Me convertí en un Zompirlobo - Capítulo 180
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180: La confesión de Lucifer (1) 180: La confesión de Lucifer (1) Ashton esperó y esperó a que Rose le respondiera.
Tenía la esperanza de que, de alguna manera, le diera una respuesta satisfactoria…, pero no pudo.
—Está bien —desestimó Ashton su pregunta—.
Tu silencio es lo suficientemente elocuente como para responder por ti.
Solo dile a Lucifer que se ponga en contacto conmigo cuando tenga tiempo.
Infórmale de que es…
algo que podría ser potencialmente mortal.
Eso debería interesarle lo suficiente como para contactarme.
Dicho esto, Ashton salió de la habitación mientras Rose asentía en silencio.
Para alguien con una personalidad tan vivaz y arrogante como la suya, estaba extrañamente callada.
—Ah, y en el momento en que me encuentre con Mike, voy a matarlo.
Sin importar quién se interponga en mi camino —insinuó Ashton con una voz tranquila pero escalofriante—.
Ya que te preocupas tanto por él, deberías decírselo.
Además, espero que esta…
situación no se interponga en nuestra amistad mutua con Lucifer.
Continuó: —De lo contrario, creo que su alteza estaría bastante interesado en encontrar a uno de los parientes de Mike.
Si sabes a lo que me refiero.
Rose lo había ayudado inmensamente; esa era la única razón por la que no planeaba abusar de los poderes que le había otorgado Jonathan.
Pero si ella intentaba hacer algo en su contra, él no tendría ningún problema en devolvérsela.
Híbrida o no, ni siquiera ella sería capaz de soportar la ira de Jonathan.
Sin embargo, Ashton esperaba que nunca se llegara a eso.
Pero si así fuera…, bueno, peor para ella.
***
Al día siguiente…
La noticia del regreso de Ashton se extendió como la pólvora por el campus.
Mientras que aquellos que habían sido atormentados desde la «expulsión» de Ashton podían por fin respirar aliviados, los que habían estado abusando de su apellido familiar estaban un poco preocupados e incluso empezaron a pensar en disolver sus grupos.
Luego había un grupo que planeaba seguir como si nada.
Eran los estudiantes mayores que tenían muy poco que perder y mucho que ganar.
La mayoría no pertenecía a ninguna familia noble, pero su valor y su fuerza eran suficientes para crear su propia secta de seguidores.
Lo único que temían era que uno de los suyos los delatara, tarde o temprano.
Además, con Nicole, la líder de la facción más fuerte, detenida, el resto de los nobles se vieron obligados a morderse las uñas mientras esperaban el siguiente movimiento de Ashton.
Poco sabían ellos que Ashton había puesto su caso en segundo plano.
Su equipo y los caballeros seguirían buscando activamente a los malhechores y encargándose de ellos, pero Ashton estaba ocupado centrándose en otra cosa…, a saber, encontrar el paradero de la directora.
Incluso antes de empezar la búsqueda, Ashton sabía que iba a ser una tarea endemoniada.
Sobre todo porque tendría que hacerlo solo y porque, literalmente, nadie tenía ninguna información sobre ella.
Pasaba la mayor parte del tiempo buscando pistas.
Cualquier cosa que pudiera guiarlo hacia ella.
Pero incluso después de poner a trabajar todas las neuronas de su cerebro para pensar en algo, tenía poco o ningún éxito.
Eso fue hasta que recibió una petición anónima.
Cuando se despertó a la mañana siguiente, encontró una carta dirigida a él.
El remitente no revelaba su identidad, pero según la carta tenía cierta información sobre «aquella a quien buscaba».
Junto con la petición de reunirse con el remitente en el Mercado Negro.
Ashton no era de los que confían en alguien tan fácilmente, y mucho menos en gente que ni siquiera le mostraba la cara.
Pero este caso era diferente.
Estaba desesperado por cualquier información…, literalmente, por cualquier cosa.
Además, ya no era tan débil como antes.
Así que si resultaba ser una trampa, podría salir del lío.
Incluso si eso significaba mancharse las manos de sangre.
El único problema era que…
la reunión no se celebraría hasta dentro de una semana.
Era decepcionante y frustrante al mismo tiempo.
«Será mejor esperar y ver cuáles son mis opciones.
No puedo confiar ciegamente en cualquiera que venga a agitar una zanahoria delante de mí».
Ashton se guardó la carta en el bolsillo y se preparó para interrogar a los profesores.
A pesar de lo que dijeran, los estudiantes no se habrían vuelto tan revoltosos sin el apoyo de algunos miembros del profesorado.
Mientras la directora estaba, todas estas tonterías se mantenían más o menos bajo control, pero su desaparición debió de incitar a estos idiotas a hacer lo que les viniera en gana.
Amaira y Tanaka estaban definitivamente metidos en la trama, considerando su descarado favoritismo hacia los nobles.
Por lo tanto, su interrogatorio era solo una formalidad y nada más.
En cuanto al Profesor Bancroft y al Profesor Kakaroff, estaban demasiado ocupados con sus propias mierdas, no habrían tenido tiempo de participar en juegos tan infantiles.
Pero Ashton aun así iba a hacer que los interrogaran.
Pero antes de que pudiera interrogar a una sola persona, se topó con problemas.
Delante del edificio administrativo, se había reunido una gran multitud.
Ashton no tardó en reconocer quiénes eran, ya que había visto a la mayoría durante su juicio en la capital.
«Realmente quiero matar a estos cabrones…», suspiró Ashton y se acercó para ver a los nobles amenazando a Virgil y al resto de su equipo por encerrar a sus «preciados» niños en celdas como criminales.
—¡Lo único que hicieron fue divertirse un poco con los otros estudiantes!
¡No pueden arrestarlos por eso!
—gritó uno de los padres a pleno pulmón.
—¡Tendrán que responder por esta estupidez que ustedes, matones, han cometido!
—intervino otro.
A lo lejos, se podía ver a Amaira y a varios otros profesores riendo.
Bueno, Ashton tomó nota de todas sus caras antes de decidir darles una lección también a los «padres».
De repente, Ashton se abalanzó y agarró a uno de ellos antes de estamparlo con fuerza contra el suelo.
La nariz del hombre se rompió y su cara se cubrió de sangre.
Pero eso no fue todo…
Ashton le agarró las manos y le rompió todos los dedos, uno tras otro, mientras el resto lo observaba con horror.
—¿Por qué me miran así?
—se burló Ashton—.
Ya dijeron que sus hijos estaban «jugando» con los otros estudiantes.
Así que pensé en jugar un poco con algunos de ustedes, tal como sus hijos jugaron con los demás.
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