Me convertí en un Zompirlobo - Capítulo 197
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197: ¿Partida o Llegada?
(1) 197: ¿Partida o Llegada?
(1) En un lejano planeta artificial, dos individuos desconocidos mantenían una acalorada discusión.
El callejón estaba extrañamente vacío.
A pesar de la fuerte discusión, no había nadie que escuchara de qué hablaban las dos criaturas.
Sin embargo, si alguien llegara a enterarse de la conversación que estaban teniendo, se desataría el infierno sobre ellos.
Estas criaturas de piel dorada no se parecían a nada que un terrícola pudiera haber visto, ni en sus sueños ni en sus pesadillas.
Ambos individuos medían 2,41 metros, y sus rasgos faciales eran lo más hermoso jamás creado por el universo.
No habría hombre o mujer capaz de rechazarlos si los cortejaran.
Sin embargo, la característica más asombrosa de su cuerpo eran sus gigantescas alas negras.
Las alas eran casi tan grandes como ellos y tenían una envergadura de 4 metros.
A pesar de tener rasgos muy similares, había varias particularidades que los distinguían.
Uno de ellos no tenía barba, mientras que el otro lucía una larguísima barba blanca y trenzada que complementaba su atuendo negro y sus ojos marrones.
—¡Belcebú, no puedes echarte atrás en un juramento sagrado como ese!
—gritó el individuo barbudo a pleno pulmón.
—Pues mírame —suspiró Belcebú y comenzó a salir tranquilamente del callejón, pero un segundo después se dio la vuelta para darle a su «hermano» un sincero consejo—.
Deja el pasado en el pasado.
Lo que hicimos estuvo mal y pagamos el precio por ello.
Astarot desafió al consejo y fue castigado por ello.
Eso es todo.
—Incluso lo que estás haciendo ahora es un crimen —continuó—.
Ocultar su existencia solo a los señores Xiranos podría resultar en el destierro, si no la ejecución.
Olvídate de él y vive una vida tranquila aquí.
¿Por qué no empiezas una nueva vida como hice yo?
—¿Y traicionar a mi hermano?
Siento decepcionarte, ¡pero no soy un cabrón lamebotas como tú!
Lucifer escupió con asco.
No podía creer que Belcebú se negara a ayudarlo en un momento tan crucial.
Tras su conversación con el mortal, Lucifer por fin había encontrado una pizca de la esperanza perdida.
Podía ver una oportunidad de venganza justo delante de él.
Pero Belcebú y las historias de su nueva vida lo estaban cabreando.
Quizá su puta esposa lo tenía comiendo de la palma de su mano, o quizá Belcebú de verdad había olvidado las cosas que los «Xiranos» les hicieron.
Lucifer había compartido el secreto de la supervivencia de Astarot con Belcebú, su hermano de armas, alguien que había librado incontables guerras permaneciendo a su lado y al de Astarot.
Solo para ser traicionado por su falta de empatía.
En ese momento, Lucifer se dio cuenta de algo.
El hombre que tenía delante ya no era el intrépido y belicista Belcebú que recordaba.
En el transcurso de un siglo, parecía haber olvidado sus verdaderas intenciones y lo que habían planeado para la civilización superior.
—Sé que estás dolido, pero piénsalo, ¿quieres?
—sonrió Belcebú con desgana antes de darse la vuelta una vez más, pero esta vez Lucifer lo detuvo.
—¿Y si no lo hago, qué?
¿Me traicionarás como traicionaste a Astarot?
—Lucifer apretó los dientes con tanta fuerza que hasta Belcebú pudo oírlo.
—¿A qué te…?
—Puedes dejar de fingir.
He tenido mis sospechas durante un tiempo, y tus acciones no han hecho más que darme la razón —Lucifer agarró a Belcebú por el cuello de la camisa, pero al instante siguiente su propia cabeza acabó estampada contra el suelo.
—Que haya renunciado a la idea de luchar no significa que haya olvidado cómo defender mi honor —siseó Belcebú mientras Lucifer luchaba por liberarse de su agarre—.
Retuércete todo lo que quieras, imbécil.
Pero los días en que eras más fuerte que yo quedaron muy atrás.
¿Quieres saber cómo?
—¿Chupando pollas?
¡AGH…!
—rio Lucifer, pero a Belcebú no le hizo gracia la broma, porque un instante después le partió el brazo.
—Sabes, este es uno de los rasgos tuyos que siempre he admirado —sonrió Belcebú antes de soltarlo—.
Casi me recordó a algo que Astarot solía decir sobre tu naturaleza persistente: «Puede que lo derroten, pero nunca se quedará callado».
Lucifer mantuvo los labios apretados, aunque quería cantarle las cuarenta a Belcebú.
En su fuero interno, sabía que Belcebú no era el mismo de antes.
Sin embargo, al recibir la noticia de la supervivencia de Astarot, había esperado que al menos lo ayudara por los viejos tiempos.
Pero se había equivocado.
El cabrón ya no tenía remedio.
Ya no era un rebelde, ni mucho menos; se había convertido en un perro para los «Xiranos», llegando a venderles su lealtad para ganar más influencia y fuerza.
Antes había sido el más débil de los hermanos, pero ahora era, con diferencia, el más fuerte.
Además, a diferencia de él, Belcebú no era un mero administrador, sino un director ejecutivo.
Lo que significaba que mientras Lucifer se encargaba de un puñado de gente, Belcebú estaba ocupado manejando los problemas de una galaxia entera.
Todo gracias a sus increíbles habilidades para mamar.
—Vaya, de verdad te has quedado callado…
¡Ja, ja!
—rio Belcebú antes de mirar a Lucifer con total seriedad—.
No me importa por qué quieres que Astarot esté vivo, te vas a olvidar de él.
Te vigilaré de cerca yo mismo y, si descubro que estás haciendo algo que no debes, estás muerto.
Los Xiranos ya te perdonaron una vez, no volveremos a ser tan indulgentes.
Dicho esto, Belcebú abandonó el lugar, con su capa blanca ondeando tras él.
Lucifer la había cagado a lo grande contándole todo aquello a Belcebú.
Pero, por suerte, Belcebú solo sabía lo de Astarot y no lo de Ashton.
Por lo tanto, aunque Belcebú se esforzara mucho por averiguar dónde estaba Astarot, nunca podría conseguirlo.
Dicho esto, Lucifer sabía que ya no podía ayudar a Ashton, ni directa ni indirectamente.
Pero había una forma de devolverle el poder a Astarot.
Al menos hasta que fuera capaz de encontrar un camino de vuelta hasta los Xiranos.
«Tengo que convertirlo en el administrador de Ashton…»
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