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Me convertí en un Zompirlobo - Capítulo 36

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  3. Capítulo 36 - 36 Examen de ingreso 1
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36: Examen de ingreso (1) 36: Examen de ingreso (1) Tardaron un par de horas en entrar en Contingente.

Sin embargo, se toparon con otro problema nada más cruzar los portones.

Apartaron sus coches y les pidieron a todos que bajaran.

Ashton no sabía qué estaba pasando, pero la señora sí.

Hasta el momento, todos los soldados —o guardias, como se hacían llamar— que Ashton había conocido eran cadetes u oficiales subalternos como tenientes.

Eran más fuertes que él; lo había confirmado con el sistema.

No era de extrañar que La Maestra hiciera lo que le decían.

Si él hubiera estado en su lugar, tampoco habría querido hacerlos enfadar.

Poco después, los llevaron a un edificio que parecía una comisaría.

Dentro, Ashton vio a un hombre de pie con un pie sobre la cabeza de otro.

El hombre desnudo llevaba un collar de metal al cuello y sangraba profusamente por las heridas que le cubrían todo el cuerpo, mientras los oficiales a su alrededor se reían y lo torturaban.

Detrás de ellos había una celda, desde cuyo interior se oían los gemidos ahogados de una mujer.

Ashton no tardó en darse cuenta de lo que esos cabrones estaban haciendo ahí dentro.

Era un esclavo humano; no, era una familia entera de esclavos…

Un torrente de emociones invadió a Ashton al ver cómo maltrataban a los humanos.

Intentó calmarse, pero estaba fracasando estrepitosamente.

La señora debió de percibirlo también, porque de inmediato empujó a Ashton para ponerlo detrás de ella.

Era consciente de las emociones a flor de piel de Ashton por su pasado como humano, así que actuó antes de que él acabara haciendo algo de lo que luego se arrepentiría.

El empujón hizo que Ashton volviera en sí, pero no podía quitarse de la cabeza una imagen tan terrible.

Lo único que se le ocurrió fue quedarse con la cara del hombre lobo que maltrataba a los humanos.

Ashton juró que se encargaría de él cuando llegara el momento.

Pero, por ahora, tenía que controlar sus emociones, pues era más débil que ellos.

Con su metro setenta y cinco de altura, su complexión robusta y su piel aceitunada, el hombre lobo desprendía un aire siniestro.

Algo que a Ashton no le gustó en absoluto.

También tenía unos ojos marrones, pequeños y redondos, y el pelo corto, liso y castaño, que contrastaba con su bigote y su barba de color negro azabache.

El hombre llevaba un uniforme como el del resto de los soldados, pero el suyo era un poco…

más ornamentado.

También lucía un puñado de insignias dispuestas en el lado izquierdo de su pecho.

—¿Creíais que podíais escapar de Contingente, cabrones?

¿Hay que ser muy imbécil para que se os ocurra algo así?

—bramó el hombre del bigote, y sus subordinados se unieron a la diversión y empezaron a patear al esclavo uno tras otro.

—Bueno, gracias a eso nos hemos llevado una pequeña recompensa —dijo otro de entre la multitud, señalando hacia la celda—.

Estos humanos serán esclavos, pero joder, sus hembras saben cómo hacer que uno se sienta bien.

En ese momento, Ashton se dio cuenta de que, por mucho que odiara a la señora por lo que le había hecho, ella era mucho menos monstruosa que aquellos cabrones.

Los ancianos que vivían en el recinto tenían razón: efectivamente, recibían un trato mucho mejor que el resto de la humanidad.

Eso no significaba que el odio de Ashton hacia la señora hubiera disminuido.

Ni mucho menos; dijera o hiciera lo que dijera, nunca la perdonaría.

Pero, de un modo extraño, Ashton sintió que en su corazón muerto se había formado un poco de respeto hacia la señora.

«No es una cuestión de respeto…

es más bien como comparar dos males y reconocer cuál de ellos es el menor», pensó para sí.

Para entonces, el hombre del bigote se dio cuenta de que había alguien en la puerta y les ordenó que dejaran de parlotear.

En ese instante, el cadete entró en la estancia y le informó del asunto.

—Ejem, señorita Mera Bismark.

Tengo entendido que se le prohibió la entrada a la ciudad sin permiso de… —empezó a decir el hombre, pero la señora lo interrumpió de inmediato.

—Tenga, Capitán —masculló ella, y le entregó al oficial un sobre dorado.

El hombre abrió el sobre y leyó su contenido a toda prisa.

Mientras lo hacía, Ashton vio cómo su expresión cambiaba a la velocidad del rayo.

El tono arrogante que usaba hacía un momento se había desvanecido por completo.

Rápidamente, ordenó a sus subordinados que desalojaran la sala.

En cuestión de segundos, la dinámica de poder del lugar había cambiado por completo y parecía que la señora era quien estaba al mando de las instalaciones, y no el capitán.

—Disha, lleva a Ashton a la academia.

El capitán y yo tenemos asuntos importantes que tratar.

Ya os alcanzaremos.

Disha era una mujer lobo rubia y su ayudante más cercana después de Donovan.

También era una de las pocas mujeres a las que la señora había permitido que ayudaran a entrenar a Ashton.

A diferencia de los otros hombres lobo, Ashton también se sentía más cómodo con ella…, probablemente porque, al igual que él, Disha tampoco había nacido como una mujer lobo.

De hecho, ella pertenecía a la primera hornada de humanos que fueron confinados en el recinto.

Este hecho también la ayudó a acercarse a Ashton.

Al fin y al cabo, ella también había sido humana, igual que él.

Una vez recibidas las órdenes, Disha y Ashton se dirigieron a la academia, la cual era la atracción principal de la ciudad.

Sin embargo, Ashton no se fue sin antes lanzarle una mirada que helaba el alma al capitán de la comisaría.

El capitán acababa de entrar en su lista de gente a la que matar…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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