Me convertí en un Zompirlobo - Capítulo 117
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117: ¿Expulsión?
(2) 117: ¿Expulsión?
(2) —Creí que te había dicho que te fueras.
—La Maestra se levantó de inmediato y se interpuso entre Ashton y la directora.
—Qué atrevimiento el tuyo suponer que dejaría a un estudiante preciado a solas contigo —replicó la directora con una sonrisa en el rostro—.
Por mucho que me gustaría discutir contigo y ponerte en tu sitio, ahora mismo tenemos cosas más importantes en las que centrarnos.
La Maestra respiró hondo varias veces para controlar su genio antes de apartarse de su camino.
La tensión entre la Maestra y la directora era algo que existía desde mucho antes de que Ashton naciera.
Pero por el bien de ayudar a su preciado hombre lobo, ambas estaban dispuestas a dejar sus diferencias a un lado y trabajar juntas…
por ahora.
—Nos has metido en problemas a todos, Ashton.
Incluso a mí —lo regañó la directora en broma.
Quedaba por ver si lo hacía para levantarle el ánimo.
Pero ver su sonrisa sin duda ayudó al humor de Ashton.
Sin embargo, no pudo evitar sentirse un poco preocupado por lo que ella había dicho.
—¿Quieres saber por qué estoy en problemas?
—le preguntó a Ashton, quien asintió—.
Como fui yo quien te dio permiso para volver a asistir a clase, es obvio que me metería en algún tipo de lío.
Verás, yo misma tengo una audiencia para ver si mis acciones han puesto en peligro la seguridad de los estudiantes.
—Bueno, ya era hora —se burló la Maestra.
Ashton no sabía qué podría haber pasado entre ellas dos, pero para que la Maestra estuviera actuando así, debía de ser algo muy gordo.
Por mucho que a Ashton le hubiera gustado saberlo, ya tenía demasiadas cosas en su plato.
Sin embargo, había una noticia más que la directora tenía que darle.
Una noticia que a Ashton no le gustó nada.
Ni un poco.
Debido a su continua violencia en los terrenos de la academia…
había sido expulsado de la academia.
Bueno, técnicamente, era más una suspensión que una expulsión.
—No te preocupes, si todo va según lo planeado, estarás de vuelta en la academia en nada de tiempo.
La directora le aseguró y, aunque Ashton no confiaba en ella ni un ápice, no es que pudiera hacer algo al respecto.
Le habían advertido una y otra vez y, sin embargo, siempre acababa metido en un lío tras otro.
Como resultado, la directora tuvo que tomar algún tipo de medida contra él.
Esa medida era la expulsión.
Sin embargo, si durante el juicio el Rey mostraba algo de clemencia hacia él, entonces Ashton quizá podría volver a asistir a la academia.
La directora le había asegurado que recurriría a todos los favores de toda la gente influyente que conocía para hacerlo posible.
Pero hasta entonces, Ashton ya no era un estudiante de la academia.
Lo que no era justo para él, ya que ninguno de los otros había sido suspendido, y mucho menos expulsado.
Pero las cosas eran así.
El no poder hablar estaba cabreando a Ashton de sobremanera.
Había un montón de cosas de las que quería hablar pero no podía.
También intentó usar gestos, pero gracias a su cuerpo destrozado, tampoco fue posible.
Aunque la Maestra y la directora hacían todo lo posible por interpretar sus expresiones y su lenguaje corporal, seguían teniendo dificultades para conversar.
«Si al menos Rose estuviera aquí, todo sería más cómodo», pensó Ashton mientras seguía intentando hablar de lo que le había ocurrido mientras estaba fuera de sí.
Después de media hora de señalarse torpemente a sí mismo y a sus heridas, la directora por fin entendió lo que Ashton preguntaba.
Lamentablemente, no había mucho que saber, aparte de que Ashton perdió el control y apaleó brutalmente a los estudiantes mayores hasta dejarlos al borde de la muerte.
En cuanto a las heridas que él sufrió, las había recibido de los otros estudiantes mayores que intentaron detener su arrebato, pero no tuvieron éxito.
—Según la Profesora Amaira, parecía como si tu mente hubiera desactivado todos los órganos sensorios.
Te apuñalaron, te rompieron los huesos, con la esperanza de detenerte.
Pero tu cerebro no registró ningún tipo de dolor y seguiste golpeando a los tres estudiantes mayores.
Ella continuó: —Incluso después de que la propia Profesora Amaira saltara a la arena para detenerte, la ignoraste por completo y continuaste golpeándolos.
Especialmente al Sr.
Lancaster, que estaba en el peor estado de los tres…
«Eso tampoco me ayuda».
Ashton suspiró e ignoró lo que fuera que ella estuviera diciendo.
«Quizá debería preguntarle a Anna sobre esto.
Espera, no puedo…
¡por esta estúpida expulsión!».
—No te hagas muchas ilusiones todavía.
Recuerda que la decisión final dependerá de ese gilipollas de mi padre —interrumpió la Maestra a la directora—.
No sé si le importará lo suficiente como para verificar ese hecho o no, pero como eres un Bismark, ciertamente no te lo pondrá fácil.
Joder, me sorprendería que no te metiera en la cárcel solo porque eres mío.
«¡No soy de nadie, zorra!».
Por una vez, Ashton se alegró de no poder hablar, o de lo contrario lo habría gritado a los cuatro vientos.
Pero el Rey no era el único problema.
Lo más probable es que el jurado estuviera compuesto por nobles, lo que era mucho peor que tener al Rey Jonathan como juez.
—Eso es un problema —murmuró la directora, y de repente todo quedó en silencio—.
Sin embargo, tenemos el «voir dire» para ayudarnos.
Como es sabido, el jurado es una parte importante de un juicio, por lo que también era lo que podría ayudarles.
Después de todo, ahí es donde entraría en juego la influencia de la Maestra y de la directora.
Los abogados y los jueces seleccionan los jurados mediante el «voir dire», que significa «decir la verdad».
Básicamente, era una prueba para ver si los miembros del jurado eran aptos para participar en el juicio o no.
En cuanto a la lista de posibles jurados, los abogados de ambas partes recomiendan a un grupo de personas para que hagan la prueba y luego son seleccionados en función de los resultados.
Esta era su única esperanza, ya que a través de este proceso, podrían conseguir algo de apoyo para Ashton en una sala de tribunal llena de enemigos.
—Como el juicio es la semana que viene, ¡no perdamos más tiempo y pongámonos manos a la obra!
—exclamó la Maestra y se puso a trabajar—.
¡Hasta entonces, no causes más problemas, bastardo!
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