Me convertí en el Dios hentai. ¿Y que? - Capítulo 81
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Capítulo 81: Lunes, 29 Abril (Banquete en el templo Tsukiyo Séptima parte)
Buenos días, tarde o noche, a todos mis lectores que siguen capítulo a capítulo esta web Novel.
Si abran leído el aviso anterior, ya deben de saber que mi cuenta de Google fue inhabilitada y todo se perdió, desde los capítulos ya listos asta mis cuentas en otras páginas que subía los capítulos. Por suerte la atención al cliente de la web novel atendió rápido mi caso y no perdí también la cuenta de donde subo mi contenido, gracias a eso no tuve que dar tantas vueltas.
Con respecto a las publicaciones que hacía cada lunes de cada semana, tendrán que aplazarse, ya que como saben tengo que recordar todo y escribir de nuevo lo que había avanzado.
También aunque nadie lo ha hecho, mi cuenta de Ko-fi también la perdí, por suerte no la de PayPal, si alguien quiere colaborar para traer por un momento un destello del mundo Hentai, pueden mandarme un mensaje y les mandaré la cuenta.
Bueno, eso es todo, no les hago perder más tiempo y disfruten de la lectura.
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[Lunes, 29 abril]{23:02}[Armería]
El primer sentimiento al entrar por la puerta de los Ryutos fue la ingravidez que presionó la boca del estómago, seguido por un destello que absorbió la luz.
-Zona de interferencia dimensional espacio. Qué espléndido, así que este es el ápice que alcanzaron los humanos en la era de los Dioses-.
Entreteniéndose al poder sentir los remanentes que quedaron de una época, que podrían rivalizar en la superficie con el santuario del Dios hentai. Javier, que pensó en copiar las runas del sitio, decidió no hacerlo, ya que para eso necesitaba utilizar su percepción divina que hasta ahora estaba sellada.
—¡Auch!… quien puso una pared aquí—.
Adolorido por el golpe en toda la cara que dejó sentida la nariz, al caminar en la oscuridad, tocó la pared para ver si el camino tendría un giro, pero lo que encontró fue un callejón sin salida.
Toc, toc, toc.
—Hueco, no parece, ¿qué hago?… ssss, ahora que lo recuerdo—.
Sacando la insignia que hasta el momento lo había dejado en el bolsillo dimensional, por olvido, al sacarla, comenzó a brillar como una estrella.
—Ohhh, así que esto es lo que te muestra el camino de este lugar—.
Agitándolo de un lado a otro con el sentimiento expectante de qué nueva sorpresa había en la próxima esquina.
Pero nada pasó, dejando decepcionado a Javier, que decidió volver por el camino que vino, ya que podía ver sus propios y ver si algo se saltaba, pero la decepción no se hizo esperar. Era un pasillo.
La madera del piso y las paredes viéndose desgastadas por el paso del tiempo, que uno pensaría que se partiría con el peso, no hizo sonido.
Con solo el sentimiento que provocaba al notarlo sé, Javier como un experto en runas, aunque la verdad es que su conocimiento, era por la compra del {expendio de runas} con su sistema. Se da cuenta de que todo estaba conectado entre sí; runa tipo espacio-tiempo y cadenas.
Y aunque queriendo inspeccionar en profundidad, tuvo que frenar las ganas, ya que no podía valerse sus ojos divinos y percepción divina, igual que todo su poder. Desde que llegó a la dimensión {mundo planeta} solo había estado valiéndose del {Arte cuerpo de la estrella}, qué hasta ahora nadie lo había llevado a profundizar, ni el propio Javier se preocupó de investigar el alcance de su poder.
Un vistazo fue suficiente para darse cuenta, ahora que la ficha se mostró, como una linterna.
De vuelta por sus propios pasos, con una mano dejó que las yemas de los dedos surcaran por la pared desgastada por el tiempo, mientras la otra la ponía de frente para no perderse nada.
Nada más que 15 metros de punta a punta, Javier puso la ficha en la pared que la absorbió.
¡Crack!
Con un crujido atronador para un espacio cerrado, por el rabillo del ojo derecho ve un pasillo que antes no había, pero a Javier no le interesaba por el momento, más que el sonido de bisagra oxidada que resonó frente de él.
—Si empujo esto—.
Dijo y como la puerta de un closet pegada con imanes, se abrieron hacia fuera, mostrando un estante vacío. Desilusionado que jugaran con sus sentimientos, pero solo era un closet, con el reverso de ambas puertas, espejos de cuerpo entero que reflejaron a Javier.
—No creo que para esto fuera construido este sitio—.
Cuestionando la razón para hacer tanto, por algo que podía hacerse en una habitación, sacó el traje que le fabricó Yami.
—… ¿También me tengo que quitarme el bóxer?—.
Ya tarde, para preguntar a alguien, solo quedando en bóxer, una hoja se deslizó de la ropa.
—¿?, y esto… Esta chica, ¿desde cuándo sabe escribir también?, no hace mucho eran igual que los garabatos de Shio… Todo esto está hecho con el cabello de Yami… eso quiere decir que estaré envuelto en ella… Maldición, qué desagradable, pero no queda de otra—.
Sonando, exasperante, asqueado, una expresión vivida, masoquista se reflejaba con los pensamientos corriendo como monos salvajes en la cara de Javier.
Ahora desnudo, tomo el bóxer negro que no tenía costura al extenderlo frente de la cara.
Emocionado y no por la aventura, el primero en reaccionar fue el pene de Javier y un escalofrío que le ponía la piel de gallina, al sentir como la tela rozaba con la piel. Ya sin fuerzas a medio poner, cae sobre el trasero desnudo.
—Aha, ah, aha, esto no es bueno… aha, mierda, espero que esto no sea el momento donde mi bóxer se convierten en tentáculos…—.
Agradable la idea de lo que alguien pudiera imaginarse, aun cuando la boca y expresión decía otra cosa, trato de tranquilizarse, siendo lo primero que hizo es empequeñecer a su amiguito que rozaba la suavidad de la tela, que lo excitaba.
Golpeando dos veces la cara y un ánimo de ¡Vamos!!, rojos los cachetes, se puso el pantalón que no tenía costuras, pero sí con franjas rosa sangre que lo parecía.
A su vez, medias y botas llegándole a la espinilla del mismo color.
—Mmm, no se siente incómodo ni me restringe el movimiento. Hay que decir que se siente extraño, pareciera estar desnudo—.
Dudoso por el extraño sentimiento de comodidad que provocaba la ropa, Javier comenzó a comprobar si restringía los movimientos, con: Saltos, saltos paralelos, estiramientos, sentadillas, patadas altas. Solo pudo admitir que no había problema.
Pero sin ser el tipo de ropa pegada al cuerpo que se pondría, no le disgustó porque estaba hecho a mano de Yami y era para protegerlo. Pero en otro caso, no hubiera dudado de venderlo o ponerlo en el rincón del armario.
Sin hacerse esperar, se puso la parte superior del traje kármico que le quedaba perfecto, a la medida. Javier, que podía sentir como una calidez, lo envolvió de pies a cabeza.
—Mmm, no está nada mal, si solo tuviera un físico musculoso como los que tienen todos los personajes de manhwa, tendría un atractivo mucho mayor con las mujeres, pero bueno, si las mujeres solo ven el físico, entonces no valen la pena, algo que mi padre siempre me aconsejaba.
Ehehe, parezco como un personaje RPG, listo para la batalla. Yami hizo un magnífico trabajo, pero no sé… Como que le faltan detalles, ehehe, en el futuro le agregaré algo.
Con los últimos toques faltantes, se puso los protectores en los antebrazos para luego ponerse el cinturón con cinco bolsas en la parte trasera.
¡!… ahahaha ¡maravilloso!—.
Sin conocer la palabra tristeza o melancolía al presenciar cómo se desplegó un casco de la nada que cubría toda la cabeza de Javier, junto a ello una neblina oscura salía de los protectores envolviéndose en la mano, formándose unos guantes.
—¡!… ohh, así que por eso lo llaman bostezo kármico… kkkk—.
Darse cuenta del porqué lo llaman bostezo kármico, literalmente cobran vida.
Al sentir las pulsaciones, que le estremecía el cuerpo como lo haría, al estar frente de una batería, siendo tocada a toda potencia.
Y un sofocamiento progresivo que solo se dio cuenta cuando tocó el suelo.
—¡¡¡¡Ahhhhhhhhhh!!!!… ¡¡¿q-qué es esto?!!—.
Nadie podía responder ante el dolor de sentir, como era succionada, la propia carne con tanta fuerza que era arrancada.
La armadura, actuando por instinto, siguió desgarrando el cuerpo de Javier, ya que la armadura estaba insonorizada, no teniendo que preocuparse de que alguien interrumpiera su comida.
A la mañana siguiente lo único que podrían encontrar sería la armadura bostezo kármicos negra.
Claro, si Javier fuera un individuo “normal”, pero para mala suerte de él, era un Dios. Aunque su divinidad la hubiera sellado, el núcleo del Dios hentai así por inherencia lo volvió inmortal hasta que se lo destruyó.
Por consiguiente, cada vez que la armadura kármicos le arrancaba pedazos de su piel y carne, ésta se regenera como si nada hubiera pasado, repitiéndose el ciclo.
—¡¡Duele!! ¡¡¡Duele!!! ¡¡¡Duele!!! ¡¡Deténganlo!! ¡¡¡Ayuda, por favor, ahhhh!!!…—.
Ronca la voz, aunque se curaba, el infierno de sufrimiento que pasaba Javier y sin poder morir por un shock por ser inmortal, más aún sin utilizar sus habilidades.
Retorciéndose en el piso, intentando con locura arrancarse la armadura kármica, pero todo intento era inútil, ya que estaba hecho por el cabello de Yami.
Mientras Javier luchaba como una bestia desenfrenada, aullando de dolor junto a la súplica que lo mataran, aunque nadie lo escuchara, un par de ojos heterocromáticos: Cian y negro aparecieron en la oscuridad.
Observando a un Javier indefenso, pasando por un sufrimiento que solo pocos en el mundo podían entender con enfermedades terminales y no había medicina para curar o aliviar. Ese par de ojos, lo único que mostraron, era indiferencia.
Una fría indiferencia, sin rastros de empatía o cualquier emoción que podría malinterpretarse, se cerraron y no volvieron a aparecer.
Unos minutos después, el casco de la armadura kármica se abrió revelando un rostro desfigurado, no tenía carne en cabeza, salvo un ojo que guindaba en la cuenca, y un pedazo de lengua colgando donde debería estar la papada.
Pero con un parpadeo, el rostro de un joven entre los 16 años aliviando volvió como si nada hubiera pasado.
Sin imperfección, piel trigueña suave como la de un bebe, un par de pestañas largas que se ondulaba, cejas entre gruesas, nariz puntiaguda y unos labios de color melocotón, junto a un par de mechones castaños claro, que se pegaban en la sudorosa frente.
Con tanta tranquilidad abrió los ojos que parecía haber despertado de una pequeña siesta, escapándose una risilla, mientras se levantaba.
—… ¿Quién hubiera pensado que sufriría tanto por ponerme la ropa de Yami?. Ahaha, bueno, ya paso, nada paso y todo bien—.
Afirmó, con confianza, que era anormal, como si lo hubiera vivido otra persona.
Cerró el closet y la luz que producían unas pequeñas piedras en el marco de las puertas igualmente se apagaron, dejándolo en tinieblas.
—Sigamos el camino—.
Dijo, haciendo crujir el cuello y comenzar a caminar por el pasillo que se reveló, dirigiéndose a la puerta donde se filtraba la luz.
Javier, que estaba a punto de tocar la puerta, se abrió sola, segándolo por un instante por la luminiscencia, pero pudo escuchar las distintas voces.
—Es mejor que lleves un Kris {daga con la hoja ondulada, originario en el sudeste asiático}, con tu magia y las runas integradas en la hoja, podrás acertar un daño sustancial con cualquier monstruo mientras no sea uno líquido—.
—Mmm, también me llevaré unos pergaminos para lidiar con los elementales y los monstruos aéreos—.
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—No crees que es mejor llevar unas flechas de marcosti, que unas hechas de azúcar plumavial—.
—Tú qué sabes, no te acuerdas. Como nos hicieron falta más flechas, pentagrama les, la última vez en la zona de muerte, faltaron las flechas, azúcar, plumavial son las mejores para ese propósito—.
—Sí, pero no es un recurso del que podamos depender—.
—Ya lo sé, pero cualquier recurso cuando entremos será escaso. Las flechas hechas de azúcar plumavial, una vez inútiles, podré molerlas, llenarlas en un frasco, la enciendo y será una bonita bomba—.
—¿Crees que podrás tener tiempo?—.
—Hay que vivirlos para saberlo, además estoy llevando unos talismanes de endurecimiento y fortalecimiento de ataque, así como unos talismanes de barrera—.
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—¿Llevarás las hundiendo?—.
—Las utilizaré como armas descartables, si me topo con un bicho venenoso, mis puños son suficientes para moler a todos los que se crucen en mi camino—.
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Ajustándose a la luz de la habitación que iluminaba con grandes piedras verdosas en el tejado y paredes. Al escuchar las diversas conversaciones que seguían produciéndose en todas partes, ve cómo caballeros y damas se preparaban frente a repisas, tomando todo lo que les será de utilidad.
Pero eso a Javier no le importaba, lo que más llamó la atención fueron los trajes Kármicos de las mujeres, que utilizaban la misma base y la insignia de su clan en sus pertenencias.
Cada una de ellas y ellos, llevaban puesto un ajustado traje; iba de negro oscuro a uno pálido.
En los de tipo cuerpo a cuerpo, con la base ajustada a su figura, tenían como refuerzos en las rodillas, hombros, torso, puños. Las chicas, algunas, llevaban faldas cortas partidas en placas que no interfiere con los movimientos. Otra cosa que tenían en común era un cinturón con tres astas y cuatro bolsas, añadiendo algunas correas en los muslos donde estaba una bolsa adicional.
Las arqueras tenían refuerzos en las piernas y el pecho. Y aunque algunas llevaban faldas cortas, la mayoría parecía preferir shorts. En los muslos se podían apreciar correas donde llevaban armas arrojadizas y talismanes. También con sus tres a cuatro bolsas en la cintura y sobre ella su carcaj.
Para las magas no llevaban ningún refuerzo sobre su traje base, con la diferencia de que esta tenía líneas de energía arcana que le recorrían el pecho. Otra prenda más, era una capa corta, cortada de forma irregular y que guardaban, armas arrojadizas, talismanes, y frascos llenos de líquidos.
Como los demás, también tenía sus 3 a 4 bolsas en la cadera y en los muslos, correas, con más armas arrojadizas y talismanes.
Cerca de las mangas, estaban las invocadoras con el traje base más pálido; había líneas de energía arcana que recorrían toda la superficie y no como las magas. Las mujeres, al resto de sus compañeras de clanes, llevaban falda semi larga partida en tiras con la cual cada una tenía inscrito diferentes pentagramas.
El cinturón, muy diferente a sus congéneres, era más grueso. Colgando de este, estaba tallado en madera una bestia, posiblemente su guardián.
Los guardianes son las bestias contratadas que comparten la esencia vital, un ritual que ha pasado de generación en generación en cada Invocadora. Se podría decir que es el certificado de ser una verdadera arcana invocadora de una novata.
El siguiente era uno con el traje negro con runas rojas que recorren brazos y piernas. Llevaban un top de cuello alto, falda corta asimétrica, y mangas largas desmontables, proyectando pentagramas. Su cinturón era uno cruzado grueso, al igual que las invocadoras.
Otro grupo era más moderno, por decirlo, era la primera impresión que daban. Sus trajes oscuros estaban reforzados por completo; las partes de las articulaciones, en cambio, tenían un color más blanquecino.
Algunas tenían bayonetas colgando en los hombros, otras eran cañones portátiles.
En su cintura tenían un cinturón cruzado con esferas brillantes de diferentes colores, así como una pistola que podrían estar en el museo, pero cada arma en sí, como el cuchillo militar, tenía pentagramas y un circuito arcano donde circulaba la energía.
Javier no sabía si seguir viendo a las mujeres magas arcanas y vislumbrando la seriedad con la que se comportan, pero la voz de regaño lo hizo despertar.
—¡¿Qué tanto estás observando, Javier?!—.
—¡!… Oh, Yuuko, simplemente me quedé embobado por la atmósfera—.
Con la mirada de no creer ninguna palabra, Javier cambió de tema con una frase.
—Además, te ves hermosa, Yuuko—.
—¡Ehh!—.
—Siempre das la sensación de ser una señorita refinada, pero vestida así, das la imagen de toda una guerrera—.
—En serio, gracias, a ti también te queda muy bien—.
Apenada, y no porque nunca hubiera recibido elogios en su vida, si no por ese efecto que produce Javier como el Dios hentai, rompiendo la pared emocional que las mujeres construyen a lo largo de su vida. Yuuko apenas pudiendo exprimir cada palabra, Javier se le rio entre dientes por lo tímida que se puso.
A sí, como el resto de participantes, el traje bostezo karmico de Yuuko era negro, con la única diferencia de que la parte del frente, pecho, estómago y vientre tenía un color blanquecino. Y claro, algo tan apegado al cuerpo, dejaba ver la figura curvilínea de sus muslos, contornos de las nalgas, vientre y pechos, sin marcarse en los sitios que no debería.
Otra cosa diferente al resto, era la gruesa armadura, en sus extremidades, Botas que lo más alto que pudo visualizar Javier era hasta por debajo de la rodilla, la de Yuuko cubría hasta la cadera donde solo se descubría en el muslo interior.
Lo mismo pasaba con los brazos, que eran más gruesas que los delgados de una señorita como Yuuko, la armadura se contactaba ambos en los omoplatos.
—¿No es pesado?—.
—… Al contrario, es liviano, combina la tecnología de la metalurgia de los pocos ancianos que llegaron a alcanzar en el proceso de los minerales. Sin esto, no podría usar toda mi fuerza y solo me lastimaría—.
—Oh, así que funciona como un regulador de fuerza y una defensa—.
—Soy de las que se adentra en la formación enemiga, destrozó cualquier formación y aguanto ataques mientras mi equipo me apoya. ¿Ya has preparado tus armas?—.
—Ven conmigo—.
Acercándose a las diferentes estanterías con infinidades de armas que iban desde; espadas, lanzas, dagas, hachas, pergaminos, arcos, armas arrojadizas, talismanes, escudos, armaduras, frascos llenos de líquidos, bolsas, etc.
De todas las armas producidas de la humanidad, se puede decir que esta armería, con el espacio de una cancha de fútbol, podría contener el 50% de ellas, con algunas no conocidas por el resto de la humanidad, por lo menos en la vida real.
Al pasar por un grupo de fusileros, Javier miró el grueso cinturón cruzado que ya había visto, pero ahora, al mirar más de cerca, se podía ver que guardaban cartuchos dentro de estos.
—¿Qué función tienen?, no parece que solo sean para poner municiones para las bayonetas. ¿Y tampoco es que funcionen las armas de fuego?—.
Yuuna que miro los cartuchos que depositaban en el cinturón, con calma le explico, y se detenía tomando talismanes en la percha que se los dio a Javier, entre otras cosas.
—Se llama {Rilganan}, se puede decir que funciona como los {puns}—.
Dijo tocando las bolsas que colgaban en el cinturón en la cintura.
—Para ti puede que no sirvan de mucho, ya que era un maestro rúnico, pero estos {puns} son de vital importancia. Reducen el tamaño de lo que se ingresa a un pequeño frasco de 2,5 cm, fue hecho por magos rúnicos, ¿míralo?—.
Ni siquiera parecía estar agarrado, por algo parecido a un imán, Javier revisa el interior de este {puns} que ya lo había visto, pero que no le dio mucha importancia.
Dentro de este, había diversas secciones con docenas de estos frascos que eran normales.
—El material es bueno, grabaron una runa espacio que la convirtieron en el centro de un sistema de 2 entradas, es un trabajo mediocre, pero no está mal con lo que se tiene. Y este cristal púrpura, que parecía que fuera el broche para abrirlo, pero es la fuente de energía que valdrá unas 23 horas de uso. ¿Mm?, hay una pérdida del 37%, muy nefasto para ser algo útil, en serio…—.
Criticando el {puns} de Yuuko, Javier saca su palillo chino, toca el cristal púrpura y se lo entrega a Yuuko.
—Listo, con esto, tiene 54 horas de vida útil, después tendrás que poner un nuevo cristal púrpura—.
—Ohh… gracias, ¡!—.
Sorprendida de como Javier tomó los cuatro {puns} en la cintura sin permiso, hizo lo mismo y ni siquiera, demoró más de dos minutos, para volver a ponerla en su sitio.
—¿Qué más necesito llevar?, es la primera vez que entro en la mazmorra del éxodo, solo traje algunas cosas, que pensé que me serían útiles—.
—… Entonces lleva este de aquí—.
No diciendo nada por lo anonadada que quedó Yuuko y que las miradas se posaban en Javier como una jauría de hienas, miró el líquido concho de vino con líneas blancas que le entregó Yuuko.
—Sirve para casi todos los monstruos en la mazmorra del éxodo, algunos los paraliza, los mata, debilita, los vuelve locos, todo depende que monstruo que te topas, claro debes de herirlo para que haga efecto y el tiempo con el que actúa—.
—Con ese ‘casi’ ¿hay monstruo arcano que no les afecta?—.
—Sí, en especial los monstruos alfas, que custodian las puertas al siguiente nivel. Ha habido en ocasiones que no era uno, sino cientos de ellos, una manada que actúa como enjambre—.
—Lo tendré en mente. ¿Qué armas me recomiendas?—.
—Javier, hola—.
No teniendo que ver la cara de pocos amigos de Yuuko para reconocer la simpática y melosa voz de Esmeralda que llegó sin previo aviso al lado de Javier.
—Se te perdió algo—.
—Qué fría eres, no puedo venir a saludar a mi nuevo amigo—.
—Por lo general esos amigos no se quedan como buenos amigos. Y si hablamos de ti—.
Mordaz en la última frase, Javier ya podía intuir que no era solo porque Esmeralda intentó seducir al hermano mayor de Yuuko.
—¿Paso algo para que Yuuko, no te soporte?—.
—Fue un malentendido, pero ella no lo puede aceptar, ya sé lo, expliqué—.
—Hmph, cualquier cosa que viene de ti no es más que pura falacia—.
Mirando de reojo a Esmeralda que ofreció una sonrisa calculada, dejando en claro que tampoco tiene las ganas de arreglar el malentendido.
Diferente a Yuuko, el traje karmico base de Esmeralda era de un color negro pálido con líneas de energía. Como el resto del clan Okobi o mejor dicho, las mujeres que llevaban faldas hechas de tiras donde la longitud de la misma varía, dependiendo del gusto o habilidad.
La longitud de esa falda era hasta el tobillo, abierta a los costados, en la tela tenía inscrito un solo pentagrama que continuaba sobre el traje de batalla, formando un pentagrama completo.
En la parte superior, muy diferente a sus compañeras, Esmeralda tenía puesto un kosode, la parte superior del traje de miko, pero en vez de ser blanco era gris, teniendo mangas largas que cubrían hasta las manos.
Esmeralda, que sintió la mirada de Javier sobre ella, lo dejó ver a gusto, pero al ver que no era enteramente sobre ella, sino sobre su traje y las varias veces que observaba las otras compañeras del clan Okobe, lo aclaro.
—Para ingresar a las mazmorras debes de pasar un cierto umbral de talento y poder como mago. Mi traje fue hecho a la medida que se ajustaba a mi poder, por otra parte, los pentagramas de mis compañeras y compañeros de clan, reside en cuantos pentagramas pueden unir—.
—A simple vista veo que 82 pentagramas en las faldas y en los hombres son los protectores de brazo. ¿Por cierto porque no tienes esa figurilla en tu cintura?—.
—Claro que lo tengo, mira—.
Sacando la figura de un molusco con apéndices saliendo desde su espalda, de las mangas de su Kosode.
—Este es mi pequeño compañero, solo saldrá cuando esté en peligro de muerte o lo llame—.
—Oh, noto un gran poder, no será fácil de combatir en cuerpo a cuerpo y a distancia tampoco parece que sea posible, creo que es factible derrotarlo con todo lo que se tiene, de un golpe—.
Anonadada por el plan de batalla que propuso Javier para derrotar a su guardián, con una sonrisa rígida le pregunto de vuelta.
—¿Te parezco a las que te ataquen?—.
—… Claro que no—.
—Oye que fue esa pausa antes de constar—.
—Ahahaha—.
Riéndose a costilla de Esmeralda, Yuuko que solo permaneció callada escuchando su conversación, tomó del brazo a Javier, listo para llevárselo.
—Si no hay más que decir, tengo que llevarlo a que lleve algunas armas esenciales para mantenerse a salvo—.
—Espera… ¿Quiero pedirte un favor?—.
—¿Favor?—.
—Detente hay. Javier no puede desperdiciar energía arcana, aunque eso te beneficie.
Ya sabiendo que era un pedido absurdo, Esmeralda miró a Javier con una expresión suplicante que dejaría con las defensas bajas a cualquier hombre—.
—Te refieres a la pérdida de energía de los cristales morados en el {puns}—.
—¡¡Atrévete a pedir…!!—.
Un pedido irrazonable, que justificó el que Yuuko alzara la voz por lo indignante y poco ético de parte de Esmeralda, faltando 35 minutos para que se abra la mazmorra del éxodo.
Javier, que solo había usado su mano para detener que siguiera Yuuko, miro a los ojos verde grisáceo de Esmeralda.
—¿Quieres que les ayude con la pérdida de energía en sus {puns}—.
Asintió apenada Esmeralda.
Pensativo durante unos pocos segundos, Javier noto lo nerviosa que estaba Esmeralda, haciéndote reír de su actitud que ocultaba bajo una seguridad calmada.
—No tengo problema en ayudarte—.
—¡Javier!—.
—No es algo tan extenuante, reparar un problema menor, puedes decirles a los miembros del clan Okobe, que se acerquen, lo are en unos segundos—.
¿Problema menor?, uno que tenían varias décadas sin resolver, un camino sin salida para los magos rúnicos en decadencia. Los que escucharon hablar a Javier y mencionar eso, querían estrangularlo y reclamarle que si fuera algo menor, no tenían que gastar una suntuosa cantidad de cristales morados en la cual en muchos casos al estar en peligro y sin poder reponer, los materiales era expulsado perdiendo todo lo que habían reunido.
—Gracias, el clan Okobe te debe este favor—.
—Ni lo menciones, pronto todos los clanes firmarán un pacto de no agresión mientras pongo en usos mis habilidades de maestro rúnico, así que un poco antes o después no tengo problema—.
Yuuko y Esmeralda captando un significado diferente en las palabras de Javier que querían transmitir, no dijeron nada.
—Javier, te molestaré para que también ayudes al clan Ryuto—.
Al ver a Shun Ryuto avanzar en la multitud que comenzaba a rodear a Javier, le da el visto bueno.
—Shun, claro, deja que todos vengan… Yuuko—.
Mirando en una dirección en concreto, Yuuko le respondió con un suspiro exasperante.
—Ahhh, te estaré molestando Javier—.
—Javier-san—.
Perdido ante la voz firme de una líder innata que le hizo recordar por unos instantes a cierto mafioso que tuvo negociaciones para pasar droga en sus camiones. Ahora frente de él se encuentra una joven mujer que no parecía tener más de 26 años, con un mosquete personalizado en la mano, su seriedad ya decía mucho de su personalidad y la pulcritud de su imagen.
—Así es, Javier Valderrama, usted es—.
Con un apretón de manos, la joven mujer se presentó.
—Yukino Runa, líder de la expedición. Llevas en alto el título como Maestro rúnico—.
—Todavía no creo haber hecho algo inexplicable para tenerlo en alta estima—.
—Puede ser. Pero ahora nadie puede replicar lo que hagas. Pero mostrarás al mundo la gloria olvidada del título como en el pasado—.
—Tiempo al tiempo, por ahora quiero mantener un perfil bajo, lo más que se pueda e investigar algunas cosas—.
—El clan Yukino tiene instalaciones de alta gama y recursos energéticos, si necesitas algo puedes acercarte y pondremos manos en la obra—.
Asintió Javier para que un brazo músculo lo atrapara.
—Ahaha, escuche que podías aumentar el tiempo del cristal morado, ¿es cierto?—.
—¡!… No estás equivocado, también quieres el ajuste—.
—Mitsuo-san—.
—Qué miedo—.
Exclamó sin mucha sorpresa, pero sí burlona ante el rostro frío de Yukino Runa.
—No te enojes Runa-chan, oye Javier, puedes hacer un ajuste a todos aquí—.
—Bueno, no es difícil en sí—.
—¡Genial, ya escucharon, todos formen un círculo alrededor de Javier para terminar rápido, o queremos que los viejos se ofusquen!—.
—Mit, repite una vez más eso frente mío y de parte de mi maestra, te daré una lección—.
—Mmm, Esmeralda, sabes que estoy triste, charlaste con todo el mundo, pero nunca viniste a verme, pensé que seguías enojada por lo que le hice a tu esposo—.
Solo se tenía que ver el rostro de Esmeralda para saber lo enojada y la vergüenza al remover la herida sentimental.
—Como puede sentirte orgullo de proponerle una pelea a un mango resonancia cuando eres un mago manto—.
—No, no, deberías haber escuchado mal, yo nunca se lo propuse, fue él—.
—Claro, después de insultar y denigrar—.
—¡Deténganse!—.
Apagando las llamas que estaban por explotar entre Esmeralda y Mitsuo, otro joven adulto, hizo acto de presencia.
—Inzou—.
—Déjate las discusiones innecesarias para cuando salgas de la mazmorra, hasta ese momento no quiero escuchar ninguna palabra sobre el asunto… Esmeralda—.
—Tch, mientras mantenga la boca cerrada—.
Dijo dando un paso atrás Esmeralda.
Javier como un extraño en medio de la discusión, miro a este nuevo personaje que parecía tener el control de todos los clanes.
-Si recuerdo bien, los Negima y los light son líderes de todos los clanes. Su nombre es Inzou, ¿Inzou Light?-.
Confirmando sus pensamientos, Yuuko lo saludo al igual que Runa antes de tener la mirada en Javier.
—Inzou Light—.
—Javier Valderrama—.
—Puedo sonar prepotente, pero ¿cuánto tardarás para hacer el ajuste?—.
—Unos dos minutos—.
—As lo rápido, no podemos perder más tiempo—.
—Como usted ordene—.
La única fuera del círculo, ya que fue la única que había hecho personalmente, Yuuko miro a la distancia a Javier que con su báculo (para no decir a cada rato palillo chino), producía una runa en el aire que explotó y cayó sobre los 78 participantes, sin incluirlos.
—Terminado, el ajuste no dejará que se desperdicie energía del cristal morado—.
Palabras, desconcertaron a más de uno, pero nadie replicó o hinchonio, algo que se realizó en apenas dos minutos, los magos rúnicos con años de experiencia no pudieron hacer.
Pero como todo el mundo, hay excepciones.
—Ohh, impresionantes, un verdadero maestro rúnico que hace que mis propios ojos fallen en discernir la verdad—.
—Si no me equivoco, Radiante hobo—.
—Es un honor ver que sepa mi nombre, señor Javier—.
—Puedes llamarme, Javier, el señor está de más—.
En un tono amigable, aunque no se podría decir lo mismo con Hobo, que ni siquiera parecía intentarlo, pero era exasperante su forma de hablar.
—Entonces Javier, cómo se está comportando el desperdicio inútil de Tetsuo nii-san. ¿No te habrá causado problema?. Si quieres puedes dármelo para convertirlo en un esclavo y venderlo, pagarán muy bien por él y saldrás beneficiado—.
Habiendo tantas cosas mal, cada vez que abría la boca. Negó con la cabeza Javier.
—Digamos que está reflexionando sobre cómo ha vivido. Así que venderlo o entregarlo está fuera de discusión—.
—Mmm, bueno. Por cierto, Javier, ¿te gustan las esclavas?—.
—No diría que me desagradan, pero nunca he tenido la oportunidad de tener una, ahora que conseguí, veré como resulta—.
—Nah, esa esclava es un desperdicio, su físico es delgado sin importar si entrena o coma bien, sus tetas tampoco son lo suficientemente grandes para proporcionar el placer necesario. Puedo proporcionarte unas vírgenes que puedes probar, son bellezas únicas y sus cuerpos son una delicia—.
Las mujeres indignadas al escuchar cada palabra, hacia otras mujeres, aunque sean esclavas, siendo catalogado como un objeto sexual para ser usadas, Javier vio que Esmeralda, Runa y por alguna razón Yuuko blandía una hacha lista para usarla, pero que no era la única.
—Ahaha, pasaré por esta ocasión su propuesta. Por ahora cuidaré a la esclava que conseguí—.
—… Ya que te negaste no puedo seguir presionando. Una cosa más, si alguna vez deseas ver un espectáculo, ven y charlemos, puedo dejarte escoger a cualquiera que pronto nacerán—.
—¡!, ¿a qué te refieres?—.
Frunciendo el ceño no solo por las palabras que auguraban algo horrible, sino a un olor que pronto apareció alrededor de Hobo.
Hobo, sin intentar ocultar sus palabras, solo se acercó a susurrar al oído de Javier, pero todos en la habitación podían escucharlo con sus sentidos de magos.
—Tenemos un juego llamado comelón que está tomando una buena acogida en cierto fetichismo, y es que hacemos que las mujeres que recién dieron a luz, se coman a sus hijos—.
Buenos días, tarde o noche, a todos mis lectores que siguen capítulo a capítulo esta web Novel.
Si abran leído el aviso anterior, ya deben de saber que mi cuenta de Google fue inhabilitada y todo se perdió, desde los capítulos ya listos asta mis cuentas en otras páginas que subía los capítulos. Por suerte la atención al cliente de la web novel atendió rápido mi caso y no perdí también la cuenta de donde subo mi contenido, gracias a eso no tuve que dar tantas vueltas.
Con respecto a las publicaciones que hacía cada lunes de cada semana, tendrán que aplazarse, ya que como saben tengo que recordar todo y escribir de nuevo lo que había avanzado.
También aunque nadie lo ha hecho, mi cuenta de Ko-fi también la perdí, por suerte no la de PayPal, si alguien quiere colaborar para traer por un momento un destello del mundo Hentai, pueden mandarme un mensaje y les mandaré la cuenta.
Bueno, eso es todo, no les hago perder más tiempo y disfruten de la lectura.
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Sin poder creer las palabras que salían de Radiante Hobo, más que orgulloso de lo que había declarado. Nadie en la armería habló.
Pálidas, creciendo una furia que en palabras no podía ser descrita, con los ojos tan abiertos que no era posible abrirlos más.
Retrocediendo a pasos ligeros, al igual que con su sonrisa satisfactoria, siguió hablando con Javier, que se había quedado paralizado.
—No tienes por qué preocuparte, tampoco soy tan horrible como suena—.
En un tono inocente que dejaba escalofrío, por lo normal que sonaba, Javier le preguntó en un tono bajo.
—¿Hablas en serio?…—.
—Claro que sí. Pero como te dije, no soy un psicópata con gustos únicos. Lo único que hago es deshacerme de la línea sucia que nace en esta época—.
Gélida la expresión de Javier; apenas movió algún músculo facial, aun para hablar.
—¿Te estás justificando?—.
—¿Justificar?, parece que no comprendes mi visión del mundo. Nosotros los magos arcanos somos el último vestigio de una era que acabó. Así que se propuso un proyecto llamado ‘Degenerisis’, donde se selecciona cientos de mujeres jóvenes para producir magos arcanos con un linaje superior; casi no tiene costos más que mover la parte inferior, ahaha… Bueno, todo el mundo sabe de esto—.
Dijo mirando por encima del hombro, donde nadie se pronunció, dejando en claro que era algo ya sabido, un secreto a voces.
¿Pero qué tan secreto era?.
Pero para Javier eso no era importante.
—¿Dónde entra tu fetiche caníbal, desgraciado?—.
—Mmm, bueno, ya que solo se necesita el útero de esas cosas, y el porcentaje de inmundicias es alto. Vi un negocio muy rentable, en cierto sector. ¡¡Ohohoho!!, debes de ver sus rostros al verlas comerse lo que produjeron por error. ¡!…—.
Sin darle tiempo de seguir regodeándose, Radiante Hobo tenía una mirada extraña, no entendiendo lo que pasaba.
—Eh, ¿por qué veo mi cuerpo desde abajo…?—.
Junto con ese pequeño murmullo, la cabeza cae, para rodar en el piso, mientras un chorro significativo florecía con el característico rojo brillante.
Segundos después, el cuerpo flácido se desploma.
Clavada la mirada, por lo que hizo; este, por su parte, tenía con la punta del báculo apuntando donde antes estaba el cuello de Radiante Hobo.
Sudando frío, cada uno miró alerta a Javier, que no se movió.
—Ante los ojos de Dios, todo pecado cometido por los mortales debe tener un juicio justo. Ante las leyes divinas, el pecado es pecado, con la que los mortales, como viven justificando el pecado… Pero la barbarie que se comete al obligar a una madre a comerse a su hijo recién nacido. ¡Es algo que no debe ser perdonado!—.
Furioso, con la cara enrojecida por la ira que sentía. Las venas del cuello y la sien abultadas de contener la regurgitación incontrolable que le hacía temblar el cuerpo. Con la mano impasible que sostenía el báculo, no tembló, ya que para un Dios, no hay ley divina que perdone tal transgresión.
—Un pecador que es inmerecedor de ese pecado…—.
La sangre de Radiante Hobo levitó.
—Un hombre que no es merecedor del título…—.
Las luces de los cristales se apagaron súbitamente, dejando la habitación en tinieblas.
—Sabiduría que les falta a las bestias que se mueven por instinto y al hombre que se le concedió al suplicar por la impotencia…—.
Aun así, la impasible voz de Javier, resonaba en la mente de cada uno de los magos arcanos mientras observaban cómo se forma una runa siniestra con la sangre de Radiante Hobo.
Los demonios usan los pecados del hombre como alimento. El hombre invita a los demonios a sus banquetes para saciar su hambre…
—¿Qué fue eso?—.
—Risa de bebés—.
—¿De dónde vienen?—.
—La temperatura está bajando—.
Sin saber cuándo comenzó a escucharse, la estridente voz que no había cambiado el tono pasó a un segundo plano. Las risas de bebés ahora eran audibles para todo el mundo; la runa siniestra completaba el fuego fausto en todas partes, apareciendo de repente.
Inundándose un sentimiento siniestro al solo escuchar las risas de los bebés, la runa sangrienta que brillaba profundizando más las emociones al filo del barranco. Una voz que pensaron nunca escuchar de nuevo los hizo ver al olvidado cuerpo de Radiante Hobo, que comenzó todo.
—¿Qué es todo esto?!. ¿Qué está pasando?. ¿Por qué todos están viéndome?. ¡Itokuni!, ¡Itokuni, dime qué rayos está pasando!—.
No habiendo diferencia de cuando estaba vivo, que el propio Radiante Hobo no parecía darse cuenta de que ya había muerto, siguió llamando a alguien, pero nadie se presentó, haciendo que se impaciente.
¡Jua, jua, jua!
Uno de las docenas de fuegos faustos que habían aparecido se acercó a Hobo, hasta la pierna.
—¿Qué hace un bebé aquí?. Tch, lárgate de aquí peste—.
Abofeteó al fuego fausto y con él las risas se detuvieron.
Aunque muchos dirían que era mejor que escuchar las risas eufóricas de los bebés, este silencio mortal no era normal; la temperatura bajó hasta poder verse el aliento, creciendo escarcha en varias zonas.
Jijijijiji
Alertas de la risa que venía de todas partes, pero de ninguna.
El espectro de Radiante Hobo, comenzó a entrar en pánico al ver algo que nadie más podía.
—Hiii, ale-aléjense… ¡¿Qué rayos está sucediendo?!, ¡¡ahhh!!, mierda, ¡los mataré a todos!—.
Haciendo alarde de la poca valentía que tenía, daba patadas, y golpes rápidos al fuego fausto que, ni aunque eran atravesados, se pegaban al cuerpo de Hobo, que parecía sufrir queriendo quitárselo de las manos y piernas, pero era inútil.
Jijijijijiji.
Una vez más se escuchó esa risilla que daba un escalofrío en la médula. Comenzó a aparecer niebla.
—¡¡Ni…niebla Werver!!—.
—¡¡Guerreros arcanos a primera línea, forme un círculo, no dejen aberturas!!. ¡¡Arqueros y fusileros formen la segunda línea!!—.
—¡¡Magos arcanos, prepárense para lanzar un perímetro de matanza!!. ¡¡Invocadores, formen la última línea de defensa aérea y cubran el campo de batalla según se desarrolle!!—.
Entre las órdenes de Negima Mitsuo y Light Inzou, se formó un domo humano de diferentes etapas que cubría toda el área.
—¿Hay comunicación al exterior?—.
Preguntó al azar Mitsuo, solo para confirmar, pero nadie respondió.
La niebla Werver era algo que cada mago arcano temía. No solo por ser corrosiva, dejando cientos de miles desaparecidos por todo el mundo, sino también por su volatilidad, pues nadie sabía dónde aparecería.
Según los registros de una historia ya olvidada, en 1035 D.C. Siglo XI, la dinastía Pala “en lo que hoy es la India”, prosperaba como ningún otro Imperio tanto en lo militar como en lo académico.
Fue allí donde la niebla Werver apareció por primera vez dentro de la ciudad amurallada Vikrasmashila-bihar, un punto estratégico por complejos defensivos, tropas permanentes y numerosas reservas.
Sus calles estaban custodiadas por soldados mortales armados hasta los dientes y sus distintas universidades estaban protegidas por clanes arcanos. Fascinados por su vasto conocimiento, tanto mortales como magos fueron atraídos desde diferentes rincones del continente, en especial Asia: Tíbet, China, Birmania. Haciendo de Vibrasmashila un lugar próspero, concurrido y vibrante.
Pero un día antes de que la ciudad fuera destruida por completo, antes de que sus universidades y bibliotecas fueran reducidas a cenizas, la niebla Werver la engulle sin advertencia, un hecho inaudito para ese tiempo.
Al amanecer, cuando las tropas invasoras llegaron, encontraron un silencio antinatural. Enviaron exploradores, quienes regresaron pálidos, informando que la ciudad estaba casi deshabitada. Los pocos que quedaron habían perdido la cordura, balbuceando horrores incompresibles ocurridos en una sola noche.
Ahora, volviendo a la armería donde se preparaban para lo que saliera desde la niebla Werver, la risilla burlona se detuvo para escuchar algo siendo rasgado, como si fuera tela.
Pero lo que escucharon y sus propios ojos no podían procesarlo; el espacio había sido rasgado, expulsando niebla de Werver que, como grifo roto, inundaba hasta la cintura, otros hasta el pecho.
—¿Cuántos solsticios fueron?. Que está pequeña, olvidó los colores de vida, empañada del lago del cielo—.
Al percibir la tierra mojada que se intensificaba, al escuchar que para unos la voz era de una agradable mujer y para otros el autoritarismo de un hombre.
Los más débiles de mentes comenzaron a hiperventilar, al no poder soportar la sofocante presión mental que les infligió.
—Vaya, vaya, ihihihihi… Cuántas almas deliciosas para cosechar—.
Recorriéndoles un escalofrío de muerte, un tsunami de niebla Werver salió expulsada de la rasgadura.
—¡¡Alcen sus espíritus, hijos Arcanos!!—.
Aulló desafiando la influencia psíquica que estaba mermando en diferentes niveles a todos. Mitsuo con su grito de guerra, levantó su puño para golpear el suelo con tal intensidad que partió el piso, creando una honda expandida que alejó por unos instantes la niebla.
—¡¡Juntos!!. ¡Infini telsgram!—.
Light Inzou tampoco quedándose atrás, desplegó su magia, la cual había desarrollado el clan Light.
Creando una esfera de agua pura en la palma de la mano, salieron disparados 6 pequeños hilos de agua a diferentes magos de otros clanes.
—¡Conténganlos, octava formación!—.
—¡¡¡Muestra la ira de la cuna del mar!!!—. x6
Mostrando el porqué eran llamados la élite de su generación, ni un retrasó en su canto; era la perfecta cacofonía de voces mezcladas.
Siendo magos e invocadores con monstruos arcanos de agua, un río se transformó en dos, después tres, hasta llegar a 6 niveles diferentes revoluciones que giraban en direcciones contrarias para convertirse en un remolino que se expandió alrededor del grupo de 78 personas.
Este remolino, como un muro inquebrantable que destruía todo a su paso, sangullo la niebla Werver sin posibilidades de avanzar, pero todo tenía un límite.
No teniendo que preocuparse de la energía arcana que desaparecía cada segundo que estaba en uso y siendo ayudados por Inzou que les prestaba, el gran remolino de agua que actuaba como presa no podía sostener la niebla de Werver que seguía saliendo.
—¡¡Vienen!!—.
Anunció con voz grave Esmeralda desde el centro del domo.
—¡Déjamelos a mí!—.
Dando un paso adelante, un mago invocador desplegó a varias aves rapaces eléctricas.
Casi al mismo tiempo, desde la profundidad de la niebla, salieron disparadas unas deformes criaturas.
—¡¡Aullido atronador!!—.
Ordeno y las Yagardis; aves de un plumaje cremoso con gotas rojas. Dejando sonar un aullido eléctrico que paralizó a las criaturas de un aspecto grotesco con bultos en todo el cuerpo y alas huesudas, cayeron en el remolino despedazándolas.
Pero eso solo fue el comienzo de la primera oleada.
—¡Aún puedo encargarme!—.
Declaro sin temor, aunque eso le cueste el honor de entrar a la mazmorra del Éxodo, para que los demás no se agoten.
—¡¡Revestimiento del trueno!!… ¡¡Pulso elicteco!!—.
Mostrando lo que era capaz, aunque era superado por centenares, y él solo pudiendo desplegar una docena de aves Yagardis, pudo controlar el espacio aéreo. Durante unos minutos antes de ser superado, resignado miró a Esmeralda.
—Espero verla saliendo triunfante, Esmeralda-sama… ¡¡Tomaré prestado la octava formación!!—.
¡¡Plash!!.
—¡¡¡Sacrificio de la ira del Rayo!!!—.
Las Yagardis ganaron un poder mucho mayor a costa de sus vidas; a cambio del sacrificio, su portador podría perder la capacidad de convocar y formar un contrato con las bestias arcanas.
Gracias a ello, los cuerpos de las Yagardis pasaron de carne y huesos a ser un elemento atributo rayo. Aullando con tal ira que paralizó a las deformaciones que no tenían miedo de morir, pero llevando el atributo sagrado del rayo, sus cuerpos implosionaron, para después zambullirse en el remolino de agua que era un buen conductor.
Las aguas negras, putrefactas de absorber la niebla y algo más que se ocultaba a la vista en el vientre de la niebla, fueron purificadas por el rayo que destrozó todo, floreciendo en sus aguas flores relampagueantes que, al abrir sus pétalos, estas expulsaron unos temibles rayos en diferentes direcciones, abriéndolas.
Para mostrar el horror de unas omórficas criaturas de tres patas calcinadas.
——-
Fuera del foco de la batalla, un Javier miró por un instante lo impresionante que era la lucha de un mago invocador, pero al ver que podían manejar el asunto, por el momento decidió no hacer nada.
Pasó su vista en Radiante Hobo, que luchaba con las almas de los bebés que había mandado a asesinar de una forma tan grotesca e inhumana, para pasar su vista en la rasgadura del espacio donde salió una delicada mano agarrando el borde, expandiendo la entrada.
Y fue como si el mundo en ese pequeño lugar llamado armería se hubiera detenido; los humanos, sin lógica para actuar, se la quedaron bien por instinto; tal fue la reacción que no solo ellos fueron afectados.
Al ya no tener control de su energía arcana, el remolino se desintegró, dejando un vacío que necesitaba ser rellenado por la niebla Werver, pero como si también fuera afectada por esta presencia, su paso era lento.
—Hihihi, qué malos, mis niños solo quieren jugar con ustedes y los despedazan. Qué malos niños, debería llevarlos para que entiendan lo de ser ignorados—.
—No te invoqué para eso—.
Dejó en claro la voz de Javier, que no perdía en cuanto a voluntad con ese ser.
—Eso es cierto. ¿Cómo debería agradecerte de haberme convocado desde ese oscuro lugar?—.
En un tono burlón, la entidad extendió su mano, dejando ver la pálida piel que contenía un inusual atractivo.
Pero eso solo fue de un lado, con el cual alguien casi se vuelve loco.
—¡¡¡Ahhhhh!!!… ¡¡¡Quítenmelo!!!, ¡¡¡quítenmelo!!!, ¡¡¡está corriendo bajo de mi piel, ahhhhh!!!—.
—¡Sujétalo, no dejes que se haga daño!—.
Ordenó Inzou ante el miembro de su clan que intentó despellejarse, teniendo que noquearlo para que ya no se rasque la piel que se desprende de su cara y cuello.
—Hihihi, qué lindo sonido hizo el pequeño, también quieren ver lo que él vio—.
—Onda de luz—.
Actuando de inmediato, Javier lanzó una runa que actuó como un velo que calmó la psique invadida del mago arcano que cayó, haciendo que la niebla Werber saliera por los orificios de su cabeza y protegiendo a los demás en no caer en la locura.
—Mmm, interrumpir en mi pasatiempo no es bueno, ¿quieres hacerme enojar?—.
Sonando más juguetona que molesta que Javier interfiriera, retrajo su brazo. Pero Javier también vio lo que llevó a la locura al joven mago arcano.
—Una psique tan inusual, fuerte como la montaña de eñusco. ¿Por qué no vienes conmigo?. Divirtámonos—.
—Tendré que rechazar; después de todo, te llamé para que jugaras con otra alma—.
—Oh, así que esa alma podrida en la que he intentado no centrar mis preciosos ojos, es la que quieres que juegue. Qué hombre más malévolo, decirle a una señorita que juegue con estiércol—.
—Nunca dije que lo hagas gratis. Este será un buen intercambio—.
Lanzándole un pequeño recipiente del tamaño de un envase de pintura, la entidad lo agarra y lo guarda en su manga larga del brazo.
—Un pago demasiado alto, para esta pequeña tarea—.
—Entonces, ¿qué tal algo que puedas ofrecer del inframundo?—.
Le lanzó un segundo recipiente del mismo tamaño.
—Es un gusto hacer tratos contigo; si alguna vez quieres charlar, puedes invocarme de nuevo; hace milenios que no salgo, sería mejor si me liberas completamente, para hacerte disfrutar de algunas maravillas que puedo ofrecerte—.
—Si la ocasión lo apremia—.
—Hihihi, qué mezquino. Es hora de que cumpla mi parte, tendremos un pequeño festival de muchas nuevas experiencias—.
Cualquiera que escuchara sus palabras, un terror tan primigenio les hizo temblar, poniéndoles la piel de gallina.
—¡¿Por qué?!, ¡porque no se mueren engendros!. ¡!, n-no, no puedo moverme—.
Hobo Radiante, que había sido asediado por las almas de los bebés que mandó a matar, no se despegaron aun cuando levitó, convirtiéndose también en una bola de fuego negra, perdiendo su forma humana para ir a la mano de la entidad.
—Iiiiiii, n-noooooooooooo, auxilio… tal cosa no debería de existir… ahaha, papá llévame a papá. ehehe, quiero montarme sobre esa esclava para ir a casa…—.
Entre el primer chillido de miedo, Hobo Radiante, al dar una mirada a la entidad, perdió la cordura.
—No te preocupes, te llevaré a casa donde haré que disfrutes cadaaa segundo, hasta que te extingas y encontrar a un nuevo juguetito—.
Dijo entre risas, retrayendo su mano del mundo mortal y dejando atrás una estela de docenas de almas inocentes que la seguían.
Contrario a lo que uno esperaba, con una voz tierna les señaló un camino.
—Ese es el camino por el cual deben partir; no se preocupen, cuidaré de este pequeño por el cual ustedes les fue arrebatado.—
Inquietas las pequeñas almas en qué hacer; aun así siguieron el consejo de la entidad, desapareciendo del mundo terrenal donde ya no pertenecían; en cambio, en el mundo espectral, como un río de almas, ingresaron al núcleo del Dios hentai.
—Nos vemos si así lo requiere el destino—.
Dijo y el espacio comenzó a cerrarse lentamente, succionando con tal fuerza que todo lo que no estuviera sujetado era arrastrado a donde ningún humano quisiera ir.
Sin niebla Werver o algún rastro de las abominaciones que salieron; si no fuera porque el suelo y el cuerpo de Hobo radiante aún estaban, nadie podía asegurar que algo así pasó delante de sus narices.
—… Tienes algo que decir—.
En un tono grave, demostrando la gravedad de lo sucedido, Javier vio a Inzou.
—No mucho, además de despreciar tal acto inhumano que cometió. Alguien está herido o sufrió un ataque en la psique—.
—¡Sí, Kazuki necesita asistencia!—.
Ni siquiera dándole una segunda mirada a Inzou, se acercó al invocador arcano que luchó contra la docena de abominaciones y salió triunfante, aunque las consecuencias fueron críticas para algo que emplea la psique.
—Por ahora dejaré esta runa para estabilizar su condición; perder a sus bestias arcanas, le puso un grave daño en su psique—.
—Eso quiere decir—.
—Ah, no te preocupes, con la runa que le imprime en la frente, podrá recuperarse, a su estado anterior sin ninguna secuela—.
—Gracias a Dios—.
Al ver al amigo de Kazuki, dejó una pequeña runa de curación en la mente, para visitar a otros que por culpa de la sola presencia de la entidad y sus palabras, fueron afectados.
—Bien, con esto es suficiente—.
Al levantarse de curar al guerrero arcano de sus heridas autoinfligidas, Javier se da cuenta de la presencia de Yuuko.
—Ya me estoy arrepintiendo de conocerte—.
—Ahahaha, soy culpable de todos los cargos. Puedo soportar muchas cosas, pero soy sensible cuando se trata de algo tan inocente como bebés—.
Observando la resolución en la mirada de Javier, que no bromeaba, Yuuko no siguió el tema.
Muy obvio para los demás, que tampoco querían hablar de ello, sintiendo el temor de que sean un segundo Hobo Radiante y más los de su mismo clan, que se mantenían alejados de Javier.
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