sangre, Javier toca el vientre suave pero pegajoso por la sangre.
—Órganos perfectos, los desperdicios del intestino, desaparecieron y las bacterias que harían un posible caso de tétanos o peritonitis, tampoco están—.
—Jo, así que también puedes hacer este tipo de cosas, eres todo terreno.
Un vistazo hacia el que lo elogia, a un lado de Javier se encontraba un joven de contextura fornida, vestido minimalista; camisa azul claro, pantalón chino beige, cinturón marrón, y unos zapatos mocasines.
Rascándose la barba, miró con interés a Javier.
—¿Uno del clan Ryuto?—.
—Seré el líder de la expedición, Ryuto Shun, un gusto caballero Javier—.
—Igualmente, Shun-san—.
Dándose un apretón de mano, sin considerar que estaban manchadas de la sangre de la joven esclava, Ryuto Shun solo sacó un pañuelo de su bolsillo trasero y lo guardó después de limpiarse.
—Será un gusto tenerte en nuestras filas, con tu fuerza y habilidades curativas médicas, no te importa tomar la retaguardia.
Así podremos tener un alivio y podremos reagruparnos sin consideración de tener miedo a lastimarnos—.
—No veo problema, desde el principio pedí un cupo que debió ser para uno de tu clan.
Pero, tengo entendido que una vez que se entra, se teletransporta en una zona aleatoria—.
—Hay un patrón que se repite y es que, aunque ciertamente es aleatorio, en varias zonas la distancia es a lo mucho medio a un kilómetro.
Desafortunadamente, los aparatos eléctricos no funcionan dentro, pero a lo largo de los años se ha desarrollado una magia que se incorpora en los trajes bostezos kármicos, localizando de uno a dos kilómetros—.
—Oh, qué interesante magia de localización.
Pero si el individuo muere, ¿el traje aún lo localiza?—.
—Ya se aprendió del pasado.
Por otra parte, si no hay compañeros cercanos, tendrá que avanzar solos y rogar que el traje localice a otro—.
—Una prueba bajo presión, metal y constante peligro de muerte.
No por nada, todos aquí ya tienen experiencia luchando—.
—Aun cuando cada clan es individual con métodos de enseñanzas diferentes, todo tiene algo en común y es que, a la edad de cinco años, se los lleva a mundos bolsillos hostiles—.
—Mm, supongo que están protegidos por los más experimentados—.
Asintió Ryuto Shun y miró el brazo aún huesudo que colgaba sin fuerza.
Que Javier notó.
—En un par de horas, volverá a la normalidad.
Más importante, ¿de quién es esta esclava?—.
—Un alivio escucharlo, solo esperemos que sea antes de entrar a la mazmorra del éxodo.
Permíteme—.
Acuclillado, al ver que la insignia habría sido arrancada junto con la capa de humo, teniendo que girarla para ver la espalda desnuda, donde de forma sutil, por medio de energía arcana el tatuaje del unicornio del clan Okobi, mordía una cuerda y este se extendía hasta el cuello donde un tatuaje de un cuerno de doble punta se dibujaba.
—Es la esclava del clan Okobi—.
—¿Sabes por cuánto me la venderían?—.
—Si te interesa, puedes—.
—Puedes tenerla—.
Interrumpió Okobi Ayano.
Mirando de dónde se transmite la voz jovial de la jefa del clan Okobi.
Okobi Ayano, de un humor festivo que no dejaba de acariciar con la yema del dedo la pulsera glatina, estaba sentada con los demás jefe de clan.
—Está segura.
No gastaron tiempo para su formación—.
—Crees que esa esclava es más valiosa que la pulsera glatina que hiciste—.
En un tono burlesco, señaló a la aún inconsciente esclava.
Javier no necesitaba decir algo más, al ver que en sus ojos no eran más que herramientas.
—…
Para nada, solo pensé que eran más valiosos los esclavos de cada clan—.
—Sería el caso si trabajara dentro del clan.
Pero cada uno de los esclavos aquí reunidos, han sido criados exhaustivamente separados de la rama principal del clan y hoy era su debut, antes de ingresar—.
—Oh, entonces no me reservaré.
Puedo pedirle que quite el sello de esclavitud de su clan—.
Con un gesto de la mano, el tatuaje del unicornio mordía la cuerda alrededor del cuello y se formaba un cuerno de doble punta, en la garganta de la joven.
Desapareció como un espejismo.
—Ahora puedes marcarla como tuya y si ves a alguna que te interese, solo dímelo y te la regalo—.
—Muchas gracias—.
Dijo para darle la espalda y arrodillarse para poner su firma.
—¡!…—.
-¡Por qué tengo que recordarla!-.
Al recordar las palabras de Yami que se repetían en bucle en el cerebro y como si no le bastara, sintió su presencia en susurros, demoníacos, que lo llenaron de vergüenza.
{¿Por qué lo ves como un accidente?.
Si sigues viendo todo como un error, estás muy lejos de convertirte en el Dios hentai, que eres.
También, parece que no estás dejando esas inútiles prácticas, ni te deshaces de esa ridícula insignia que solo serviría como estampado para la basura, y ese es el mejor término para su utilidad.} Imaginando la insignia del Dios hentai que apenas utilizo algunos minutos para hacerla.
Javier mientras más la miraba, una duda se plantó, a la vez que recordaba el templo del Dios de Dioses y demás Dioses junto con las runas que podía crear y decir que era un experto frente al público cuando la verdad era que compró un libro de runas en la tienda del Dios hentai.
[Compendio de Runas Arcanas.
Escrito por Twin Slinfer.
Costó: 34 millones de puntos h] -Puedo decir que valió la pena el gasto-.
Quiso reírse, pero la amargura, junto a la vergüenza que la insignia que lo representaba, no podía compararse con la más básica runa arcana.
Sin más, Javier utilizó una simple runa de rastro en el vientre de la jovencita esclava.
—Por ahora, dejaré una runa de rastreo.
Quiero tener más tiempo para grabar mi insignia en su cuerpo—.
Una excusa barata para ocultar la pena, de mostrar su insignia.
—… ¿Dónde la puedo dejar descansar mientras estoy fuera?—.
Pregunto al azar.
—Lola, proporcionarle su habitación—.
Al escuchar salir de la boca de Ryuto Korei, su nombre, sin preguntar, Lola se inclinó con gracia, dirigiéndose a Javier y su nueva esclava.
—Espero que no les importe que le proporcione por adelantado su cuarto—.
Dijo Ryuto Korei a los restantes peces dorados.
—Si muere, volverá a manos de los Okobi y la habitación se dispondrá del que se la merezca—.
Tan casual al referirse a la muerte de alguien, Negima kenta miró a los demás miembros y sin ninguna oposición, no se siguió con el asunto.
Por otra parte, Javier que veía a Lola encargarse del alojamiento de su primera esclava, regreso la mirada a Ryuto Shun que pareciera tener algo más que decir.
—Que tal si nos sentamos—.
Sugirió a donde estaban Asai Yuuko y Okobi Esmeralda, algo que aceptó, asintiendo.
—¿No pensé que te interesan las esclavas?—.
Pregunto Asai Yuuko, de forma desinteresada, mientras acicalaba a Polaris en su regazo.
—Nunca tuve oportunidad de tener una, así que será una buena experiencia en como tratar a una—.
—Yuuko-san, Esmeralda-san, es bueno volver a verlas—.
—Shun-kun, no pensé que participarías, no volviste hace un par de meses de la mazmorra Colmillo redentor—.
—Shun-san es bueno, verte con buena salud.
¿Pero no estabas herido?—.
A diferencia de Esmeralda, que era más coqueta desde el tono de voz y sus expresiones, Yuuko lo trataba de forma amistosa.
—Las heridas eran menores de lo que se rumorea—.
Exudando confianza desde su postura y vitalidad apretando el puño, se sentó al lado de Esmeralda y Javier a la de Yuuko.
—Antes que nos interrumpieran, surgió tu nombre—.
—Mm, hablando mal a mis espaldas—.
—Ehehe, para nada.
Solo estábamos hablando de la primera vez de Yuuko, y como nos encontramos en el octavo piso—.
—Oh, cómo se va el tiempo.
Recuerdo encontrarla en el cuarto piso.
Fue una vista memorable que te deja sin aliento—.
—Podrías no hablar de eso, aquí—.
En vano, la petición envuelta de vergüenza, hizo que Esmeralda y Shun se rieran al verla sonrojada.
Curioso y con la mirada de querer saber más, Esmeralda continuó por Shun.
—Si no recuerdo mal y como me contó Shun, esta pequeña amiga mía, estaba atrapada en un callejón sin salida.
Cuando el traje de Shun captó la señal del traje Yuuko, fue a reunirse, pero lo que encontró fue un río de sangre, formado por una manada de Leones cola de zorro, despedazados—.
Echándole un vistazo a Yuuko que permanecía callada, estaba colorada, concentrándose solo en acariciar el pelaje de Polaris.
—¿Lo hiciste sola?—.
De forma natural, Javier puso en duda las palabras de Esmeralda, al ver los flacos brazos de Yuuko y tampoco podía imaginarse a una con tan solo diez años hacer eso.
Shun comprendía por qué no podía imaginarse ese hecho, pero antes de que pudiera hablar entre risas, Yuuko lo confirmó, con la voz apagada.
—Todo es cierto… ¡Pero!…
No tenía de otra, cada vez que mataba a una, rociaban feromonas que llamaba a más a los de su especie—.
Recobrando la compostura, Yuuko dejó escapar un largo suspiro para proseguir.
—Rodeada y sin tener ayuda, forcé una ruta y escape, pero pisándome los talones, no llegué muy lejos, por suerte encontré una cueva angosta, durante esa casi media hora—.
Y como imaginaran, al ser pequeña me beneficio, tornándose a mi favor.
Javier tenía idea de cómo eran los leones cola de zorro, al ser descritos en el libro de mazmorra entregado por el clan Ryuto.
Descrito con la altura de 70 cm; pequeños para tener el nombre de León.
Músculos que no eran fáciles de cortar ni penetrar, sin la habilidad necesaria o la fuerza que se requería.
La única oportunidad de carecer de ambas, era penetrar la boca o algún orificio de la cabeza.
Pero tal riesgo no valía la pena por dos motivos: Uno era que dentro de la boca, en vez de colmillos y lengua, era sustituido por hojas parecidas a dientes de león; estas destrozaban todo lo que entraban en contacto; la única forma era la velocidad de pasar esa defensa.
La otra era una vez muerto, igual que los dientes de león que salían volando en su temporada y comenzaban su ciclo en nuevas tierras, estos, en cambio, votaban feromonas que una vez eran matados, se activarán y su manada comenzará la cacería.
Shun añadió.
—Si no mal recuerdo en total pudimos recolectar unos 143 tendones, y unas 208 colas.
Ya que por la forma de luchar, algunos quedaron hechos puré—.
—Ya lo he dicho mil veces.
No podía permitirme ser suave solo por recolectar material—.
—¡¿?!—.
—Ehehe… por tu expresión, puede que nunca hayas visto luchar a Yuuko—.
Sin querer ser demasiado obvio, Esmeralda solo se rio más fuerte moviendo sus agraciadas piernas debajo de la mesa.
Yuuko ofuscada, pero sin el ánimo para molestarse más por esa historia, lo dejó pasar, algo que Shun solo hundió los hombros en mejor no meterse y dejar hablar a Esmeralda.
—La única descripción que se me viene a la mente, cuando la ves luchar a un glotón (Wolverin), ¿no sé si lo has visto?, pero esas pequeñas pueden matar a un oso grizzly y si se lo permiten las condiciones una manada de lobos.
Por eso la llaman…—.
Captada las intenciones, Shun anuncia el apodo, el cual era conocida Yuuko.
—¡Bestia sangrienta!—.
X 2.
—¡¡Nunca aceptaré ese apodo!!—.
Reclamó en vano, aunque su puño había golpeado la mesa, haciendo saltar la comida, regando el contenido de los vasos.
—Más y más estoy intrigado por qué ese apodo—.
—Por lo general un apodo cambia al paso del tiempo, pero el estilo de pelea de Yuuko-san, no ha ayudado mucho—.
—El primer apodo que me pusieron fue la golondrina—.
—Oh, ¿es por tu estilo de pelea o por tus bestias contratadas?—.
—Mm…—.
Un toque pensativo mientras el dedo índice presiona los atractivos labios, dejando una refrescante impresión.
Aclaró, con una sonrisa.
—…
Ambas cosas.
Me especializo en combate a corta distancia, mientras dejo que mis bestias contratadas se encarguen de la lucha cuerpo a cuerpo y larga distancia—.
—Oh—.
—Todavía no te impresiones, soy experta en armas arrojadizas, y tengo un amplio arsenal de bestias contratadas, ya que no soy tan fuerte físicamente—.
Dudoso en creerle, Javier mira a Shun que le explica.
—Ser mago arcano destruye la desigualdad de fuerza que hay entre hombres y mujeres.
Claro, si hablamos de personas normales, Esmeralda fácilmente puede noquear a un hombre que ha entrenado toda su vida.
Pero en el caso de luchar contra otro mago, además del nivel arcano, habilidades y sentido de pelea juega mucho—.
—Solo quiere parecer débil, es igual a esos peces que viven en las profundidades del mar, utilizando las antenas para atraer a su presa.
No, cazadora de mil ojos—.
En una aclaración, al meterse en la conversación, Esmeralda riéndose de la pobre provocación de Yuuko, puso una cara lastimera.
—Qué mala, nunca he hecho eso.
Shun, tú lo sabes, nunca podré ganarte o a alguien de aquí en combate cuerpo a cuerpo—.
—¡ja!.
Todos aquí te conocen, eres una desalmada, provocadora—.
Intervino de nuevo Yuuko y le dirigió una mirada a Shun que lo confirmara.
En fuego cruzado.
Una lastimosa mirada que provocaría mentir antes de decir la verdad.
Una con esperanza que hablara con toda franqueza.
Shun atrapado, sabiendo que sin importar el lado que escoja, él terminará quemado.
Una ayuda inesperada vino.
Al son, de golpes contra las piedrillas que conlleva el tintineo de los anillos.
Cada participante dejó de comer, charlar, levantándose los que estaban sentados, con expresión solemne.
Javier que no sabía qué sucedía la mano de Yuuko lo tomó del brazo para que se levantara sin decir algo, todos miraron en la misma dirección donde provenía el tintineo.
Del bosque de bambú, donde Javier y Yuuko vinieron con el monje, ahora venía el doble tintineo y una agradable fragancia.
Inconfundible la fragancia de loto con sándalo, aparecieron tres monjes.
Dos de los monjes caminaban tres pasos atrás del principal que sostenía a la altura de su pecho una tablilla con la palabra (Éxodo).
A un ritmo pausado, con el tintineo de los bastones cada vez que golpeaban el suelo, se detuvieron frente a los ocho peces dorados.
Una leve reverencia ante ellos, para girarse a los demás presentes.
Javier reconoció al monje que llevaba la tablilla.
—Una vez más, doy la bienvenida a los que fueron convocados esta noche.
Valerosos magos, que sus almas descansen y que su muerte sea instantánea—.
Tétrico, las palabras del monje que a pesar de su apariencia y actuar como un guía espiritual, como había concluido Javier ante su primer encuentro.
Y aun así, nadie se perturbó, a excepción de Javier que lo dejó con la boca abierta.
El monje principal notándose, una sonrisilla curvó sus labios para desaparecer al instante.
—Veo rostros nuevos y muchos aún recuerdo al ser sobrevivientes, victoriosos, trayendo consigo gloria a sus clanes y a Japón.
Jóvenes magos arcanos, la mazmorra del éxodo mata sin distinción ni tendrá piedad.
Recuerden que la única forma de superarla es unir fuerzas, luchar hombro a hombro con sus hermanos y hermanas… Les deseo, guía y fortuna—.
En una atmósfera ceremonial fúnebre, muy diferente a la vibrante, con charlas, risas y un momento ameno.
Todos permanecieron en silencio hasta que los sacerdotes golpearon 8 veces a los Shakujo.
(En la raíz del bambú, reposa el silencio) (En el fluir del agua se extingue el nombre) (En la oscuridad de la tierra, todo vuelve a nacer) Se escucharon los rezos del monje principal, que lo acompañaba con el tintineo de los Shakujo, mientras avanzaban.
Y como una procesión fúnebre, se unieron los ocho peces dorados.
(Caminantes del éxodo) (Hijos de clanes y sangre, no teman a la muerte, pues ella no teme a ustedes) Uniéndoseles, los 10 representantes y concursantes de cada clan comenzaron su camino hacia la muerte.
(Que sus pasos se graben en piedra, que sus voces sean ecos de las sombras, que su sacrificio alimente el mundo, y su gloria permanezca) (Avancen…) (Avancen hacia el vientre del vacío, donde solo los dignos, recordarán el sol) Se repitió el rezo, junto con los ecos de los pasos de magos, que se mezclaban en la cacofonía del susurrante viento, meciendo las ramas y los tintineos.
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