Me convertí en un Zompirlobo - Capítulo 55
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55: Rencilla en el Mercado (1) 55: Rencilla en el Mercado (1) Al día siguiente, Ashton actuó como si nada y salió junto con Disha.
Obviamente, tuvieron que pedirle permiso a la señora antes de hacerlo.
La señora también quería que los esclavos los acompañaran.
Pero Ashton se negó, diciendo que ya que iban a acompañarlo durante toda su educación y entrenamiento en la academia, era justo que se le permitiera vivir el resto de la semana sin sentir que alguien lo estaba siguiendo.
La señora lo pensó durante un par de minutos y luego les permitió a los dos irse sin los esclavos.
Al principio, ella quería que los esclavos se familiarizaran con las costumbres de Ashton lo antes posible…
Pero, por otro lado, pensó que quizá estaba siendo demasiado irracional y, después de todo, Disha ya lo estaba acompañando.
Además, ni siquiera había recompensado o felicitado a Ashton por haber conseguido el primer puesto en el examen.
Así que esta podría ser una forma de hacerlo.
—Por fin fuera de ahí…
Uf.
—Ashton se estiró un poco mientras caminaba por las calles—.
¿Y tú qué, Disha?
¿No te sientes un poco agobiada?
Quiero decir, estar cerca de la señora es bastante agotador, ¿no crees?
Además, ¿no echas de menos ser humana?
—Prefiero que me exploten a que me traten como una mierda.
—Disha suspiró—.
En cuanto a lo de echar de menos mi humanidad…
no creo que nada me impida seguir comportándome como tal.
Digo, sigo viéndome prácticamente igual y todo eso.
De hecho, puedo disfrutar más de ser humana siendo una mujer lobo que si fuera humana, si sabes a lo que me refiero.
—Es que, imagina ser un vampiro o un no muerto —continuó—.
Que te obligaran a transformarte en uno de ellos sí que habría sido un asco.
Al menos ahora puedo disfrutar de los latidos de mi corazón y de la sensación del sol besando mi piel.
No podría ni plantearme vivir como un vampiro o un no muerto.
Ashton asintió ante su respuesta y siguió caminando.
Bueno…, no había nada de malo en lo que Disha decía.
Incluso como «chuchos», su vida era mucho mejor que vivir en los recintos hasta el final de sus días.
Además, objetivamente, no había nada de malo en ser un hombre lobo…
si no fuera por lo que les habían hecho a sus padres.
En ese momento, Ashton se dio cuenta de que no tenía problemas con los hombres lobo, solo con La Maestra por haber hecho lo que hizo.
Aun así, odiaba a todos esos bastardos «de sangre pura».
Pronto empezó a recordar todo lo que los hombres lobo habían hecho por él y en su contra y, bueno…, las cosas que habían hecho para fastidiarlo pesaban más que las que habían hecho para ayudarlo.
Mientras estaba perdido en sus pensamientos, oyó un repentino alboroto frente a una de las innumerables tiendas.
Ya habían llegado a la Avenida Comerciante.
El mercado del Contingente, donde uno podía encontrar de todo siempre y cuando tuviera suficiente dinero para pagarlo.
Desde esclavos exóticos hasta armas y pociones, todo lo que cualquiera pudiera necesitar estaba allí disponible.
Y justo en ese momento, había una multitud reunida frente a una de esas tiendas.
Dio la casualidad de que era la tienda que Ashton quería visitar primero.
Armería Divina…
Ese era el nombre de la tienda.
Sin embargo, en contra de su nombre, la tienda parecía de todo menos divina.
Estaba claro que el lugar no había recibido mantenimiento en bastante tiempo, pues la pintura se estaba desprendiendo de las paredes y el moho crecía por todas partes.
Sin embargo, Ashton sabía que no había que juzgar un libro por su portada.
Después de todo, aquella era posiblemente la mejor tienda para comprar armas y otras piezas de equipo.
La multitud reunida frente a la tienda no era más que la prueba de la clase de magníficos artículos que ofrecía.
—Vamos a echar un vistazo —dijo Disha, y ambos se adentraron en la tienda.
***
«¡Esto…
es una porquería!»
Ese fue el primer pensamiento de Ashton en cuanto echó un vistazo a algunas de las «magníficas» armas que ofrecía el mercader.
Ninguna de las armas allí era siquiera de calidad poco común, y mucho menos de la calidad rara que Ashton buscaba.
Como si vender porquerías no fuera suficiente para el mercader, encima las vendía a precios absurdos.
Por ejemplo, ninguna de las armas tenía siquiera una bendición permanente y, aun así, su precio era de 1000 unidades azules o más.
Ashton incluso empezó a preguntarse si este lugar era una broma o una armería de verdad.
Joder, hasta las armas oxidadas con las que se había entrenado eran mucho mejores que estas relucientes.
Seguía siendo un misterio por qué todos estos idiotas compraban unas armas que no durarían ni un mes.
«Bueno…, en realidad sí sé la respuesta a eso».
Ashton negó con la cabeza y devolvió la espada que estaba mirando a su sitio.
Tal y como la señora ya le había dicho…, ninguno de ellos poseía la habilidad de detección innata que él tenía.
Para ellos, la única forma de conocer las estadísticas reales del equipo era comprarlo y luego pagar a otro mercader para que verificara la utilidad de dicha pieza.
En otras palabras, se podría decir que los mercaderes eran un colectivo empeñado en sacarles a los demás todo el dinero que pudieran.
Esa era la razón por la que la mayoría de esta gente se fiaba de la palabra del mercader sobre las habilidades y estadísticas asociadas a una pieza de equipo determinada.
Pero este truco solo funcionaba con los plebeyos y los soldados y oficiales de menor rango, ya que el resto tenía dinero más que suficiente para encargar sus armas desde cero a herreros de armas de renombre.
Pero como Ashton podía conocer la historia de cualquier cosa en la que posara la vista, era imposible engañarlo con esos trucos.
Sin embargo, sabía que era mejor no hacer enfadar a los mercaderes, así que decidió que lo más prudente era guardar silencio y marcharse del lugar.
—¿Has encontrado algo que quieras comprar?
—le preguntó Disha mientras Ashton se encogía de hombros y salía.
—Qué va…
No hay nada que valga el precio que piden —respondió Ashton y, cuando estaba a punto de salir de la tienda, alguien lo agarró.
—Tú, chico…
¿intentas decir que mis artículos son demasiado caros?
—retumbó una voz atronadora a su espalda mientras el mercader y dueño de la tienda saltaba justo delante de Ashton—.
¿O quieres decir que son una mierda?
¿Eh?
«…
Vaya, ya estamos otra vez».
Ashton suspiró mientras un problema que no había buscado se cruzaba en su camino una vez más.
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