Me convertí en un Zompirlobo - Capítulo 59
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59: Mercado negro (2) 59: Mercado negro (2) —Para ser un mercado negro «secreto», ¿no es este lugar…
demasiado obvio?
—murmuró Ashton en cuanto cruzaron las puertas.
—Nunca dije que fuera un lugar secreto.
Todo el mundo sabe que este mercado existe, pero solo unos pocos saben lo que se cuece dentro —respondió Rose con una sonrisa.
El lugar estaba más abarrotado que cualquier otro que Ashton hubiera visto antes.
Al mismo tiempo, tampoco tenía vida, lo cual era un poco extraño.
Nadie se miraba siquiera.
Casi parecía como si fueran un montón de no muertos deambulando.
Por no mencionar que acababan de entrar y la atmósfera tétrica del lugar ya superaba todos los límites.
Pero lo primero de lo que Ashton se percató fue de la presencia de lo que parecían cientos de hombres armados.
Eran fuertes, quizá incluso más que los guardias de la ciudad.
Lo cual no era de extrañar, teniendo en cuenta que el mercado negro no estaba afiliado a la asociación de mercaderes.
Así que, a diferencia de ellos, los dueños del mercado negro no podían depender de la seguridad que proporcionaban los guardias de la ciudad.
Como resultado, tuvieron que contratar mercenarios para proteger su territorio y mantenerlo relativamente libre de altercados.
—No los mires tan fijamente si no quieres que te pateen el culo.
No querrás que te prohíban la entrada aquí también, ¿verdad?
—murmuró Rose mientras lo hacía entrar.
Ashton negó con la cabeza y la siguió.
El mercado negro era el único lugar del Contingente donde ahora podía comprar y vender cosas.
Sería malo que acabara haciendo algo como lo que pasó en la tienda del mercader.
Además, Ashton tenía la sensación de que estos mercenarios no serían tan indulgentes como los mercaderes.
Tenía la sensación de que ellos eran la razón por la que todo el mundo en el mercado se comportaba con la máxima disciplina.
Después de todo, causar problemas allí sería como suicidarse.
«Has acertado», escuchó Ashton la voz de Rose, pero, sorprendentemente, la boca de ella no se movía.
«¿Telepatía?».
«Algo así.
Además, es mejor si nos comunicamos de esta forma.
Es un método de comunicación mucho más seguro e indetectable».
«¿Es una habilidad de vampiro?».
«Para nada.
Es una habilidad innata» —lo corrigió Rose—.
«Los que tienen un solo tipo de gen no poseen tal habilidad, ya que estas solo surgen cuando dos genes diferentes se entremezclan.
Todos los híbridos tienen una habilidad exclusiva.
Sin embargo, como tú eres un tríbrido…, deberías tener no una, sino tres de estas habilidades».
«¿Tres?
No lo creo».
Ashton se encogió de hombros.
Por lo que él sabía, solo tenía una habilidad «innata», y esa era su habilidad de detección.
Pero la idea de tener más de una de esas habilidades, desde luego, sonaba bien.
«Jaja, las habilidades innatas tardan en manifestarse.
Es como si tuvieras un arma que ni siquiera sabes que posees, pero se revelarán en el momento más oportuno» —se rio Rose entre dientes—.
«También se podría decir que estas habilidades son armaduras de trama».
«¿Qué demonios es una armadura de trama?
¿Es más fuerte que una armadura de piel de Nemea?».
«…Pronto lo descubrirás».
Aunque estaban rodeados de innumerables tiendas que vendían armas excelentes, Rose siguió avanzando.
De vez en cuando, Ashton veía algo que le llamaba la atención, pero Rose lo instaba a seguir adelante.
«Sabes que hemos venido a comprar cosas, ¿no?» —replicó Ashton cuando por fin se cabreó.
«Estamos aquí para conseguirte algo de equipo, sí.
Pero nunca dije nada sobre comprarlo».
«¿Eh?
¡¿No me digas que vamos a robar?!
¿No has visto a esos guardias?
No sé tú, pero yo no quiero buscarme problemas con ellos».
«¿Qué?
¿Por qué íbamos a robar?
¿Es que Lucifer no te ha contado nada de nada?».
«Me temo que no».
«Sabes qué, ve y mira el precio de esas cosas.
Mientras tanto, necesito hablar con alguien».
Ashton fue a hacer lo que le había dicho, pero antes se dio la vuelta y vio que Rose estaba perdida en sus pensamientos.
Sin embargo, Ashton sabía que ella estaba intentando ponerse en contacto con cierto conocido que tenían en común.
—Puede llamar a Lucifer cuando quiera…
Interesante.
Bueno, ¡¿a ver el preciooooo…?!
—exclamó Ashton, conmocionado al ver el precio del equipo.
El equipo era auténtico, y sus precios también.
Casi todo era poco común o raro, con efectos permanentes.
Pero los precios…
se salían un poco de su presupuesto.
Incluso la pieza más barata costaba 10999 unidades azules.
«¡¿Qué demonios pasa con estos precios?!
¿Están hechos de algún material mítico o algo?».
«Ahora entiendes por qué no hemos venido a comprar nada» —dijo Rose mientras se acercaba a él—.
«Como las armas son auténticas, los precios también lo son».
Ashton se había estado preguntando por qué los demás no venían a comprar al mercado negro, en lugar de comprarles porquerías a los mercaderes.
La respuesta estaba clara.
Aunque los mercaderes vendían porquerías, su equipo era asequible.
A diferencia de las cosas que se vendían en el mercado negro.
Las armas, los materiales y las pociones, todo en el mercado negro era auténtico y no engañaban a sus clientes.
Pero esas cosas no estaban al alcance de la mayoría.
«No puedo comprar nada aquí…
y yo que pensaba que con el dinero que tengo ya estaba apañado para el resto de mi vida».
Ashton se rascó la nuca y retrocedió.
«Entonces, ¿qué vamos a hacer ahora?».
«¿Nosotros?
Nosotros no vamos a hacer nada.
Tú sí».
De repente, una sonrisa siniestra se dibujó en el rostro de Rose al decir esas palabras.
«Es hora de que demuestres tus habilidades, chico».
Ashton estaba visiblemente confundido.
No tenía ni idea de qué demonios estaba hablando Rose.
¿Qué habilidades se suponía que debía mostrar?
¿La habilidad de estar confundido todo el tiempo?
«Hablo de tus habilidades de combate, por supuesto…».
Rose negó con la cabeza.
«Vender y comprar cosas no es lo único por lo que es famoso el mercado negro.
Su principal atracción no son las cosas que ofrecen las tiendas, sino las luchas clandestinas».
«Espera, ¿qué?
¿Se supone que tengo que luchar?».
«¿Por qué?
¿No sabes luchar?».
Ashton negó con la cabeza.
Esa no era la cuestión.
El propio término «luchas clandestinas» significaba que el asunto era peligroso y probablemente ilegal.
Quería entrar en la academia y no creía que a nadie le agradara saber en qué había andado metido.
¡Incluso podrían expulsarlo de la academia!
Y ese no era un riesgo que estuviera dispuesto a correr.
—Relájate.
Yo te cubro —dijo Rose, metiendo la mano en un subespacio y sacando una máscara—.
Toma, ponte esto.
Te ocultará la cara y así podrás usar tus otros genes para luchar.
De esa forma, tu identidad permanecerá a salvo.
Ahora vámonos, antes de que sea demasiado tarde para registrarte.
—¿Entonces voy a ganar dinero luchando?
—Dinero no, para nada —murmuró Rose—.
Aquí la gente lucha por equipo.
Aunque hay recompensas monetarias, me las quedaré como pago por las molestias.
—¿Por qué te vas a quedar tú con el dinero si el que va a luchar soy yo?
—¿Crees que te voy a ayudar gratis, chico?
Nada es gratis en este mundo.
Cuanto antes te acostumbres, mejor para ti.
Ahora, vámonos.
«Y yo que pensaba que me estaba ayudando en lugar de Lucifer…
Zorra codiciosa».
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