Me convertí en un Zompirlobo - Capítulo 269
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269: Habría sido tu papi (1) 269: Habría sido tu papi (1) Al mismo tiempo, fuera de la academia…
Aquellos que podían luchar lo estaban dando todo para mantener a raya a los zombis, con la esperanza de que alguien llegara a ayudarlos.
La esperanza de recibir ayuda era la única fuerza que los impulsaba a seguir luchando.
Pero a medida que más y más de ellos caían, la esperanza comenzó a desvanecerse lentamente.
Los estudiantes que acababan de salir del túnel habían cambiado un infierno por otro.
¿Creían que estarían a salvo fuera?
No, pero pensaban que al menos tendrían una oportunidad de luchar.
Había no muertos por todas partes, pero también algunas caras conocidas.
—¡Eh, miren!
¡Las profesoras están aquí!
—gritó una estudiante de segundo año y corrió hacia ellas—.
¡Profesoras, estamos aquí!
Podemos…
La felicidad de reunirse con personas vivas les había nublado la vista.
Pensaron que toda cara conocida les tendería una mano, pero no siempre era así.
Para cuando la estudiante se dio cuenta de lo que estaba sucediendo, ya era demasiado tarde.
Los no muertos saltaron sobre ella y comenzaron a darse un festín con su carne.
Sus gritos provocaron escalofríos a cualquiera que presenciara la brutalidad de los no muertos.
La supuesta profesora se dio la vuelta para revelar su grotesco rostro a medio comer.
Los huesos de su cara estaban a la vista, mientras un amasijo de fibra muscular y tejido cutáneo se aferraba a su cuerpo.
Un intento inútil de mantener su identidad perdida.
Los estudiantes no habían esperado ver a sus amigos, estudiantes mayores e incluso a algunos de los profesores convertidos en no muertos.
Eran las personas que se habían aventurado a lo desconocido para reunir información y, si era posible, contraatacar.
Sin embargo, encontraron un final horrible.
—Mierda, todos en círculo.
Asegúrense de que sus espaldas se toquen.
Los que no posean habilidades ofensivas, retrocedan al centro —Layla volvió inmediatamente a la realidad y tomó el mando—.
No dejen ningún espacio entre ustedes.
¡Si uno solo de ellos logra romper el círculo, todos moriremos!
Su idea podría haberles dado algo de tiempo si se enfrentaran a vampiros u otros hombres lobo, pero no contra estos zombis recién nacidos.
Las profesoras no muertas terminaron de devorar a la estudiante y luego dirigieron su atención hacia el resto.
Si las profesoras zombis hubieran recuperado un poco de su inteligencia, se habrían burlado de sus estudiantes por establecer una defensa tan débil.
Pero en ese momento, no había profesoras ni estudiantes.
Solo depredadores y presas.
—¡Maldita sea!
¡Son demasiado rápidos!
—gritó Gabriel, un estudiante rubio de segundo año—.
¡Ninguno de mis ataques funciona!
—¡Sigan intentándolo!
—le devolvió el grito Layla mientras ella misma disparaba carámbanos a los zombis—.
¡Tenemos que contenerlos!
Aunque Layla estaba de pie frente a los zombis, por alguna razón, no la atacaban.
Tampoco apuntaban a los que podían defenderse.
En cambio, parecía que solo atacaban a aquellos que no podían atacarlos adecuadamente.
Casi parecía como si pudieran oler quiénes eran los débiles y decidieran deshacerse de ellos primero.
Layla notó algo extraño.
Cuanta más gente mataban estos no muertos, más inteligentes se volvían.
Eso también explicaría por qué atacaban primero a los débiles.
Querían volverse más inteligentes antes de enfrentarse en combate a los fuertes.
Los zombis ya no se comportaban como criaturas sin mente.
Eran más como una manada de carroñeros.
Su trabajo en equipo y estrategia lograron abrumar y herir a innumerables estudiantes en un instante.
Cada micromovimiento suyo tenía un propósito.
—Maldita sea, están jugando con nosotros —murmuró Layla—.
No quieren matarnos de golpe, sino hacer un espectáculo de ello.
La situación era espantosa y, sin embargo, no pudo evitar sentirse un poco humillada.
No obstante, la humillación que sentía pronto se convirtió en ira.
—Retrocedan, quiero charlar con los mocosos —Servina apareció frente a ellos con sus lacayos pisándole los talones—.
¿Qué les parece un vistazo a su futuro?
Encantador, ¿verdad?
Detrás de ella había una docena de otros, todos los cuales llevaban una especie de extraño traje negro que los cubría por completo.
Enfrentarse a los zombis era una tarea difícil, pero enfrentarse a esta gente y sobrevivir era…
imposible.
Podían sentirlo en sus huesos.
El aura alrededor de la dama era…
sofocante.
Los estudiantes literalmente comenzaron a tener dificultades para respirar tan pronto como Servina apareció frente a ellos.
A pesar de que llevaban puestas sus máscaras de gas.
—¿Un vistazo al futuro?
—replicó Layla—.
¿De verdad creen que vamos a dejar que sus patéticos culos campen a sus anchas?
Podrán matarnos, pero no tardarán en correr nuestra misma suerte.
¿Quiénes se creen que somos?
¡Somos Licanos, y no importa cuántos trucos sucios usen, los aniquilaremos a todos!
—Vaya, qué temperamental, ¿no?
—sonrió Servina—.
Bueno, ya que me has caído en gracia, te quedaré como mi perra faldera.
Podría ser divertido ver la cara que pones cuando tus amigos mueran por tu bocaza.
Dicho esto, Servina asintió y uno de sus sirvientes apartó a Layla.
Mientras, el resto de los zombis rodeaba a los estudiantes restantes.
—¡El rey te matará!
¡Deja no se quedará callada!
¡Pagarás el precio!
—le gritó Layla a Servina, quien rápidamente le dio una bofetada para callarla.
—Ah, así que por eso actuabas tan arrogante —Servina acercó el rostro de Layla al suyo y le lamió el cuello expuesto—.
¿Qué tengo que temer de un reino que está a punto de colapsar?
El rey que tanto esperas que venga a salvarte ya está muerto.
¡JA, JA!
—Q-qué…
—No te molestes con los detalles —Servina la apartó de una bofetada—.
Mátenlos.
Los soldados de Servina hicieron su movimiento, pero de repente unos tentáculos salieron disparados de sus sombras y se enroscaron alrededor de sus piernas, impidiéndoles dar un paso más.
Servina soltó inmediatamente a Layla y se dio la vuelta; un portal se había abierto detrás de ella.
Todos estaban tan absortos jugando con los chuchos que aún no se habían dado cuenta.
Frente al portal, había una persona de pelo blanco.
Tenía los brazos metidos en los bolsillos mientras su mirada la atravesaba.
Además, no estaba solo.
Detrás de él había tres figuras sombrías.
Lo que más preocupaba a Servina era el aura de muerte que giraba en torno a los cuatro.
¿Eran criaturas no muertas como ella?
—Pero quién es él…
—Servina soltó a Layla distraídamente—.
¿Cómo puede respirar en el humo y no verse afectado?
—¡Ashton!
—exclamó Layla felizmente.
¡Después de todo, había esperanza para ellos!
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