Me convertí en el Dios hentai. ¿Y que? - Capítulo 80
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- Capítulo 80 - 80 Lunes 29 Abril Banquete en el templo Tsukiyo sexta parte
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80: Lunes, 29 Abril (Banquete en el templo Tsukiyo sexta parte) 80: Lunes, 29 Abril (Banquete en el templo Tsukiyo sexta parte) Buenos días, tarde o noche, a todos mis lectores que siguen capítulo a capítulo esta web Novel.
Si abran leído el aviso anterior, ya deben de saber que mi cuenta de Google fue inhabilitada y todo se perdió, desde los capítulos ya listos asta mis cuentas en otras páginas que subía los capítulos.
Por suerte la atención al cliente de la web novel atendió rápido mi caso y no perdí también la cuenta de donde subo mi contenido, gracias a eso no tuve que dar tantas vueltas.
Con respecto a las publicaciones que hacía cada lunes de cada semana, tendrán que aplazarse, ya que como saben tengo que recordar todo y escribir de nuevo lo que había avanzado.
También aunque nadie lo ha hecho, mi cuenta de Ko-fi también la perdí, por suerte no la de PayPal, si alguien quiere colaborar para traer por un momento un destello del mundo Hentai, pueden mandarme un mensaje y les mandaré la cuenta.
Bueno, eso es todo, no les hago perder más tiempo y disfruten de la lectura.
—————————— Como el último de la fila del clan Ryuto.
Un Javier, emocionado como turista en un nuevo país, miraba en cada dirección, entre giros y leve inclinación cuesta abajo.
Con los tintineos de los rezos menguando hasta detenerse, el grupo se detuvo al mismo tiempo y las voces de los 8 peces dorados, al unísono, se hicieron escuchar.
¡¡¡Incipientes del que la sabiduría concedió el fuego!!!.
¡¡¡Quemaron sus manos!!!.
Un leve estremezón que hizo balancear las ramas de los árboles y unos rezagados bambús que apenas podían verse más que por la silueta, debido a la poca iluminación del camino.
Aparte de Javier por su primera vez, fue el único en llevarse un susto al temblar el suelo y al levantar la vista de lo que parecía un camino hacia el pie de la montaña, se reveló docenas de árboles de Sakura, con sus hojas resplandeciendo de un blanco lechoso.
Avanzando, Javier mira lo que es la barrera que muestra el verdadero camino hacia la entrada, a la mazmorra del éxodo que volvió a cerrarse al pasar el último.
—Se les pide que a todos los participantes se preparen para su travesía—.
Anunció el monje principal que se había hecho un lado y detrás de él los ocho peces dorados.
Javier quería atrapar uno de los pétalos o ramas de los milenarios árboles de Sakura que iluminaban su entorno, dejando atrás la necesidad de fuego o alguna iluminación artificial hecha por el hombre.
De una sola planta, la villa que no era para nada pequeña, pero podría decirse que era sencilla, al punto que estaría protegida por su infraestructura que relataría del periodo Nara (710-794 DC) Techo de dos agujas hecho de paja.
Paredes de barro reforzado con madera.
Porche de madera elevado con varios escalones en el centro.
Ocho puertas corredizas de papel con la imagen de los Dioses que adoran los peces dorados.
-Woh, qué bonito lugar, más tarde se los mostraré a las chicas y a Asahi-.
Pensó Javier para volver a su mirada a Polaris, inquieta por salir corriendo de su brazo, para correr por el lugar, cosa que no lo dejaría hacer.
Y la razón por la que estaba muy callada, sin gemidos ni ladridos, era porque Javier escribió una runa de silencio en la capucha, pero no evitaba que se moviera como gusarapo.
Fluido, sin contratiempos, los diez, participantes de los clanes: Light, Okobi, Negima y seguían los Ryutos, para cruzar el pequeño puente que pasaba por encima de un estanque de agua calmado.
Aunque el puente era lo suficiente ancho para caminar 3 personas sin problema, todos pasaban por en medio, pero no pudiendo evitar mirar hacia abajo, Javier se salió de la fila acercándose a la barandilla y mirando el estanque lleno de peces: azulados, rojizos, plateados, rosas, negros.
A pesar de haber docenas para cubrir cada centímetro, la superficie no se ondulaba, parecía más un espejo que reflejaba a Javier y a Polaris.
Distraído, pero sin dejar de mover los pies, cruzó el puente y vio a los del clan Ryuto a la cabeza.
Shun entrar por una puerta distinta a la del resto de clanes, siendo su única diferencia el diseño grabado en el papel.
—…
¿Qué hago contigo?.
Podrás entrar—.
Preguntó poniendo a Polaris cerca del rostro, Javier, que entendía que estaba ladrando, pero gracias a la runa de silencio, este no podía ser escuchado.
Una lamida en la punta de su nariz le hizo escapar un suspiro.
—Te lo cuidaré durante un momento—.
Un par de manos ágiles le fue quitada Polaris.
Javier reconoció la voz de Okobi Ayano y el agradable aroma avellano provenía de ella.
Cruzando miradas, Javier, con precaución y un tinte de sorpresa en el rostro, Ayano le avisó.
—Apúrate, o se te cerrará la puerta—.
Tarde, miro con prisa que ya nadie del clan Ryuto estaba a la vista.
—Por favor, cuídala hasta que regrese, siento mucho las molestias—.
Gracioso ver nervioso a Javier, que corrió y logró entrar justo a tiempo antes de que se cerrara la puerta.
Ayano se rio entre dientes.
—Tu dueño parece muy descuidado… oh, te puso una runa silenciosa, por eso es que estás muy callada—.
De regreso con sus iguales, dejando que el próximo clan, Asai entrarán.
Yuuko que estaba como la segunda en fila, y el que los dirigía, era un hombre desanimado; encorvado.
—Cambia esa actitud tuya, afectas a todos, recuerda que eres el líder de la expedición Asai—.
—Ko-san… ahhh—.
A punto de perder la calma al ver a su líder de equipo desanimado como si nada le importara, se controló.
—Qué bien por ti… fabuloso ser tú… en cambio, yo—.
Sintiendo el cansancio mental que provocaba solo tratar con él, Yuuko solo lo dejó, puesto que se esfumó.
—Ahh, no puedo decir que lo soportaba antes, pero ahora extraño su petulancia—.
Sus propias palabras le hicieron recordar años atrás.
Asai kobuki hijo mayor de Asai Saya, hermana menor de Asai Dachi, terminó siendo el primo cercano de Yuuko.
Con 26 años ha logrado superar diferentes mazmorras dentro de Japón y varias incursiones en conjunto con las con ONG internacionales a la falta de magos arcanos para lidiar antes de que comenzara un desbordamiento de monstruos arcanos.
———- Ayano que volvía a paso lento con Polaris en brazo como un bebe, haciéndole cosquillas en la panza.
—No tenía idea de que te gustaran las mascotas, normales—.
Énfasis en la última palabra, que no se molestó en corregir.
Ayano le dio un vistazo a Jyn Yukino, y le dijo perezosamente.
—Como tú lo dijiste, no me gustan… Mi ojo y mi instinto no fallaron—.
Alzando la ceja al no comprender lo que quería decir Ayano.
Aika que ya quería irse, ya que para una científica ocupada en su investigación, era pérdida de tiempo, que si le dejaran la opción de mandar un representante, no hubiera dudado de desentenderse del asunto.
Aun siendo así, le prestara atención a la charla banal para ella sola, al ser algo que trajo Javier, miró a Polaris y la escaneó con sus lentes hechos por sí misma y no por un problema en los ojos.
—Oxígeno 65%, carbono 18%, hidrógeno 10%, nitrógeno 3% y otros minerales que conforman a este Akita inu…
No hay nada interesante en una especie de carbono, simple—.
Con expresión burlona, por lo miope que eran sus congéneres con su mismo título, Ayano acaricia la capucha del traje de Polaris.
—¿Quién habló de esta cachorra?.
Hablo de esto—.
Confundidos ya que no notan nada extraño de la ropa que vistieron a Polaris: chaleco, falda y un casco donde salían sus peludas orejas, todo en un tono negro con franjas rosas.
—¡!…
imposible—.
—Te diste cuenta—.
Tampoco criticando a su congénere del mismo sexo atragantarse con la saliva, ya que para alguien en el campo del espionaje los secreto que guardaba eran lo suficiente para desatar guerras y una constante amenaza contra su vida, pero que era el pan de cada día el que asume el liderazgo del clan Okobi.
Acercándose con paso tembloroso, Aika no sabiendo cómo tocar a Polaris, está solo la mira, huele y decide con su cabeza alcanzar la mano.
—Ese niño…—.
—Jejeje, ¿cuántos secretos guardará?—.
Respondió en forma de pregunta a la locura por diseccionar en Aika a Javier.
Jyn, no comprendiendo la forma de perder el control en público, aunque ya solo estaban los ocho peces dorados y los tres monjes.
—Porque tanto problema de una simple tela…
¡!…
Ayano-san—.
—Dime Jyn-kun—.
Con una mirada afilada, preparado para desangrar a su oponente con diversos métodos, al tocar el chaleco, casco y falda.
—Solo hay una tela que puede igualarla…—.
—Se queda atrás—.
Anunció con voz profunda Aika.
—Tiene un 50% más de defensa, 75% absorción de impacto, 69% aumenta el ataque, 55% velocidad, 81% conducción de energía arcana—.
—¿Superaría con creces las reliquias?—.
Preguntó con voz sería Ayano.
—El problema no es que lo supere—.
Dijo Aika, pero Jyn la detuvo y tomó la palabra.
—Ayano-san, ¿cuántos años crees que tienen, por lo menos, unos 5 mil años?.
A lo largo de la historia se han dañado y reparado, eso se ha repetido uno y otra vez, decayendo del rango Deidad a inframundo, según los registros que tenemos a mano—.
—…
hablas en serio, está en rango Deidad—.
—Se tendría que poner a prueba, pero con solo tocar el material y la estructura del circuito, es más seguro—.
Sin aliento, Ayano por un momento sintió cómo su mente se volvió blanca, pero una voz autoritaria la despertó.
—Pueden dejar su secretismo y hablar para todos, ¿qué sucede con el perro del chico Javier?—.
—Tenemos un problema mucho mayor en manos, tanto que no podríamos destruirnos—.
Afirmó con seguridad Jyn.
Kenta, aunque quería burlarse de la opinión de un mago arcano que se la pasa mayormente detrás del escritorio.
Al notar que no era broma por la seriedad que compartían Aika y Ayano, se lo tomó en serio.
—¿Qué secreto tiene el perro del chico Javier, como para destruirnos?—.
—Pues…—.
Explicó Ayano, a todos, sin olvidar, poner una barrera silenciosa y otra para ocultar sus figuras, para no ser espiados o leídos sus labios.
Silencioso, y no porque nadie tenía nada que decir, si no por el aire de opresión, con los pensamientos aleatorios de los ocho y las contramedidas necesarias, de una supuesta guerra comercial o total solo por un hombre.
—Si el chico tiene reliquias hasta para hacerle un traje a su perro, ¿por qué busca cosas sin mucho beneficio de nosotros?—.
Murmuró Jyn.
—Y no es porque no pueda esconderse ni protegerse—.
Dijo de forma despectiva Asai Dachi.
Light Blaz, que hasta ahora se había mantenido callado junto con los Ryutos y Radiantes, habló.
—Señores, dejemos la inutilidad de si tiene o no forma de protegerse o si es un descendiente de algún mago arcano que protegió su tesoro y fue entregado al chico Javier, al encontrarlo.
Lo que debemos preocuparnos, es cómo lidiar con las consecuencias una vez que los magos de Europeos, Chinos, Rusos y Americanos se enteren de él…
Ayano, quiero que cortes toda información de él.
Si alguien lo descubre, mátalo sin importar el trasfondo—.
—Prefiero no llegar a ese nivel.
Manejaré personalmente la información a su alrededor—.
Ŕrrrrrrrrr Todos mirando a Polaris, que hasta ahora la runa de silencio había estado activa y lo estaba, pero el gruñido amenazante era después de todo escuchado.
—Tampoco soy bien recibido por esta cachorra—.
Sintiéndose orgulloso de que un cachorro lo encuentre amenazante, Ayano le replicó.
—Tiene buenos instintos, de nunca acercarse a los de tu calaña—.
—No digas eso.
¡!, oh—.
De sorpresa, ah, una juguetona de encontrar a un nuevo juguete.
Hayato intentó acercarse después de retroceder un paso a de nuevo de Polaris, por su traje comenzó a brillar como antes, sin saber si era un ataque mágico o una defensa.
—Retrocede—.
Advirtió Kenta, jalándolo del hombro.
—Parece que las condiciones para que se active el traje Kármico es que alguien como Hayato se acerque, ya que no creo que sea por sentir una amenaza a nivel de un humano ordinario—.
—Yo también pienso lo mismo, ¿Ayano qué sentiste?—.
Nadie, quitando la mirada de Polaris que se volvió mansa, Ayano le respondió a Aiko.
—Si no hubiera visto brillar, ni me habría dado cuenta—.
—Mm, así que no tiene escape de energía, algo que nadie puede replicar—.
Dijo rascándose el mentón, cosa que asintieron todos.
—He estado analizando desde que me di cuenta, pero los materiales son descosidos y no tiene más de 48 horas desde que fue fabricado, según mis estimaciones, preliminares—.
—¡Espera!.
¡Menos de 48 horas, quieres decir que no son materiales extintos, sino algo que pudo fabricar con los de esta era!—.
Impactante noticia, que les hizo dejar la boca abierta.
Ryuto Korei viniéndole el recuerdo de esa mujer con una presencia intimidante bajo la cubierta de actuar como gatita mansa.
La única responsable del exterminio de la mitad de la élite que resguardaba la casa principal.
Se los informo a los demás.
—No creo que fuera el mocoso, sino alguien más—.
Bajo la lupa de 14 par de ojos feroces para que escupiera todo lo que sabía, un Asai Dachi no podía concebir otra amenaza como Javier.
—Me estás diciendo que hay alguien igual o superior a ese niño y recién nos enteramos.
¡Ayano que paso con tu inteligencia!—.
Molesta por el grito del viejo Dachi, su mirada mordaz bajo la temperatura, pero eso a nadie le afectó.
—Cuidado con lo que tengas que decir, Dachi-san.
Korei-san mi información implica que en esa mansión viven 7 personas y ese número no ha cambiado, hasta hoy—.
—Tu información está correcta, la persona a la que me refiero y la que mi hijo Ryuto me dice son la misma persona…
Yami Zhoray, según él, se refiere como su esposa—.
—¿La maids?…
la que aniquiló a los ancianos de bajo nivel de los Radiantes—.
Un cierto tic que pasó desapercibida para el resto en el ojo de Hayato, la conversación continuó.
—En conclusión, esa tal Yami es la que tiene más probabilidades de haber creado el traje kármico deidad—.
—Así lo creo, Blaz—.
—Tch, así que tenemos dos problemas de qué preocuparnos—.
—Yo no lo vería así, Dachi-san—.
—¿Qué intentas decir, Ayano-san?—.
—Por el reporte que tengo, esa mujer Yami, casi no sale de casa, muy pocas son las veces y es para comprar grandes cantidades de helado o hacer compras con la madre de esos niños—.
—Oigan, porque en vez de pensar por separado, de un solo, también incluimos en ese trato a esa maids—.
Con el desprecio de no querer tener a nadie encima de él.
Todos los demás se vieron y asintieron, pero Asai Dachi también comentó su preocupación.
—¿Le hará caso?
O mejor dicho, acatará ser limitada como el mocoso—.
—Estamos a mitad de cruzar el puente.
Ya no puedes retroceder el viejo pedorro.
Eso también debieron pensarlo cuando decidieron venir, no solo se enfrentan a nosotros, si no también a todo el mundo—.
Encontrándole extraño que Hayato hable en un bien común, sin que sus prioridades no sean mujeres.
Lo dejaron pasar.
—Terminemos aquí, todavía tenemos la semana entera para discutir las cláusulas de este contrato con Javier y que incluyan a su mujer.
Por ahora mandemos una carta a su residencia cuando acabemos para hacerlo saber, ya que seguro no dejará la mansión desprotegida—.
Todos asintieron a las palabras de Blaz.
Destruyendo las barreras para no ser espiados, esperaron que todos los participantes salieran de la armería.
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