Me convertí en Papa, ¿y ahora qué? - Capítulo 119
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Batalla de la Niebla 1 119: 119.
Batalla de la Niebla 1 Pueblo Esfinge
El pueblo funcionaba tan bien como siempre.
La gente se reunió para cocinar un montón de sopa en grandes recipientes.
No podían permitirse muchas verduras ni carne, así que machacaban la carne y las verduras que podían hasta hacer una pasta, le ponían algunas hierbas y especias, y lo cocinaban todo.
Al menos sería comestible con el pan que la gente del campamento estaba haciendo.
Felix también estaba ayudando, ya que la cocina temporal estaba instalada frente al Monasterio, y no había ningún otro sacerdote en ese momento, puesto que los dos hombres que trabajaban para el falso Arcipreste estaban encerrados en las mazmorras.
—Idiota, si te caes en esa olla, tendrás una muerte peor que la del tío de mi primo tercero —le recriminó Felix a Shane, el niño que quería ayudar en todo momento.
—¿Y si se cayera usted?
—preguntó Shane con curiosidad.
Felix bufó y, orgulloso, le quitó la espátula grande y se sentó junto a la olla hirviendo que probablemente podría cocinar un toro entero de una sola vez—.
Soy un caballero poderoso.
Temperaturas tan bajas no pueden hacerme daño.
Mira esto.
Felix sacó un poco de sopa de la olla y se la bebió de inmediato.
—¿Ves?
Estoy como si nada.
Los ojos de Shane brillaron de emoción por lo que el futuro le deparaba.
—¡Yo también seré como usted y el Sacerdote Silvestre!
¿Quiere escuchar mi himno favorito?
A Felix se le ensombreció el rostro.
—Niño, ya lo has cantado diez veces.
Pero bueno, algo de entretenimiento es mejor que ninguno.
Shane tosió e intentó imitar cómo cantaba Sylvester.
♫Un hombre valiente de la tierra del gran muro de arena
Es el caballero que está por encima de todos
Dios con su gracia todo se lo ha dado
Es un hombre de gran osadía.♫
♫Primero en su glosario: el libertinaje
Junto a la luz podrá estar, mas su moral es un ultraje.
Corred, bellas damas, huid de su lascivia
O su lujuria se volverá vuestra en…
encefalopatía.♫
—¿Qué tal lo hago, Sacerdote Felix?
¿Sueno como el Sacerdote Silvestre?
—preguntó Shane con inocencia.
No se percató del ceño fruncido del Caballero de Murallarena, el predicador temporal de la luz.
Felix sabía para quién era esta canción.
No había ningún otro hombre cercano de la tierra del gran muro de arena.
—Shane, ¿sabes lo que significa libertinaje?
Shane negó con la cabeza.
—No, quería preguntárselo.
Y también, la última palabra…
¿cuál era?
Felix le dio una palmadita en la cabeza a Shane.
—Ay, mi pequeño terrón de azúcar…
no necesitas saber eso.
¿Te importaría decirme quién te dio este himno?
—Oh, el Sacerdote Silvestre me lo escribió ayer.
Dijo que usted sería el mejor juez…
¿usted también conoce este himno?
Felix apretó los dientes mientras se le marcaban las venas en la cabeza.
«¿Así que las quieres, Max?
Bien, que empiece el juego…
vamos a ello».
—¿Quieres un himno mío también?
—¡Sí!
—asintió Shane de inmediato.
Después de todo, cuantos más, mejor.
Así que Felix escribió un himno en el cuaderno y se lo devolvió.
—Léelo más tarde.
Por cierto, ¿tú también estás escribiendo tus propios himnos?
Shane asintió con orgullo mientras sonreía con timidez.
—¡Por supuesto!
Quiero ser como el Sacerdote Silvestre algún día…
así que necesito dominar los himnos y el violín.
—¡Genial!
Otro bardo.
Guarda el libro por ahora.
Es hora de que llevemos la comida a esos refugiados.
Así que todos prepararon grandes recipientes de metal con tapa y comenzaron a bajarlos con una cuerda al otro lado del muro.
Les llevó mucho tiempo, ya que había mucha gente que alimentar.
Y como era casi mediodía, el calor se estaba volviendo insoportable.
¡Paaa!
Sin embargo, justo en ese momento, unos cuernos de advertencia resonaron en las cercanías, originándose en el extremo norte del campamento.
—¡Mierda!
¡Es un ataque!
—maldijo Van Sigurd, el jefe del campamento de refugiados, al notar una creciente nube de polvo del desierto en la distancia.
Felix, sin embargo, rugió de emoción mientras desenvainaba su mandoble de la espalda.
—¡Sí!
¡Por fin, algo interesante!
Sigurt, prepara a tus hombres para la batalla, yo los contendré.
Felix miró a la gente en la muralla.
—Es mediodía.
¿No tienen que echarse la siesta?
Váyanse.
¡Yo me encargo de esto!
Shane, ¡tú también vuelve al Monasterio y mantente alejado de los pacientes!
¡Pum!
Felix saltó desde la muralla del pueblo y sonrió de oreja a oreja al ver a los incursores.
Eran al menos un centenar, y la mayoría iban a caballo.
—¡Tajo Atronador!
—rugió el nombre de su primer ataque solo para llamar la atención de los incursores.
Entonces Felix blandió su espada horizontalmente hacia los enemigos a tal velocidad y con tal imbuición mágica que, cuando completó el arco, envió una onda de aire visible y un fuerte estruendo sónico.
La onda de aire era un arco literal, tan afilado como su espada.
¡Fiuuu!
Conectó sin esfuerzo con los enemigos a la altura de la cabeza.
En un instante, dos docenas de hombres fueron decapitados por un solo ataque de Felix; este era el poder de un hombre con talentos mágicos o caballerescos contra gente común.
Sin detenerse, Felix saltó seis pies en el aire y luego estrelló el filo de su espada contra el suelo mientras usaba magia rúnica de Tierra.
¡Boom!
El suelo se abrió desde donde su espada lo tocó y se expandió hasta donde estaban los incursores.
Este ataque no mató a nadie, pero asustó o hizo tropezar a algunos caballos, matando a unos pocos y convirtiéndolos en carne para los refugiados.
Los incursores estaban en un caos total al ver a sus hermanos caer o ser decapitados.
El pánico se extendió entre sus filas.
Felix no estaba satisfecho, sin embargo, e intentó alcanzar a los incursores.
No obstante, pronto se detuvo mientras un ceño de enfado se apoderaba de su rostro.
—¡No!
¡No huyan!
Luchen conmigo…
por favor…
¡estoy aburrido!
Y para cuando Van Sigurd llegó con el equipo improvisado, Felix ya estaba regresando al pueblo con una mirada de desánimo.
—Vayan y coman su comida…
yo voy a rezar.
Y así fue como comenzó la leyenda de Félix la Espada Loca en las desoladas tierras del Reino de las Tierras Altas.
…
Sin embargo, las cosas no eran tan alegres ni amables en el valle de la niebla tóxica.
Había innumerables zombis por toda la región, algunos incluso tan lejos que el equipo no podía verlos debido a la niebla.
Todos conservaban sus ropas, aunque rotas por algunos sitios.
Aunque sus ojos parecían muertos al no haber luz de vida visible, no parecían reaccionar a nada y simplemente permanecían de pie.
Lo que en realidad les encogió más el corazón fue que también había niños pequeños y bebés, desde unos pocos meses hasta niños que apenas caminaban.
Los bebés que nunca llegaron a crecer lo suficiente para caminar seguían allí, en el suelo, que solo movían las piernas y los brazos mientras eran masticados por las serpientes monstruosas.
Sylvester no se quejó, ya que eso mantenía ocupadas a las serpientes y les daba tiempo para adentrarse más en el valle.
Pero una cosa era segura.
Nunca iban a olvidar las escenas de ese día.
Sin embargo, Sylvester se preguntó: —¿Ha visto alguna vez escenas peores que esta?
El Obispo Lazark asintió.
—Una vez, cuando estaba más al sur, investigué a un poderoso nigromante que había matado a todo un pueblo de cinco mil personas y luego los controlaba como si fueran personas reales.
Atraía a comerciantes ricos, hacía que los zombis los atacaran y se quedaba con el dinero.
Fue…
inquietante…
Pero la sangre y vísceras de aquí es lo que hace que esto sea peor.
¡Cof!
Sir Dolorem seguía tosiendo de vez en cuando mientras hablaba.
—Intentemos no acabar como ellos…
concentraos en el camino.
No era necesario, pues los sentidos de Sylvester les decían más de lo que sus ojos podían en ese momento.
Pero al menos ahora tenían a los zombis para alejar a las serpientes y poder adentrarse más.
Sylvester también estaba pendiente de todos en el grupo.
Sus emociones le decían mucho.
Sir Dolorem no estaba asustado en absoluto.
En cambio, tenía una sensación de esperanza e ira.
Mientras que el Obispo Lazark parecía emocionado y asqueado…
Solo Gabriel estaba un poco asustado y entristecido.
«¿Cuánto tiempo fa…».
Justo en medio de su pensamiento, sintió que la sensación de muerte aumentaba a un ritmo enloquecedor, y como no se habían movido demasiado rápido, eso solo significaba una cosa.
—¡Preparaos para la batalla!
¡Ya viene!
¡Fiuuu!
¡Bam!
Sylvester fue arrojado al instante cuando algo chocó con su lanza con una fuerza superior.
Todo lo que notó fue una sombra gigante, de al menos nueve pies de altura.
Se puso en pie rápidamente y gritó órdenes para mantener la formación de batalla.
—¡Sacad vuestros cristales de luz, colgáoslos en la cintura y empezad a lanzar los cristales explosivos!
Tenemos que despejar la niebla.
Pero, por desgracia, la niebla púrpura solo pareció aumentar con la llegada del protagonista de estas montañas.
—¡Wraaaaa!
Un grito ensordecedor resonó e hizo eco por todo el valle.
Eso solo fue suficiente para hundir sus valientes corazones y hacerles cuestionar su propia cordura.
—Obispo, no pierda de vista a todos sus zombis.
Si siente que los matan demasiado rápido en una dirección, grite cuál es.
Gabriel, ponte detrás de mí y cúbreme.
Sir Dolorem, por favor, cubra al Obispo con Solario y Cristales de Luz.
¡No dejen de emitir luz!
Repito…
—¡NORTE!
—gritó el Obispo Lazark.
Sylvester se mordió los labios y rápidamente lanzó dos bombas IED hacia el norte.
«Déjate golpear ya, criatura».
[Nota del editor: Las Bombas Li-Fi (Luz-Fuego) son ahora IED (Dispositivo Explosivo Improvisado)]
—¡Agachaos!
—gritó Sylvester al sentir que la sensación de muerte alcanzaba su punto álgido de nuevo.
Con eso, ahora sabía que tenía el mejor sensor para saber en qué dirección estaba el sangriento, aunque solo le daba un segundo para responder.
El Obispo Lazark preguntó, pareciendo ahora asustado mientras tartamudeaba.
—¿Tienes algún plan para matarlo?
—¡Sí!
Pero para eso, primero necesitamos saber de qué dirección viene y colocar las bombas.
No sabía que esta cosa sería tan rápida…
pero el plan sigue en pie.
Primero, usaré el elemento Tierra para detenerlo o ralentizarlo —respondió Sylvester y se preparó para golpear con su lanza.
Este fue el momento en que sintió que podría haber usado la habilidad de controlar la longitud de la lanza.
—¡ESTE!
—exclamó el Obispo Lazark.
Sylvester estaba listo esta vez e instantáneamente lanzó cinco bombas IED en esa dirección.
¡Fiuuu!
Sin embargo, el Sangriento aun así llegó, y esta vez, algo sucedió, ya que Sylvester sintió dolor en su brazo derecho sangrante.
Lo miró y maldijo en voz alta.
—¡Mierda!
¡Ha atravesado mi armadura!
¿Y cómo demonios ha venido del Oeste?
Estaban completamente ciegos, atrapados dentro de la cúpula de luz que habían creado dentro de la densa y oscura niebla.
Estaban consumiendo sus reservas de solario como si fueran agua, y su lucha ni siquiera había comenzado.
¡Cof!
¡Cof!
—¡Sir Dolorem!
—Sylvester corrió hacia el hombre mientras mantenía su luz, incluso intensificándola—.
¡Parece que su máscara no funciona correctamente!
Tome la mía.
Sylvester, sin perder un momento, se quitó la máscara.
Sir Dolorem se puso en pie de un salto, asustado, pero también enfadado.
—¡Muchacho insensato!
¡Tu vida vale mil veces la mía!
Quédate con tu máscara, yo sobreviviré.
Sylvester se sintió sinceramente conmovido, pero aun así se la quitó.
—No pasa nada, porque tengo una máscara que el señor me dio al nacer: mis himnos.
De hecho, tan pronto como Sylvester se quitó la máscara, un halo brillante apareció detrás de su cabeza, y actuó como un minifiltro que no permitía que ninguna toxina se acercara a su cara, ya que emitía un aura extraña.
Había algo diferente en el halo en comparación con la luz normal, ya que a veces también le daba un aumento de poder.
—¡Póngasela!
—le encajó la máscara a Sir Dolorem y se preparó para cazar a esa cosa, ya que ahora se sentía mucho más despejado y con mejor visión.
¡Boom!
Sin perder un momento, Sylvester lanzó una bomba IED en una dirección mientras mantenía su lanza lista para apuntar hacia el Sangriento que se acercaba.
¡Crunch!
Sylvester miró hacia abajo, una serpiente había llegado de alguna manera hasta allí, y la mató con facilidad.
—¡Wraaaaa!
Justo entonces, un grito del Sangriento también resonó en la distancia.
Sylvester se alertó, pero a la vez se sintió eufórico.
Miró a un lado y notó unas cuantas serpientes más, así que las aplastó rápidamente.
—¡Wreeeeaaa!
—¡Oh!
—sonrió Sylvester—.
Todos…
no sé cómo, pero estas serpientes están conectadas de algún modo con ese Sangriento, y si las matamos, el Sangriento grita.
Así que ya saben lo que tienen que hacer.
Sin embargo, Sylvester no tuvo en cuenta la velocidad de su enemigo.
—¡Agachaos!
Esta vez, uno no lo hizo.
—¡Argh!
¡Santo Solis!
Sacerdote…
¡ayuda…!
Sylvester miró hacia el Obispo Lazark y notó que el Sangriento se llevaba al hombre.
Por desgracia, todavía era demasiado rápido para ver nada, y para cuando pudieron reaccionar, el sangriento se había perdido en la niebla.
Pero Sylvester maldijo más fuerte que nunca, ya que solo notó una cosa sobre el Sangriento que lo perturbó hasta la médula, algo que cambió todo en esta pelea.
—¡Santo y jodido Solis!
¡No estamos preparados para esto!
¡Mierda!
[N/A: Ilustración del Demonio en el próximo capítulo.]
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400 GT = 1 capítulo extra.[¡DADME UN POCO!]
1 Súper Regalo = 1 capítulo extra.
¡SIMIOS JUNTOS FUERTES!
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