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Me convertí en un Zompirlobo - Capítulo 249

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  3. Capítulo 249 - 249 Entrenamiento 1
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249: Entrenamiento (1) 249: Entrenamiento (1) A pesar de deliberar durante un par de horas, a todos solo se les ocurrieron dos escenarios para responder a la pregunta de Alucard.

Uno, los no muertos estaban evolucionando lentamente y, por lo tanto, estaban adquiriendo algún tipo de resistencia o inmunidad a la sal, lo que explicaría cómo cruzaron el océano.

Y dos, los no muertos se habían infiltrado en los otros continentes.

Ninguno de ellos quería que esto fuera cierto, pero tampoco nadie podía ignorar la posibilidad.

Esta conclusión era un tanto inquietante por razones obvias.

Había criaturas no muertas caminando entre ellos y nadie lo sabía.

Algo así no habría afectado mucho a los hombres lobo, pero para los vampiros, la presencia de los no muertos era poco menos que una pandemia.

Sin mencionar que era una violación directa del tratado entre las especies que estipulaba que ninguna especie tiene permitido poner un pie en la tierra perteneciente a otras especies a menos que sea invitada a hacerlo.

Sin embargo, no era posible que los no muertos, ni nadie en realidad, lo hiciera sin ser detectado.

Lo que significaba que…

alguien, un vampiro, también estaba metido en esto.

Podría ser cualquiera, desde un miembro de alto rango que intentara ascender eliminando a todos, o un don nadie que lo haría por cosas materiales.

Por fuera, Alucard parecía normal, pero en su cabeza ya estaba haciendo una lista de las personas que podrían hacer algo así.

Cualquiera que acabara ahí…

no volvería a tener una vida pacífica, como mínimo.

—Ya pueden marcharse —los despidió Alucard con aire tranquilizador—.

Yo me encargaré de esto por mi cuenta.

Mientras tanto, Ashton, podemos empezar tu entrenamiento a partir de mañana.

Si te parece bien.

—Gracias, su…
—¿Entrenamiento?

¿Qué entrenamiento?

—saltó Irina de inmediato.

Durante años le había rogado a su padre que le enseñara el camino de su espada.

Pero Alucard la rechazaba cada vez y, en su lugar, las enviaba a entrenar con los maestros de espada repartidos por su continente.

Por eso, cuando Alucard dijo que entrenaría a Ashton, se sintió un poco ofendida.

En su mente, era casi como si ella no fuera lo suficientemente digna, pero Ashton, por otro lado, sí lo era.

—Sí, lo estoy entrenando —afirmó Alucard sin andarse con rodeos ni intentar calmar la situación—.

Pero no lo hago porque sea capaz.

De hecho, es todo lo contrario.

—Padre, hemos luchado contra él y sabemos que es más fuerte que nosotras… —intervino Verina, pero Alucard la interrumpió.

—Lo único que sabe usar es la fuerza bruta.

Nada más.

Como su fuerza supera con creces la vuestra, era obvio que seríais derrotadas.

Dicho esto, a diferencia de ti y de tu hermana, él es terrible en el manejo de su arma, y la única razón por la que le enseño es porque tiene que protegeros a vosotras dos, y no al revés.

[Es un hombre muy astuto.

Me agrada.]
Ashton no podía estar en desacuerdo con Astarot aunque quisiera.

La diplomacia de Alucard siempre era un espectáculo digno de ver y nunca decepcionaba a ningún espectador.

«Podría aprender un par de cosas de él».

[Eso es algo que debería decir yo.

En cuanto a ti, podrías aprender de él cosas como para llenar una enciclopedia entera.]
«…»
La facilidad con la que Alucard consiguió calmar a todos y no hacer que ninguno se sintiera ofendido era algo digno de admirar.

No solo eso, sino que también consiguió hacer llegar su punto de vista a todo el mundo con facilidad.

En otras palabras, lo que Alucard les dijo a todos fue que, si bien Ashton era fuerte, carecía de las técnicas esenciales para dominar su arma.

Mientras que, al mismo tiempo, las hermanas tenían las habilidades, pero no la fuerza para doblegar a nadie.

Satisfaciendo así a ambas partes sin que ninguna se sintiera menospreciada.

«Quizá tenga una habilidad para…»
[No siempre es el caso…

algunas personas nacen con talentos que nadie más tiene.

Igual que tú.]
«Tenerte dentro de mi cabeza no es un talento.

Se llama cáncer».

[…]
***
Mientras tanto, en algún lugar de Deja.

Jonathan caminaba por un pasillo tenuemente iluminado.

Un lugar que estaba oculto del resto del mundo y del que solo unos pocos elegidos sabían que existía.

Ni siquiera Jonathan lo supo hasta hace unos doce años, cuando tropezó accidentalmente con la sala que resultó ser una especie de armería.

Un lugar que debió de usarse durante la guerra con los humanos.

Un lugar que desde entonces se había convertido en un laboratorio secreto.

—¿Algún progreso?

—No mucho, su alteza —respondió un hombre—.

El sujeto sigue rechazando los implantes genéticos.

Su rostro no era visible en la penumbra, pero era obvio que no era un hombre lobo.

Diablos, no pertenecía a ninguna de las especies dominantes del planeta.

Pues no era más que un humano corriente.

Sin embargo, como estaba cubierto por una especie de traje negro especial, junto con la mala iluminación, su presencia estaba completamente oculta.

Si no hubiera respondido a la pregunta de Jonathan, nadie se habría dado cuenta de que estaba en la habitación.

—Quiero resultados, Tom —susurró Jonathan mientras miraba el clon inconsciente de Mera dentro de una cápsula llena de un líquido misterioso—.

Ya he oído la cuota de excusas de hoy en otra parte.

Ambos sabemos que es posible.

Ese chico es la prueba viviente de ello.

—Sí, pero su existencia no debería ser posible —negó Tom con la cabeza, saliendo de la sombra—.

Estos genes no están hechos para coexistir.

Debe de haber algo más en su interior que los une y no permite que ninguno de ellos domine a los otros dos.

Jonathan suspiró profundamente antes de agarrar al humano por el cuello.

Pero en cuanto se dio cuenta de lo importante que era Tom, lo soltó.

—Deja de decirme lo que ya sé y dime algo que no sepa.

Ese chico tiene el poder, pero ahora que se ha vuelto un renegado, necesito a mi lado a otra persona con el mismo tipo de fuerza, y es tu trabajo hacerlo realidad o si no…—
—Alimentarás a mi familia con tus criaturas no muertas domesticadas.

Lo sé muy bien.

Dame unas semanas más, encontraré la manera de hacerlo funcionar para entonces.

Tras oír lo que quería, Jonathan se dio la vuelta y salió de la habitación, sin sospechar nada de lo que pasaba por la cabeza de Tom.

—Se ha ido —dijo a través de su comunicador tras asegurarse de que Jonathan se había marchado.

—Bien.

Sigue fingiendo.

Cuando llegue el momento, serás generosamente recompensado —respondió una misteriosa voz femenina—.

Larga vida a Nirvana.

—Larga vida a Nirvana…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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