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Me convertí en un Zompirlobo - Capítulo 188

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  3. Capítulo 188 - 188 Baño de sangre 3
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188: Baño de sangre (3) 188: Baño de sangre (3) Al llegar a la aldea desolada, los estudiantes fueron rápidamente divididos en grupos de cuatro.

En cada equipo, había dos estudiantes de cada academia.

Esta era otra condición que nadie había aceptado previamente.

Pero justo en ese momento, los profesores de ambas academias pensaron que era una buena idea, ya que ayudaría a que los estudiantes se mantuvieran a raya entre sí.

Además, cada equipo iba acompañado por un profesor de la academia de hombres lobo o de la de vampiros.

Curiosamente, Camilla insistió bastante en ser la supervisora de un grupo en particular.

A simple vista, no había nada especial en el grupo.

Los dos hombres lobo del equipo eran de bajo rango, lo que significaba que uno de los estudiantes vampiro debía de ser una persona muy valorada.

O, al menos, estar emparentado con alguien de alta posición.

Virgil no pudo obligar a Camilla a actuar de otra manera, por lo que aceptó su derrota y pasó a dirigir otro equipo.

La misión de subyugación pronto se convirtió en una competición improvisada.

Todos querían saber qué equipo era el mejor, y así todos se vieron inmersos en el espíritu de la competitividad.

A cada equipo se le asignó una zona en particular.

Ningún equipo tenía permitido entrar en la zona de otro a menos que los supervisores de ambos equipos lo autorizaran.

El equipo que consiguiera más muertes antes del amanecer recibiría una recompensa especial.

Sin embargo…, no todos los presentes esperaban con ansias la recompensa…

—Joder…

¿Por qué teníamos que ser nosotros los que cargáramos con estos bastardos inútiles?

—se quejó un vampiro de pelo carmesí a su compañero de equipo—.

Míralos…

¡Ni siquiera tienen ninguna habilidad decente!

¿Cómo se supone que van a luchar?

—Cálmate, Kai.

No es para tanto.

Míralo de esta forma: tenemos dos porteadores para llevar nuestras cosas.

Son más o menos como los sirvientes que solíamos tener en Vania —Nico, el compañero de pelo azabache de Kai, sonrió con suficiencia—.

Además, ¡este es el mejor momento para demostrarles por qué los vampiros somos naturalmente más poderosos que ellos!

Kai y Nico lideraban el equipo, mientras los hombres lobo caminaban detrás.

Podían oír cada una de las palabras que decían aquellos vampiros y, a pesar de sentir la rabia bullir en su interior, no podían hacer nada.

¿Por qué?

Porque lo que decían aquellos vampiros era cien por cien verdad.

Ni siquiera eran lo bastante fuertes como para derrotar a sus propios compañeros.

¿Cómo diablos se suponía que iban a luchar contra los vampiros?

Para colmo, su supervisora era la mismísima directora de la academia de vampiros.

Si intentaban hacer algo…, las cosas no acabarían bien para ellos.

Si les hubieran asignado como supervisor a un profesor de su academia, no habrían dudado en darles a esas zorras chupasangre y bocazas una lección que jamás olvidarían.

Como Camilla no impedía que sus estudiantes minaran la moral de sus compañeros de equipo, los hombres lobo decidieron hacer lo único que podían en esa situación: observar el lugar desolado que una vez fue el centro de los negocios.

Al menos, cuando los humanos estaban a cargo del lugar.

El lugar se llamó una vez Brafast.

La red de caminos que conducía a Brafast estaba hecha pedazos por los elementos de la naturaleza.

La hierba había rellenado el laberinto de grietas, mientras que la arena había cubierto lo que quedaba.

Ramas rotas y hojas cubrían los caminos del pueblo, mientras la alta hierba de los descuidados jardines se mecía con el viento.

La mayoría de las puertas seguían en sus marcos, como si nada hubiera cambiado.

Sin embargo, bastantes estaban entornadas por una razón u otra, quizá abiertas a toda prisa.

Ropa, electrodomésticos y otras pertenencias estaban esparcidos, perdidos y rotos, fuera de algunas casas.

Ya no le servían a nadie.

Brafast, antaño un importante centro para nuevos negocios y familias jóvenes, no era más que un cascarón vacío de lo que fue.

El aire, que una vez estuvo lleno de los múltiples sonidos de una comunidad en crecimiento, se había vuelto inquietantemente silencioso.

El silencio solo lo rompía algún sonido ocasional y alguna ráfaga de viento.

La estación de tren se había derrumbado y las vías estaban cubiertas de matorrales y ramas caídas.

Ya nadie esperaba el siguiente tren; nadie iba con entusiasmo a su próximo destino ni esperaba a los que volvían a casa.

Era una sensación extraña seguir los pasos de tantas vidas ahora olvidadas y no saber qué fue de la gente que una vez vivió aquí.

Pero, aunque muchos edificios habían encontrado un nuevo propósito, era imposible que el pueblo volviera a ser lo que fue.

Esa era la razón por la que los hombres lobo ni siquiera intentaron repoblar el lugar.

El valor de Brafast se había perdido hacía mucho.

Sin embargo, los no muertos que vivían en la zona opinaban lo contrario.

Para ellos…

habían llegado nuevas presas, listas para el festín.

Al poco tiempo, un par de necrófagos dieron con el grupo de Kai y Nico.

En cuanto vieron a los necrófagos, se sonrieron el uno al otro.

—¡El primero que mate al necrófago no tendrá que hacer las tareas al volver al campus!

—Kai sonrió con suficiencia y se abalanzó sobre el necrófago más cercano.

Murmuró algo y, de repente, unas alas brotaron de la nada en su espalda.

Antes de que ninguno de los necrófagos pudiera reaccionar, saltó por encima de sus cabezas, le rodeó el cuello a uno de ellos con los brazos y se lo arrancó limpiamente de los hombros, como si el cuello hubiera sido desmontable desde el principio.

El movimiento fue brutal, pero elegante.

A pesar de que la sangre podrida del necrófago salpicó por todas partes, junto con jirones de carne, en ese momento, los hombres lobo no pudieron evitar admirar al vampiro.

—¡Eso no es justo, cabrón!

—replicó Nico—.

¡Jugaste con ventaja!

—Deja de lloriquear, perdedor, y encárgate del necrófago que queda.

¿O quieres que lo haga por ti?

—se burló Kai de Nico—.

Puedo hacerlo, pero solo si aceptas encargarte de mis tareas durante el resto de la semana.

—¡Piérdete!

—Nico le dio un puñetazo de broma a Kai en el hombro y avanzó para matar al necrófago que cargaba contra ellos.

Sin embargo, Camilla no tenía el más mínimo interés en ellos.

En vez de eso, estaba ocupada jugueteando con su comunicador.

Una amplia sonrisa apareció en su rostro mientras leía el texto que acababa de recibir…

«Estamos en posición.

A la espera de órdenes.»

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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